Estoy cansado



Estoy cansado
Pr. Chuy Olivares

¡Me cansé!

Sé que seré criticado. Conozco muchos pasajes de la Biblia que prometen dar fuerzas al que no tiene ninguna. Sé que la Biblia dice que Él puede aumentar mis fuerzas como las del búfalo. También sé que Jesús puede aliviar mi cansancio. También sé que algunos me criticarán y dirán ¡que negativo! Sin embargo, no puedo disimular: me encuentro exhausto.


Aclaro, no estoy cansado de Dios ni mucho menos, tampoco del ministerio ¡Es un privilegio servir a Dios! Cada día pongo todo el corazón en lo que hago; amo a Dios por sobre todo, amo a mi familia y a mis amigos, mi congregación. He recibido ¡tanto de Dios! Mi agotamiento y frustración tienen otras razones.

¿Cansado de qué?

Me aflige hasta el cansancio escuchar “Los mensajes” de aquellos que se enriquecen con el evangelio. Ya no aguanto más que se tomen textos fuera del contexto, para apoyar su avaricia, y vender sus revelaciones al mejor postor.

Destruye mi ser interior, porque sé que les están tomando el pelo. Me cansé de oír programas de radio donde los pastores no predican el  evangelio… solo saben pedir dinero, dinero y más dinero. No saben otro tema. Cansado estoy de la llamada T.V. “cristiana”, que vende los milagros por 70 dólares al mes, “Pacte”, ”Pacte”, ”Pacte” con Dios, dicen, eso me hace inevitablemente volver al oscurantismo de la edad media, “por cada chelín que deposite en el arca, usted recibirá las bendiciones de Dios” dicen los modernos Tetzéles. Estoy cansado de escuchar: “Siembre una semilla en mi ministerio”

Estoy cansado de “cubrirle las espaldas” a todos esos delincuentes metidos en la iglesia, ¡ya no puedo más! Hastiado estoy de conciertos “para la gloria de Dios”, y ¿qué de las brujerías metidas en la iglesia?: “Invoco la prosperidad en tu vida”, “decreto una vida de éxito para ti”, “desato las riquezas para ti”. Me cansé de estar explicando la diferencia entre la verdadera fe bíblica y las creencias populares supersticiosas que enseñan los “apóstoles y profetas” modernos.

No aguanto más cultos para atar demonios o para quebrar las maldiciones que están sobre México y sobre el mundo, que no tienen efectividad alguna, pues no tienen base bíblica. Seguramente “atan” a satanás con una cadena tan larga que llega hasta la luna, porque anda tan suelto como siempre, y los hermanos atando y atando. ¡Estoy exhausto! ¡Ya se les acabaron los nudos! Cada reunión lo atan… ¿Y se suelta entre semana? ¿Para volverlo atar el siguiente domingo?

Me cansa la aburrida repetición de las teologías sin base bíblica

Estoy cansado de oír: “No juzguéis, para que no seáis juzgados”, estoy cansado de que los predicadores les pongan bozal a las ovejas y que les digan: “No toquéis al ungido de Jehová”, en lugar de decir como Pablo: “Todo lo que oísteis y visteis y aprendisteis de mí, esto haced, y Dios estará con vosotros”.

Me cansan los súper ungidos que te hacen viajar a donde viven para imponerte las manos y “transmitirte la visión”. Que doloroso es observarlos sin la verdadera unción del Espíritu Santo, buscan crear ambientes espirituales con gritos y manifestaciones emocionales. No hay nada más desolador que un culto carismático con excelente sonido y luces multicolores, humo que pretende ser la “nube de gloria de Dios”, pero sin vitalidad espiritual, el ruido los gritos y el desorden, las luces y el humo, no son espiritualidad. Me cansé, incluso, de los chistes trillados sobre Pedro y muchos otros.

Cuantos “comediantes cuenta chistes”. Estoy tan abrumado. Y del último grito de la moda evangélica… Viajar en un “Titanic” por el Caribe acompañado de los cantantes cristianos más famosos y que han ganado Grammys, y con los mejores motivadores que te rascaran el oído con sus chistes y grandes revelaciones sobre el éxito y la prosperidad.

Me cansé de ver “evangelistas” que tiran el saco a las multitudes para recibir “la unción de Dios”. Me dejan abrumado, al verlos “caer bajo el poder el Dios” para ser filmados en video y después decir… ¡Avivamiento! ¿Avivamiento o Agitamiento? o ¿Aviva Miento?

Me cansan las preguntas que me hacen sobre la vida cristiana. Recibo todos los días correos electrónicos de personas que me preguntan si pueden ir a fiestas del mundo, hacerse tatuajes, danzar, caer en “el espíritu”, “reírse santamente” recibir tratamiento con acupuntura, practicar karate y hasta yoga. La lista es enorme y parece inacabable. Me cansa ese “cristianismo” mediocre tercermundista, carnal y ciego.

Me cansan los libros de escritores norteamericanos evangélicos traducidos al español: ya no aguanto más libros de veintiún pasos para un liderazgo exitoso, ¿súper cristianos en 40 días?, todos estos best-sellers solo han venido a mostrar la verdadera condición de la iglesia que es miseria espiritual, ignorancia de Dios y Su palabra: ¡anorexia espiritual!

No logro entender como una iglesia necesita copiar los ejemplos de centro y Sudamérica. Me cansé de tener que opinar si estoy de acuerdo o no con el nuevo modelo de iglecrecimiento copiado de la mercadotecnia secular y que está siendo adoptado por todo el mundo entero.

Me desespera tener que explicar que no todos los pastores son fraudulentos y mentirosos, aduladores y de doble moral. No existe nada más extenuante, desgastante y agotador tener que demostrar, a familiares y amigos cristianos y no cristianos , que aquel último escándalo de la farándula cristiana es una excepción.

No todos somos iguales, ¡ya me cansé de repetirlo!

Me cansé de los hambrientos de poder, de reconocimiento y de poder político, el liderazgo está enfermo de “apostolitis aguda”.

Me cansé de los que presumen ser “doctores” en teología con su título que consiguieron por 1500 dólares en internet.

No soporto escuchar que otro más se autoproclamó “profeta” y “apóstol”. Sé que estoy cansado, sin embargo, seguiré adelante, ya no puedo volver atrás.

Pero he decidido no participar más en el “cristianismo” que fabrica becerros de oro y vacas sagradas. No me pelearé por los primeros lugares en los eventos más renombrados que organizan las mega-iglesias. Jamás ofreceré mi nombre para componer la lista de oradores de cualquier conferencia donde se cobre la entrada.

Renuncio a querer adornar mi nombre con títulos de cualquier especie. No deseo ganar aplausos de auditorios famosos.

Buscaré la convivencia de cristianos y de pastores que no tengan espíritu de plataforma.

Posiblemente dirás: “Que frustrado y negativo te ves y te oyes”. Sí, lo estoy, pero no de Jesús y su hermosa Palabra que alumbró mi caminar, sino de las mentiras, fraudes y corrupción de los que se autodenominan “ungidos de Jehová”.

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El Pr. Chuy Olivares, es un pastor evangélico de México. Publico este artículo para que podamos entender que en todas partes "se cuecen habas" y es necesario "cansarse" para avanzar.  Publicado con autorización. Fuente: Esfuérzate y sé valiente.

Adoración entusiasta en la Iglesia Adventista Primitiva


Adoración entusiasta en la Iglesia Adventista Primitiva 

Dr. Ronald Graybill 

Profesor de historia de la Universidad de La Sierra, California. 
Este artículo fue publicado en la revista Ministry en julio de 1992 


Nuestros pioneros realizaban sus cultos de adoración en una forma más viva de lo que muchos de nosotros aprobaríamos hoy.

En sus comienzos la Iglesia Adventista experimentó, endosó y alentó, una forma de adoración más entusiasta.

Una fría noche de febrero de 1845 Elena Harmon se hallaba en una atestada casa de campo al norte de Maine. Mientras los cantos y los gritos subían de intensidad a su alrededor ella cayó en visión. Mientras yacía en el piso, un joven predicador milerita, llamado Jaime White, le sostenía la cabeza mientras buscaban y traían una almohada. De vez en cuando se levantaba para expresar los mensajes que estaba recibiendo.



A medida que hablaba, una fila de linternas empezó a verse en la oscuridad exterior. “Es Moulton, el jefe de la policía”, gritó alguien mientras las linternas se acercaban. Los adoradores trancaron la puerta.

Moulton tocó. La multitud que estaba adentro lo ignoró, acatando las notas de otro himno. El jefe de la policía tocó otra vez con más insistencia. Gritos de “Aleluya” resonaron en los aires y el canto subió de intensidad.

Ante esto, Moulton lanzó a sus hombres a la acción. Aplicando vigorosamente los hombros a la puerta rompieron el pasador y la abrieron violentamente. Después de unas pocas y rápidas preguntas Moulton se dirigió hacia Israel Dammon el líder de la reunión.

Abriéndose paso a través de la multitud se encontró con el rostro exaltado y vociferante de Dammon. “En nombre del estado de Maine, prendan a este hombre, gritó el jefe de la policía. Pero después que dos intentos de sus hombres de atrapar a Dammon fracasaron, al jefe se rindió y pidió refuerzos.

Cuando volvió con nuevos refuerzos logró aprehender a Dammon y llevárselo. ¿Los cargos? Por perturbar la paz. No existe la menor duda de que en la reunión de ese sábado de noche en Atkinson, Maine, había un desmedido entusiasmo y que los adventistas reunidos allí estaban alabando a Dios con tal energía que los vecinos se molestaron. Un campesino de la localidad, que testificó en el juicio de Dammon, dijo: “Fui joven y ahora soy viejo, y de todos los lugares donde he estado, nunca vi tal confusión ni siguiera en un jolgorio lleno de borrachos”.[1]

Pero pese a todo el ruido y la contusión, Elena de White creía que el Espíritu Santo estaba presente en esa reunión.[2]

Haciendo retroceder al enemigo

Muy pronto Elena y Jaime White se habían separado de Dammon, pero ni ellos ni los otros adventistas abandonaran inmediatamente el estilo entusiasta de la adoración adventista primitiva.

“Vi —escribió Elena de Wtrite— que cantar para la gloria de Dios con mucha frecuencia expulsa al enemigo, y los gritos lo harán retroceder y nos darán la victoria. Vi que había muy poca glorificación de Dios en Israel y demasiado poca sencillez infantil”.[3]

En las décadas de 1840 y l850 muchos observadores del sábado, como sus vecinos metodistas, estabas muy ocupados “haciendo retroceder al enemigo”, con su forma entusiasta de cantar y sus fervientes gritos de “Gloria”, “Aleluya”, “Alabado sea Dios” y “Alabado sea Jesús”.

Hiram Edson mencionó una reunión de viernes de noche donde “espontáneos y fuertes ‘aleluyas’ ascendieron a Dios y él fue glorificado con la alabanza, el amor y la adoración”.[4]

Otro creyente informó acerca de una reunión en Vermont donde ‘el Espíritu Santo descendió sobre nosotros, y los gritos de victoria ascendieron mientras lágrimas de gozo fluían libremente de muchos ojos.[5]

Jaime White escribió que mientras la señora White hablaba, el primer día, la casa resonó con los gritos de alabanza de varios hermanos de la congregación. “Esta refrescante ocasión parecía como un anticipo del cielo, el dulce cielo”.[6]

Elías Goodwin habló acerca de una reunión durante la cual las fuertes alabanzas a Dios ascendieron de la mayoría, si no de todos en la casa, y continuaron hasta después de pasada la medianoche.[7]

En Paris, Maine, el entusiasmo creció aun más durante el año 1858. Elena de White hizo notar que “el poder de Dios descendió sobre nosotros como un poderoso viento que soplada. Todos se pusieron de pie y alabaron a Dios con fuerte voz, fue algo así como lo ocurrido cuando se echaron los fundamentos da la casa de Dios, las voces de los que lloraban no se podían distinguir de las que gritaban de gozo. Fue un momento de triunfo, todos nos sentimos fortalecidos y refrigerados. Nunca antes había sido testigo de una ocasión tan llena de poder”.[8]

“Ninguno de vosotros debería permanecer callado durante las reuniones,” escribió en un informe de esta experiencia. “Con seguridad, todos los que han probado los deleites del mundo venidero pueden decir algo en honor del amante Jesús”.[9]

En otra ocasión, la señora White observó que “la religión se encierra demasiado en una caja de hierro... El derramamiento del Espíritu conducirá a un reconocimiento de este hecho; y... no guardaremos silencio, ofreceremos a Dios sacrificio de gratitud y entonaremos cánticos a su Nombre con nuestras voces y con nuestros corazones”.[10]

Risa provocada por el Espíritu

Pero los gritos y los cánticos no fueron las únicas maneras a través de las cuales los adventistas primitivos expresaron su entusiasmo. “El Espíritu hizo que Clarissa se riera fuertemente”, informó Elena G. de White”.[11] Y una hermana llamada Elisa Smith dijo que, dominada por una sensación del amor de Jesús, “antes de darme cuenta, yo estaba aplaudiendo y gritando, ¡gloria a Dios!”[12]

En algunas ocasiones, muy pocas por cierto, los creyentes adventistas hablaron en lenguas. Hiram Edson relató que un hermano llamado Ralph “comenzó a hablar en una lengua desconocida por todos”. Su interpretación en dicha lengua fue que el hermano Ralph debía acompañar a Edson en una visita para ayudar al hermano Rhodes que atravesaba por un momento de desaliento.[13]

Los primeros adventistas nunca alentaron el hecho de hablar en lenguas, pero aceptaron casos aislados como genuinos. Sin embargo, la interpretación de lenguas no siempre pareció confiable. En 1848 los adventistas discutían el asunto de la hora del comienzo del sábado. Algunos pensaban que la puesta del sol era la señal apropiada; algunos insistían que debía ser a las 6:00 pm. En una reunión “el Espíritu Santo descendió’ y ‘el hermano Chamberlain fue imbuido de poder”.[14] Él clamó en una lengua desconocida. La interpretación fue un tanto prosaica: “Denme la tiza, denme la tiza”. Se le pasó la tiza y Chamberlain dibujó la silueta de un reloj en el piso y procedió a declararse en favor de las 6:00 p.m Más tarde, tras un estudio detenido de la Biblia, el grupo estableció la puesta del sol corno el momento del comienzo del sábado.

Además del canto, los gritos, la risa y el don de lenguas, ellos experimentaron frecuentemente la postración de ser “herido por el Espíritu”. Por ejemplo, Jaime White informó acerca de una reunión especial celebrada en Wisconsin en 1860: “Anoche sentí más del poder de Dios de lo que he sentido en los últimos tres años. Los hermanos Sanborn, Ingraham y yo orábamos en otro cuarto mientras un hermano ungía a su esposa. El cuarto estaba lleno del poder de Dios. Yo permanecía de pie pero me resultaba difícil mantenerme en esa posición. Caí sobre mi rostro, y grité y gemí bajo el poder de Dios. Los hermanos Sanborn e Ingraham sintieron lo mismo. Los tres yacíamos en el piso bajo el poder de Dios. Los tres nos sentíamos perfectamente libres”.[15]

Los primeros adventistas practicaron también el ósculo santo” o el “saludo cristiano”, al encontrarse y al despedirse. En su primera visión la señora White vio que Dios amaba a los que “podían lavarse los pies los unos a los otros y saludarse fraternalmente con un ósculo santo”.[16]

El pastor White informó que “el hermano Baker fue sanado y glorificó a Dios con fuerte voz, tuvo un bautismo del Espíritu Santo... El hermano Baker había practicado la salutación y el lavamiento de los pies a los santos, en lo cual nunca antes había creído”.[17]

Las visiones de la señora White ocurrieron muchas veces en medio de clamores y gritos de los santos: “El lugar estaba lleno del Espíritu del Señor. Algunos se regocijaban, otros lloraban. Todos sentían que el Señor estaba acercándose mucho a ellos... Cuando la hermana White se sentó comenzó a alabar al Señor, y continuó elevando la voz más y más fuerte en perfecto triunfo en el Señor, hasta que su voz cambió, y los gritos profundos, y claros, ¡Gloria, Aleluya!, estremecieron a todos los corazones. Estaba en visión”.[18]

A excepción del don de lenguas y la risa provocada por el Espíritu, se podrían citar decenas de ejemplos de cualquiera de los tipos de experiencias arriba enumeradas.

La música se expresa en forma exuberante

La música de los primeros adventistas también se caracterizaba por la exuberancia de los movimientos juveniles. “Había en aquellos días un poder conocido como el ‘canto adventista’, como nunca se ha sentido en ningún otro”, recordaba Jaime White”.[19] Los spirituals del pastor White, como “Tú verás al Señor viniendo”, surgieron del himnario milerita para esparcirse por doquier, propiciando la ocasión para la expresión de profundos sentimientos. El pastor White usaba este himno durante sus viajes como evangelista milerita, y en ocasiones entraba al salón cantándolo y acompañándose con el tiempo que marcaba golpeando su Biblia con la mano”.[20]

En una ocasión el pastor White y sus hermanas cantaron este himno para iniciar un servicio de comunión. Cuando llegaron al coro después de la estrofa, “un buen hermano llamado Clark” se levantó, “golpeó las manos en alto sobre su cabeza, gritó ¡Gloria!, y se sentó inmediatamente”. Cada vez que se cantaba el coro el hermano Clark se ponía de pie con el mismo grito de ‘¡Gloria!’ El efecto de la melodía, acompañada por la solemne apariencia del hermano Clark y sus dulces gritos de gloria, parecían electrizantes —recordaba el pastor White—. Muchos lloraban, mientras las respuestas de ‘Amén’ y ‘Gloria a Dios’ se oían en casi todos los que amaban la esperanza adventista”.[21]

Los primeros escritores de himnos adventistas no vacilaban en absoluto en ponerles palabras religiosas a las canciones populares de sus días. Por ejemplo, Urías Smith convirtió la canción de Stephen Foster llamada “Way down upon the Swanee River” (Descendiendo por el río Swanee) en el himno “Up to a land of light we’re going” (Vamos hacia una tierra de luz) y Round ye meadows am a rínging” (Voy corriendo por los prados), del mismo autor, se convirtió en el himno “Round the world alarm is ringing” (La alarma suena alrededor del mundo).[22] Jaime White publicó estas adaptaciones en su himnario de 1855 cuando Foster estaba en el cenit de su fama como cantante secular”.[23]

Incluso “Dixie” se usó en el servicio como himno:

“Vamos viajando hacia un país brillante
Donde todo es paz, amor y luz.
Mirad a la distancia, mirad a la distancia.
Hacia aquella tierra gloriosa”.[24]

Con el paso de los años, las connotaciones seculares de estos cantos opacaron el uso religioso que se les daba y fueron sacadas del salterio adventista. Pero el himnario Adventista actual contiene algunos de los cantos inspirados en música popular cuando fueron compuestos, pero que no siguieron siendo populares fuera de la iglesia. Por ejemplo, “How Sweet are the Tidings” (Oh, cuán gratas las nuevas) se basa en “Bonnie Eloise”, canción de amor de 1858 que comenzaba “Cuán hermoso es el valle por donde el Mohawk se desliza suavemente”.[25]

El uso de instrumentos musicales fue muy limitado entre los primeros adventistas, y algunos de los más radicales los desaprobaban completamente.[26] Fue sólo en 1877 cuando el pastor J. N. Loughborough y otros dirigentes de la Iglesia tuvieron que presentar argumentos bíblicos para persuadir a los hermanos a que aceptaran el primer órgano que usaron los adventistas en California.

Los hijos de Elena de White tocaban el melodión,[27] un pequeño órgano portátil, y en 1886, durante una visita a Suecia, Elena de White comentó favorablemente el uso de una guitarra: “Una señora... era una hábil guitarrista y también poseía una voz suave y melodiosa. En la adoración pública acostumbraba suplir la falta tanto del coro como de los instrumentos. A petición nuestra tocó y canto para la apertura de nuestras reuniones”.[28]

Se modera el entusiasmo primitivo

Un ferviente entusiasmo marcó la experiencia religiosa de los primeros adventistas durante las décadas de 1840 y 1850, y las explosiones de gozo se manifestaron ocasionalmente durante las décadas de 1860 y 1870.[29] Pero para el año 1870 los sentimientos religiosos se expresaban en forma más serena, mediante los ojos húmedos y fervientes miradas de las cuales la señora White habló en tono de aprobación al observarlas en un campamento.[30]

También los cambios culturales ejercieron su influencia y, en mayor o menor grado, afectaron a lo adventistas. Durante la primera mitad del siglo diecinueve los metodistas eran conocidos como los gritones metodistas, pero después de la Guerra Civil su entusiasmo menguó.

Un tercer factor de esta creciente sobriedad que se apoderó de la iglesia Adventista fueron los abusos. El fanatismo demostrado por Mauston en Wisconsin en 1861 estaba relacionado con manifestaciones estáticas y puntos de vista extremistas acerca de la santificación. “Una mujer, que decía haber recibido visiones, perdió la razón durante la agitación”.[31]

En 1850, Elena G. de White dijo. “Vi que había gran peligro de dejar la Palabra de Dios y apoyarse y confiar en esas manifestaciones. Yo vi que Dios se manifestó por medio de su Espíritu sobre vuestra congregación en algunas de sus reuniones e iniciativas, pero vi un peligro por delante”.[32]

Le advirtió a un hermano que su hábito de gritar no era evidencia de que fuera cristiano: “La mitad del tiempo no sabe a qué le grita”.[33] El “ósculo santo” muchas veces perdió su verdadero sentido, como en el caso del hermano Pearsall, que era ‘indiscreto’ en su forma de hacerlo “y prácticamente no diferenciaba el tiempo ni el lugar”.[34]

Para el año 1890 Elena de White, aprobó lo ocurrido en algunas de las reuniones de reavivamiento de esa década en las cuales “no hubo demostraciones incultas, pues la alabanza a Dios no conduce a eso. Nunca oímos acerca de ninguna de estas cosas en la vida de Cristo. Como brincos, gritos y escándalos. No, la obra de Dios apela a los sentidos y a la razón de los hombres y mujeres”.[35] “El poder del Espíritu divino obra suave y silenciosamente —escribió en 1839—, despertando los sentidos embotados, vivificando el alma y afinando la sensibilidad”.[36]

El fanatismo de la carne santificada de Indiana en 1901, también la indujo a amonestar seriamente en contra de ese entusiasmo religioso que estaba ligado a herejías teológicas. ¿Cómo podemos entender entonces el hecho de que al principio Elena de White apoyaba los gritos en la adoración, con su preferencia posterior por un Espíritu Santo que obra ‘suave y silenciosamente’? Ciertamente la cultura y la iglesia habían cambiado mucho entre 1845 y 1885. Lo que era apropiado para los dinámicos y rudos leñadores del norte de Maine, no lo era para los fervientes y sobrios granjeros del medio oeste durante aquella época dorada norteamericana. ¿Sugiere esto que lo que es apropiado para una congregación, probablemente no lo sea para otra?...

Referencias

[1] James Rowe testimony in Piscataquis Farmer, 7 de marzo de 1845, reimpreso en Frederick Hoyt, ed., “Trial of L. Dammon Reponed for the Piscataquis Farmer”, Spectrum, agosto de 1987, 31.

[2] Elena de White, Spirituals Gifts, tomo 2, 40- 41.

[3] Elena de White a Arabella Hastings, 4 de agosto de 1850, Carta 8, 1850.

[4] Hiram Edson, “Bro. Hiram Edson Writes..”., Review and Herald, febrero de 1851, 48.

[5] George W. Holt, “Dear Bro. White”, Review and Herald, 2 de septiembre de 1851, 24.

[6] James Whab, “Estern Tour”, Review and Herald, 7 de diciembre de 1859, 13.

[7] Elías Goodwin, ed, Review and Herald, 4 de marzo de 1866, 18.

[8] Elena de White, “A la iglesia que está en la casa del hermano Hastinngs”, 7 de noviembre de 1850, carta 28,

[9] Elena de White, “A los hermanos Loveland”, 13 de diciembre de 1850, carta 30, 1850.

[10] Elena de White, “A los hermanos Loveland”, 24 de enero de 1856, carta 2, 1856.

[11] Elena de White, “A los hermanos Loveland”, 15 de agosto de 1850, carta 12, 1850.

[12] Eliza Smith al director, Review and Herald, 3 de febrero de 1853, p.151.

[13] Hiram Edson, “Beloved Brethren, scartered abroad”, Present True, diciembre de 1849, 34.

[14] Jaime White,“A mi querido hermano Berlin Conn”, 2 de julio de 1848.

[15] Jaime White a Elena, 6 de noviembre de 1860.

[16] Elena de White, Primeros escritos, 15.

[17] Jaime White,“A los hermanos Howland”, 12 de noviembre de 1851.

[18] Jaime White, “Report of Meetings”, Review and Herald, 22 de octubre de 1857, p196, 197.

[19] Jaime White, Life Incidents, 34.

[20] William Spicer, Pioneer Days of the Advent Movement, 147.

[21] Ibid., 107.

[22] Ron Graybill, “Uriah Smith on the Swanee River”, Insight, 24 de abril de 1979, p9-13.

[23] La revista Journal of Music de Dwright, dice que la canción de Foster, “Old Folks at Home”,... está en la lengua de todos y consecuentemente en la boca de todos. Los pianos y las guitarras repiten esta canción día y noche. Las jovencitas sentimentales las cantan y caballeros sentimentales las cantan en las serenatas de medianoche... los marineros rugen su melodía estruendosa todo el tiempo, todas las bandas la tocan. Las cantantes la cantan en el teatro o en los conciertos. Ibid.

[24] Ibid.

[25] Ibid e Himnario Adventista en inglés, 442.

[26] Lucinda Half, “Camp Meeting”, Signs of the Times, 27 de septiembre de 1877, 292.

[27] Adelia Patten, “Brief Narrative of de Life... of Henry White”, 22.

[28] Elena de White, Historical Sketches of the Foreign Missions of the Seventh Day Adventist, 1866, 194.

[29] Escribiendo a Edson y a Willie White en 1872, con motivo de las oraciones por la sanidad de Jaime White, la Sra. White dijo: “El poder sanador de Dios vino sobre vuestro padre... nosotros gritamos las supremas alabanzas de Dios”. Elena de White a Edson y Willie White, 1 de diciembre de 1872, carta 20, 1872.

[30] Elena de White a G. Buttler, 5 de junio de 1875, carta 16, 1875.

[31] Elena de White, “Jealousy and Faultfinding”, Review and Herald, 22 de junio de 1861.

[32] Elena de White, 25 de diciembre de 1850, manuscrito 41, 1850.

[33] Elena de White, “A los feligreses de Beldford”, 1861, carta 14, 1861.

[34] Elena de White,“A los hermanos Pearsall”, 12 de julio 1854, carta 3, 1854.

[35] Elena de White, “Sermon at Ashfield, Australia, Camp Meeting”, 3 de noviembre de 1894. Manuscrito 49, 1894.

[36] Elena de White, “A mis queridos hermanos”, abril de 1889, carta 85, 1889.

El corazón de la adoración


El corazón de la adoración

Adriana Perera Larrarte
                                                                  

               
¿Tiene la Biblia algo que decir con respecto a la música? ¿Hasta qué punto consideramos la Palabra de Dios una autoridad en el campo de la estética, la historia de la música o la musicología? Con demasiada frecuencia los profesionales que utilizamos la Biblia para sostener una filosofía cristiana de la música llegamos a conclusiones diametralmente opuestas; en ocasiones forzando el texto bíblico hasta que se amolde a nuestras opiniones y criterios personales, haciendo un flaco favor al debate que las iglesias, confundidas, mantienen en sus filas.



Lo cierto es que cada iglesia, deliberadamente o no, debe cuestionarse su filosofía de la música casi cada semana, estableciendo criterios para la selección de las participaciones musicales: pistas instrumentales, ¿sí o no? ¿Con o sin percusión? ¿Instrumentos amplificados? ¿Letras en inglés, en rumano, en latín? Y un largo etcétera. ¿Quién asesora a la comisión de música (si la hay) en las iglesias? Y lo que en mi opinión es todavía más importante: ¿Cuán seriamente nos tomamos la música? ¿Hacemos alguna inversión para que jóvenes y adultos de nuestras iglesias tengan formación musical religiosa? ¿Impulsamos y promovemos la creación de grupos vocales o instrumentales, la composición de música para la liturgia y para los proyectos de evangelización, la música para nuestros niños, adolescentes, y para que las diferentes culturas que forman parte de nuestras congregaciones se sientan integradas y cómodas participando en la alabanza?

El debate sobre la importancia y los criterios de una filosofía de la música en la iglesia no es exclusivo de Iglesia Adventista del Séptimo Día. De hecho, es un debate global que lleva años en la lista de “tareas pendientes” de las denominaciones cristianas en todo el mundo. Somos testigos de un Siglo XXI que enfrenta a una generación adulta, familiarizada con una tradición de himnos —en su mayoría anglosajones—, con la generación “me (mi)”: la que hace uso de Ipod, Itunes, Itouch, etc, para consumir música más selectivamente que ninguna otra generación en la historia.[1] Ha quedado desfasado aquello de comprar un CD y escuchar las canciones favoritas. Hoy te “bajas” aquellas que conectan contigo, y las que no, se quedan para siempre fuera de tu “canon” particular.

En la iglesia los hijos e hijas de Dios nos reunimos para adorarle, y nos expresamos mediante la oración, la lectura de su Palabra y la música, los tres elementos que, según E. G. de White, son los pilares de la adoración.[2] Compartimos la Palabra de Dios desde diferentes versiones: algunas más rigurosas, otras parafraseadas. Oramos con nuestro vocabulario: unos más intelectuales, otros más emotivos... pero cuando nos disponemos a adorar a través de la música, nos encontramos presos de una serie de asociaciones culturales y códigos generacionales difíciles de conciliar: a menudo los jóvenes encuentran difícil conectar con formas sacras anglosajonas del siglo XIX, y los adultos con baladas populares-religiosas del siglo XXI.

La pregunta sigue vigente: ¿Tiene la Biblia respuestas para la problemática que la adoración plantea en la actualidad?

Hay músicos que consideran que la Biblia no puede ser un referente en el campo de la música o la estética, porque no ha sido escrita con esta finalidad, sino para comunicar al hombre el plan divino de salvación.

Hay otros músicos que pensamos que, si bien la finalidad de la Biblia no es fundamentar una filosofía del arte, las numerosas referencias del uso de la música en la Palabra de Dios arrojan principios que podemos contextualizar y utilizar para adorar a Dios en el tiempo que nos ha tocado vivir. ¿Por qué? Porque desde el libro de Job (Job 38:7), que hace referencia a las estrellas que alababan a Dios antes de la creación del mundo, hasta el Apocalipsis, que describe el espectáculo de la Segunda venida de Jesús a son de trompetas y coros celestiales (Apocalipsis 14:1-4), la Biblia presenta el lenguaje musical como un lenguaje creado por Dios y usado por Dios para conectar al hombre con Él, a la divinidad con el ser humano, y a los seres humanos entre sí.

En la Biblia el uso de la música se enmarca en un contexto de adoración. Y el concepto de adoración bíblica se encuadra, a su vez, en el gran marco del conflicto cósmico: la batalla entre el bien y el mal. Nos conviene recordar que, antes de la creación del mundo, las directrices de la adoración celestial fueron creadas por Dios, y el director de los coros celestiales era el mismísimo Lucifer. El origen del pecado se sitúa también en un contexto de adoración, y surge del impulso de Lucifer de suplantar a Jesús como centro de adoración. El enemigo de Dios sigue planteando estrategias para hacer lo mismo en su iglesia: desbancar a Jesús del centro de la adoración, distraer el foco de nuestra adoración de la persona de Jesús. Y no olvidemos que la especialidad de Satanás es, ni más ni menos, la música religiosa.

Dios trascendente - Dios inmanente

“Así dijo el Alto y Sublime, el que habita la Eternidad y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes y para vivificar el corazón de los quebrantados” (Isaías 57:15 RV).

“Porque mis pensamientos no son como vuestros pensamientos, ni mis caminos son como vuestros caminos, dice el Señor. Así como los cielos son más altos que la tierra, así mis caminos son más altos que vuestros caminos y mis pensamientos más altos que vuestros pensamientos” (Isaías 55:8-9 RV).

El objeto de nuestra adoración es un Dios que compara la distancia entre nuestros pensamientos y los suyos a la distancia entre los cielos y la tierra. El ser humano continuamente encuentra nuevas expansiones en el universo, sólo hace falta construir un radar más potente para descubrir que los cielos parecen no acabar nunca. Este es nuestro Dios. Un Dios que es más misterio que revelación, un Dios infinitamente grande que siempre se me escapa. ¿Su esencia? Tres personas en uno. Más misterio... El Dios trascendente.

Sin embargo este Dios infinitamente grande, creador del universo, no sólo habita en la altura y la santidad sino también con el quebrantado y humilde de corazón. Con la gente como tú y como yo, que vamos por el mundo con el corazón partío... porque se hace difícil caminar por este mundo, donde cada minuto muere un niño por razones que podríamos evitar,[3] sin sentir nuestro espíritu quebrantado. Y ese Dios inmenso, que escapa a mi entendimiento, también habita con los de espíritu quebrantado y humilde. El Dios inmanente.

Esta realidad, la de un Dios trascendente y un Dios inmanente, es la doble realidad del carácter del Dios al que adoramos. Y este es el nudo de la tensión que enfrenta la música religiosa: Conciliar las dos realidades del carácter de Dios: lo trascendente, lo majestuoso, y lo cercano, lo íntimo de Dios. La música que adora a este Dios intenta captar y transmitir su carácter santo y solemne (¿canto gregoriano?) o sencillo y cotidiano (¿pop religioso?), pero el desafío de adorar a un Dios que es tan santo como cercano, ha creado una tensión difícil de resolver para los autores de música religiosa de todos los tiempos.

Un canto nuevo

La iniciativa de la adoración no es humana, sino divina. Cuando adoramos, respondemos al amor de Dios. “Nosotros le amamos a Él porque Él nos amó primero” (1 Juan 4:19).

Por eso la auténtica música religiosa no puede existir desvinculada de una experiencia de relación con Dios. Es, en su esencia, una respuesta a la iniciativa divina de la salvación.

 ¨Cantad al Eterno un cántico nuevo” (Salmo 33:3; 40:4; 96:1; 98:1; 144:9; 149:1; Isaias 42:10; Apocalipsis 5:9; 14:3). “Cantad alegres a Jehová, toda la tierra, levantad la voz y aplaudid, cantad salmos... aclamad con trompetas y sonidos de bocina” (Salmos 98:4, 6).

La Palabra de Dios nos invita a que le cantemos un canto nuevo, fresco, que brote de una experiencia diaria, como el pan fresco que hacemos en casa o que compramos en la panadería cada mañana. Las misericordias de Dios también son nuevas cada mañana, y la experiencia del cristiano consiste en morir y renacer cada día. Dios nos invita a cantar un canto nuevo, recién salido de la frescura de nuestra experiencia con Él.

Como profesional de la música, entiendo que la responsabilidad de un compositor profesional cristiano es escribir “un canto nuevo” para Dios en el contexto cultural en el que le ha tocado vivir, con los recursos técnicos y tecnológicos que alcancen a la generación de su tiempo.

La referencia de David y el resto de compositores de los salmos, es un ejemplo de músicos profesionales que utilizaron su creatividad y los recursos de su época para escribir música religiosa:

  • Tradujeron su experiencia de alabanza y adoración en obras que emplean gran variedad y demuestran una elevada sensibilidad poética.
  • Usaron instrumentos para acompañar el canto (Salmo 150 1-6), incluso David creó algunos instrumentos exclusivamente para el culto del templo. 
  • Desarrollaron formas musicales que se diversifican en multitud de estilos y géneros: himnos, imágenes mesiánicas, lamentaciones individuales o grupales, escatología, súplicas a Dios confiando en recibir una respuesta, textos didácticos que evocan episodios históricos, cánticos de acción de gracias de individuos o de la nación entera, etc.[4]
En el esfuerzo por mantener viva la tradición de himnos protestantes en nuestra iglesia, en ocasiones se ofrece una resistencia a la inclusión de nuevas formas musicales, nuevos instrumentos —acústicos o amplificados—, letras más contemporáneas, recursos tecnológicos (pantallas, presentaciones multimedia, etc.). La diversidad y la creatividad es una característica sobresaliente de la creación de Dios, y en la Biblia SI encontramos referencias a músicos que incluyen soluciones creativas e integran elementos nuevos en la liturgia. Escribir un canto nuevo, en el contexto de la música religiosa cristiana contemporánea, supone contextualizar el mensaje de la salvación para la gente de hoy con los medios actuales. La herencia de nuestros himnos es una herencia valiosa, pero la propuesta bíblica no se limita a establecer un canon musical cerrado, sino que nos invita a hacer de nuestra adoración una experiencia nueva, lo que supone un constante cambio. El cambio y el crecimiento son una característica de la naturaleza que Dios ha diseñado, incluyendo la naturaleza humana.

Al componer este “canto nuevo”, esta música de adoración dedicada a Dios, las diferentes denominaciones religiosas han puesto más o menos énfasis en la trascendencia o inmanencia del carácter de Dios. Así, en los cultos de adoración, la liturgia refleja esa tendencia. Las iglesias Anglicana, Ortodoxa y Calvinista, por ejemplo, utilizan una música litúrgica que pone su énfasis en la majestuosidad y solemnidad de Dios Por otro lado la música utilizada en las iglesias Evangélica, Pentecostal, Bautista progresista, etc. refleja un Dios más próximo y cariñoso.[5]

¿Cuál es la perspectiva correcta? ¿Cómo quiere Dios que sea la música religiosa? ¿Qué información encontramos en la Biblia?

Adoración en evolución

El concepto de la música litúrgica (música religiosa usada en el contexto del culto de adoración) en la Biblia no es un concepto fijo, sino evolutivo. Varía, dependiendo de la época, la realidad social y cultural del pueblo de Dios.

Alfred Kuën en Renovar el culto, establece así las etapas del culto en el pueblo de Israel:

  • Israel desde Abraham hasta Egipto: Dios estableció un culto cuyo centro es el altar, y un cordero sacrificado. Es un culto familiar, propio de un pueblo nómada, donde el patriarca es el sacerdote.
  • Israel en el desierto: El centro del culto es el tabernáculo. Todo el sistema de sacrificio en el tabernáculo apunta a la venida del Mesías prometido. Los levitas cumplen las funciones sacerdotales. Cuatro mil levitas son seleccionados para oficiar en la música del templo. Su formación musical duraba diez años y no podían oficiar hasta cierta edad. 
  • Israel sedentario: Culto instituido por David. Los levitas siguen siendo los ministros de música. Es la etapa dorada del sistema litúrgico judío. David es el compositor principal de los Salmos, y la salmodia, aunque denota influencias de las culturas egipcias y cananeas, es la expresión de identidad musical más característica del pueblo de Israel. En los Salmos se nombran instrumentos de cuerda, viento metal, madera y percusión que son usados en la alabanza y adoración. David creó instrumentos específicos para la adoración del pueblo en el templo durante el culto de adoración.
  • Israel en el exilio: Tras la destrucción del templo, el culto se lleva a cabo en la Sinagoga. El centro del culto es la lectura de las escrituras, que señalan la venida del Mesías prometido. La liturgia de la sinagoga judía sólo tiene algunos puntos en común con el culto del templo.
  • Iglesia cristiana primitiva: La liturgia, hasta entonces judía, se enriquece con las nuevas culturas de las naciones evangelizadas. Ya no se ofrecen sacrificios de animales, y se presenta a Jesús como el Cordero de Dios que ha dado su vida por todos los hombres. Se sustituye el templo material por el “templo espiritual”, y se crea una nueva liturgia, con nuevos ritos, instaurados por Jesús mismo. Existen cultos diferentes en Antioquía y en Corinto.
Si bien las formas del culto se adaptan al momento histórico que vive el pueblo, hay una constante que se mantiene en cada etapa: El culto señala a Jesús, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. La liturgia, en la Biblia, siempre apunta a hacer de Jesús el centro de la adoración.

Las formas del culto deben actualizarse, para comunicar la Palabra de Dios a una sociedad en continuo cambio. Asegurémonos que no nos pase lo que al pueblo de Israel: pusieron tanto esfuerzo en mantener las formas y tradiciones, que cuando vino el Cordero de Dios, el verdadero corazón de la adoración, lo consideraron blasfemo y subversivo.

La música religiosa ¿un medio o un fin?

La música en el contexto bíblico es funcional, es decir, es un medio para transmitir la verdad espiritual y exaltar el carácter de Dios.

Las frutas de Caín eran bellas, y recién salidas de las manos del creador, pero no sirvieron al propósito de la ofrenda de adoración. El cordero de Abel sí. ¿Por qué? Porque simbolizaba al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo: a Jesús, el corazón de la adoración.

Nuestra ofrenda musical debe tener como centro a Jesús: la belleza de su carácter. ¿Acercamos a la gente a Jesús cuando interpretamos una preciosa obra religiosa en un idioma que la congregación no puede entender? No. Pero... —argumentas— ¡Es que con la traducción se pierde mucho! Tienes razón. Sin embargo, si el propósito es exaltar y comunicar a Jesús, la letra debe ser entendible. Entonces ¿la música religiosa está reñida con la belleza? ¡No! La música religiosa debería ser la más bella de las músicas, pero su fin no es la belleza per se. E. G. de White equipara el canto a la oración.[6] ¿Te imaginas una oración en latín? ¿Recitarías una poesía de Machado en la oración? Aunque Machado sea un gran poeta, Dios no antepone la belleza estética de la expresión de adoración a una expresión que brote de nuestra experiencia fresca con Él. Eso sí... ¡cuanto más bello, mejor!

En espíritu y en verdad (o la no-lista)

Cuando Jesús se encuentra con la mujer samaritana, ella le hace una pregunta sobre el sitio donde se debe adorar. La respuesta de Jesús es genial, aunque no parece responder directamente a la pregunta: ¨Mujer, la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque el Padre tales adoradores busca. Dios es Espíritu; y los que le adoran en espíritu y en verdad es necesario que le adoren” (Juan 4:23)

Con frecuencia, al igual que la mujer del pozo, planteamos a Dios preguntas concretas esperando una respuesta concreta que zanje el debate sobre la adoración, y entonces Dios nos plantea una respuesta que desafía nuestro planteamiento “2+2: 4”

En su libro Encuentros, Roberto Badenas nos ofrece su visión de este concepto con estas palabras:
Dios está fuera de nuestros sistemas y es ajeno a nuestras querellas de conventillo. Para encontrarlo no necesitas ni peregrinar al templo ni subir al monte. Basta con que vayas hasta el fondo de tu ser...[7]
La mayor parte de las preguntas que nos planteamos en la iglesia cuando debatimos sobre música y adoración son: percusión, ¿sí o no? ¿Guitarra eléctrica u órgano de tubos? ¿Aceptamos como parte de la liturgia un canto de alabanza si no tiene el carácter de un himno? Y cuando no encontramos en la Biblia las respuestas que esperamos, nos preguntamos por qué Dios se mantiene en silencio frente a preguntas tan cruciales e importantes para nosotros.

¿Es posible que estemos planteando las preguntas equivocadas? ¿No será que pasamos por alto la información que SI tenemos en la Biblia, que va más allá de las formas y se mete en lo profundo de nuestras motivaciones, nuestra relación diaria con el Espíritu Santo, nuestro compromiso con Dios, nuestra vida de oración, nuestro testimonio? Si lo verdaderamente crucial e importante para adorar fuera el estilo de la música o el tipo de instrumento, ¿no nos hubiera revelado Dios lo que necesitamos saber? No existiría una lista de instrumentos lícitos e ilícitos, o de estilos musicales apropiados e inapropiados? Sin embargo la Palabra de Dios, como espada de dos filos, penetra más allá, metiéndose en el fondo de nuestro ser, y revelándonos que lo crucial e importante para Dios es que le adoremos en espíritu y en verdad. La palabra verdad en griego se refiere a la palabra de Dios y a su obediencia.

Ellen G. de White, comenta en el libro El deseado de todas las gentes:
Los hombres no se ponen en comunión con el cielo visitando una montaña santa o un templo sagrado. La religión no ha de limitarse a las formas o ceremonias externas...Debemos nacer del Espíritu divino, eso purificará el corazón y renovará la mente, dándonos una nueva capacidad para conocer y amar a Dios. Nos dará una obediencia voluntaria a todos sus requerimientos. Eso es culto verdadero. Es el fruto del Espíritu Santo.[8]
El canto de la sumisión total

En Apocalipsis 14 el Cordero de Dios, el corazón de la adoración, aparece en escena, volviendo triunfante a buscar a sus hijos, para hacer música por la eternidad, juntos. Y en ese momento —que las palabras no pueden describir, porque escapa hasta a la imaginación— en ese momento suena un canto. Como siempre, Dios empieza. Nosotros siempre venimos después, reaccionando a su iniciativa. Hay una introducción que Juan describe como un trueno, posiblemente porque no conoce otro elemento en su cultura que se pueda comparar a la majestuosidad y la intensidad del sonido que está escuchando. Y a continuación los salvados, cantamos un canto nuevo. “Y nadie podía aprender el canto sino aquellos redimidos de entre la tierra que siguen al Cordero por dondequiera que va” (Apocalipsis 14: 3-4). Son los que están sin mancha delante del trono de Dios. Los que han muerto al yo y saben hacer suya la melodía de la sumisión total a la voluntad de Dios.

Me gusta pensar que nuestra vida, de este lado de la eternidad, es un ensayo general. El día del estreno de nuestra verdadera vida, la eterna, comprobaremos si hemos ensayado lo suficiente como para entonar la canción nueva de Moisés y del Cordero. La canción de la sumisión de mi voluntad a la voluntad de Dios, la canción en la que Jesús es Cordero de Dios, corazón de la adoración, centro de mi vida, de mi testimonio y de mi música.

Creo firmemente que el problema de fondo de la música religiosa contemporánea no es un problema técnico sino espiritual. Los compositores contemporáneos somos llamados a comunicar el carácter de Dios —trascendente e inmanente, santo y cercano— en nuestras composiciones. Con qué instrumentos, qué formas o estilos musicales, son detalles que no se nos han sido revelados en la Biblia. ¿Por qué? Estoy convencida de que Dios espera que se lo preguntemos a El directamente cada vez que aceptamos el desafío de escribir música para su gloria. Atrevámonos a adorar a Dios reflejando a Jesús como centro, desde la individualidad y originalidad con la que Él nos ha creado. Dios es un Dios de diversidad, y se complace en nuestra alabanza diversa. No he encontrado ningún pasaje en la Biblia que sostenga la idea de que todos debamos adorar de la misma forma, pero sí encuentro que toda la Biblia apunta a Jesús como el corazón de la adoración.

¿Debería la música religiosa contemporánea reflejar a un Dios santo y sublime? ¿O debería comunicar a la generación de hoy un Dios cercano y atractivo? Mi respuesta a ambas preguntas es: ¡SI!


Adriana Perera es Profesora de piano, Licenciada en teoría, solfeo, acompañamiento y Magister en Composición. Actualmente es profesora de Teoría de la música y composición en Oakwood University, Alabama, EE.UU. 

Referencias


[1] Jean Twenge, Generation Me: Why Today's Young Americans Are More Confident, Assertive, Entitled and More Miserable Than Ever Before (Free Press, 2006).

[2] Elena G. de White, La educación (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1964), 168.

[3] http://www.rtve.es/noticias/20100425/cada-minuto-muere-nino-/328810.shtml

[4] Hans Joachim Kraus, Teología de los Salmos  (Salamanca: Sígueme, 1996).

[5] Paul Westermeyer, Te Deum, The Church and Music (Augsburg Fortress, 2009).

[6] Elena G. de White, Mensaje para los jóvenes (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1964), 48.

[7] Roberto Badenas, Encuentros  (5ª ed.; Madrid: Safeliz, 2001), 57.

[8] Elena G. de White, El deseado de todas las gentes (2ª ed.; Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 2006), 108.

Una filosofía adventista de la música


Siendo que Dios hizo al ser humano a su imagen, compartimos ese amor y aprecio por la música con todos sus seres creados

Dios ha entretejido la música en la tela misma de su creación. Cuando creó todas las cosas "todas las estrellas del alba alababan, y se regocijaban todos los hijos de Dios" (Job 38:7). El libro de Apocalipsis describe el cielo como un lugar de alabanza constante, con cantos de adoración a Dios y al Cordero procedentes de todos (Ap. 4:9-11; 5:9-13; 7: 10-12; 12: 10-12; 14: 1-3; 15: 2-4; 19: 1-8).



Siendo que Dios hizo al ser humano a su imagen, compartimos ese amor y aprecio por la música con todos sus seres creados. De hecho, la música puede impresionarnos y motivarnos con un poder más grande que el de las palabras o la mayoría de otros tipos de comunicación. En su más pura y mejor manifestación, la música eleva nuestro ser a la presencia misma de Dios, donde los ángeles y seres no caídos lo adoran en canto.

Pero el pecado ha arrojado una mancha sobre la creación. La imagen divina se ha desfigurado y casi desvanecido. En todos los aspectos, este mundo y los dones de Dios llegan a nosotros en una mezcla de bien y de mal. La música no es moral o espiritualmente neutral. Nos puede elevar hasta la más exaltada experiencia humana, o puede ser usada por el príncipe del mal para envilecernos y degradarnos, para despertar lujuria, bajas pasiones, desaliento, ira y odio.

Elena G. White, la mensajera del Señor, nos amonesta continuamente a levantar la mirada a través de la música. Nos dice: "Cuando no se abusa de la música, ésta es una gran bendición; pero mal empleada, es una terrible maldición" (Elena G. de White,  La educación, 163). "Debidamente empleada, es un precioso don de Dios, destinado a elevar los pensamientos a temas más nobles, a inspirar y elevar el alma" (Ibid.).

Sobre el poder del canto, dice lo siguiente: "Es uno de los medios más eficaces para grabar en el corazón la verdad espiritual. Cuán a menudo recuerda la memoria al alma oprimida y pronta a desesperar, alguna palabra de Dios, tema olvidado de algún canto de la infancia, y las tentaciones pierden su poder, la vida adquiere nuevo significado y nuevo propósito, y se imparte valor y alegría a otras almas…Como parte del servicio religioso, el canto no es menos importante que la oración. En realidad, más de un canto es una oración"…Al conducirnos nuestro Redentor al umbral de lo infinito, inundado con la gloria de Dios, podremos entender los temas de alabanza y acción de gracias del coro celestial que rodea el trono, y al despertarse el eco del canto de los ángeles en nuestros hogares terrenales, los corazones serán acercados más a los cantores celestiales. La comunión con el cielo empieza en la tierra. Aquí aprendemos la clave de su alabanza" (Ibid., 164).

Como adventistas del séptimo día, creemos y predicamos que Jesús viene muy pronto. En nuestra proclamación por todo el mundo de los mensajes de los tres ángeles de Apocalipsis 14: 6-12, invitamos a todas las personas a aceptar el evangelio eterno, a adorar a Dios el Creador y a prepararse para encontrarse con nuestro Señor que viene muy pronto. Desafiamos a todos a elegir lo bueno y no lo malo, y a que "renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo, templada, y justa y píamente. Esperando aquella esperanza bienaventurada, y la manifestación del gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo" (Tito 2:12, 13).

Creemos que el evangelio tiene un impacto sobre todas las áreas de la vida. Por lo tanto, sostenemos que dado el vasto potencial de la música para bien o para mal, no podemos ser indiferentes a ella. Aunque reconocemos que los gustos musicales varían grandemente de un individuo a otro, creemos que las Escrituras y los escritos de Elena G. White sugieren principios que pueden guiar nuestras elecciones.

En este documento, la expresión "música sagrada" -llamada en ocasiones música religiosa- se refiere a música que tiene que ver con Dios y con los temas bíblicos y cristianos. En la mayoría de los casos es música compuesta para el servicio de adoración, reuniones de evangelización o devociones privadas, la cual puede ser vocal o instrumental. Sin embargo, no toda la música sagrada o religiosa puede ser aceptable para un adventista. La música sagrada no debe evocar asociaciones seculares o ser una invitación para conformarse a los patrones de conducta mundanos, de pensamiento o acción.

La "música secular" se compone para otras esferas diferentes al servicio de adoración o la devoción privada. Habla de los temas comunes de la vida y de las emociones humanas básicas. Procede de nuestro propio ser, expresando con ello la expresión del espíritu humano hacia la vida, el amor y el mundo en que el Señor nos ha colocado. Puede ser moralmente elevadora o degradante. Aun cuando no alabe directamente a Dios, puede ocupar un lugar legítimo en la vida del cristiano. Al seleccionarla, deben seguirse los principios mencionados en este documento.

Principios que deben guiar al cristiano

La música de la que gozan los cristianos debe ser regulada por los siguientes principios:

1. Toda la música que el cristiano escucha, toca o compone, ya sea sagrada o secular, debe glorificar a Dios: "Así, si coméis, o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios" (1 Cor. 10:31). Este es el principio bíblico que está por encima de todo. Cualquier cosa que no sea conforme a esta elevada norma, debilitará nuestra experiencia con el Señor.

2. Toda la música que el cristiano escucha, interpreta o compone, ya sea sacra o secular, debe ser la más noble y mejor: "Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si alguna alabanza, en esto pensad" (Filipenses 4:8). Como seguidores de Cristo que esperamos y anhelamos unirnos a los coros celestiales, vemos la vida en esta tierra como preparación y anticipo de la vida eterna.

De estas dos bases -glorificar a Dios en todas las cosas y elegir lo más noble y mejor- dependen los otros principios mencionados en seguida para la selección de música por parte de los cristianos.

3. Se caracteriza por su buena calidad, equilibrio, pertinencia y autenticidad. La música fomenta nuestra sensibilidad espiritual, sicológica y social, además de nuestro crecimiento intelectual.

4. Apela tanto al intelecto como a las emociones y ejerce un impacto positivo sobre el cuerpo. Su efecto es total.

5. La música revela creatividad en lo que toma de melodías de buena calidad. Si armoniza6, usa las armonías en forma interesante y artística, y emplea ritmo que las complementa.

6. La música vocal emplea una letra que estimula positivamente las habilidades intelectuales, así como las emociones y nuestro poder de voluntad. Cuando la letra es buena, es porque es creativa, rica en contenido y bien compuesta. Enfoca su atención en lo positivo y refleja valores morales; educa y eleva; y está de acuerdo con una buena teología bíblica.

7. Los elementos musicales y líricos deben encuadrar armoniosamente para ejercer su influencia sobre el pensamiento y la conducta, en armonía con los principios bíblicos.

8. Mantiene un balance juicioso entre los elementos espirituales, intelectuales y emocionales.

9. Debemos reconocer la contribución de diferentes culturas en la adoración de Dios. Las formas musicales y los instrumentos pueden variar grandemente dentro de la gran familia adventista; y la música procedente de alguna cultura puede sonarle extraZa a alguien de una cultura diferente.

Producir música adventista significa elegir lo mejor y sobre todo, acercarse más al Creador y Señor y glorificarlo. Aceptemos el desafío de una visión musical alternativa viable y, como parte de nuestro mensaje total y profético, hagamos una contribución musical adventistaúnica, como testificación ante el mundo de un pueblo que espera la pronta venida de Jesús.

Cómo y por qué adorar


Cómo y por qué adorar
Dr. Jacques Doukhan

(Traducido por Abner L. Perales)

Lecciones y principios del Antiguo Israel 

La Biblia no explica qué es adoración o porqué o cómo deberíamos adorar. La experiencia viva de Israel postrándose ante su Dios, orando, cantando y aún gritándole, se da sin algún comentario o análisis teológico. El lector de la Biblia tendrá que recibir sus testimonios tal cuales son, una experiencia cruda del que él/ella podría, si lo desea, reflexionar sobre ella y así enriquecer o profundizar su propia experiencia de adoración. 


La razón para adorar 

¿Porqué adorar? Esta es ciertamente la primera cuestión que viene a nuestras mentes. Y hoy, en nuestro ambiente secular, la pregunta es más relevante. La Biblia comienza precisamente con las respuestas a esa cuestión. Las primeras páginas de la Biblia son el registro del evento que trajo a la humanidad y al universo a la existencia: la Creación. De acuerdo a la Biblia, el primer acto de adoración humano que haya sucedido jamás en la historia tomó lugar como una respuesta directa a la Creación. Es significativo, en efecto, que el primer día de la humanidad fue un día de adoración. Tan pronto como Adán y Eva despertaron del polvo, era Sábado (Génesis 2:3). Fue un tiempo santo dedicado a la adoración del Creador desde el interior de la contemplación de la maravillosa naturaleza, la obra “muy buena” de Dios. Sus primeras emociones, sus primeros cantos, su primera sorpresa, su primera admiración, fueron religiosas y fueron insertadas a la experiencia de adoración. A partir de entonces, Israel fue llamado a “recordar” la Creación en el Sábado (Éxodo 20:8-11). Y de sábado a sábado aprenderían el significado de la adoración. Tan pronto como Noé salió de la oscuridad del diluvio y compartió con la naturaleza el milagro de una nueva creación (Génesis 8-9), edificó un altar y adoró al Señor (Génesis 8:20-22). Tan pronto como Israel emergió de la esclavitud a través de las maravillas de las diez plagas y los muchos milagros del Éxodo, corrió a adorar al Señor en el santo tiempo de un sábado y en el espacio santo del Santuario (Éxodo 24 ss). Tan pronto como Israel fue recreado (Isaías 40) y regresó a su tierra después de setenta años de exilio, el primer paso involucró la construcción del templo y la restauración del culto (Esdras 3). Todas estas experiencias de creación guiaron consistentemente al mismo objetivo: Adorar a Aquel que acababa de transformar la oscuridad en luz y tornó la nada en existencia. No es accidente, entonces, que los Salmos, que reflejan la vida espiritual de Israel y expresan sus sentimientos en adoración, coloquen a la Creación precisamente en el núcleo de la adoración. En los Salmos, la adoración está directamente relacionada a la Creación (Salmos 29; 66:1-5; 104; vea también Nehemías 9:6, etc.). El mismo acto de cantar y gritar al Señor, de venir ante Su presencia, de postrarse ante Él, está justificado sobre la base que Él es el Creador: 

“Vengan, cantemos con júbilo al Señor; aclamemos a la roca de nuestra salvación. Lleguemos ante él con acción de gracias, aclamémoslo con cánticos. Porque el Señor es el gran Dios, el gran Rey sobre todos los dioses. En sus manos están los abismos de la tierra; suyas son las cumbres de los montes. Suyo es el mar, porque él lo hizo; con sus manos formó la tierra firme. Vengan, postrémonos reverentes, doblemos la rodilla ante el Señor nuestro Hacedor. Porque él es nuestro Dios y nosotros somos el pueblo de su prado; ¡somos un rebaño bajo su cuidado! Si ustedes oyen hoy su voz, no endurezcan el corazón, como en Meribá, como aquel día en Masá, en el desierto” (Salmo 95:1-8). 

“Aclamen alegres al Señor, habitantes de toda la tierra; adoren al Señor con regocijo. Preséntense ante él con cánticos de júbilo. Reconozcan que el Señor es Dios; él nos hizo, y somos suyos. Somos su pueblo, ovejas de su prado” (Salmo 100:1-3). 

Es de esta conciencia aguda de que fueron creados por Dios que los antiguos Israelitas derivaron su razón para adorar. La adoración se consideró el propósito de su existencia: “Que se escriba esto para las generaciones futuras, y que el pueblo que será creado alabe al Señor.” 

Al filósofo francés ateo Jean Paul Sartre, quien argumentó contra la existencia de Dios sobre la base de la existencia del hombre y dijo, “Existo, por lo tanto no existe,” los antiguos hebreos habrían respondido: “Existo, por lo tanto adoro.” 

La esencia de la adoración 

Debido a que el acto divino de la Creación lleva al acto humano de adoración, la adoración está hecha de la fe en la Creación con toda la tensión que esta referencia pueda implicar. 

Por un lado, es porque Dios es el Creador, porque Él ha creado el universo, porque Él es invisible y su rostro santo, que Él merece ser adorado. La conciencia de su grandeza infinita, su majestad, su misterio, su poder, engendra en nosotros sentimientos de temor y admiración con los profundos sentimientos de nuestras limitaciones y miseria. Estos son los ingredientes básicos de la adoración. 

Por el otro lado, es porque Dios ha dado su consentido de moverse fuera de sí mismo, porque ha bajado y se ha acercado a la humanidad al crearla, porque se ha revelado a sí mismo, que es posible recibirlo, responderle y por lo tanto adorarlo. La adoración también está hecha del descubrimiento intelectual y emocional del amor y gracia de Dios. En el nivel humano, esto significa agradecimiento profundo y la aguda conciencia de que le debemos todo a Él. 

Y los dos conjuntos de pensamientos y sentimientos son dependientes uno del otro. Entre más Dios es grande, poderoso y majestuoso, lo más dramático será su descenso hacia la humanidad. De hecho, esta tensión está registrada en las primeras páginas de la Biblia a medida que ellas reportan los eventos de la Creación desde dos perspectivas diferentes. La primera historia de la Creación habla a cerca del gran, poderoso e infinitamente distante Elohim (Génesis 1:1-2:4a). La segunda historia de la Creación habla a cerca de YHWH, un Dios que viene cerca al hombre y la mujer y se relaciona con ellos (Génesis 2:4b-25). Sea que los Israelitas oraran o ejecutaran sacrificios, ellos expandieron su conciencia de esta tensión. En sus oraciones se dirigían al Dios del cielo (Nehemías 1:4; Salmo 136:26) como un Pastor (Salmo 23), como un Padre (Salmo 89:26; Mateo 6:9) que se acerca a los humanos. Es digno de notarse que el acto de sacrificio acarreaba la misma tensión; entretanto que recordaba a los Israelitas que no podían aproximarse a Dios por sí mismos (Jeremías 30:21), era también utilizado como señal de la proximidad de Dios (Éxodo 29:42). La raíz de la palabra qorban, “sacrificio” (Levítico 1:2), derivaba de la raíz qrb, que significaba “cercano,” ha preservado esta dinámica. No es un accidente, entonces, que la referencia de la Creación es tan importante en relación a la adoración. A tal efecto, en el acto de la creación, Dios ha mostrado tanto su poder y su gracia. Él es tan grande para ser temido y tan cercano para ser amado; la adoración necesariamente implica esa tensión entre el sentido de distancia de Dios y sin embargo la experiencia íntima de su proximidad. La adoración está hecha de alegría, pero también de temblor (Salmo 2:11); de temor y también de confianza (Éxodo 14:31); amor pero también de reverencia (Nehemías 1:5). 

El modelo de adoración 

Dado que la adoración era la respuesta directa a la Creación, involucraba la totalidad del ser humano. 

Involucraba el cuerpo. Los festivales judíos, los alimentos y bebidas de culto, la muerte de los sacrificios, las postraciones de las manos, todos estos movimientos daban una dinámica especial a la experiencia de la adoración. Los creyentes no solamente se sentaban y observaban o fallaban y meditaban, ellos se movían alrededor y jugaban una parte física en el drama sagrado. 

Y todos los sentidos del cuerpo estaban alerta: El olfato por el sacrificio o el incienso, o el aceite sacerdotal santo; el gusto por las diversas comidas prescritas en aquella ocasión; la visión por los colores de las vestimentas santas, los gestos del sumo sacerdote y la arquitectura impresionante del templo; el tacto en las ceremonias de unción o los rituales de purificación; el oído por la música, las palabras, los gritos y todos los otros sonidos producidos por las palabras concretas del servicio – pero también por los momentos de tenso silencio que podría decir más que cualquier palabra o acto. 

Involucraba el alma. La experiencia de la adoración no era una actividad mecánica, hacer lo correcto y pronunciar la fórmula correcta en el momento correcto. Los adoradores no eran títeres fríos. Emociones intensas se expresaban y enriquecían por el canto de antiguos y nuevos poemas y el canto de melodías tradicionales pero también contemporáneas con el apoyo poderoso de todo tipo de instrumentos musicales (Salmo 150). El pueblo lloraba en la adoración, pero a veces también gritaba. Reflexionaban sobre el misterio profundo, pero también se estremecían bajo la sensación de la presencia de Dios. 

Involucraba la mente. La adoración también era la ocasión para el estudio de la palabra profética de Dios en su Ley. Obligaba a pensar, aprender y entender los planes de Dios, su sabiduría y su voluntad para los creyentes. La inteligencia jugaba un rol importante en la experiencia de adoración. El profeta o el escriba estarían frente a la comunidad y leería y explicaría el texto sagrado. El pueblo no solo escuchaba y recibía pasivamente la lección. Tenían que entender y leer la palabra profética a fin de guardarla después del momento actual de la adoración. Entonces dejaban el lugar con ideas frescas y sentimientos nuevos, un mejor entendimiento de Dios, más cercanos a Él y a ellos mismos – nuevas criaturas. 

Involucraba a la comunidad. La adoración era una experiencia corporativa. Todo lo anterior no podía haber tomado lugar sin los otros. Los actos religiosos del individuo, sus gestos, sus sentimientos, sus emociones estéticas, sus pensamientos y asombros al descubrimiento de las verdades, se intensificaban porque eran en ese pleno momento la experiencia común de muchos. Además, el canto responsorial añadía a la experiencia de unión la dimensión de armoniosa complementariedad. La adoración atraía al pueblo más cerca el uno al otro. El amor de Dios y la apertura a la influencia divina se acompañaba con el amor al prójimo y la voluntad humilde de aprender de cada uno y crecer ante Dios y la sociedad. 

Con todo, la experiencia de la adoración no se detenía en el culto. No era solo una memoria temporal de religión sensacional. La adoración involucraba el dominio de la existencia humana. Más allá del tiempo intenso y maravilloso agotado en la montaña, estaba la vida ordinaria en el valle. Significativamente, cuando los antiguos Israelitas recibieron la Torah, en un marco litúrgico, inmediatamente respondieron al referirse a la acción, na’aseh, “haremos” (Éxodo 24:7). La adoración debería guiar a la acción y a la historia, de otra forma no es adoración; es tan solo otra estimulación psicológica. Es por esto que la experiencia de la adoración era para ser repetida regularmente cada mañana, cada noche, cada Sábado, cada festival judío y cada convocación sagrada, porque llevaba una lección que ellos no querían olvidar: no solo el deber modelaba su vida diaria, sino también la esperanza profunda que algún día recobrarían el compañerismo que habían perdido, del que solamente tenían una intuición oscura en el momento más elevado de la adoración. 

Fuente

Jacques Doukhan, “How and Why We Worship”, Shabbat Shalom 44 (December 1997): 23-25. 

Autor: 
El Dr. Jacques Doukhan, es doctor en Antiguo Testamento, profesor del Seminario Teológico de Andrews University. Autor de varios libros. 

Traductor

Abner L. Perales. Licenciado en Enseñanza Musical (Universidad de Montemorelos). Estudios en Teología. Magister en Dirección Instrumental (Andrews University). Actualmente está llamado para ser pastor asociado en la Conferencia de Arizona y ministro de música en la Iglesia Hispana en Phoenix, AZ.

La cultura de la improvisación


La cultura de la improvisación
Frank Artavia*
 

“La música puede ser un gran poder para el bien; y sin embargo no sacamos el mayor provecho de este ramo del culto. Se canta generalmente por impulso o para hacer frente a casos especiales. En otras ocasiones, a los que cantan se les deja cometer errores y equivocaciones, y la música pierde el efecto que debe tener sobre la mente de los presentes. La música debe tener belleza, majestad y poder. Elévense las voces en cantos de alabanza y devoción. Si es posible, recurramos a la música instrumental, y ascienda a Dios la gloriosa armonía como ofrenda aceptable”. Joyas de los testimonios, t. 1, pp. 458, 459).


La Real Academia española define la palabra improvisar de la siguiente manera:

(De improviso) Hacer algo de pronto, sin estudio ni preparación…

Comparto algunos casos que muy probablemente sean familiares para ustedes:

  • Hay semana de vida familiar, invitan a un hermano a tener música especial; el  hermano no tiene idea de lo que se está predicando y justo para canto de llamado, después de saludar a todos y decirles cómo ha estado su día, entona un tema cuyo mensaje es sobre “La oración”.
  • Vamos a cantar el himno #___ si no se lo saben no se preocupen que en el camino lo aprendemos…
  • Vamos a recoger una ofrenda para la escuelita “X”, mientras tanto ¿porqué no le pedimos al hermano que nos cante algo mientras recogen la ofrenda?
  • Este canto  es para honra y  gloria de nuestro Dios (y resulta que sabemos que no hemos practicado lo suficiente y vamos a cantar a última hora)
  • ¿Hermano puede dirigir el canto tema es que me quedó mal el que le tocaba venir?
    -Con mucho gusto lo haría, pero es que no lo conozco…
    “No importa, la gente no lo va a notar y a Dios lo que le importa es un corazón dispuesto”
La cultura de la improvisación se ha ido imponiendo cada vez más y más en nuestros días. Y  cada vez estamos menos preparados para hacerle frente. Es claro que en algunas ocasiones nos tocará ser “bateadores emergentes”  sin embargo creo que, “más vale prevenir que solucionar”.

EGW comenta al respecto lo siguiente:

“Otro asunto que debe recibir atención, tanto en los congresos como en cualquier otra parte, es el canto. El ministro no debe anunciar himnos para ser cantados hasta cerciorarse primero de que la congregación está familiarizada con ellos. Debe nombrarse una persona adecuada para dirigir este ejercicio, y su deber debe ser cerciorarse de que los himnos seleccionados se canten también con el espíritu y con la comprensión. Cantar es del culto a Dios, pero la manera chapucera en que a veces se conduce el servicio de canto, no es un crédito para la verdad ni un honor para Dios. Debe haber un orden y un sistema en esto, como en cualquier otra parte de la obra del Señor. Organícese un grupo de los mejores cantantes, cuyas voces puedan dirigir la congregación, y que todos los que quieren se les unan. Los que canten deben hacer un esfuerzo para cantar en armonía; deben dedicar algún tiempo a practicar, para que puedan emplear sus talentos para la gloria de Dios” (RH 24-7-1883)

“Los ángeles trabajan en forma armoniosa. Un orden perfecto caracteriza todos sus movimientos. Cuanto más cerca imitemos la armonía y el orden de la hueste angelical, más éxito tendrán los esfuerzos de estos agentes celestiales en nuestro favor. Si no vemos ninguna necesidad de trabajar en forma armoniosa, y somos desordenados, indisciplinados y desorganizados en nuestra forma de obrar, los ángeles, que están cabalmente organizados y se mueven en perfecto orden, no pueden trabajar con éxito por nosotros. Se apartan apesadumbrados, porque no están autorizados a bendecir la confusión, el desorden y la desorganización.” La Iglesia Remanente, 35

Cuenta la historia que en cierta ocasión alguien le dijo al compositor Brahms que era un genio, y él respondió “No me faltes al respeto, que yo ensayo 11 horas diarias, mis obras son 1% inspiración y 99% transpiración”.

Proverbios 21:31 dice “El caballo se alista para la batalla, mas Jehová es el que da la victoria”. Debemos estar preparados para la batalla, con “las botas puestas, las espuelas, la montadura, y todo lo que sea necesario para ir a hacerle frente al enemigo”. Haciendo esto, Jehová será glorificado y la victoria sobre los ataques del enemigo será manifiesta sin duda alguna.

Si organizas un programa, planifica todo de la mejor manera posible.

Si formas parte del programa, involúcrate de lleno en la planificación del mismo.

Si eres director de canto, no te quedes con los cantos que conoces, aprende himnos nuevos.

Si tocas algún instrumento, practica.

Si cantas en un grupo o solista, ensaya.

Y lo más importante de todo… recuerda que “Si,  pues,  coméis o bebéis,  o hacéis otra cosa,  hacedlo todo para la gloria de Dios.” 1 Corintios 10:31


*Frank Artavia
Cirujano Dentista, Cantante, Compositor

Perspectivas históricas sobre el cambio en la música de adoración


Perspectivas históricas sobre el cambio en la música de adoración 

Dra. Lillianne Doukhan *

(Traducido por Abner L. Perales)**

Periódicamente a través de la historia, la Iglesia se ha enfrentado con el problema de la introducción de nuevos elementos a la tradición existente. En el contexto del canto congregacional, este problema se centró en la infiltración de elementos seculares. El propósito de este estudio es el de presentar tales situaciones, mostrar cómo las personas lidiaron con el cambio en su época y extraer lecciones para hoy.



El empleo de música secular en la iglesia

El resurgimiento del elemento popular en música de la Iglesia ha sido un fenómeno constante a través de la historia.[1] Los Arrianos ya usaron el poder de las tonadas populares para esparcir sus falsas doctrinas a través del canto.[2] Efrén de Siria (n. 309), Padre de la Iglesia del siglo cuarto, de Antioquía, no vaciló en recoger estas melodías estando consciente de su “dulce” efecto.[3] Novecientos años más tarde, en reacción contra el pesado formalismo de la Iglesia y deseando que los himnos fueran más Cristo-céntricos, Francisco de Asís (1182-1226) también integró las melodías y ritmos seculares contemporáneas a sus laudas.[4]

Martín Lutero (1483-1546), de nuevo en reacción al estilo formalista de adoración de la Iglesia de su tiempo, empleó en sus corales melodías y ritmos familiares para la gente.[5] Al contrario de Calvino, Lutero no percibía a la Iglesia como separada de la sociedad; en su filosofía, los elementos seculares pueden ser transformados de acuerdo a un nuevo entendimiento.

Durante la última parte del siglo diecisiete e inicios del dieciocho, los Pietistas, en reacción en contra del Escolasticismo de la Iglesia Protestante, rechazaron el estilo operístico del arte musical y adoptaron el himno subjetivo, caracterizado por los ritmos parecidos a la danza.[6] En Inglaterra, Juan Wesley (1703-1791) se propuso que las tonadas de los himnos fueran accesibles para todos, a fin de que todos pudiesen participar en el canto y así expresar su aceptación personal a la salvación. Para el descontento de los dirigentes de la Iglesia, adaptó tonadas populares de muchas fuentes.[7]

Más cercano a nuestro tiempo, cantar himnos fue un elemento principal durante las reuniones campestres y los Grandes despertares. Tenía como propósito ser un medio para comunicar el evangelio en un lenguaje simple y directo, y de forma efectiva al hombre y la mujer común. Las melodías de estos cantos evangélicos o espirituales eran parecidas a las melodías folklóricas, fáciles de enseñar y de aprender, adaptadas en su mayoría de melodías folklóricas bien conocidas. Algunas de las melodías utilizadas en las reuniones de reavivamiento de Moody y Sankey (última parte del siglo diecinueve) fueron tomadas de Stephen Foster.[8] William Booth (1829-1912), el fundador del Ejército de Salvación (Salvation Army), compartía la misma filosofía.[9]

El deseo de reintroducir la simplicidad de la música folklórica a la experiencia de adoración surgió a menudo de una reacción a la pompa y al formalismo que caracterizaba la religión oficial. Aún más, en esos momentos de la historia, la congregación estaba separada geográficamente, y a menudo físicamente, por una valla del coro de la Iglesia, la parte de la Iglesia donde se celebraba el oficio.[10] El estilo lujoso de la Iglesia Bizantina llevó a los simples himnos antifonales de Ambrosio; la suntuosidad de la liturgia romana indujo a Lutero a la convicción de la necesidad de himnos accesibles a la gente. Estas “reformas” corresponden entonces a una época de renovación y reavivamiento, un tiempo cuando los reformadores decidieron poner la música de vuelta en las manos de la gente.

Las reacciones oficiales de la Iglesia a estas innovaciones generalmente resultaron en una prohibición total o parcial a la participación congregacional en el servicio. Los motivos posibles para tales decisiones radicales podrían haber sido el miedo al sincretismo o debilitamiento del poder eclesiástico, recelo a la espontaneidad de la gente que podría comprometer el carácter trascendental del acto de adoración, o simplemente una preocupación por la tradición y la continuidad.

El Concilio de Laodicea, convocado por los Padres de la Iglesia en el 367 d.C., decidió prohibir el canto congregacional a fin de evitar el uso de tonadas seculares y prohibir el uso de instrumentos a fin de evitar asociaciones paganas. Una decisión similar fue tomada en ocasión del Concilio de Trento (1545-1563).

El canto congregacional no tomaría parte de la Misa, sino que estaría relegado a los momentos extralitúrgicos de devoción popular.[11] Además de eliminar la participación congregacional en la Misa, el concilio también prohibió el empleo de elementos seculares (vistos como “lascivos e impuros”)[12] como base de las composiciones de la Misa, una práctica que había sido muy difundida por 200 años.

Fuentes de la resistencia al cambio

La resistencia al cambio en la música de la Iglesia no fue, sin embargo, el dominio exclusivo de los oficiales de la Iglesia. Muchas protestas a la introducción de los “nuevos” elementos en la música de la Iglesia vinieron de dentro de la congregación misma. Es notable que tales reacciones no ocurrieran exclusivamente cuando el cambio tenía que ver con la verdad teológica y los valores morales. Pareciera como si el cambio por sí mismo fuese el problema; lo “nuevo” era malo simplemente porque era nuevo. Algunos de los argumentos desarrollados en esos tiempos cargan en realidad un sabor muy contemporáneo. En 1712, Thomas Symmes, quien alentó la “nueva forma” de cantar (por notas) en reacción a la práctica de cantar “delineando” (cantar de memoria),[13] relata algunas reacciones a estas innovaciones: “Para la ciudad educada de Boston, este diseño (la nueva forma) encontró una aceptación general; en el campo, donde hay más campesinos, algún número de ancianos y gente enojada apunta testimonios celosos contra estas malvadas innovaciones, y… no solamente… llaman el canto de estos Cristianos una alabanza al diablo, sino que se apresuran a salir de las reuniones al inicio del ejercicio.”[14]

Entre las objeciones encontramos los siguientes argumentos: “Es una nueva forma, una lengua extraña. No es tan melodiosa como la forma habitual… La práctica crea disturbios y provoca que la gente se comporte indecente y desordenadamente… Los nombres dados a las notas (do, re, mi) son obscenos, sí, blasfemos. Es una forma innecesaria, ya que nuestros padres llegaron al cielo sin ella… Hay un grupo de arribistas que han caído en este camino, y algunos de ellos son obscenos y permisivos”. [15]

Agitación en la iglesia

Es bien conocido el hecho que la introducción de “nuevos” instrumentos ha creado agitación en la Iglesia. Tal fue la situación de una Iglesia de Nueva Inglaterra en la última parte del siglo dieciocho, a quien el tesorero de la Universidad de Harvard le había ofrecido un órgano en 1713, pero que finalmente la Iglesia lo rechazó. La opinión general era que “si los órganos eran permitidos, otros instrumentos pronto seguirían ¡y entonces vendría luego la danza!”[16] Finalmente, la Iglesia de Brattle Street se rindió a lo inevitable y decidió tener un órgano, pero aún después que la orden había sido enviada a Inglaterra y el instrumento estaba en camino, la congregación se desgarró en contiendas amargas. Un miembro adinerado imploró con lágrimas que la casa de Dios no fuese profanada, prometiendo reembolsar el costo entero del órgano si tan solo el objeto diabólico fuese arrojado al fondo del puerto de Boston. Pero gradualmente la oposición menguó. [17]

En la misma forma que el órgano fue considerado un instrumento secular para el cual no había lugar en la Iglesia, los instrumentos empleados por J. S. Bach en su Pasión según San Mateo fueron una piedra de tropiezo para la congregación de su tiempo. “Cuando la Pasión (de Bach) se ejecutó por primera vez en un poblado grande, con 12 violines, muchos oboes, fagots, y otros instrumentos, mucha gente estaba atónita y no supo qué hacer de ella. En las bancas, una familia noble muchos ministros y mujeres nobles estaban presentes, cantaron con gran devoción el primer coral de la Pasión de sus libros. Pero cuando la música teatral comenzó, toda esta gente mostró una gran perplejidad, se miraron uno al otro y dijeron: ‘¿Qué será de esto?’ Una viuda anciana de la nobleza dijo: ‘¡Dios salve a nuestros hijos! ¡Es como si uno estuviese en una comedia de ópera!’ Pero todos estaban genuinamente disgustados por ella (la Pasión) y expresaron solo quejas contra ella. Hay, es verdad, algunas personas quienes toman placer en tales cosas sin valor.”[18]

Encontrándolo difícil para cambiar

Los ejemplos anteriores demuestran cómo el cambio es difícil aún cuando es para lo mejor. Ciertamente, el cambio es en sí mismo un proceso doloroso, pues nos gusta asirnos a lo familiar, lo predecible y lo cómodo, a lo no amenazante. Además, el valor de lo viejo es asociado con la “tradición, sinónimo de estabilidad y ausencia de cambio.[19]

La tradición es a menudo un asunto de sentirse en casa con lo que hemos crecido, que después viene a ser interpretado como la “verdad.” La música antigua lleva también el aura de ser consagrada por el pasado. La antigüedad se vuelve una recomendación en sí misma. Hoy la veneración del pasado es esencialmente una consecuencia del Romanticismo. Verdaderamente, el Romanticismo, en su manera de entender al mundo como una unidad orgánica que despertó el interés por el origen de las cosas, y así guió a la consideración de los tiempos pasados como algo valioso y digno de interés.

Desde entonces, en cada ocasión, la música de los compositores contemporáneos ha sido eclipsada en los programas de concierto por obras históricas. Antes del siglo diecinueve no era costumbre ejecutar obras de tiempo atrás, tanto en la Iglesia como en la corte. Es un hecho bien conocido que J. S. Bach, por ejemplo, tenía que producir una nueva cantata cada domingo, lo que, por cierto, explica las numerosas ocasiones en que tomó material prestado de sus propias obras así como de compositores anteriores, una práctica que era muy difundida desde tiempo atrás. Estos préstamos involucraron tanto fuentes sacras como seculares.

Los ejemplos también testifican del problema de tomar prestados elementos musicales de contextos seculares familiares a la congregación. Sin embargo esto es lo que las grandes personalidades de la Iglesia hicieron todo el tiempo. En un escudriñamiento más cercano parece que las razones para esta tensión descansan esencialmente en el conflicto entre dos ideales diferentes para la música de la Iglesia. Por un lado, notamos la preocupación por maneras relevantes de participación congregacional, un modo para que la gente se uniese y cantase sola sin ningún entrenamiento musical particular (énfasis en el aspecto humano de la religión); por el otro lado, notamos la preocupación por el elevado ideal de la música de la Iglesia como una expresión transcendental de Dios y la verdad, como medio para elevar los pensamientos humanos hacia su Creador.

De hecho, ambas preocupaciones son legítimas y deberían trabajar mano a mano en una tensión saludable y necesaria. A fin de que la música de la Iglesia sea una expresión auténtica de adoración, debería reforzar tanto el aspecto transcendental como el antropológico. Debería ser apropiada a las circunstancias y consecuentemente traducirse al elevado carácter de la adoración; pero también debería ser relevante y comunicada en un lenguaje que sea fácilmente comprendido por una participación más espontánea.

Las lecciones de la historia

La primera lección de la historia es por consiguiente una lección de apertura y de flexibilidad. Sin embargo, si estos principios son todavía aplicables ahora, la pregunta candente permanece: ¿puede la historia ser utilizada como un modelo perfecto para hoy? En otras palabras ¿qué tanto podemos utilizar los elementos seculares en nuestro canto congregacional? A fin de contestar estas preguntas de una forma apropiada, deberíamos considerar no solamente los paralelos con las historia pasada descritos anteriormente, sino también estar conscientemente al tanto de las diferencias. Es verdad, hoy la situación lleva elementos específicamente nuevos que hacen el proceso del cambio mucho más complejo y ciertamente más delicado. Debo notar por lo menos dos de ellos:

1. En tiempos históricos la introducción de música secular era propuesta y monitoreada por teólogos y también por músicos profesionales; muchos de los reformadores hablaban no solo de adopción sino también de adaptación. Muchos de los Padres de la Iglesia eran músicos entrenados, lo mismo es verdad de Lutero. Además, Lutero trabajó de cerca con compositores eminentes tales como Johann Walter; esos compositores estaban activos tanto en el campo de la música secular como en el de la música sacra y sabían cómo manipular el lenguaje musical tanto para uno como para el otro. 

Hoy la renovación de la música de la Iglesia, iniciada por Vaticano II, es en         su mayor parte el resultado del movimiento rural bajo el lema “por la gente y para la gente”. La iniciativa para la renovación a menudo viene directamente de la congregación y de hecho es realizada por la gente que forma esta congregación.

La cultura ha desarrollado un fuerte sentido de democracia y, especialmente desde la década de 1960, la juventud ha adquirido su propia voz y participado activamente en varios asuntos de la sociedad. Sería inútil ignorar o negar esta realidad que puede ser observada en muchos otros aspectos de la sociedad.

El mismo fenómeno no podía dejar de suceder en la religión. La gente joven necesita expresar su deseo por participar a través de su propio lenguaje en la música. Sin embargo, el entusiasmo de la convicción y el estímulo de la acción no debería impedirles reflexionar en la naturaleza de la música de la Iglesia; ellos deberían también estar preocupados tanto de la naturaleza y el poder expresivo de la música, como de la necesidad por estándares musicales elevados.

2. La consideración más fuerte, sin embargo, debe ser los cambios que han transformado el mundo moderno respecto a su entendimiento de lo sacro y lo secular. Aquí descansa la dificultad principal en adoptar elementos seculares para la adoración. La sociedad de hoy está caracterizada por una gran grieta entre lo secular y lo sacro.[20] La vida no está más permeada por lo sacro; no hay más leyes, no más tabús, no más dirección.

Tanto una memoria de la historia como una observación lúcida de nuestros tiempos deberían inspirar nuestro enfoque al problema. Uno podría adoptar, por supuesto, las actitudes tradicionales de rechazo o prohibición, pero la historia ha mostrado que eso no ha sido muy efectivo a la larga.

El cambio sucederá de cualquier forma, con nosotros o sin nosotros; es un hecho. En lugar de rechazar el cambio y así provocar rebelión, deberíamos convertirnos en parte de él y hacer que suceda en una forma responsable.

Por otro lado, considerando las fuerzas que nos rodean, mencionadas anteriormente, los cambios necesitan llegar a ser mucho más controlados y monitoreados que cuando lo fueron en los tiempos de Lutero y Wesley. Tal vez sea necesaria la educación más hoy que antes. Pero aún la educación no debería operar en contra, sino a favor de la gente; implica escuchar a cada uno y preparar un plano común para la acción. En lugar de resistirse al cambio, los músicos deberían tomar parte en él y ayudar a darle forma. ¿No es esto, después de todo, el reto del artista en la sociedad?

*Autora:  Lillianne Doukhan, Ph.D. en musicología, es actualmente maestro asistente de adoración y música en la iglesia en el Seminario Teológico Adventista del Séptimo Día en Andrews University.  

**Traductor: Abner L. Perales. Licenciado en Enseñanza Musical (Universidad de Montemorelos). Estudios en Teología. Magister en Dirección Instrumental (Andrews University). Actualmente está llamado para ser pastor asociado en la Conferencia de Arizona y ministro de música en la Iglesia Hispana en Phoenix, AZ. 

Este artículo fue reimpreso y traducido con permiso de Notes, primavera de 1996. Es de una serie de artículos en música y adoración publicado en la revista trimestral Notes, la revista de la Asociación Internacional de Músicos Adventistas (IAMA, por sus siglas en inglés), que inició en el verano de 1995. El listado y las reimpresiones de estos artículos, que presentan el espectro completo de los puntos de vista en este tema, pueden ser obtenidos al escribir a IAMA, P.O. Box 476, College Place,WA 99324.

Notas:

[1] La aplicación de nuevos textos a melodías existentes populares es conocido bajo el término técnico contrafactum.

[2] Theodore Gerold, Les peres de I eglise et la musique (Strasbourg: Imprimerie Alsacienne, 1931; reimpreso en Ginebra: Minkoff, 1973), 46-47.

[3] Criticó a los herejes por estar “ofreciendo a la gente saludable veneno amargo disimulado por su dulzura” (Ópera de Efrén de Siria, citado en Jules Jeannin, Melodies liturgiques, syriennes et chaldeennes, [Paris: Leroux, 1924], 147).

[4] Donald P. Hustad, Jubilate! Christian Music in the Evangelical Tradition (Carol Stream, 111.: Hope Publications, 1981), 123. Las laudas fueron cantos devocionales extralitúrgicos para la edificación del creyente.

[5] Friedrich Blume, Protestant Church Music: A History (New York: W. W. Norton, 1974), 29-35. Para una lista de contrafacta utilizados en la Iglesia Luterana temprana, vea 32-34.

[6] Hustad, 125.

[7] Andrew Wilson-Dickson, The Story of Christian Music: From Gregorian Chant to Black Gospel: An Authoritative Illustrated Guide to all the Major Traditions of Music for Worship (Oxford: Lion, 1992), 117.

[8] Wilson-Dickson, 140: "Poor Old Uncle Ned" ("O What Battles I've Been In"); "Poor Old Joe" ("Gone Are the Days of Wretchedness and Sin"). Vea también "Old Folks at Home," de Foster, adaptado por Uriah Smith a "Land of Light" (James R. Nix, Advent Singing [Washington, D.C.: North American Division Office of Education, 1988], 88, 89).

[9]“¿No permitido cantar tal tonada o aquella? ¡Efectivamente! Música secular, ¿ellos dicen? Pertenece al diablo ¿lo es? Bueno, si fuese así, yo lo despojaría de ella… Cada nota, cada tenor y cada armonía es divina y nos pertenece” (William B. Booth, citado en B. Boon, Sing the Happy Song:The History of Salvation Army VocalMusic [London: Salvationist Publishing and Supplies, 1978], 115).

[10] James F. White, Introduction to Christian Worship, rev. ed. (Nashville: Abingdon Press, 1991), 100, 102.

[11]Durante los inicios de la Edad Media la congregación había participado en la Misa cantando el Kirie, Credo, Santus, Benedictus y Agnus Dei (Wilson- Dickson, 41).

[12] Vea Edith Weber, Le Concile de Trente et la Musique: De la reforme a la contrere-reforme (Paris: Honore Champion, 1982), 65, 87, 196-99, etc.

[13] Los primeros salterios, tanto en Inglaterra como en los Estados Unidos de América, contenían solo el texto sin la música. Además, la mayoría de la gente no leía. La práctica de cantar los salmos tuvo que desarrollarse así, donde el ministro o diácono leería en voz alta o cantaba las primeras líneas del salmo (“delineándolo”), la que entonces era tomada por la congregación; cada línea sucesiva de todo el salmo se cantaría de este modo. Uno puede imaginar los resultados de tal práctica: “Cantando dos o tres pentagramas la congregación desciende desde un sonido alegre hasta un gruñido abierto, y entonces algunos para aliviarse, añaden un octavo en silencio, o una cuarta o una quinta, por medio de los cuales el canto parece más un ruido confuso, formado por lectura, chillidos, y gruñidos… En muchos lugares, un hombre está sobre una nota mientras que otro está una nota antes que el, lo que produce algunas veces algo tan horrendo y desordenado, fuera de toda expresión… y a parte, ni siquiera dos hombres en la congregación trinan (decorar la tonada) parecido, o siquiera juntos, lo que suena al oído de cualquier buen crítico como quinientas diferentes tonadas rugidas al mismo tiempo” (T. Walter, The Grounds and Rules of Music Explained [Boston: 1721], citado en Wilson-Dickson, 184).

[14] En K. Silverman, Selected Letters of Cotton Mother (Baton Rouge: Louisiana State University Press, 1971), 376.

[15] Citado por Henry Wilder Foote, Three Centuriesof American Hymnody (Hamden, Conn.: Shoe String Press, 1961), 102.

[16] Edward S. Ninde, of The Story of the American Hymn (New York: Abingdon Press, 1921), 95.

[17] Ibid., 96, 97.

[18] Christian Gerber (1732), citado en H. David and A. Mendel, eds., The Bach Reader: A Life of Johann Sebastian Bach in Letters and Documents, rev. ed. (New York: W. W. Norton, 1966), 229, 230.

[19] Tal como lo revelan los estilos de adoración Adventistas del Séptimo Día, esta teoría puede ser muy engañosa. Vea el artículo de Ronald D. Graybill, "Enthusiasm in Early Adventist Worship," Ministry, October 1991, 10-12.

[20] “Lutero ha resuelto esta tensión al dar un nuevo significado a la antigua tonada; el lenguaje secular, para hablar, cobró sacralización a través de una nueva asociación.” Fredrich Blume comenta sobre esto: “El protestantismo preservó la clasificación medieval del mundo, con un arte secular sujeto a una disciplina intelectual caracterizada por la piedad y lo eclesiástico. Bajo estas condiciones la disparidad entre la música sacra y secular difícilmente podrían convertirse en un problema al inicio” (Protestant ChurchMusic, 29). Comenzando con la última parte del siglo diecisiete, este principio se convirtió cada vez más difícil de realizar por el impacto del humanismo, quien traería una brecha jamás creciente entre los mundos seculares y sacros.

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