Jesús a mi imagen


Jesús a mi imagen
Juan Francisco Altamirano

Nuestra percepción de Cristo podría ser una distorsión del verdadero.

“Solamente Cristo puede presentarse 
como ilustración de su propia doctrina” 
(Herbert Hensley Henson)


Cargo adentro de mí a alguien que yo mismo formé. No sé desde cuando he creado a mi propio jesús; es uno conforme a mis prejuicios egoístas, defensor de tradiciones carcelarias; réplica fiel de mi faceta más malvada: mi dogmatismo religioso.



Se trata de un cristo que condena imágenes de barro y no las suyas de ideas.(1) Discrimina a quienes no vean a Dios con los ojos suyos. Por lo tanto, para amar a todos busca controlar sus conciencias a nombre de guardarlas del mal. Es el que consiente su carácter bárbaro con creencias sinceras.(2) Este jesús enseña a la gente a basarse en dogmas,(3) porque basarse en una relación amorosa con Dios crea criaturas libres, y mi cristo le teme a eso. Es de quien no podré escribir su nombre con la inicial mayúscula. Por supuesto, uno falso. Lo describo:

Es un cristo que rivaliza por rituales, abogado de liturgias y no de penitentes, protector de ceremonias(4) y maestro de mitos religiosos. Quien se siente provocado si el púlpito es movido de la plataforma un par de pulgadas. Es el que deífica las formas y sataniza a quienes introducen nuevos métodos.(5) Él provoca ceguera mental con el ácido del fanatismo.(6) Es que no tiene un conocimiento para defender y lo sacude que esto llegue a saberse. Por definición, el “fanatismo religioso no proviene de una fe profunda, sino de una carencia de ésta”.(7) Como “su celo no se basa en el conocimiento”,(8) al verse confrontado por su propia ignorancia luce con arrogancia sus más bajos atributos: odiar por el celo a su fe, descalificar a quienes no la definan como él, y tratar de imponerla con insultos o hasta con la misma muerte.(9) Incapaz de reconocer la verdad en quienes no creen como él, asume la presuntuosa actitud de: “Yo estoy en la verdad” vs. “Tú estás en el error”. Al no ser paciente ni tolerante con otros ángulos de opinión, conocer a mi cristo envenena.(10) Mi jesús ignora que ser acusatorio con quienes él no concuerda contradice la verdad que él profesa.(11) De personalidad defensiva es tóxico con sus creencias; embriagado de odio oculto es adicto a su religión.(12) Su droga es una mezcla del mal genio alterado por la distorsión de su fe. Airado sufre la mutación hasta convertirse en un psicópata religioso, pues un psicópata no siente dolor por los actos de crueldad que comete porque no siente la conciencia.(13)

Mi cristo obra al revés, pretende llegar al corazón de la gente por la vía de la información con datos fríos para el cerebro.(14) Su énfasis es la censura y la severidad es su placer.(15)

Se trata de un jesús de inventario añejo por su vida descontextualizada. Se niega a predicar con pantalones de lona y considera una desfachatez que alguien dirija la oración sin usar corbata. Invoca verse diferente porque parecerse es contaminarse. Su evangelio alimenta esa falsa superioridad sobre una humanidad que comparte la misma dignidad. Es el cristo Narciso,(16) hincha de su propia imagen, hambriento del sonido de sus títulos. Es el que necesita reducir a los demás para saberse grande, y no el Ungido que dignifica a sus semejantes. Tiembla al pensar que un día se llene el templo de gente con un paladar musical diferente,(17) con la intención de quedarse con su Dios. Mi jesús es territorialista.

Es un cristo orientado al comportamiento por la auto piedad que publicita. Sea el ruido que hace por la comida de la que se abstiene, o el orgullo que salpica por el aroma a café que ya no le provoca.

Dice la verdad desnuda, despojada de toda gracia, y a eso él titula con acento de heroísmo “llamar al pecado por su nombre”.(18) Acertado para reprender y errático para tolerar, condena la debilidad humana. Es crudo, grosero, y las lágrimas no acompañan su voz mientras hace notar la doble vida, la rebeldía o la incredulidad.(19)

Mi imagen de cristo deambula entre la cruz y la resurrección. Triste. Sin gozo. Máscara de tragedia teme que alguien conciba a Dios alegre. Reprende al niño feliz por reírse inocente en el culto. Su eslogan de adoración es “calle delante de él toda la tierra”.(20) Él se niega a creer que “el Dios de los cielos se ríe”,(21) y no asiste a fiestas de cumpleaños porque “ahí algunos se gozan en lugar de ayunar”.

Es quien se inhibe y no llora por verse fuerte. Sataniza como “profano” hasta un chiste sano. Ignora las gratificaciones de un pasatiempo. Esclavo de la culpa falsa, cree perder su tiempo cuando disfruta de un placer inocente: el cantar música folclórica con sus paisanos en el malecón, leer las Rimas de Bécquer en un club de lectura, asistir con su hijo a un show de patinetas, mirar una película en familia, o ir de pesca con el vecino, etc. Se trata del cristo que protestaría por las serenatas románticas de los jóvenes de su iglesia.

Es el jesús erudito en la teoría de la doctrina cuyos hijos lo rehúyen para evitar relacionarse con un padre intimidante, inmisericorde e inaccesible. Pero es un cristo suspicaz para cuidar las apariencias, y muy ocupado en ello como para vivir el bien (la piedad). Se conduce encerrado en sí mismo, ajeno a los problemas de su familia.

Mi cristo es actor ilusionista de un circo religioso. No es lo que representa ser. Alberga a dos personalidades: la del espectáculo (el templo, el escenario, la tarima), y la del camerino (la casa, la escuela, el taller, la cancha, el negocio). Y con las dos alienta la insinceridad. Su máximo empeño es venderse bueno.

Es el cristo incómodo con el Salmo 150. “Si yo pudiera editarlo” —piensa. Prefiere el piano y el órgano, no los címbalos ni panderos, aunque solo consiente en escucharlos y no en mirarlos, siempre y cuando esté seguro que nadie lo vea. Puede estorbarle que otros levanten “manos santas”(22) para ofrendar con gozo santo sus vidas a Dios, o si está de acuerdo, puede juzgar de fríos a aquellos que no lo hagan. Este jesús se amarga si no se cantan los antiguos himnos, aunque el Espíritu invite a cantar a Jehová “un cántico nuevo”.(23)

Mi jesús transpira el anti-evangelio y a cada paso libera el olor a azufre.

Es el paranoico con el evangelio del miedo y no el Deseado de todas las gentes. Es el jesús sensacionalista con lemas incendiarios, sin la paz fraterna de la “tierra nueva”. A quien el fin de este mundo no le sugiere vislumbres de felicidad sino solo pavor. ¡Cuán fatídico, lóbrego, y aguafiestas es éste jesús!

¡Cuán ciego es este mi cristo! Es un defecto. No lo quiero más y nunca debí quererlo. ¡Se le aborrece! He sido su víctima. Y cansado de este mi falso cristo, lo detesto. Esencia grotesca. ¡Ya no lo soporto más!


¡Ayúdame Señor, ayúdame! Mi Dios, no te pido que lo perdones (puede creer que lo merece). Menos que lo transformes (puede suponer que vale la pena). En verdad, temo que finja no ser y que se agazape otra vez al acecho. Creí que tenía nobles intenciones y me defraudó vez tras vez. No debí creerle y no le creo ahora. Mejor aplícale una medida radical, de tajo, vertical. Lees mi mente y sabes en qué estoy pensando. Sí, acertaste: en clavos y en mazo. Pero no en los tuyos, Señor. Pudiera pensar que es por algo… y por algo bueno por supuesto.

No le deseo un fin nada manso a este salvaje bañado de inocencia. ¡Crucifícalo oh Cristo, crucifícalo! Traspásalo a fuerza de bondad, hasta que agonice. Deja que se desangre en orgullo hasta que sin vanidad ni gloria, no sea más.

No quiero saber de él otra vez. Ni recuerdos, ni sombras, ni ecos ni subconciencias. ¡Nada! Asegúrate que muera, y para que no resucite, haz que comience una semana sin domingo. Condena su nicho para siempre. Déjalo allí donde no se infiltre la esperanza de un tercer día. Sin lápida, abandonado. Sin poesías que lo vindiquen y sin horizontes en una noche sin crepúsculo. Déjalo borrado en el silencio, sin sospechas ni rumores de resurrección. ¡Te lo suplico oh Señor, te lo suplico!”


El autor es escritor y reside en el Estado de Washington, 
desde donde escribe y colabora como uno de los administradores de HimnovaSión. 
Actualmente ejerce como pastor en la Conferencia de Oregon.
Sus escritos pueden ser leídos en www.jesusvistopordentro.com
y él puede ser contactado a través de aplantar@gmail.com, 
o seguido en Twitter: @Jesusvpdentro.  


Referencias:

(1) Según A. Maillot, citado por Roberto Badenas, existe un “parentesco etimológico entre ‘ídolo’, ‘idea’, ‘ideal’ e ‘ideología’ ”, Roberto Badenas, Más allá de la ley (Madrid: Editorial Safeliz, 1998), 86.

(2) “El aceptar nuevas teorías y unirse con una iglesia no le da nueva vida a ninguna persona, aun cuando la iglesia con la cual se una esté cimentada sobre el fundamento verdadero… el aceptar el credo de una iglesia no es de ningún valor para ninguna persona si el corazón no experimenta un verdadero cambio…”, Elena G. de White, El evangelismo (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1978), 215.

(3) Un dogma es una creencia establecida por una autoridad religiosa que no puede ser dudada, disputada, y que no admite ninguna forma de réplica. http://es.wikipedia.org/wiki/Dogma

(4) En cambio, del Jesús enviado de Dios se nos dice lo siguiente: "En la historia del buen samaritano Cristo ilustra la naturaleza de la verdadera religión. Muestra que ésta no consiste en sistemas, credos, o ritos, sino en la realización de actos de amor, en hacer el mayor bien a otros, en la bondad genuina”, Elena G. de White, El deseado de todas las gentes (Miami: APIA, 1955), 460.

(5) Sin embargo, se nos aconseja: “Deben introducirse nuevos métodos. El pueblo de Dios debe despertar a las necesidades del tiempo en que vivimos. Dios tiene hombres a quienes llamará a su servicio —hombres que no llevarán a cabo la obra en la forma sin vida como se ha realizado en el pasado”, White, El evangelismo, 56.

(6) “El fanatismo es un celo irracional excesivo”, http://www.gotquestions.org/fanaticism-Christian.html.

(7) http://www.leegruenfeld.com/essays/fanatics.htm

(8) Romanos 10:2. Nueva Versión Internacional.

(9) “Los expulsarán de las sinagogas, y llegará el tiempo que quienes los maten pensarán que están haciendo un servicio santo para Dios”, (Juan 16:2). Nueva Traducción Viviente.

(10) “Los hombres pueden profesar creer en la verdad; pero esto no los hace sinceros, bondadosos, pacientes y tolerantes, ni les da aspiraciones celestiales; es una maldición para sus poseedores, y por la influencia de ellos es una maldición para el mundo”, White, El deseado de todas las gentes, 276.

(11) “En el pasado habéis presentado la verdad en forma violenta y la habéis utilizado como si fuera un látigo. Esto no ha glorificado al Señor… No habéis enseñado la verdad en la forma como Cristo la enseñó…Vuestros corazones necesitan ser llenados con la gracia de Cristo que convierte”, White, El evangelismo, 276; el énfasis ha sido suplido.

(12) Esta es mi propia definición: “La adicción religiosa consiste en sustituir a Dios por dogmas, rituales y creencias, para tener control sobre su propia conducta y sobre la vida de los demás con el fin de calmar su ira ocasionada por heridas emocionales no resueltas, y evitar amar y ser amado porque eso implicaría aceptar sus imperfecciones y las de los demás, y tener que admitir que no tiene que hacer nada para ser amado por Dios”.

(13) Mark W. Baker, Jesus, The Greatest Therapist Who Ever Lived (New York: Harper Collins Publisher, 2007), 101.

(14) “La percepción y apreciación de la verdad… dependen menos de la mente que del corazón. La verdad debe ser recibida en el alma; exige el homenaje de la voluntad… ha de ser recibida por la obra de gracia en el corazón; y su recepción depende de que se renuncie a todo pecado revelado por el Espíritu de Dios”, White, El deseado de todas las gentes, 419; el énfasis ha si agregado.

(15) “Debe hacerse en cada iglesia un ferviente esfuerzo para desechar la maledicencia y el espíritu de censura, como algunos de los pecados que producen los mayores males en la iglesia. La severidad y las críticas deben ser reprendidas como obras de Satanás. La confianza y el amor mutuo deben ser estimulados y fortalecidos en los miembros de la iglesia”, Elena G. de White, Joyas de los testimonios, (Miami: APIA, 1976) 2: 252.

(16) Según la mitología griega, Narciso era un joven simpático que al rechazar el amor de la diosa Ninfa, fue castigado a enamorarse de su propia imagen reflejada en un estanque de agua. Así, una personalidad narcisista es aquella centrada en sí misma al relacionarse con los demás. http://en.wikipedia.org/wiki/Narcissism

(17) "Cada persona tiene una vida distinta de todas las demás, y una experiencia que difiere esencialmente de la suya. Dios desea que nuestra alabanza ascienda a él marcada por nuestra propia individualidad. Esos preciosos reconocimientos para alabanza de la gloria de su gracia, cuando están respaldadas por una vida semejante a la de Cristo, tienen un poder irresistible que obra para salvación de las almas", White, El deseado de todas las gentes, 313; el énfasis ha si suplido.

(18) Esta frase pertenece a la siguiente cita: “La mayor necesidad del mundo es la de hombres que no se vendan ni se compren; hombres que sean sinceros y honrados en lo más íntimo de sus almas; hombres que no teman dar al pecado el nombre que le corresponde; hombres cuya conciencia sea tan leal al deber como la brújula al polo; hombres que se mantengan de parte de la justicia aunque se desplomen los cielos”, Elena G. de White, La educación (Miami: Publicaciones Interamericanas, 1976) 54; todo énfasis ha sido añadido. El énfasis que he puesto en negrita e itálica es el contexto para entender la frase en cuestión subrayada. La mayoría de las veces que decimos “llamar al pecado por su nombre” nos referimos a los pecados de los demás, sin embargo, aunque el Evangelio revela los pecados de la humanidad en el proceso de restaurarla, esta cita es un llamado íntimo a la pureza individual.

(19) “Jesús no suprimía una palabra de la verdad, pero siempre la expresaba con amor. En su trato con la gente hablaba con el mayor tacto, cuidado y misericordiosa atención. Nunca fue áspero ni pronunció innecesariamente una palabra severa, ni ocasionó a un alma sensible una pena inútil. No censuraba la debilidad humana. Decía la verdad, pero siempre con amor. Denunciaba la hipocresía, la incredulidad y la iniquidad; pero las lágrimas velaban su voz cuando profería sus penetrantes reprensiones”, Elena G. de White, El camino a Cristo (Miami: APIA, 1996) 13.

(20) Habacuc 2:20. El libro de Habacuc tiene como contexto la invasión de los Caldeos a Jerusalén. El profeta, para calmar los temores de un pueblo rebelde les afirma con esperanza: “No moriremos”, (1:12). Y Dios, en el capítulo 2 suelta varias frases de confianza. Primero, “el justo por la fe vivirá” (2:4), segundo, “la tierra será llena del conocimiento de Jehová” (2:14), y tercero, “Jehová está en su templo” (2:20). Como el santuario es el centro del gobierno de Dios, desde donde él cuida de su pueblo, les pide que hagan silencio porque él está a cargo de “toda la tierra”.

(21) Salmos 2:4.

(22) 1 Timoteo 2:8.

(23) Salmos 96:1.

3 comentarios:

  1. Gracias Francisco, como siempre me haces pensar y verme por dentro. Que cosa esta, que en vez de dejar morir el yo nos disfracemos de Cristo para seguir siendo los mismos. Me uno a tu oración, Señor crucificame!!! Quebrantame!!! quiero ser como tú!!!

    Gracias hermano por tan lindos mensajes escritos, cargados de razón y reflexión. Que Cristo te siga usando para tocar corazónes con cada frase que el Espíritu Santo te inspira. Lo aprecio mucho y por eso te bendigo

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  2. Me vi reflejado muchas veces en ese Cristo odiado. Asi somos, atosigados con nuestro ego. Increible prosa y bien documentada.

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  3. Muy bueno pastor, esto me hace pensar en la situación actual del cristianismo, y realmente me preocupa que se predique a otro jesús. En este error caen denominaciones enteras que creen que la verdad es un conjunto de normas y reglas.
    Es genial que exista un espacio para este tipo de artículos que llevan a la reflexión. Gracias pastor.

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