Adoración en formato.pdf (pura dinámica formal)


Adoración en formato.pdf (pura dinámica formal) 

Una propuesta positiva ante el rechazo a la innovación litúrgica 

Alvaro Calvo Ramón

Me encanta mi iglesia. Es la única que ha conseguido hacer que no me sien­ta un lunático por creer en los milagros que Dios ha hecho en mi vida, que no me sienta un dinosaurio por no querer estimular mis alegrías a base de cali­mocho, o que no me sienta un forajido por rechazar la homosexualidad como opción personal.



Me encanta la Wikipedia.[1] Es sorprendente la cantidad de información que la gente en general ha introducido de manera voluntaria. Y lo mejor de todo es que cuando se encuentran definiciones, no se hace una disertación digna de tesis, sino que expresa conceptos en definiciones breves y esquemáticas. Probad con estas dos palabras: liturgia y rito; encontraréis que podréis com­prender la definición de estos términos con una visión amplia y referenciada en apenas cinco minutos.

Me encanta el orden. Desde las carpetas de documentos en mi ordenador hasta la secuencia que encontramos en la creación, todo lo que está orde­nado es una expresión de lo útil que resulta su existencia. Nuestra iglesia lo utiliza para congregarse. Cuando nos reunimos lo hacemos en momentos para los que tenemos designaciones específicas como “escuelas sabáticas”, “cultos”, “santas cenas”, “encuentros”, “semanas de oración” etc, y todos ellos se estructuran dentro de un orden predeterminado.

A ese orden lo denominamos “liturgia”, término que, según la Wikipedia es “la forma con que se llevan a cabo las ceremonias en una religión”. Nuestras re­uniones están diseñadas siempre para transmitir un contenido espiritual, pe­ro obviamente ese contenido debe ser transmitido de una “forma” o de otra. Y es esa forma la que dice cómo hacemos nuestras reuniones. Nuestros cul­tos, por ejemplo, vienen siguiendo el mismo esquema formal desde hace más años de los que puedo abarcar con mi memoria. Este esquema viene a ser más o menos así: entrada, doxología, oración de rodillas de los oficiantes (en silencio y con amén pre acordado), himno, oración congregacional, bien­venida, historia de los niños con sintonía predeterminada, lectura bíblica (cu­riosamente la que más veces he visto sacrificar), seeermóóón (no siempre, lo reconozco; pero con demasiada frecuencia, reconózcanlo), himno, oración final, doxología y salida.[2] Creo que el concepto más rompedor que he obser­vado en los últimos quince años es la inclusión de “la historia de los niños” dentro del culto de adoración en casi todas las iglesias que he visitado.

Y es que al fin y al cabo se trata de eso: adorar. Por cierto que debe ser este un asunto importante, puesto que el concepto de adoración es el responsa­ble de algunos de los mayores conflictos en la historia de la salvación[3] Así por ejemplo mediten cómo Satanás rechaza la autoridad de Cristo en busca de adoración,[4] Abel muere en manos de Caín a raíz de un desacuerdo en el modo de adorar (Génesis 4:3-8), el conflicto se desenlazará dando énfasis al desacuerdo que existe sobre el sujeto de adoración (Apocalipsis 14:9-10), e inclu­so la eternidad verá que la adoración continúa después de la segunda venida (Isaías 66:23).

Me encanta el formato “pdf”. ¿Saben ustedes lo que es un documento en formato “pdf”?. Seguramente muchos sí, pero también los habrá que no, y casi con toda certeza habrá una relación directa con la generación en la que les haya tocado vivir. El día que perdimos la imaginación para crear nombres inventamos los acrónimos y este término no es una excepción, que significa “portable document format”. Fue creado por la casa Adobe systems y consis­te simplemente en poder visualizar documentos de una gran variedad de aplicaciones informáticas en un formato que no permite ser modificado, sino que sólo puede ser visualizado. Es decir, todos aquellos documentos crea­dos en otras aplicaciones como texto, imágenes, dibujos, diseños, o cual­quier otro documento que pueda ser impreso, pueden ser transformados en un documento pdf que “bloqueará” las características del mismo para que pueda ser visto por todos, pero no transformado. Si a eso le añadimos que la casa Adobe consiguió hacerlo creando un documento que ocupa muy poco espacio, podremos entender por qué este formato ha tenido tanto éxito, so­bre todo teniendo en cuenta lo que se valora hoy en día que los documentos no ocupen demasiada memoria en el ordenador.

En cambio, no me gusta nada el riesgo que corremos cuando hacemos que nuestros cultos tengan cada vez más un formato pdf, inalterable, inmutable, intocable, y a veces insoportable. Apelo al propio manual de nuestra iglesia que, cuando procede a describir la liturgia de nuestros cultos de adoración propone ante todo lo siguiente: “no prescribimos una forma u orden específi­ca para el culto público”.[5] Sin embargo he de reconocer que esta introduc­ción resulta cuando menos paradójica teniendo en cuenta lo exhaustivas que son las recomendaciones que le siguen, en las que se detallan incluso los momentos para arrodillarse o ponerse en pie.

No hace mucho estuvimos estudiando en las escuelas sabáticas lo perjudi­cial que puede resultar la tradición, haciendo énfasis en los textos de Colo­senses 2: 8, Mateo 15: 3 y Marcos 7: 13, y comentando en palabras textua­les del autor que “la biblia tiene mucho que decir acerca de la tradición, y po­co que sea bueno”.[6] Y es que debemos reconocer ya que tenemos un forma­to de culto mucho más basado en la tradición (anglosajona, por supuesto), y poco en un análisis de las necesidades de la adoración de hoy. Un culto muy basado en la referencia histórica, y poco en la riqueza de las ideas de nues­tros miembros.

Y es que no es un error hablar de cambios estructurales en nuestro culto, puesto que no hablamos de un rito, sino de una liturgia. ¿Se acuerdan de la wilkipedia?. Pues dice: “se denomina rito (del latín ritus) a un acto religioso o ceremonia repetido invariablemente, con arreglo a unas normas estrictas”. El concepto de rito está, además, vinculado a la tradición cristiana de los sa­cramentos como signo visible de la gracia invisible, cuyo fundamento no es bíblico, sino mágico.[7]

No corramos, por tanto, el riesgo de continuar en nuestros cultos con dinámi­cas que más tienen que ver con ritos que con alabanza, tal y como ha suce­dido en otras denominaciones cristianas que nos preceden, y que llevan si­glos realizando los mismos prototipos de ceremonia, en los que se pierde por completo la esencia de la comunicación con Dios, o con cualquiera, y en los que hasta la música se convierte en un mero procedimiento de repetición so­so y apagado. Y no deseo ahora que sus mentes viajen a iglesias de cirios, penumbras y ecos. No hace falta ir tan lejos. Recuerden simplemente el mo­do de cantar que hemos adoptado en nuestras doxologías de entrada, por ejemplo.

Uno de los conceptos más atrayentes que he encontrado en la Biblia es el de la creatividad, pero es difícil hablar de creatividad en nuestros cultos. Veo a un Dios creativo en todas las situaciones que Él provoca, incluso llenas de humor en algunos de los momentos más sagrados de la historia bíblica. Ob­servemos por ejemplo el momento en el que Jehová recluta a Moisés para su propio ejército, el del pueblo de Israel, ese que ganaba batallas a golpe de trompetazos o con escuadrones de avispones. Creo que es posiblemente uno de los momentos más solemnes y a la vez más relevantes de la historia de la salvación. Moisés se encuentra con su Dios en un lugar muy poco pa­recido a nuestras iglesias, y ve al Señor en un lugar muy poco parecido a un estrado. Y así, descalzo, sin traje y sin corbata, Dios juega literalmente con los sentimientos de cobardía de Moisés hasta llevarlo a la ridiculez de un presunto tartamudo. No sé si a eso se le puede llamar un culto, pero desde luego sí fue un encuentro de adoración, y por encima de todo un encuentro creativo. ¡Y todo eso lo provoca el mismo Jehová!. Es ese mismo Jehová el que se inventó que lo primero que haremos en la tierra nueva será irnos a cenar, o el que propuso que se vendría a morirse por nosotros de regalo, por adelantado, en metálico y sin compromiso. Ni los mismos ángeles podían creérselo cuando escucharon el plan por primera vez. Si eso no es sagrado y creativo, que me expliquen lo que es la creatividad.

Y por cierto que sería esconder la cabeza en un agujero si no queremos afrontar que nuestros cultos carecen con demasiada frecuencia de cualquier tipo de creatividad, tanto en el orden como en los demás factores como la música, la predicación, o incluso la manera de darnos la bienvenida. Sin em­bargo he de reconocer que es mucho más fácil observar y criticar una situa­ción que modificarla o incluso mejorarla, así que no me gustaría limitarme a comentar el estado de nuestros cultos, sino más bien aportar algunas pro­puestas que pueden mejorar sin duda nuestras dinámicas de adoración.

1. Sal y cuéntalo. Uno de los aspectos que más ha perdido nuestra iglesia en las últimas décadas es el del testimonio, quizá porque nuestra relación con el creador ha dejado de tener muchas cosas que contar, y esto es un asunto para meditar, pero no el que nos concierne. Dediquemos un tiempo de nuestros púlpitos al testimonio. Dediquemos a una o más personas pa­ra coordinar las experiencias que muchos tendrán para contar con respec­to a lo que Dios ha hecho por ellos. ¡Tantas personas tienen otros tantos milagros que contar! A mí me gustaría escucharlos con más frecuencia, ¡seguro que muchos otros como yo! Y por supuesto, dejemos que prosti­tutas y publicanos actuales suban a esos púlpitos para contar lo que Dios está haciendo con ellos, que lo hace. Quizá consigamos con esto unos púlpitos más cercanos, más humanos, púlpitos a los que los adolescentes se atrevan a subirse y los consideren suyos también, que lo son.

2. Renovemos nuestra música con continuidad. Soy músico y me encan­taría dedicar el artículo sólo a este aspecto, pero reconozco que no puedo, pues en la adoración no debe haber sólo música. Estamos necesitados de una urgente renovación en nuestros cantos. Y no sólo eso, sino que debe­ríamos continuar renovándonos continuamente, haciendo que los himnos fuesen sustituyéndose cíclicamente. Esto es algo que ya se hace en otros países cercanos. Se pueden proponer pequeños himnarios cada año de modo que la iglesia sólo conserve los himnos de los últimos años, tenien­do un número más que suficiente para la adoración y renovando de ese modo nuestra música con continuidad. Quizá así sean nuestros propios miembros o jóvenes quienes escriban y propongan nuevas aportaciones a nuestros himnarios.

3. Para los niños por lo menos una vez al mes. Sería magnífico que nues­tra iglesia y nuestros cultos fueran propiedad de los niños al menos una vez al mes. No por eso perderemos en calidad de adoración. La iglesia de los niños es un formato que ya se utiliza en otros lugares[8] e incluso se ha experimentado en algunas de nuestras iglesias. No he visto adoración más emocionada en los niños que cuando los observo en este tipo de ac­tividades en los que se les dedica todo el programa, bien de viernes o bien de sábado. ¡En algunas iglesias de niños incluso se dedica toda la mañana de Sábado a ellos, con escuela sabática y culto unidos! El Minis­terio infantil puede aportar muchísimo en este aspecto y quizá logremos que pequeñas personitas deseen asumir pequeñas responsabilidades que con el tiempo se denominarán cargos.

4. Semanas de oración para orar: ¡y cultos también! Tristemente observo que muchas iglesias han permitido que su semana de oración se convierta en una semana con cinco cultos extra, en el más puro formato sermón de sábado por la mañana. Sin embargo la semana de oración es una oportu­nidad excelente para desarrollar con más fuerza los pequeños grupos de oración y los momentos para la misma, apartando un poco la preponde­rancia de la predicación. No he conocido grupo de oración que no afirme con rotundidad lo extraordinario de sus vivencias, sin embargo sí conozco cada vez más personas que no han participado nunca de un grupo de ora­ción. Apoyemos con fuerza esta necesidad de la oración fomentando tiempo tranquilo para orar en grupo desde el cogollo de nuestra adoración: el culto divino. Recuerdo una experiencia espiritual que se vivió en el cole­gio de Sagunto hace ya más de cinco años. Era una iniciativa que prove­nía de la división y que se denominó “Youth to youth”, es decir: hecho por jóvenes y destinado a los jóvenes. En aquellas reuniones se le dio una re­levancia especial a la oración en grupos pequeños. Se le atribuyó tiempo y espacio. Creo que no he visto nunca tanta cantidad de jóvenes y adoles­centes sorprendidos por lo positivo que podía resultar la experiencia de orar en pequeños grupos. Estoy seguro de que muchas otras iglesias po­drán contar experiencias de este tipo desde sus grupos de oración. ¿Por qué no hacerlo, pues, extensivo a nuestros cultos de adoración de un mo­do habitual?.

5. Y Dios creó. Tú también puedes hacer del culto algo creativo. En el prin­cipio Dios se inventó los cielos y la tierra. Un día creó árboles y otros ve­getales, y para ello creó cipreses, arbustos, frutales, flores y otros cientos de variedades. Otro día creó aves, y para ello hizo aves diminutas, gran­des, picudas, voladoras, zancudas, majestuosas, dejando volar su imagi­nación en un sinfín de morfologías. Otro día creó al ser humano y lo hizo blanco, indio, de color, oriental, y ni uno sólo igual. Después de tanto crear el séptimo día lo dedicó a descansar en su compañía y entonces nosotros nos inventamos el culto de adoración para ese día. Cada sábado hacemos uno. ¿Y de verdad vamos a seguir limitándonos al mismo prototipo cada semana? Me gustaría invitarte a desarrollar tanto tu creatividad como Dios, a que nuestros cultos sean una expresión admirada de la personali­dad de Dios, y a que el formato pdf se limite a los ordenadores personales de nuestras casas. Que podamos preguntar a todos los que nos rodean con amor y con alegría, ¿te gustaría venir a nuestro culto de adoración?

Autor: Alvaro Calvo Ramón es el Director del conservatorio del Colegio Adventista de Sagunto, en España. Profesor de filosofía adventista de la música en el SAE. Licenciado Superior de piano. Postgrado en educación. Postgrado en ingeniería de sonido.

Referencias

[1] Enciclopedia de participación pública en internet

[2] Propuesta del manual de iglesia publicado por la Asociación General de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, e incluida también en la Guía de Procedimientos para Ancianos de Iglesia.

[3] Ideas extraídas de Carlos A. Steger en su prefacio del libro de Daniel Oscar Plenc, El culto que agrada a Dios (Buenos Aires: ACES, 2007), 9.

[4] Véase Elena G. de White, Patriarcas y profetas (Buenos Aires: ACES, 1978), capítulo 1.

[5] Asociación general de la IASD, Manual de la iglesia (Miami: APIA, 2001), 76.

[6] Gary Krause, “Agentes de esperanza”, Lección nº 3, para el día 17 de julio de 2008.

[7] Esta idea se la debo a mi amigo el Dr. Antonio López, capellán del Colegio Adventista de Sagunto, España.

[8] Un ejemplo es la experiencia desarrollada en la iglesia de Redlands, California, con una asistencia habitual de varios centenares de niños. Muchos de ellos no son adventistas pero prefieren venir a adorar en este lugar. Pueden visitar su página web en la dirección: http://www.redlandskidschurch.org/

4 comentarios:

  1. Un excelente compendio... En nuestro contexto IASD algunos de mente dogmatica se escandalizan, cuando escuchan la palabra:
    "CULTO FRESCO".

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  2. De los pocos artículos dentro de la IASD que he leído sobre la creatividad en los cultos. Siempre he estado a favor de ser más creativos en la liturgia y la adoración. Es el momento de romper con el formato .pdf mil gracias Alvaro Calvo por compartir.

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  3. muy buen articulo para reflexionar y hacer de nuestros cultos algo mas atractivo y dignos de alabar a un DIOS creativo,solo una observacion en la segunda de sus propuestas referentes a la musica es necesario renovar nuestros himnos y actualizar constantemente sin botar para la basura el rico legado musical de nuestros himnos tradicionales no necesariamente la tradicion es mala y negativa,los himnos antiguos son clasicos de nuestra fe, imnovense este tesoro musical antiguo y usese a la par con los actuales y habra un lindo balance que ayudara la unidad de la iglesia y alabaremos a DIOS en espiritu y en verdad.bendiciones ........jose valdivia.

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  4. muy buen articulo para reflexionar y hacer de nuestros cultos algo mas atractivo y dignos de alabar a un DIOS creativo,solo una observacion en la segunda de sus propuestas referentes a la musica es necesario renovar nuestros himnos y actualizar constantemente sin botar para la basura el rico legado musical de nuestros himnos tradicionales no necesariamente la tradicion es mala y negativa,los himnos antiguos son clasicos de nuestra fe, imnovense este tesoro musical antiguo y usese a la par con los actuales y habra un lindo balance que ayudara la unidad de la iglesia y alabaremos a DIOS en espiritu y en verdad.bendiciones ........jose valdivia.

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