Errores comunes al ofrecer nuestras alabanzas - 1


Errores comunes al ofrecer nuestras alabanzas - 1

Abner L. Perales

Leer la Biblia sin prejuicios no es una tarea sencilla. En mi vida personal he podido descubrir que, casi siempre, uno espera encontrar en el relato bíblico lo que buscaba. Este problema (porque es un problema) bloquea nuestro entendimiento de obtener una lección más amplia y profunda del texto y, por consecuencia, de aplicar las verdades espirituales de las mismas.


La historia de Caín y Abel es una de esas historias que, desde niños, la mayoría conocemos. Su contenido, como el resto del registro bíblico, contiene una serie rica de tópicos y enseñanzas para la humanidad que, a menudo, pasan desapercibidas por nuestra “familiaridad” con el relato.

Entre sus enseñanzas podemos encontrar material que ilumina temas como la relación familiar, la libertad religiosa, el amor entre hermanos, la mayordomía, la fidelidad, la autosuficiencia, la fe, etc.

Por otro lado, la riqueza de este relato ha provocado “abusos” a su interpretación, generalmente, apoyando alguna postura personal, un prejuicio o la agenda propia. Por eso es necesario aproximarse al texto bíblico con la intención de que este nos enseñe y no que apoye nuestras propias posturas, que ilumine nuestro andar (cf. Salmo 119:105) y que informe nuestras decisiones.

El presente estudio estará dividido en cuatro partes. En cada una de ellas se dará un vistazo al registro bíblico, esto es, de los textos que mencionan la historia de Caín y Abel (Génesis 4; Lucas 18:10-14; 1 Juan 3: 4,12; Heb. 11:4-6), su contexto y además otros textos que reflejan la postura bíblica en general respecto a los temas destacados en este relato. Estos textos bíblicos serán apoyados, además, por los escritos de Elena G. de White, a fin de ver sus aportaciones al tema, ya que estos lo enriquecen de una manera especial. También se ofrecen algunas aplicaciones espirituales que podrían ser de utilidad para el lector. Estas aplicaciones espirituales son tan solo una reflexión personal de la lectura de estos textos.

Leamos los textos sin prejuicios. Si la reflexión personal provoca inquietudes, primero analicemos el texto bíblico y la información que se proporciona, después, “retengamos lo bueno” (1 Tesalonisenses 5:21).

1.    FALTA DE DEPENDENCIA DE DIOS
Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová. Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda; pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante (Génesis 4:3-5).[1]
Dos hermanos con dos ofrendas distintas. Dos corazones y dos respuestas divinas. ¿Cuál fue la diferencia entre ellos y sus ofrendas? ¿Qué es lo que hace que Dios acepte o rechace una ofrenda?

La lectura de este pasaje en nuestra versión al español del texto hebreo no ayuda mucho a profundizar al respecto. En nuestro idioma, las palabras “ofrenda” y “sacrificio” se utilizan casi en forma genérica para traducir cerca de seis diferentes palabras hebreas, todas ellas con una acepción diferente.[2] Además, cada una de estas palabras describía y poseía diferentes acepciones y leyes que garantizaban al ofrendante que estuviese realizando una ofrenda agradable al Señor.[3]

En cuestión de las ofrendas de estos dos hermanos, Caín y Abel, el texto hebreo utiliza la palabra minha, para describir sus ofrendas.

La opinión de los eruditos está dividida en cuanto a la raíz de minha. Algunos rastrean este sustantivo femenino a una raíz verbal nhh que significaba “dirigir o guiar”. La mayoría, sin embargo, prefiere la raíz hebrea, mnh que significa “dar”. La palabra tiene el significado técnico de “recibir prestado algo de alguien” (ejemplo, un camello hembra, una cabra, una oveja o una parcela de tierra) y después “regresarlo a su propietario original”. De esta manera, la fruta se convertía en un obsequio gratuito (ya que esta no se podía regresar). La palabra es utilizada en un contexto secular de obsequios a personajes superiores, particularmente reyes, para transmitir la actitud de homenaje y sumisión a esa persona. Específicamente un minha, en el contexto religioso, es un obsequio de grano y, según algunos, originalmente significaba regalo o tributo.[4]


Las leyes o descripción de este tipo de ofrenda, minha, pueden encontrarse en Levítico 2:1-10 y 6:14-23. En estos textos se puede encontrar que este tipo de ofrenda solo incluía el producto de la tierra. Podía ser en la forma de grano desmenuzado, grano seco tostado, molido en harina,[5] o hechos en panes o tortas y cocidos al horno o en aceite. En todas sus formas deberían ser sin levadura y sin miel pero siempre con aceite y sal. La ofrenda del nuevo producto de la tierra junto con el pan de levadura común (cf. Levítico 23:16) indicaban una sumisión de la vida total del pueblo al Gran Poseedor.[6]

Es interesante notar que, a la luz de lo anterior, el texto hebreo parece favorecer la ofrenda de Caín y no la de Abel. Caín fue quien ofreció la forma de sacrificio correcta, la ofrenda precisa y la oblación adecuada. Mientras que el mismo texto presenta una ofrenda “imperfecta” de parte de Abel, por lo menos en su forma.[7]

Curiosamente, el que ofrece la fórmula correcta es quien es rechazado, mientras que el que presenta la fórmula imperfecta es aceptado. ¿Qué hizo aceptable (si no es la ofrenda) a uno y qué provocó el rechazo del otro?

La ofrenda “imperfecta” de Abel, esa que ofreció en ella las mejores porciones de los animales para el Señor, refleja un acto de su sincero compromiso con Él, mientras que la ofrenda de Caín, “perfecta” en su fórmula, parece indicar que este carecía de verdadera sumisión a Dios. Esta actitud se vio claramente promulgada, finalmente, en un comportamiento pecaminoso (finalmente asesinó a su hermano).

Dicho de otra forma, el problema de Caín no fue su ofrenda ni la calidad de esta. La diferencia de su ofrenda respecto a la de su hermano radicaba en el carácter y la actitud, lo que se reflejó en el sacrificio que presentó.[8]

En sí misma, la ofrenda de Caín era aceptable a Dios. Elena G. de White afirma esto diciendo: “Este (Caín) trajo al Señor los frutos de la tierra, que en sí mismos eran aceptables a Dios”.[9] Por el otro lado, la ofrenda de Abel no tenía en sí valor expiatorio, pero su fe en la promesa lo indujo a presentar el sacrificio que Dios había ordenado. Dios aceptó la ofrenda de este como evidencia de su fe.[10]

El texto bíblico nos indica que el problema de Caín en realidad fue su falta de dependencia de Dios reflejado en su formalismo religioso: Ofreció la fórmula correcta pero sin el espíritu adecuado.

En la actualidad podemos rastrear la misma actitud de Caín entre nosotros. Deseamos ofrecerle a Dios la alabanza de la mejor forma, practicamos incansablemente, buscamos el mejor repertorio, practicamos nuestros gestos, pero nos olvidamos de lo más importante: La dependencia de Dios. Equivocadamente creemos que, si nuestra alabanza suena bien,[11] esta será aceptada por Dios. Qué errados estamos. Como Caín, confiamos en nuestros propios méritos, en nuestros propios esfuerzos. La perdurable constante del formalismo religioso brota de nosotros. Fue una realidad en Caín, en el Pueblo de Israel (cf. Isaías 1:13-16), en los dirigentes religiosos de la época de Jesús, en los inicios de la IASD, y peligra ser entre nosotros hoy.

Dios nos llama a dejar el formalismo de nuestras alabanzas a un lado y nos invita a depender de Él hoy.

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Autor: Abner L. Perales. Licenciado en Enseñanza Musical (Universidad de Montemorelos). Estudios en Teología. Magister en Dirección Instrumental (Andrews University). Pastor asociado en la Conferencia de Arizona y ministro de música en la Iglesia Hispana en Phoenix, Arizona.

Referencias

[1] Énfasis del autor.

[2] Vea, por ejemplo, Levítico 7:37 donde se mencionan los seis tipos de sacrificios requeridos por Jehová, cada uno de ellos representados por una palabra hebrea diferente, pero en su mayoría traducidos como “sacrificio”.

[3] Para consultar las leyes de cada uno de estas ofrendas, consulte la siguiente lista:
  1. Olah, refiriéndose al animal quemado y sacrificado (Levítico 1:1-17)
  2. Minha, ofrenda de gratitud (Levítico 2:1-10)
  3. Hattat, ofrenda de pecado (Levítico 4: 1-35; Levítico 5:1-13)
  4. Asam, sacrificio de culpa (Levítico 5:14-6:7)
  5. Milluim, ofrenda de consagración (Levítico 8:22-28)
  6. Zebah selamim, sacrificio de paz (Levítico 7:11-15)
  7. Además, se pueden encontrar algunas variaciones a las anteriores que se referían a sacrificios continuos, tales como olat tamid, holocausto continuo (Éx. 29:42; Levítico 6:1-18); y minha tamid, presente continuo (Levítico 6:19-23).
[4] R. Laird Harris, Gleason L. Archer, y Bruce K. Waltke, Theological Wordbook of the Old Testament (Chicago: Moody Press, 1980), “minha”.

[5] La harina tenía que ser de trigo solamente, la harina de cebada parece haber sido reservada para el “sacrificio de los celos” (cf. Números 5:15, 25)

[6] Harris, Archer y Bruce, Theological Wordbook of the Old Testament, “minha”.

[7] Aquí es importante notar que el tipo de ofrenda que Abel ofreció se parece más a un olah o sacrificio/holocausto quemado y no a un minha u ofrenda de agradecimiento, siendo este último el término que utiliza el texto hebreo para describir su ofrenda.

[8] Veáse Elena G. de White, Historia de los patriarcas y profetas (Coral Gables, FL.: Asociación Publicadora Interamericana, 1974), 58-59, para una explicación más amplia.

[9] Elena G. de White, Obreros evangélicos (Coral Gables, FL.: Asociación Publicadora Interamericana, 1981), 141.

[10] Cf. Francis Nichol, ed., Comentario bíblico adventista (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1984), 7: 487.

[11] Recordemos que la apreciación artística no significa necesariamente evaluación espiritual. Por lo tanto, estéticamente bello, no significa moralmente bueno o aceptable para Dios.

3 comentarios:

  1. Muchas gracias Pastor por este artículo, realmente es para esclarecimiento y bendición!!

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  2. Si Abel presento el "sacrificio que Dios había ordenado", es posible describir a la ofrenda de Cain como "la formula correcta"? De ser asi, la "formula correcta" ¿no anula la ordenanza de Dios y pone a las buenas intenciones por encima de ella solo porque el espiritu con que lo presenta es bueno?
    Seria entonces posible que si Dios nos pide algo especificamente y nosotros le damos lo que nosotros queremos, si es con la mejor "actitud y caracter" es aceptable a nuestro Señor?
    No dejaria este concepto, trasladandolo a otros ejemplos y circunstancias, la libertad de acomodar las escrituras y ordenanzas de Dios a lo que a nosotros nos convenga y gusta para adorar como nosotros querramos? Pregunto ya que la musica es una forma de adoracion asi como hay muchas otras maneras. Se que me aleje un poco de la musica pero solo quiero saber si este pensamiento no deja abierta la puerta hacia una libertad que permite seguir a Dios a nuestra manera y conveniencia.
    Aunque tambien dependiendo de la respuesta de esto, deja dudas con respecto a si es valido o no tomar este ejemplo como para analizar la musica.
    La intencion no es causar o crear controversia sino simplemente tratar de entender mejor la manera de pensar que le llevo a escribir esto. Si incomoda o molestan estas preguntas desde ya me disculpo pastor.
    Me llamo Leandro Marquez.

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  3. Hola Leandro. Te invito a leer con detenimiento las siguientes partes del artículo, no sin antes tomar en consideración que lo expuesto en esta primera parte se desenvuelve del texto mismo. Tus preguntas son válidas, pero parecen que ya tienen una premisa, que Abel fue el que presentó el sacrificio que Dios había ordenado. Tu premisa debe ser puesta a un lado para la comprensión del texto bíblico. Ahora, la segunda y, en forma específica, la tercera parte de esta serie de artículos, apoyan tu postura, pero no le restan ni le quitan a esta primera parte, sino que le añaden.

    Y no te preocupes, si hay una apertura al diálogo, aunque no estemos de acuerdo en algún punto, podemos exponer y discutir. Bendiciones.

    Abner L. Perales

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