Caín: El primer crimen a la libertad religiosa



Caín: El primer crimen a la libertad religiosa 
Jaques B., Doukhan


( Editor de Shabbat Shalom)

Traducido por Abner L. Perales

La tradición bíblica ha preservado la historia del terrible acto de Caín como el primer crimen que se haya registrado en la historia del humano. Eso sugiere cuán importante este evento es. Viene de la nada, sin alguna referencia a algún otro crimen. Sorprende y escandaliza; es inesperado y difícil de entender. El texto reporta el incidente en términos cortos. Por primera vez un hombre mata y es su hermano quien muere. Nada se dice acerca del motivo de Caín. ¿Por qué mató? La pregunta se levanta y el drama parece absurdo.



Una cosa es segura, no obstante. El contexto sugiere claramente que el primer crimen de la humanidad fue uno de naturaleza religiosa. El crimen de Caín pertenece a todos aquellos crímenes que marcaron la historia con su sello vergonzoso. Tales crímenes de intolerancia religiosa se perpetraron precisamente en el nombre de Dios. Este crimen es el primero en su tipo, y anticipa todos los demás y aún podría explicar su método.

La interpretación del acto de Caín, como se cuenta en el texto bíblico (Génesis 4), explícitamente a través de sus palabras e implícitamente a través de sus silencios intencionales, es entonces importante para ayudarnos a entender la naturaleza del crimen de la intolerancia religiosa que representa.

I. A través de las palabras

El texto habla rápidamente. Nos dice que Caín “estaba muy enojado y su semblante decaído” (Génesis 4:6). En efecto, él había experimentado el más grande chasco y no podía esconder su amargura. Dios había aceptado la ofrenda de Abel, pero había rechazado la de Caín. Este rechazo no podía ser soportado por Caín y este chasco ardía en su corazón como una injusticia descarada. Él era un agricultor y, como tal, se había esforzado en recoger los frutos más hermosos de su huerto. Satisfecho consigo mismo, vino a Dios con orgullo y se presentó con su mejor ofrenda. Pero Dios ni siquiera reconoció su esfuerzo.

Por primera vez, tal vez, Caín no es apreciado. Como el primogénito, estaba acostumbrado a la atención aún desde una temprana edad y creció ante sus padres, padres primerizos, quienes se maravillaban frente a todos sus obras. Aún su nombre reflejaba el orgullo de su madre. Como la primera madre en la historia, Eva lo llamó “he adquirido,” o aún “he creado.” Todo esto, al final, afectaba su personalidad. Él poseía todo y edificó su existencia a expensas de Abel que tenía el mismo derecho a ser el hermano. Por lo tanto, Abel, cuyo nombre significa “vapor,” podría retirarse y dejar el centro de atención al hermano que estaba tan seguro de sí mismo.

Pero ahora, todo está vuelto al revés. Caín es rechazado y Abel es honrado. Caín está perturbado. Experimenta su primera falla ante el único que siempre ha ignorado. Abel no existe para Caín. En el texto bíblico, solo Caín habla. Abel no dice nada. Caín nunca ha aprendido a escuchar. Solo conoce el monólogo. Nunca se ha arriesgado al diálogo; esto es por lo que, al final, matará. No puede soportar la idea de estar equivocado, especialmente frente al que siempre ha despreciado – el otro que no existe. Caín pensó que él era el único sacerdote de Dios. Pero, repentinamente, la realidad lo golpea: no es él quien tiene la verdad. Además, la verdad se encuentra en las manos del otro, el “vapor,” el “cero.” Esto explica la ira de Caín y su asesinato.

En el horizonte de este evento se asoman todos los crímenes de la libertad religiosa. La Biblia nos advierte: los profetas son siempre perseguidos y rastreados. Jeremías, Urías, Elías: No hay excepciones. Ellos sostienen la verdad, por eso mismo deben ser ejecutados. Es porque uno detectó la verdad en Yeshúa de Nazareth que los Romanos, con la complicidad de algunos líderes religiosos, lo mataron. Como el antiguo rabí lo dice: “Dios siempre está del lado del perseguido, aún si el perseguidor está en lo correcto.” Porque, si él es el perseguidor, seguramente es porque tiene la verdad. La historia siempre ha testificado de esto.

La intolerancia religiosa no se deriva de la profunda convicción de la verdad de uno mismo, como alguien podría discutir a fin de justificarla; en lugar de esto, aparece en el mismo momento cuando alguien entiende que él o ella ya no es el/la que la posee únicamente. Otros podrían sostenerla, tal vez aún el “otro” a quien despreciamos. Es porque deseamos ser los únicos representantes de la verdad en el mercado y no porque realmente lo seamos, que perseguimos. La persecución religiosa es, de hecho, la evidencia sutil que la palabra de verdad se ha reconocido en el otro.

II. A través de los silencios

Junto a las palabras que explican y, en cierto sentido, trivializan el drama, una lectura atenta de nuestro pasaje también revela silencios que son demasiado pesados y muy anormales para ser involuntarios e insignificantes. Hay un silencio en particular que aparece justo en el momento cuando menos se le espera, precisamente cuando las palabras, se supone, deben ser escuchadas: “Caín habló con su hermano Abel” (Génesis 4:8, NVI). A pesar de todo nada se dice. No tenemos el contenido de las palabras de Caín hacia Abel. Entonces, justo después de este silencio, el texto continúa: “Mientras estaban en el campo, Caín atacó a su hermano y lo mató” (Génesis 4:8, NVI). Parece que el silencio contenía la fuente del asesinato.

En efecto, el silencio aparece en medio del diálogo entre Dios y Caín. Dios acababa de hablar con Caín para prevenirlo o instruirlo. Sus preguntas son desafiantes. Están compuestas por preguntas: “¿Por qué? (v.6). “¿No serás? (v.7). Estas invitan requiriendo una respuesta. La indicación de de la respuesta próxima se da: “wayyomer Caín” (v.8). En la articulación normal del diálogo, este “wayyomer” de Caín responde al otro “wayyomer” de Dios (v.6) y prepara al lector a recibir la respuesta de Caín a Dios. Con todo, nada sucede. Caín no responde a Dios. En lugar de esto, se vuelve a Abel y lo mata.

El mecanismo del acto pertenece al proceso psicoanalítico. Caín ha transferido su relación vertical a una relación horizontal. En lugar de cumplir su deber de responder a Dios, Caín prefiere huir de su llamado “religioso” y transporta su deber vertical al nivel horizontal. Caín debía haber respondido a Dios, sin embargo, Caín le habló a Abel. Porque no quería, o no era capaz, de asumir sus responsabilidades de alguien llamado por Dios, Caín llamó a Abel. Y esta acción resultó en un crimen.

La historia bíblica revela aquí el mecanismo psicológico que guió a las cruzadas, las guerras de religión. Llamamos a otros porque fallamos en responder al llamado de Dios. Nuestras propias fallas religiosas se transfieren a otro como compensación.

La intolerancia consiste en esperar de otro, o aun imponiéndole, la exigencia que se supone se diseñó para nosotros y que fallamos en cumplir. La intolerancia religiosa, el desprecio del hermano, germina entre la falla personal de uno que huye de sus propias responsabilidades religiosas. A menudo así sucede con la persona fanática. Este es generalmente alguien que se externa, aún con agresividad, a fin de evitar estar consciente de su propio problema personal, de su vacío y su fracaso. Mira la astilla de su hermano porque no quiere considerar la viga en su propio ojo. Esos celosos por Dios que aman el invocar fuego del cielo son sospechosos y aún peligrosos. Pues, como Caín, están sordos al llamado de Dios y por lo tanto, como Caín, matarán.

La historia bíblica del primer crimen de la humanidad denuncia lo que yace detrás de la intolerancia religiosa. Explícitamente a través de las palabras e implícitamente a través de sus silencios insinuantes, el texto transmite la misma advertencia solemne. La intolerancia religiosa no es nada más que la demostración del fracaso personal en asuntos de verdad y fe.

Autor: El Dr. Jacques Doukhan es profesor del Seminario de Teología de Andrews University, Berrien Springs, EE.UU. Profesor de hebreo. Escritor y editor de la revista Shabbat Shalom.


Traductor:  Abner L. Perales. Licenciado en Enseñanza Musical (Universidad de Montemorelos). Estudios en Teología. Magister en Dirección Instrumental (Andrews University). Actualmente está llamado para ser pastor asociado en la Conferencia de Arizona y ministro de música en la Iglesia Hispana en Phoenix, AZ. 

Fuente: Jacques B. Doukhan, “Cain: The First Crime to Religious Liberty”, Shabbat Shalom 44 (1997): 22-24.

1 comentario:

  1. Excelente articulo. Hace años lei el libro secular "Lobo estepario" (Der Steppenwolf), de Hermann Hesse. Alli el autor hace una especie de autobiografia fantastica y menciona el sello de Cain. Y me llamo la atencion que desde su perspectiva los "Caines" son aquellos que nunca podran agradar a Dios en un orden jerarquico y recibiran siempre lo peor. Bueno, en ese entonces solidarice con Cain. Pero este articulo va mas alla del simple acto y me propone algo muy distinto que es lo que sucede en la sicologia del "agresor" cristiano. Muy bueno, bendiciones y espero muchos mas lo lean.

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