Víctimas de la cultura




Dr. José Luna

A principio de los 90's, dos Psicólogos de la universidad de Michigan (Dov Cohen y Richard Nisbett), realizaron experimentos sobre la cultura del honor.1 Ellos tomaron a un grupo de jóvenes y los sometieron a insultos degradantes. Tomaron ejemplos de la saliva de ellos, antes y después del insulto para medir sus niveles de testosterona y cortisol (sustancias activadas por el cuerpo cuando hay enojo).

Para algunos, los insultos alteraron sus niveles químicos. En otros, todo siguió igual. El factor decisivo del cambio no se debió a cuán seguros ellos eran emocionalmente. Tampoco se atribuyó a si eran educados o no. Sorprendentemente, lo que influía en la alteración era el lugar donde habían crecido.

Los jóvenes del norte de los Estados Unidos tomaban los insultos como una broma e incluso, sus niveles de cortisol bajaron notablemente. Sin embargo, con los jóvenes del sur ocurrió todo lo contrario; estaban muy enojados, y sus niveles químicos de testosterona y cortisol se dispararon.

Este estudio, extraño como parece, reveló que el legajo cultural es una fuerza poderosa en el tipo de conducta manifestada. No importó que los jóvenes del sur fueran educados o de familias pudientes. Tampoco importó si algún joven había nacido en el norte. Si había sido criado en el sur del país, la conducta iba a ser similar porque había crecido en un ambiente cuyo abolengo cultural define la forma y la manera en que las personas se conducen en la vida. Leslie White valida esta aserción, cuando escribe: "...Qué puede uno hacer sino reaccionar a la cultura que le rodea?"2

De manera similar, el pueblo judío (en mi opinión) continúa ignorando al Mesías sobre la base del mismo principio presentado en este estudio (legajo cultural). Sin embargo, Dios nunca ha rechazado a su pueblo. Al contrario, continúa extendiendo sus brazos de amor a sus hijos que están atrapados en una maraña cultural tradicionalista que les impide ver a Cristo.

Muchos hemos cometido el error de aseverar que Dios ha rechazado a Israel, cuando en realidad, Dios en su presciencia lo que ha hecho es expandir la proclamación del evangelio. "Dios ha intervenido en el mundo del hombre".3 Jesús dijo: "El que a mí viene, no le echo fuera". La única forma de ser echado fuera es no venir a Cristo.

Por lo tanto, quien sea rechace el instrumento de salvación ofrecido por Dios (Jesucristo), no podrá ser salvo. Este principio no tiene nada que ver con la raza del individuo. Tiene que ver con la decisión que tomamos para nosotros mismos.

Dios, en la eternidad pasada hizo una elección: salvar a los seres humanos. En el proceso, él quizo darle el privilegio a un grupo de individuos de presentar al mundo su plan para salvar a la raza humana. Y para ello, Dios necesitaba inculcarles valores comunes. Estos valores fueron dados al pueblo Judío, y éstos los identificaría como el pueblo depositario de esta hermosa verdad. El apóstol Pablo enumera estos valores de manera sucinta:

"...la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas; de quienes son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo..." (Rom. 9; 3-5).

Estos elementos constituyen el corolario del bloque argumentativo que el apóstol Pablo nos presenta. Si los observamos, seguramente podremos tener una somera idea de lo que estaba diciendo. Hablemos muy sucintamente de estos elementos que mencionados.

 
La adopción

Dios adoptó a la raza humana cuando ésta quedó huérfana por el pecado. Para tipificar este acto, Dios adopta a la familia de Abraham y su descendencia. El acto de adoptar implica orfandad. De hecho, esta imagen aparece en varias ocasiones en la sagrada Biblia. En otras palabras, Dios asumió este rol para con la nación de Israel. Abraham y su prole pasan a ser el ejemplo por excelencia de cómo la adopción espiritual se lleva a cabo.

Note usted que el acto de adopción no implica esfuerzo alguno por parte del adoptado. El bebé o niño adoptado no tiene que hacer nada para mover el corazón de quien lo adopta. Por igual, el acto de adopción pasa a ser una expresión de amor que fluye del corazón de Dios.


La gloria

La Biblia habla de la gloria de Dios en innúmeras ocasiones. Usualmente, la gloria de Dios es asociada en los escritos sagrados con actos de juicio. Cuando Dios manifiesta su gloria,4 expresa claramente otro atributo de su carácter que tiene que ver con su habilidad de discriminar, elegir, ponderar, evaluar y/o juzgar los actos o las intenciones de los seres creados. La gloria de Dios revela el poder de Dios de tomar decisiones que afectan a toda la creación. Su gloria es una manifestación tangible y visible de su carácter.

La gloria de Dios nos brinda una pincelada de la majestuosidad de su vasto conocimiento y facultad para dirigir el universo. En otras palabras, su gloria manifiesta que Dios es competente para juzgar y dirigir.


El pacto

En mi opinión, el pacto que Dios hizo con el pueblo de Israel, se remonta hasta Adán. Y si bien es cierto que el pacto divino está hecho al modelo de los pactos del antiguo oriente, no es menos cierto que el pacto de Dios contiene sólo tres elementos básicos:

a) La tierra

b) La simiente

c) La autoridad

Observamos esos elementos en el pacto que Dios estableció con Adán, Noé, Abraham, Isaac, Jacob, David, etc. Estos tres elementos están presentes en cada formula pactual que encontramos en las Sagradas Escrituras. Ese mismo pacto fue ratificado con la nación de Israel durante su estancia en el monte Sinaí. El pacto es un claro indicador de que todo lo que Dios dice, lo hace.

Por otro lado, Arzt nos dice: "Estamos sujetos a Dios, Israel y la Torah a través de un pacto que puede ser desobedecido, pero no puede ser negado".5 Con esta declaración él es muy explícito en reconocer la vigencia y validez del pacto.


La promulgación de la ley

Muchos han cometido el craso error de equiparar la promulgación de la ley de Dios en el Sinaí con el pacto. Sin embargo, aunque ambos eventos están íntimamente entrelazados, son muy diferentes el uno del otro. En realidad, la promulgación de la ley es el resultado inevitable del pacto previamente hecho. Esto implica que la promulgación de la ley le dá validez y legalidad al pacto. Sin la ley (que no es otra cosa más que las estipulaciones del pacto por escrito), dicho pacto sería nulo y sin ningún valor legal.

Por lo tanto, la ley es necesaria para asegurar la vigencia del pacto6 y la no caducidad del mismo. Aquéllos que quieren deshacerse de la ley de Dios mientras pretenden guardar el pacto, se olvidan que su perennialidad es posible gracias a su vigencia. La ley entonces pasa a ser un elemento imprescindible en cuanto al pacto se refiere. Sin embargo, existe una dicotomía soteriológica: la salvación se deriva de Cristo y no de la ley misma.


El culto

El culto establece la forma y enseñanzas que han de ser impartidas a quienes participan del pacto. De esta manera, el pacto puede ser establecido en el corazón y entendido claramente por todos aquéllos que están sometidos a él. El culto entonces, pasa a ser la manera en que el pacto es practicado. Este culto lidia con la manera en que el penitente o vasallo aprende y lleva a la praxis dicho pacto.

El pueblo de Israel recibió delineamientos específicos acerca del pacto. Sin embargo, la nación de Israel se concentró más en la forma del culto, en lo externo, en lugar de interesarse más en la intención del corazón. La conducta externa era juzgada a través de la forma cultica exterior, en lugar de la motivación detrás de cada acto. Consecuentemente, el culto llegó a ser antropocéntrico en lugar de teocéntrico; y el mismo sustituyó al objeto de susodicho culto, en este caso, Dios.


Las promesas

Las promesas de Dios no son otra cosa que la garantía que Dios ofrece de que sus palabras tendrán un cumplimiento factual en la historia. O como dice una enseñanza rabínica: "Yo soy el Señor tu Dios en toda circumstancia".7 Estas promesas son hechas sobre la base única de su amor y presciencia divinas.8

Cuando Dios hizo promesas a Abraham, por ejemplo, éste era un 'profano', 'irreverente', 'sin Dios' ("impío" [AZEBES] - Rom. 4;4). El acto de Dios prometer a un individuo 'pagano' e 'irreverente', explica varios aspectos importantes de la soberanía del Todopoderoso:

  1. Dios promete sobre la base de su poder y amor, y no necesariamente sobre la base de nuestra obediencia.
  2. Dios promete sobre la base de su presciencia, sin importar la respuesta de quien recibe la promesa. Dios brinda a cada uno la oportunidad de entrar en solidaridad pactual con él.
  3. Las promesas divinas son dadas a todos los seres humanos sin importar el origen, status quo, declaración de fe, raza u idioma.
  4. Las promesas de Dios son hechas precisamente a quienes viven alienados de él.

Dios hizo la promesa de la salvación a Adán y Eva después que ambos habían llegado a ser uno con el demonio. Esto indica que Dios hace promesas no sobre la base de nuestra obediencia y lealtad a él, sino sobre la base de su amor absoluto e infinito por sus criaturas perdidas.

Por lo tanto, ya que las promesas de Dios con respecto a la salvación no toman en cuenta la obediencia como un pre-requisito, estas promesas continúan vigentes para todos quienes deseen vivir en una relación pactual con Dios, incluyendo el pueblo judío. O como dice Heschel, "La esperanza es una convicción enraizada en la confianza; confianza en Aquél que hizo la promesa".9 Siempre y cuando alguien quiera mostrarse solidario con Dios y aceptar las estipulaciones del pacto, las promesas de Dios permanecen y se cumplen en esa persona, grupo o nación.

La implicación obligada es que no existe tal cosa como una verdad exclusiva de la salvación. Pensar de esta forma sería caer en el mismo error en que el pueblo judío ha caído y se ha mantenido por su abolengo cultural. Esta urdimbre de tradiciones y cultura, propias del Judaísmo, les han impedido aceptar al Cristo crucificado.

Sin embargo, de la misma manera en que Dios afectó al mundo pagano y transformó sus valores culturales en valores cristianos, Dios puede (y lo hará) realizar una transformación cultural total en aquéllos a quienes les prodigó los valores comunes de quien habla el apóstol.


Los patriarcas

Antes de tener a una nación como depositaria de la hermosa verdad de la salvación, Dios eligió personas para que sirvieran como depositarios de las verdades del evangelio. De esta forma, Dios se asegura de que dichas verdades fuesen traspasadas y enseñadas de una generación a otra. Hans Küngs ve el rol de los patriarcas profundamente cimentado en la psiqué social del cristianismo.10 Quizás por esto, la fe cristiana siempre hace referencia a los patriarcas.

Individuos de la talla de Set, con quien la adoración corporativa comienza a tener significado (Gen. 4;26). Pensamos en Enoc quien caminó con Dios y éste le llevó (Gen. 5;24). Nos imaginamos a Noe quien fue un predicador solitario por 120 años y halló "gracia ante los ojos de Dios" (Gen. 6;8). Podríamos hablar de un sinnúmero de individuos (patriarcas) quienes sufrieron el ridículo de una turba ensimismada en sus propios placeres y en su constante tendencia al mal (Gen. 6;5).

Por lo tanto, los patriarcas se destacan por vivir en un ambiente generacional adúltero, promiscuo y violento. Un ambiente donde éstos tenían que sufrir por cientos de años, debido a la conducta aberrante de sus congéneres. Fueron estos patriarcas quienes claramente enseñaron al pueblo los caminos de Dios antes que fuesen formados como nación.

Cristo

El Mesías prometido por Dios fue una realidad tangible y palpable en la persona de Jesús. Dios cumplió su promesa de enviar a su Hijo a morir por la raza humana. De hecho, Jesús mismo testifico de que "...la salvación [el Salvador] viene de los judíos" (Juan 4;22). En el mismo libro se nos señala que Jesús "...vino a lo suyo [singular] y los suyos [plural] no le recibieron" (Juan 1;11).

¿Por qué entonces la nación de Israel no acepta a Jesús como el Mesías prometido? Mi propuesta es, por el legajo cultural en el cual nacieron y se criaron. El endurecimiento de Israel, en mi humilde opinión, se debe en gran parte al apego del pueblo Judío a sus tradiciones, a sus rígidas enseñanzas y a su cultura tan singular. Como lo describe un escritor: "...No venimos de la casualidad ni como un sub-producto de la emigración de naciones ni por la oscuridad de un pasado primitivo... Ser judío es estar dedicado a la experiencia de grandes ideas".11

Al igual que los jóvenes del sur en el experimento, el pueblo judío ha desarrollado a través de los años una cosmovisión que hace que su testosterona y cortisol espiritual suban a niveles desproporcionados cuando el concepto de Jesús como el Mesías es considerado. Esto se debe a que el pueblo judío basa su religión en su legajo cultural y tradiciones y no necesariamente en un "Así dice el Señor..."

Conclusión

¿Deberíamos nosotros entonces seguir perpetuando la idea de que Dios ha rechazado a su pueblo, cuando en realidad la Biblia niega esta idea categóricamente? (Rom. 11;1). Pienso que, si fuéramos más ecuánimes, miraríamos al pueblo judío como una víctima de su propia tradición y de su propia cultura.12 En realidad, lo que recomiendo es que oremos más por ellos y estoy seguro que empezaremos a ver resultados asombrosos. Veremos a miles de judíos aceptando a Cristo como su Salvador, como ocurrió al principio de la era apostólica.


Autor: Dr. José Luna, Pastor Ph.D en Estudios Religiosos. Reside en New Hampshire, USA.

Referencias
 
1 Citado por Malcolm Gladwell en Outliers: The Story of Success (2008). Little, Brown & Company, NY; pgs 170-176.

2 White, Leslie A. (1970). The Science of Culture: A Study of Man And Civilization. (Famar, Strauss & Giroux: NY); p. 337.

3 Stanley, David M. (1967). The Apostolic Church In The New Testament. (The Newman Press: MD); p. 255.

4 Un famoso filósofo Judío dijo: "El futuro tiene un rostro y en el vemos su gloria". Heschel, Abraham J. (1973). Israel: An Echo of Eternity. (Farrar, Strauss & Giroux: NY) p. 99

5 Arzt, Max (1963). Justice And Mercy: Commentary On The Liturgy of The New Year & The Day of Atonement. (Holt, Rinehart & Winston: NY); p. 78.

6 El Rabino Simon Ben Isaac Ben Abun quien compuso el Piyyut (colección de poemas Hebreos para celebrar el poder y la eficacia de la oración, creía firmemente que "bajo la providencia divina", el pacto hecho con los patriarcas, se "cumpliría en las vidas de sus descendientes". Ibid; p. 97.

7 Sifre Shelah, 115.

8 "Los paganos tienen ídolos. Israel tiene una promesa. No tenemos imágenes. Lo único que tenemos es esperanza". Heschel, Abraham J. (1973); p. 101.

9 Ibid., p. 93.

10 Kungs, Hans (1995). Christianity: Essence, History And Future. (Continuum: NY); pp. 606-608.

11 Arzt, Max (1963); p. 79.

12 Nisbet dice que cuando hay poder supremo en los grupos étnicos, se "cubre la sociedad con una red de pequeñas, minutas y complicadas regulaciones a través de las cuales las mentes mas originales y los caracteres más energéticos no pueden penetrar ni levantarse por encima del populacho. La voluntad del hombre no es destruida, sino ablandada, rota y guiada. Las personas muy rara vez son forzadas, sin embargo son constantemente restringidas de actuar. Tal poder no destruye, sino que previene la existencia; no tiraniza, sino que comprime, enerva, extingue y estupefacta a la gente involucrada hasta reducirlas a nada mejor que un rebaño de animales industriosos y tímidos de los cuales los que están en el poder son sus pastores". Nisbet, Robert A. (1971) The Quest For Community. (Oxford University Press: NY); pp. 190-191.
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