Mensajes subliminales en la música y su influencia en la conducta


Consenso científico y testimonio experto: 
Lecciones del juicio de Judas Priest
Timothy E. Moore

Skeptical Inquirer 20/6 (Noviembre-diciembre, 1996)

¿Puede el mensaje subliminal inducir a alguien a cometer suicidio? 
Esta era la pregunta central en el juicio de Judas Priest

El rostro de Jesús fue “descubierto” en un bocado de espagueti en un anuncio de cartelera en el Condado de DeKalb, Georgia, en Mayo de 1991. Joyce Simpson dijo que ella estaba debatiendo si abandonaba el coro de la iglesia mientras se retiraba de una estación de gasolina cuando se sintió impulsada a mirar hacia arriba. “Y vi el rostro de Cristo,” dijo ella (Guevara‐Castro y Viele 1991). Subsecuentemente, docenas de motociclistas afirmaron haber visto a Jesús envuelto en salsa de espagueti en la cartelera de la compañía. Dios trabaja en formas misteriosas, pero esta táctica parece innecesariamente compleja. Por otro lado, comparado a ser secuestrado por extraterrestres, ver un rostro en un manchón de espagueti es poco.



Algunas veces las ilusiones perceptuales o el razonamiento imperfecto puede tener más consecuencias funestas. Por ejemplo, en 1986 un jurado de Filadelfia otorgó a una mujer más de $900, 000 en daños porque afirmó que sus poderes psíquicos habían sido dañados durante un escaneo TAC llevado a cabo en la Escuela de Medicina de Temple University (New York Times, Marzo 29, 1986). Sus denuncias fueron apoyadas por el testimonio “experto” de un doctor. Los miedos infundados no son inusuales, pero cuando se les otorga más estima por un juez o un jurado crédulo nos arriesgamos a rendirnos a lo irracional. Lo que el tribunal se tome con seriedad se considera como serio por el ciudadano común. Si bien la ciencia puede proveer supuestamente alguna protección contra el litigio imprudente, algunas veces la misma ciencia parece ser parte del problema.

¿Cómo influyen las creencias científicas a las deliberaciones de la corte? Más específico ¿qué sucede con una demanda extraordinaria cuando juega un papel fundamental en un juicio criminal de alto riesgo? Dentro de la comunidad científica hay métodos y procedimientos aceptados para establecer la verdad o falsedad de una demanda extravagante (Gardner 1981), pero la sala de juicio es un tipo diferente de foro. Es contenciosa por naturaleza. ¿Qué le sucede a un consenso científico en la corte, especialmente si la información científica es distorsionada, tergiversada, o tal vez no es ciencia en lo absoluto? Peter Huber ha descrito lo que llama “ciencia chatarra” (Huber 1991), y de acuerdo con Huber la ciencia chatarra puede (y a menudo lo hace) causar estragos a la integridad científica y a la justicia.

Este artículo explora el tema de la ciencia chatarra en el contexto de un juicio específico —el juicio de Judas Priest que se desarrolló en Reno, Nevada, en el verano de 1990. Dos adolescentes varones, James Vance y Ray Belknap, intentaron suicidarse. En el momento del tiroteo, Belknap murió instantáneamente. Vance estaba gravemente herido pero sobrevivió, solo para morir por problemas con drogas tres años más tarde. Los demandantes (los padres de los muchachos) alegaron que el mensaje subliminal escondido en la música de Rock del grupo Heavy Metal que Vance y Belknap escuchaban contribuyó a su impulso suicida. Este juicio es interesante por un número de razones. Primero, provee un clásico ejemplo de ciencia chatarra. Segundo, el juicio establece un precedente legal que ya ha influenciado la regla en demandas similares subsecuentes. Tercero, provee un buen foro para ilustrar algunos aspectos importantes, y a menudo incomprendidos, de la percepción subliminal.

Judas Priest era una banda de Rock Heavy Metal, una de las primeras de ese género. Su popularidad alcanzó su punto máximo a mediados de los 70´s. El álbum en cuestión (Stained Class) fue producido en 1978; el tiroteo tomó lugar en Diciembre de 1985. Se alegaba que una frase subliminal particular en una de sus canciones (“Better by You Better Than Me”) en el álbum provocaba el impulso suicida. La frase en cuestión era “Do It” (“hazlo”). Aislada, esta frase tiene muy poco significado a menos que haya algún antecedente a lo que “hazlo” haga referencia. Además, el antecedente no podría haber sido algo que fuese audible en la grabación (o visible en la cubierta del álbum), porque tal material habría sido protegido por la Primera Enmienda. Consecuentemente, los demandantes estaban en una posición difícil de hacer conocer que los muchachos eran suicidas, para comenzar, y que la frase subliminal “hazlo” provocaba la disposición ya existente.

La protección de la primera enmienda y negación del juicio sumario

Los acusados negaron cualquier y todo conocimiento de mensaje subliminal y negaron haberse ocupado en cualquier truco o malicia durante la producción del disco. Sin embargo, el caso fue a juicio. La defensa fracasó en argumentar que todo el diálogo (incluyendo el discurso subliminal) debería gozar de protección de la Primera Enmienda. En una moción antes del juicio, el Juez Jerry Carr Whitehead dictaminó que el discurso subliminal no merecía protección porque no ejecutaba alguna de las funciones que cumple la libertad de expresión. Dado que el receptor del mensaje subliminal no está consciente de él, el mensaje no puede contribuir al diálogo, la búsqueda de la verdad, el mercado de las ideas o la autonomía personal. No hay intercambio de información. No es posible alguna discusión si el receptor no es consciente de la presencia del mensaje. Las personas también tienen derecho, el juez añadió, a ser libres del diálogo indeseado. Dado que el mensaje subliminal no puede ser evadido, constituye una invasión a la privacidad. Por todas estas razones, a lo subliminal no se le concedió protección de la Primera Enmienda (Vance v. Judas Priest 1989b). Este dictamen hace sentido lógico si el mensaje subliminal pudiese tener el poder atribuido por los demandantes. Los demandantes, así, lograron una gran victoria en lograr que el caso fuera a juicio en primer lugar.

Si bien la protección de la Primera Enmienda nunca ha sido absoluta, las excepciones han sido reducidas y limitadas cuidadosamente. La expresión que es obscena, difamatoria o una incitación al desorden, no está protegida por la Primera Enmienda. La resolución del Juez Whitehead proveyó otra excepción, la expresión subliminal. Tal vez no hayamos visto el último de los juicios concernientes a las denuncias sobre las influencias subliminales (Dee 1994). Unos pocos meses después de la exoneración de Judas Priest, Michael Waller, el hijo de un ministro de Georgia, se pegó un tiro en la cabeza mientras escuchaba el disco “Solución Suicida” (Suicide Solution) de Ozzy Osbourne. Sus padres afirmaron que los mensajes subliminales pudieron haber influenciado sus acciones. El juez en aquel juicio concedió el juicio sumario porque los demandantes no pudieron demostrar que había algún material subliminal en la grabación. Señaló, sin embargo, que si los demandantes hubiesen mostrado que el contenido subliminal estaba presente, los mensajes no podrían haber recibido protección bajo la Primera Enmienda, porque los mensajes subliminales son, en principio, falsos, engañosos o extremadamente limitados en su valor social. (Waller v. Osbourne 1991). El dictamen del Juez Whitehead en el juicio de Judas Priest fue citado para apoyar su posición.

La “Ciencia” de responsabilidad civil (Liability ‘Science’)

Si un accidente de auto causa lesiones graves o la muerte, sería más atrayente y más consolador para el chofer si la causa del accidente pudiese ser atribuida a un defecto mecánico en lugar de un error del operador. Podría ser más apelativo y más lucrativo para los abogados interesados en asuntos de responsabilidad civil. La ciencia de la responsabilidad civil a menudo asume que cada desgracia tiene una causa distante –a menudo una causa tecnológica. Los aditivos alimenticios, las toxinas ambientales y los defectos mecánicos han sido los presuntos responsables en demandas de responsabilidad civil dentro de las últimas dos décadas. La demanda de Judas Priest fue un caso de responsabilidad civil de producto. Es decir, un supuesto producto defectuoso fue puesto en el mercado y causó daño. De a cuerdo a Timothy Post, uno de los abogados de los demandantes, el mensaje subliminal provocó los suicidios. La defensa negó colocar algún mensaje subliminal y además sostuvo que los estímulos subliminales no son capaces de imponer algún comportamiento, ni qué hablar de los suicidas. Una de las amenazas a la integridad científica mencionada por Huber (1991) tiene que ver con abandonar el significado científico usual del término causalidad. Desde la perspectiva científica, típicamente deseamos entender un fenómeno descubriendo todos los factores causales que lo contribuyen. De acuerdo a Huber, sin embargo, la ciencia de la responsabilidad civil tiene sus propias reglas. La ciencia de la responsabilidad civil prefiere simplificar los asuntos. Una causa potencial específica es seleccionada y los otros factores contribuyentes se ignoran. Se asume que no hay otras variables operando excepto aquella de interés. La aproximación científica estándar se abandona. Los riesgos múltiples son ignorados –especialmente aquellos obvios, ubicuos, que se dan por sentado –y toda la atención se enfoca en causas remotas y (tal vez) implausibles que implican negligencia de parte de alguien más.

Hubo evidencia de esta aproximación –la tendencia a subvertir el significado de causalidad en el juicio de Judas Priest. En su último dictamen, el juez explícitamente declaró, “los fallecidos y sus padres no están en juicio. La corte no está para juzgar la vida de los difuntos o evaluar a sus familias.” (Vance v. Judas Priest 1990, 2‐3). Los demandantes fueron obligados, sin embargo, a reconocer algún grado de riesgo, de otra forma los “Hazlo” no hubiesen tenido sentido. ¿Cuáles fueron algunos de estos factores de riesgo? De a cuerdo a la psicóloga clínica que testificó para la defensa, ambos muchachos tuvieron problemas de ajuste serios y de largo plazo. Ambos fueron violentos y abusivos en sus relaciones. Se sentían socialmente alienados; emocionalmente estaban angustiados, a menudo deprimidos e impulsivos. Una vez Vance le rompió la mandíbula a otro estudiante durante una pelea en la escuela. Ambos tenían una historia de abuso de drogas, pequeños crímenes, fracaso escolar y desempleo. El ambiente familiar era violento y punitivo. Belknap había intentado suicidarse antes y había expresado intenciones suicidas. Justo antes del tiroteo, Belknap hizo algunos regalos de Navidad antes de tiempo y compartió con su hermana el deseo de nombrar a su bebé como él si algo le pasaba. La mayoría de estos factores fueron mencionados por el juez en su dictamen final. Fueron incluidos “a regañadientas” para mostrar que los difuntos estaban en un nivel alto de suicidio (vea a Litman y Farberow 1994). ¿Se trata de una salida razonada de la “causalidad subvertida” que a menudo caracteriza a los casos de responsabilidad civil? ¿Quién lo puede decir? La concesión pudo haber sido simplemente un artefacto de la necesidad lógica para los demandantes de reconocer el estatus de alto riesgo de sus muchachos. En cualquier caso, se reconocieron causas múltiples, aunque un poco de mala gana. El juez declaró que “existen otros factores que explican la conducta de los difuntos independientemente del estímulo subliminal… su muerte tuvo propensiones que los hacían un alto riesgo suicida” (Vance v. Judas Priest 1990, 31‐32).

Los expertos de los demandantes 

La búsqueda de causas aisladas y misteriosas para varios percances a veces resulta en la búsqueda de expertos distantes y misteriosos. Se invita a expertos a proveer apoyo para la demanda contenciosa. Cuando las cortes toleran un sentido subvertido del significado de causalidad, también podrían ser tolerantes a expertos alternativos. Hubo varios en este juicio. Uno de ellos fue Wilson Key. Él fue quien sin mucha ayuda popularizó el mito de la publicidad subliminal. Él ve conspiración subliminal donde sea (Key 1973, 1976, 1980, 1989), así que no fue sorprendente que estuviese presente para apoyar las pretensiones de los demandantes. Si bien Key proveyó testimonio extenso antes del juicio, su contribución al juicio real fue insignificante. Es posible que él mismo haya minado su propia credibilidad con la corte al opinar que los mensajes subliminales podrían ser encontrados en las galletas Ritz, en la Capilla Sixtina, en los catálogos de Sears y aun en las noticias de la noche de la NBC. También afirmó que “la ciencia es aquello con lo que te puedes salir con la tuya en cualquier punto en el tiempo.”

El experto de mayor influencia en testificar a favor de los demandantes fue Howard Shevrin, cuyas credenciales eran invulnerables. Ha dirigido investigaciones sobre la influencia subliminal por más de veinte años y tiene un historial respetable de publicaciones en libros evaluados por sus pares y revistas (ej. Shevrin 1988). El argumento de Shevrin fue que las órdenes subliminales son especialmente potentes porque el receptor está inconsciente de sus fuentes y atribuye su directriz o el imperativo a sí mismo –a su estado motivacional interno. Aunque hay cierta lógica en esto, Shevrin fue puesto en apuros para describir alguna investigación que respaldara su opinión. La argumentación también presupone que una orden o directiva es irresistible inherentemente –que porque es un imperativo en un sentido lingüístico o sintáctico, obliga sumisión en un sentido psicológico. De a cuerdo a Shevrin, cuando conscientemente experimentamos una orden, podemos ignorarla o cumplirla como mejor nos parezca, pero si la orden es subliminal, se vuelve parte de nuestro flujo continuo de motivos, sentimientos e impulsos internos. Por lo tanto puede añadir un incremento a cualquier predisposición actual que pueda estar presente, tal como el suicidio. La falacia yace en asumir que el mensaje imperativo tiene algún efecto inherentemente motivante. Su posición también requirió la suposición que la disposición suicida requiere un detonante o precipitante a fin de que se actúe sobre ella. Esta suposición no cuadra con la bibliografía sobre el suicidio de adolescentes (Maris 1981). Shevrin, sin embargo fue persuasivo. Proveyó un marco conceptual aparentemente respetable al explicar cómo tal fuerza misteriosa y casi mágica podría operar.

Los expertos de los acusados

La defensa llamó a tres expertos: Anthony Pratkanis (un catedrático de psicología social de la Universidad de California en Santa Cruz), Don Read (un psicólogo cognitivo de la Universidad de Lethbridge), y a mí. Yo testifiqué a cerca de las fallas metodológicas y de interpretación en algunas investigaciones específicas del estímulo auditivo subliminal (ej. Borgeat y Chaloult 1985; Borgeat, Elie, Chaloult, y Chabot 1985; Henley 1975), y a cerca de la dudosa base empírica debajo de los términos psicodinámicos. Mi opinión fue que no había apoyo científico para la proposición que las directivas subliminales podrían inducir comportamientos de cualquier índole, y mucho menos el suicidio. Pratkanis reiteró algunos de los puntos principales de mi testimonio a cerca de la historia de la investigación sobre la influencia subliminal y describió un experimento dirigido recientemente (publicado entonces) mostrando que las grabaciones de auto‐ayuda subliminal eran inefectivas (Pratkanis, Eskenazi, y Greenwald 1994). También expresó recelo adicional a cerca de la validez de los estudios de Borgeat –estudios que Shevrin había citado como apoyo de su postura. Pratkanis resistió la intimación de los abogados de los demandantes sobre que los hallazgos científicos no eran de naturaleza perdurable –que lo que se sabe hoy podría ser abandonado y reemplazado por una nueva opinión mañana. Finalmente, Don Read proveyó una descripción elocuente de investigación en la comprensión y retención del lenguaje puesto al revés (vea Vokey y Read 1985).

Opinión científica vs. evidencia científica

El juez pudo haber sido seducido por la psicodinámica, pero tal vez no convencido completamente. Aunque Shevrin tuvo éxito en ayudar a obtener la excepción a la protección de la Primera Enmienda, no pudo prevalecer en el juicio activo. El fallo a cerca de los efectos subliminales declaró: “La investigación científica presentada no establece que los estímulos subliminales, aún si son percibidos, puedan precipitar una conducta de esta magnitud. … la evidencia más fuerte presentada en este juicio mostró efectos no conductistas además de la ansiedad, angustia o tensión.” (Vance v. Judas Priest 1990, 31). La conclusión del juez a cerca de los efectos subliminales no está tan lejos del consenso encontrado entre la mayoría de los psicólogos cognitivos. Los efectos subliminales establecidos adecuadamente son modestos en su magnitud y naturaleza – la activación semántica de palabras únicas bajo condiciones altamente forzadas (vea Holender 1986). Por citar de una reciente crítica influyente: “… el proceso de conocimiento inconsciente está limitado rigurosamente en su capacidad analítica” (Greenwald 1992, 775). En algún momento durante la testificación del pre‐juicio, Bill Peterson (uno de los abogados de la defensa) le pidió a Shevrin que describiera la base empírica de su opinión: “¿A qué experimentos hace referencia cuando dice que se refiere a un conjunto de estudios, experimentos en los que usted basa su conclusión que los mensajes subliminales pueden ser suficientes para inducir un comportamiento suicida?

“Estoy basando mi opinión, mi criterio experto, en un cuerpo de investigaciones, en cientos de experimentos,” dijo Shevrin.

“Nombre uno,” dijo el Sr. Peterson (Vance v. Judas Priest 1989a, 138‐139).

Shevrin, eventualmente, aludió a tres o cuatro estudios (ej. Kupper y Gerard 1990; Silverman 1982; Smith Spence y Klein 1959) –ninguno de los cuales demostraron algo remotamente cercano a que las directivas subliminales influenciaran motivos. De hecho, muy pocos estudios publicados han intentado utilizar directivas subliminales, y aquellos que las han utilizado produjeron evidencia extraordinariamente falta de peso sobre la influencia subliminal en la intencionalidad (ej. Zuckerman 1960; vea a Moore [1982] para un comentario).

La posición de Shevrin era una de apoyo a la argumentación de los demandantes. Por otra parte, si se extiende lógicamente, constituye un refrendo para la audición de grabaciones de auto‐ayuda subliminal. Si la posición de Shevrin era válida, las grabaciones de auto‐ayuda subliminal deberían de ser efectivos para un número substancial de personas. Esos mensajes deberían, por lo tanto, de acuerdo a la lógica de Shevrin, alterar e incrementar los motivos internos de los oyentes. Hay evidencia amplia, sin embargo, que las grabaciones de auto‐ayuda subliminal son inútiles terapéuticamente (Greenwald, Spangenberg, Pratkanis y Eskenazi 1991; Merikle 1988; Merikle y Skanes 1992; Moore 1988; Pratkanis, Eskenazi, y Greenwald 1994; Russell, Rowe, y Smouse 1991).

Aunque el testimonio de Shevrin pudo haber sido lógico, no era buena ciencia. El juez, a su favor, pareció haber establecido una distinción entre una opinión científica basada en una convicción personal y la lógica de la psicodinámica, y una basada en el apoyo empírico.

Pseudociencia

Hasta este punto, la ciencia no había avanzado mal. Con respecto a la causalidad, el juez encontró que había factores independientes de los estímulos subliminales que hacía de los difuntos un alto riesgo de suicidio. Respecto a la literatura científica, encontró que la investigación no había establecido que los estímulos subliminales podían tener los tipos de efectos postulados por los demandantes. Había otros aspectos del caso, sin embargo, en donde el pensamiento científico avanzaba no tan bien. La pseudociencia a veces juega un rol en la corte debido a que dudosos “expertos” están dispuestos a atestiguar para decir casi cualquier cosa. En estas situaciones, la ciencia chatarra aparece en la corte porque sus expertos han sido invitados para educar al juez o al jurado. Otra razón porque la ciencia chatarra llega a la corte es porque ya reside en la corte en la forma de creencias pre‐existentes sobre el fenómeno en cuestión.

Las opiniones del juez sobre la percepción subliminal se reflejan en su fallo, el cual negó el juicio sumario y su sentencia final. En esta última, él proveyó lo que llamó una “historia de los estímulos subliminales.” El propio título revela algo de confusión. No es la historia de la percepción subliminal, ni la historia de las influencias subliminales, sino la historia de los estímulos subliminales. La diferencia no es irrelevante. Determinar la subliminalidad de un estímulo requiere alguna labor –análisis científico intensivo. El uso arbitrario y caprichoso de la frase “estímulos subliminales” por los periodistas (y algunos científicos sociales) ha resultado en reportes frecuentes de efectos “subliminales” en la ausencia de cualquier demostración de subliminalidad.

¿Qué información formó la base de las opiniones del juez a cerca de la percepción subliminal? Las referencias contenidas en su ensayo de historia consistieron de varios artículos o capítulos de libros de publicaciones de leyes, escritos por abogados. También citó información obtenida de: Saturday Review, New York Times, Omni, Time, High Times, y TV Guide. Los artículos de leyes y muchos artículos de revistas incluían numerosas referencias a James Vicary y Wilson Key. La experticia de Key ya ha sido descrita. ¿Quién era James Vicary? En septiembre de 1957, James Vicary afirmó haber dirigido un estudio en Fort Lee, Nueva Jersey, en donde proyectó los mensajes subliminales “Come palomitas” y “Toma Coca‐Cola” en una pantalla durante la proyección de una película al auditorio (vea Moore 1982; Pratkanis 1992; Rogers 1993). Las publicaciones iniciales de la prensa reportaron que más de 45, 000 personas habían sido puesto a prueba de esta forma y que las ventas del lugar habían aumentado dramáticamente. Cinco años después Vicary reconoció que solo había tenido una pequeña cantidad de datos –muy pequeña para ser significativa. Antes de mucho desapareció de la vista completamente. En el mejor de los casos, este así llamado estudio, fue un ejercicio empírico superficial y falto de significado. En el peor de los casos, fue una completa fabricación (Rogers 1993). Sin embargo, la cobertura periodística fue masiva y continua hasta hoy. Las encuestas han demostrado que hay una creencia esparcida en la manipulación subliminal y que sus técnicas se “enseñan” en clases de colegio y universidad (Block y Vanden Bergh 1985; Synodinos 1988; Zanot, Pincus y Lamp 1983).

Implícito, si no explícito, en ambas supuestas demostraciones de Vicary, así como en las descripciones de los medios de comunicación sobre el fenómeno, está la suposición que los estímulos invisibles o inaudibles se perciben inconscientemente. Algunas porciones del fallo del juez reflejan esta suposición. Su reseña histórica de los estímulos subliminales es una reseña de la cobertura de los medios de comunicación sobre el tema más que una historia científica, menos aún una evaluación científica reciente. Este concepto popular, simplificado y exagerado de la persuasión subliminal está reflejado en algunos de los otros fallos, y fue en estos fallos en que a la verdad científica no le fue tan bien. Aquí está lo que se necesitaba ser demostrado por los demandantes:

  1. Un “mensaje” inaudible (pero técnicamente identificable) estaba físicamente presente en la grabación.
  2. El mensaje fue puesto deliberadamente ahí.
  3. El mensaje era subliminal.
  4. El mensaje contribuyó a los suicidios.

Como ya hemos visto, el juez rechazó la cuarta proposición, pero ¿qué pasó con las otras tres? El juez asumió que la presencia técnica de un “mensaje” (ítem 1) era sinónima de ser subliminal (ítem 3). Esta suposición es el resultado de la herencia mitológica de Vicary y toda la cobertura de los medios de comunicación desde entonces. El fallo del juez declaraba que “… los ‘Hazlo’ en la grabación eran subliminales porque solamente eran discernibles después que su localización había sido identificada y después que los sonidos fueron aislados y amplificados. Los sonidos no serían discernibles conscientemente para el oyente común bajo condiciones auditivas normales” (Vance v. Judas Priest 1990, 18). El problema es que los sonidos que no son discernibles conscientemente tampoco son necesariamente discernibles inconscientemente. Muchos estímulos no son discernibles conscientemente porque caen fuera del rango de nuestro aparato sensorial. Consecuentemente, no inician alguna actividad neurológica –consciente o inconsciente. El error consiste en igualar la presencia física de la señal con la subliminalidad.

Presencia física vs. consecuencia psicológica

Los estudios empíricos de la percepción subliminal indican que, con raras excepciones, el fenómeno parece ser confinado a cierto rango de intensidades de estímulos (Cheesman y Merikle 1986). Este rango coloca al estímulo debajo un umbral de subjetividad o percepción fenomenal, pero sobre un umbral de detección o discriminación objetiva. En otras palabras, la percepción subliminal no es percepción en ausencia de la detección del estímulo. Ocurre cuando nuestros reportes de introspectiva tienen diferencias con o están en discrepancia con las medidas objetivas de detección. Para los sujetos no es inusual adivinar o declarar la ignorancia de la identidad del estímulo cuando, no obstante, están haciendo uso de la información del estímulo. Lo que esto significa es que ninguna cantidad de hardware caro o análisis de la señal nos puede decir si la señal es subliminal. La subliminalidad puede ser solo determinada por un análisis de las consecuencias perceptuales de la estimulación. Los métodos de detección de señales en donde el sistema perceptual del humano es utilizado como el instrumento de medida podrían haber provisto una imagen más clara en cuanto si la grabación en cuestión realmente contiene un mensaje detectable que podría haber influenciado concebiblemente un comportamiento (ej. Merikle 1988; Moore 1995).

Un análisis físico de la señal no es necesariamente no informativo completamente. Tal análisis podría ayudar a determinar la presencia de una señal que podría, después de un análisis adicional, resultar ser subliminal. El juez asumió que si una señal inaudible estaba presente, dicha señal era por lo tanto subliminal aunque ni los demandantes ni la defensa presentara evidencia estableciendo la subliminalidad. Debería ser enfatizado que aún si la subliminal ha sido establecida, no necesariamente se concluye que el mensaje tendría la influencia atribuida por Shevrin. Su pretensión, sin embargo, podría haber sido obviada por la conclusión que la señal no era, en efecto, subliminal.

¿Fue la señal puesta ahí deliberadamente? ¿Quién lo puede decir? La opinión del juez fue que la señal en cuestión fue simplemente una convergencia coincidente de una acorde de guitarra con un patrón de exhalación. ¿Bajo qué circunstancias podría uno inferir confiadamente una decepción intencionada? Concebiblemente, la duración y la complejidad de una señal inaudible podrían guiar decisiones sobre si su colocación fue accidental o deliberada. Walt Disney Inc. fue acusada recientemente de insertar la directiva “subliminal” “Quítense la ropa todos los buenos adolescentes” a la película familiar animada Aladino. Alrededor del mismo tiempo las letras S‐E-X (sexo) fueron supuestamente incrustadas subrepticiamente en una escena del Rey León (Globe & Mail, Nov. 7, 1995). Walt Disney Inc. ha negado enfáticamente intentar cualquier tipo de cosquilleo subliminal.

En marzo de 1994, alguien descubrió que Jessica Rabbit no llevaba ropa interior por un lapso corto de tiempo durante la película animada ¿Quién Engañó a Roger Rabbit? (Globe & Mail, Marzo 17, 1994). En este ejemplo, hubo por lo menos tres ofensas –imperceptibles, a menos que la grabación sea avanzada imagen por imagen. ¿Se plantaron deliberadamente por alguna corrupta razón o estaban los artistas ahorrándose tinta o haciendo una broma pesada? Es difícil de saber, pero la presencia física de una Jessica descubierta no nos dice algo a cerca de las consecuencias perceptuales o psicológicas de su estado desnudo. Es probable que bajo condiciones normales de visión los contenidos de las imágenes sean completa y ampliamente enmascarados por el material subsecuente. En ausencia de las pruebas apropiadas, sin embargo, uno no puede simplemente sostener que los estímulos son (o no son) subliminales. En ninguno de estos ejemplos es posible saber definitivamente si la señal o imagen era subliminal, ni si fue plantada deliberadamente.

La percepción es un proceso activo y constructivo. Consecuentemente, las personas a menudo ven o escuchan aquello que están en predisposición (o han sido incitados) a percibir (Vokey y Read 1985). Una búsqueda diligente implicando el aislamiento y amplificación de docenas de recortes de una grabación de tres minutos de rock heavy metal rendiría probablemente algunas palabras inteligibles o frases que no serían inteligibles bajo condiciones normales de audición. De hecho, sería sorprendente que algunos “descubrimientos” no se hayan realizado. El hecho que la señal en cuestión en el álbum Stained Class no estuviese contenida en ninguna otra pista en particular, de la grabación consistente de 24 pistas, alterca más contra la posibilidad de un embuste deliberado.

Confusión adicional

Los dos testigos más confiables testificando por los demandantes fueron, en la opinión del juez, Shevrin y la Sra. Rusk. La Sra. Rusk fue la orientadora en la escuela de Vance. Vance, el muchacho que sobrevivió el intento de suicidio, fue cuestionado sobre las circunstancias del tiroteo por la Sra. Rusk en la primavera de 1986. El testimonio de la Sra. Rusk fue que Vance dijo, “Captamos el mensaje. Nos decía solamente Hazlo… [La grabación] nos estaba dando el mensaje Hazlo solamente.” Esta declaración refleja el conocimiento consciente de parte de Vance sobre la presencia y la naturaleza del mensaje “Hazlo.” Recuerde que la posición de Shevrin fue que el mensaje subliminal “Hazlo” fue influyente precisamente porque era subliminal. Los muchachos estaban desapercibidos de recibir la indicación de una fuente externa y, por lo tanto, atribuyeron erradamente su fuente u origen a sus propias motivaciones internas. Estas dos piezas del testimonio son lógicamente contradictorias. No pueden ser ambas correctas. Si, como Shevrin alegaba, el mensaje era subliminal, los muchachos deberían haber sido inconscientes a su presencia y su significado. Es la naturaleza inconsciente del mensaje la que, de a cuerdo a Shevrin, le ofrece la influencia excepcional que él le atribuía. Por otro lado, si ambos podrían escucharlo, como Vance le indicó a la Sra. Rusk, entonces el mensaje no era, por definición, subliminal y estaba, de ese modo (a) protegido por la Primera Enmienda y (b) no era influyente particularmente. El juez parecía haber estado desapercibido de este acertijo lógico: “Este testimonio dado [por la Sra. Rusk] le da apoyo a la premisa que tanto James como Raymond percibieron subliminalmente ‘Hazlo’ de la grabación” (Vance v. Judas Priest 1990, 30). De hecho, el testimonio de la Sra. Rusk refuta la noción que la señal era subliminal. Shevrin estaba consciente de esta dificultad. Cuando los abogados de los demandantes le sugirieron que el testimonio de la Sra. Rusk apoyaba la noción que el “mensaje” había sido retenido en la memoria de los muchachos, él expresó preocupación que la Sra. Rusk podría haber sido influenciada por los reportes de los medios de comunicación y/o que estaba teniendo dificultades recordando lo que Vance le había reportado a ella. Aparentemente, los abogados de la demandante no entendieron la lógica del testimonio de su propio experto. En este punto uno se pregunta quién estaba al frente del negocio.

Definiendo “experticia”

Un asunto en este juicio fue la afirmación que una directiva subliminal incitaba el suicidio. Desde la perspectiva científica, esto es una proposición extraordinaria e improbable prueba no definida. No hay hoy, o ha habido alguna vez, alguna evidencia empírica confiable que establezca que la estimulación subliminal pueda producir otra cosa que no sean reacciones bastante cortas y relativamente sin importancia. Además, no hay evidencia alguna que las directivas subliminales puedan imponer sumisión, y ninguna evidencia tal fue presentada en el juicio. Tal vez con la ayuda de los expertos de los acusados, el juez pudo darse cuenta que las directivas subliminales no tienen la influencia atribuida a ellas por los demandantes. Una comprensión más cuidadosa del asunto podría haber cedido un juicio sumario, y así prevenido un juicio largo y caro. Al negar el juicio sumario, el juez Whitehead asumió la validez de la pretensión central de los demandantes –a saber, que los mensajes subliminales pueden influenciar la motivación humana.

Ha habido numerosas observaciones legales sobre el fallo del juicio a Judas Priest. La mayor parte de la controversia post‐juicio tiene que ver con la cuestión de la protección de la Primera Enmienda a los mensajes subliminales. Si tal repetición subrepticia es inefectiva, entonces la no protección de la Primera Enmienda se vuelve debatible. Si juzgamos desde el punto de vista de los comentarios de los eruditos legales sobre el fallo del juez Whitehead, su comprensión de los asuntos científicos no es peor que del resto de la comunidad legal (cf. Blen 1992; Dee 1994; Locke 1991). Muy parecido a la descripción del juez de la estimulación subliminal, las críticas de los comentaristas legales contienen abundantes referencias a Key, Vicary y otros no científicos cuyos trasfondos no tienen nada de científico. Los libros de Key constituyen lo mejor de la pseudociencia; no contiene citas, ni referencias ni alguna documentación para ninguna de sus proclamaciones. Mientras que el testimonio de Key de por sí no aparece haber sido de mucho significado en el juicio, sus pretensiones extravagantes y bien publicitadas han tenido veinte años para infiltrarse en la psique de los norteamericanos (incluyendo las carreras legales), donde la capacidad científica no es un rasgo dominante (Burnham 1987). En el análisis final, sin embargo, no fue la pseudociencia obvia que desorientó a la corte tanto como las opiniones engañosas de los expertos bien capacitados –Shevrin. Sus puntos de vista, aunque imaginativos y lógicos, eran anómalos con comprensiones científicas prevalecientes del fenómeno al alcance de la mano. Un largo currículum vitae y una afiliación prestigiosa no son garantía de una opinión válida científica. Un experto cuyo testimonio es único, idiosincrático y no confirmado por la amplia comunidad científica no está educando a la corte en la manera que Frye v. United States (1923) intentó o que los fallos más recientes han animado (Daubert v. Merrell Dow Pharmaceuticals 1993; R. v. Mohan 1994). Estos fallos recientes han enfatizado la necesidad de que el testimonio experto esté bien encallado en teorías, métodos y procedimientos que han sido aceptados y validados por otros científicos en el mismo campo. No es tan claro que el testimonio de Shevrin cumpliera con este estándar. Es claro, sin embargo, que las cortes son generalmente deficientes –poco preparadas para encontrarse con el reto de evaluar la validez científica de evidencia experta (Miller, Rein y Baily 1994), especialmente en las ciencias sociales (Richardos, Ginsburg, Gatowski y Dobbin 1995). Una aplicación rigurosa del criterio de admisibilidad de Daubert podría desaprobar cualquier testimonio basado en los principios Freudianos por su naturaleza inherentemente infalsificable (Crews 1995). La necesidad de educación judicial sistemática en principios científicos está reconociendo prioridad hoy. Eventualmente, una comprensión científica mejorada resultará en un fallo de corte más imparcial. Entre tanto, mientras que las habilidades de la comunidad científica sean tan poco capaces de permitir distinciones entre sentido y tontería, el público continuará siendo entretenido por (y pagando) juicios como aquel de Vance v. Judas Priest.

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Nota:
Este ensayo está basado, en parte, en presentaciones de la conferencia anual del Comité para la Investigación Científica de Aseveraciones de lo Paranormal, llevada a cabo en Seattle, Washington, el 25 de junio de 1994. (Simposio titulado: Opiniones Influyentes en la Sala de Juicio: Reglas de la Ley, Testimonio Experto y Ciencia), y en la conferencia anual de la Asociación de Abogados Criminales de Ontario, en Toronto el 27 de Octubre de 1995 (Sesión titulada: Investigación Engañosa: Buena Ciencia/Mala Ciencia).


Timothy E. Moore trabaja en el Departamento de Psicología del Glendon College, 
York University, 2275 Bayview Ave., Toronto, Ont.


Traductor: Abner L. Perales. Licenciado en Enseñanza Musical (Universidad de Montemorelos). Estudios en Teología. Magister en Dirección Instrumental (Andrews University). Actualmente está llamado para ser pastor asociado en la Conferencia de Arizona y ministro de música en la Iglesia Hispana en Phoenix, AZ.

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