Música en la Biblia



Música en la Biblia
Lilianne Dounkhan
Profesora de música en la Universidad de Andrews
(Traducción Gimena Ferrando)

La Biblia no nos proporciona un tratado o un capítulo de la música. Con el fin de profundizar en la visión bíblica de la música, debemos recoger información en el camino, la cual encontramos en varios eventos y acontecimientos de Israel. La música en la Biblia siempre acompaña a un evento. No esta vista como una ocupación que perseguir –el arte por amor al arte- o para el disfrute absoluto de si misma, sino que es funcional.



Como la música es siempre una expresión de cultura, descubriremos que el desarrollo de la misma en la Biblia reflejará las etapas del desarrollo del pueblo de Israel.
Música para el hombre

La música ha sido una parte prominente en la vida de los Israelitas y los ha acompañado en múltiples lugares. Tan pronto como en Génesis 4:21, podemos encontrar al padre de los instrumentos musicales, Jubal hijo de Lamec,(1) siete generaciones después de Adán. El inventó la Lira (Kinnor) y la flauta (ugav). Ya el nombre de Jubal (yuval=cuerno de carnero) lleva en si una referencia de uno de los instrumentos mas prominentes en Israel, llamado el shofar (cuerno de carnero). Jubal tenía un hermano, Tubal-Caín, quien es conocido por un instrumento fabricado de bronce y de hierro. Se ha asumido que probablemente él también puede haber sido el primero en fabricar el primer instrumento de metal, la trompeta. Al proseguir la lectura Génesis 33:27 relata la historia del viaje de Jacob desde Labán, e introduce un instrumento adicional, el tamboril (tof). Al mismo tiempo, el primer ajuste social de la creación de la música que se nos presenta, la costumbre de llevar a la gente por el camino y celebrar con música y regocijo.

Los instrumentos encontrados hasta ahora (a excepción de la trompeta) fueron típicos de un contexto nómada. Ellos eran pequeños y portátiles, y hechos de materiales fácilmente encontrados en entornos geográficos y económicos del nomadismo: Cañas, pieles de animales, madera, caparazones de tortuga, etc. Eran tocados como solos de instrumentos o acompañados por el canto.

Durante el periodo patriarcal, los instrumentos musicales eran también un medio importante de comunicación. Exclamaciones o aclamaciones eran usadas como señal o celebración, Ej. , el descubrimiento de un pozo de agua (Números 21:17-18), o para marcar la lealtad a una tribu, un jefe o una bandera (Éxodo. 17:15; Jueces 7:18). Mas adelante en la historia de Israel durante su estancia en el desierto, señales de las largas trompetas (hastsotserah) de metal precioso traídos de Egipto (Éxodo 12:35,36) y fabricadas de acuerdo a las instrucciones de Dios, comunicaban las variadas actividades del campamento, como asambleas, guerras, fiestas y celebraciones (Números 10:3-10). Como una orden perpetua, era permitido que solo los sacerdotes tocaran las trompetas (Números 10:8). De una manera similar el uso del cuerno de carnero era limitado a roles específicos, como señal de guerra o de cultos. El shofar ocupaba un lugar especial entre los instrumentos de Israel rodeado de simbolismos religiosos y espirituales, la historia de su uso es trazada en el pasado por la tradición del sacrifico de Isaac. La primera referencia que hacen las Escrituras (Éxodo 19:19) conecta al shofar con el evento del regalo de los mandamientos en el Monte Sinaí. Ambos tipos de trompetas (shofar y hatsotserah) fueron convertidos por los profetas, al igual que a la iglesia Nuevo Testamento, en símbolos de los días de Jehová (Isaías 58:1; Jeremías 4:5; Ezequiel 33:3-4; Oseas 5:8; Joel 2:1; Amos 2:2; Zacarías 9:14; y también Apocalipsis 8 y 9; 1 Corintios 15:52) y estaban generalmente asociadas con la voz del Señor mismo (1 Tesalonicenses 4:16; Apocalipsis 1:10).
Mas allá de las señales y aclamaciones, la Biblia también menciona canciones de triunfo (Éxodo 15:21) o de venganza y lamentación (Génesis 4:23-24), para acompañar a guerra y la victoria. Números 21:14, hace referencia a una colección de canciones épicas, de “El libro de las batallas de Jehová” que hace un recuento de las victorias de Dios sobre los enemigos de Israel.

La bienvenida de los héroes era celebrada por cánticos, ejecutaban panderos y danzaban repetidamente, encontramos escenas en la Biblia donde un grupo de mujeres o jovencitas reconocen la victoria o la manera de los vencedores: Miriam y las mujeres Israelitas mientras cruzaban el Mar Rojo (Éxodo 15); la hija de Jefte le daba la bienvenida a su padre luego de su victoria frente a los Filisteos (Jueces 11:34); las mujeres jóvenes celebraban la victoria de David frente a Goliat (1 Samuel 18:6), etc.

La creación musical en la Biblia esta asociada con la curación y la inspiración. David tocaba el arpa ante Saúl para suavizar su agitado espíritu (1 Samuel 16:23) y el profeta Eliseo pidió que tocara ante el para darle inspiración (2 Reyes 3:15).

Durante el tiempo de nevi’im (siglo X a.C.), vemos las bandas de profetas itinerantes por todo el país tocando instrumentos, cantando, danzando y profetizando (1 Samuel 10:5).

Como en toda cultura antigua la música también jugaba un papel importante en el trabajo diario. Muchos pasajes mencionan como acompañaba el trabajo en las cosechas (Isaías 16:10, etc.). Música instrumental y canciones eran también partes integrales de esas festividades a menudo denunciadas por los profetas (Isaías 5:12; Amos 5:23; 6:5).

La música fue dada por Dios mismo para cumplir un propósito educativo. En Deuteronomio 31:19-22, Jehová le dio a Moisés el mandamiento de escribir una canción y enseñarla a los niños de Israel, con el explicito propósito de recordarle a Israel por medio del cántico lo que Dios había hecho por ellos. Esta es una muy buena ilustración del uso del canto para el propósito de memorizar y recordar, una practica que todavía se utiliza en las escuelas y universidades judías. Ilustra una conciencia del poder de la música para intensificar la experiencia y conducirla hasta lo profundo del corazón. Este evento también indica que, en la mente del escritor bíblico, en Dios mismo está el origen de la música y el uso de la misma. Pero también aprendemos que Él se da a la tarea de transmitir este don a las personas que son capaces de ponerla en buen uso. Dios instruyó a Moisés a escribir. De hecho Moisés es considerado en la tradición musulmana como el patrón de los flautistas, una indicación de lo mucho que debe haber sido reconocido por sus habilidades musicales. La educación que recibió en la corte Faraónica incluyó la instrucción en materia de culto la cual le dio los conocimientos necesarios en técnicas de composición y los diversos géneros de la música.

El sonido de la música

Tal vez nos preguntemos cómo sonaba esa música, y si tenemos alguna pista de cómo fue compuesta, realizada y transmitida. Hay indicadores de la escala utilizada por los Israelitas en ese tiempo era a modo de escala diatónica hecha de siete tonos (el heptacordio), mas que la escala pentatónica prominente hoy en el Medio Oriente. Evidencias de esto han salido a la luz por medio de las antiguas lapidas Ugaríticas que contenían tratados explicando la manera en que las arpas debían afinarse en esos tiempos.(2) Esto esta corroborado por la mención, en algunos de los superíndices de los Salmos, de “tocar en octavas” (al-hasseminit, Salmo 6:1, Heb.; Eng., En superíndice). La manera en que la música sonaba probablemente no sea extraña a nuestros oídos.

El proceso de composición en tiempos bíblicos era similar al que todavía encontramos en el Medio Oriente o en las regiones orientales, a saber, basado en los principios de centonización (una composición hecha con una melodía pre-existente) e improvisación. Estas técnicas consisten en un repertorio conjunto de formulas cortas de melodía como en Árabe maqqam o en la India ragas, las cuales están combinadas, a través de la improvisación y acorde a las reglas artísticas complejas y estrictas, en una composición musical.

Encontramos un indicador que procede a un número de canciones en las Escrituras que parecen claramente estar puestas juntas, a manera de mosaico, a partir de varios principios de los pasajes, como por ejemplo en la oración de David a la dedicación del Arca del pacto que se estableció dentro de la tienda de Jerusalén (1 Crónicas 16:8-36). Esta oración es compuesta en Salmos 105:1-15; 96 2-13; y 106:1, 47 y 48. Esta manera de composición representa una técnica que requiere años de aprendizaje y entrenamiento. La música era entonces trasmitida a los cantantes e instrumentistas por medio de una técnica llamada quironomía la cual consiste en usar la mano como señal para indicar el contorno de la melodía.(3) Dicha técnica fue muy común en todo el Antiguo Cercano Oriente y también ha estado en uso en el mundo Occidental en la Edad Media, especialmente en el contexto del canto llano. Durante el siglo X, al mismo tiempo la notación Occidental empezó a aparecer, este método de transmisión oral fue remplazado progresivamente por los signos de acentuación escritos agregados sobre los textos Hebreos por los Masoretas (escribas). Un pequeño número de acentos, se remonta tempranamente hasta Esdras. Una indicación de las escrituras en esta técnica puede ser encontrada en la expresión al yad David (1 Crónicas 25:6) que significa literalmente “en la mano de David” y es generalmente traducida “bajo la supervisión del rey” (NVI).

El texto bíblico nos presenta diferentes géneros de música y de hacer música. En las primeras épocas de Israel, podemos encontrar varias aclamaciones colectivas donde el pueblo gritaba su lealtad al pronunciar pequeñas expresiones tales como “la espada de Jehová y de Gedeón” (Jueces 7:20). Mas tarde en la historia de Israel, como un cuerpo escrito de la literatura y de las canciones emerge, el canto fue hecho en diversas maneras, generalmente dictado por la forma poética de los textos. El paralelismo literario prominente en los Salmos sugiere una interpretación antifonal donde en dos grupos de cantantes se respondían uno al otro de forma alterna. Esta era una interpretación característica practicada en el Antiguo Cercano Oriente, ya que encontramos el mismo género que se menciona en el canto alrededor del becerro de oro, siguiendo la costumbre egipcia (Éxodo 32:18). El canto responsorial también atestiguado en los Salmos. Aquí, el líder canta la parte principal de la canción y grupos de personas responde con un corto, aleluya, amén (Salmos 146-150), o en Salmos 136, con el refrán completo como: “Porque para siempre es su misericordia” (Veáse también Salmos 42:5, 11; 43:5; 107:8.15,21,31). El canto estaba acompañado la mayoría del tiempo por el sonido de los instrumentos, particularmente de arpas y liras que están caracterizadas por su sonido tenue e íntimo. En situaciones más informales, como procesiones, el momento era reforzado con las panderetas y la danza.

Los ejemplos de la creación de la música que hemos encontrado hasta ahora demuestra diferentes maneras en que la música fue usada para regocijo de hombres y mujeres. Pero las escrituras indican que la música jugaba un papel más importante en la vida de los israelitas. Si nos fijamos en el relato bíblico de la música, notamos que los eventos más lujosos y elaborados musicalmente son hechos en honor a Dios. El foco esencial en la creación de la música se centra en Dios: se vuelve música para adoración.

Música para Dios

Como Israel se transformó en una nación sedentaria, empezaron a desarrollarse instituciones, la mas importante de todas, el establecimiento permanente del santuario. Casi al mismo tiempo, el material litúrgico del cuerpo poético y musical es puesto junto, una actividad que podría, en última instancia, llevarse a cabo como una academia de música con todas las de la ley.

La creación de este cuerpo de literatura litúrgica había comenzado antes de la construcción del templo, y ocupaba un lugar en el tiempo en que el Arca fue traída de Jerusalén (1 Crónicas 15). La evidencia textual apunta al hecho que estas canciones fueron producto de las escuelas de los profetas. En 1 Crónicas 15:17, 19 y 16:4-6, 41, 42, aprendemos que los tres líderes músicos, Hemán, Asaph, y Jeduthún (Ethán) fueron nombrados por David para el servicio de la música. Tal y como los encontramos nuevamente, y a sus hijos, en la ocasión de la dedicación del templo de Salomón (2 Crónicas 5:12, 13), sus tareas son introducidas en términos de “Ministerio de profecía acompañado por arpas, liras y címbalos” (1 Crónicas 25:1). Al hacer esto, el texto hace una referencia directa a la escuela de profetas establecida por Samuel. De hecho, leemos en 1 Samuel 10:5 que era costumbre que los estudiantes hicieran una “compañía de profetas que descienden del alto, y delante de ellos salterio, y adufe, y flauta, y arpa, y ellos profetizando”. Por lo tanto 1 Crónicas 25 crea un puente entre la música y las actividades litúrgicas que fueron parte de las escuelas de los profetas y del servicio musical del templo. Podemos ver entonces que los grandes líderes de la música del templo, David, Asaph, Heman y Ethan, se entrenaron tanto en el arte de la poesía como la música durante sus estudios en las escuelas de los profetas. Y es por eso que sus nombres son encontrados en títulos de los Salmos como los autores principales de los Salmos.

La música en el templo no era considerada como un incidente fortuito. La solemnidad del lugar y de las ocasiones se ve reflejada en el cuidado y atención que se le daba a la organización de la música en el templo de Jerusalén.

Varios pasajes en 1 de Crónicas nos muestran también una impresión de esta organización. 4000 individuos fueron parte de esta academia (23:25), 288 de los cuales eran profesionales (25:7) tomaban turnos en el servicio del templo. Hemos oído de “Jóvenes y ancianos, tanto maestros como estudiantes, todos entrenados en el arte de la música para el Señor”. Los músicos fueron agrupados en varios gremios de acuerdo a su especialidad: Asaph fue jefe de los músicos; Heman encargado de los trompetistas (16:42); y Jedutún (Ethan) era el encargado de los que tocaban arpa y lira (25:23); Quenanias era el supervisor de los cantantes (15:22). Los tres líderes usaban el címbalo como señal en varias actividades o cambios de actividades y estaban bajo la “supervisión del rey” David (25:6), quien se había distinguido por ser un compositor, autor, interprete y creador de instrumentos. De acuerdo con el Talmud, el entrenamiento tomaba lugar hasta que los músicos tenían de 25 a 30 años; entonces estaban profesionalmente activos hasta los 50 años. Otros deberes incluían el fabricar y mantener los instrumentos. En cámaras
especificas del templo se guardaban los instrumentos y las vestiduras,(4) y también servían como hospedaje para los músicos Levitas quienes de “día y de noche estaban en aquella obra” (9:33). Sus roles consistían en “ministrar regularmente” primero delante el Arca, luego en el altar, “de acuerdo a los requerimientos de cada día” (16:37). El propósito principal de los músicos del templo, entonces, era cantar Salmos para acompañar a los sacrificios diarios, y producir música para otros días especiales y festivos.

Si uno lo piensa la idea de acompañar los sacrificios con música, puede resultarnos un poco inusual o incongruente. El sacrificio en si mismo es un acto de violencia y muerte, brindaba una experiencia visual y emocional difícil. Así todo, Dios no dudó en agregar un elemento de belleza y emoción, de modo que transformara y trascendiera la experiencia dolorosa. A medida que se realizaba el sacrificio y los Levitas cantaban acerca del amor, la misericordia y la fidelidad de Dios, la música intensificaba la experiencia y conducía a que los Israelitas tuvieran un profundo entendimiento en su corazón. Una situación similar se observa cuando Dios decide enseñar al pueblo de Israel la ley a través de cánticos y música instrumental (Deuteronomio 31:19- 32:1-47). Mientras para nosotros la ley aparece de una manera un poco fría y técnica, Dios en su sabiduría y amor envolvió la ley en la belleza del cántico y le proveyó a Israel un significado afectivo para amarla y recordarla (Salmos 19:7-10).

Parece como si el carácter “objetivo” de los sacrificios o la ley necesitaban estar combinados con el afecto y el carácter subjetivo de la experiencia humana a fin de crear una experiencia holística. Los mismos Salmos son una buena ilustración de esta combinación: ya que hablan de la creación, historia, ley, profecía, juicio etc., lo hace en términos subjetivos de poesía y emociones.

Este elemento de belleza fue también presentado en eventos al aire libre. Mientras el Arca era llevada a Jerusalén, en una grandiosa procesión que incluía cantantes, seguidos por instrumentistas tocando sus arpas y liras, por trompetistas, acompañados por el sonido de címbalos y del cuerno de carnero.(5) Vestidos de lino fino, cantaban jubilosos cánticos al sonido de instrumentos musicales (1 Crónicas 15:16, 28) eran acompañados con aclamaciones del pueblo. Luego, en la dedicación del templo de Salomón, la celebración nuevamente incluía a decenas de músicos (2 Crónicas 5:12-13; 7:2-6): “Todos los Levitas cantores..., tocaban címbalos, arpas y liras… Eran acompañados por 120 sacerdotes que tocaban trompetas. Los trompetistas y los cantores al unísono, se oían a una voz” (2 Crónicas 5:12-13), al sonido del Salmo 136: “El es bueno y para siempre es su misericordia”. Las festividades duraban dos semanas completas. Una celebración similar, y tan espectacular como las anteriores, se llevo a cabo mas tarde nuevamente, en el retorno del exilio, para “celebrar jubilosamente” la dedicación de la nueva construcción de la muralla de Jerusalén (Nehemías 12:27). Dos grandes coros fueron puestos en la parte superior de la muralla, en direcciones opuestas. El primer coro era dirigido por Esdras seguido por los líderes de Judá; luego venían los sacerdotes trompetistas y los músicos instrumentales. El segundo coro era seguido por Nehemías y la mitad del pueblo. Y los dos coros se reunían en la Puerta de la guardia, uniendo sus voces en acción de gracias a Jehová (Nehemías 12:27-40).

El simple acto de cuan sagrada y organizada era la música en el antiguo Israel todavía nos revela un cuadro impresionante. Es claro en esta ilustración que la música jugaba un papel de liderazgo en estas celebraciones nacionales y no estaba considerada como un mero accesorio o decoración. Pero a medida que dirigimos nuestra atención a la motivación de los intérpretes y a la filosofía de la música que hacían, nos encontramos en el corazón de la música bíblica.

El propósito de estas esplendidas manifestaciones no era trasmitir una imagen mundana de la riqueza de un poder, al contrario, hacían crecer el deseo de honrar y reconocer la grandeza y supremacía de Dios. Mientras tomamos una mirada más cercana a las motivaciones que acompañaban a la preparación y al desempeño de los servicios del templo, nos encontramos con una perspectiva interesante en cuanto al propósito de hacer música en la Biblia. La idea más sorprendente y central es que la música es una actividad centrada en Dios. Esto es claro no solo por mirar las expresiones especificas provenientes de los Salmos, las cuales se encuentran en el núcleo de la liturgia literaria, sino además por las prácticas ejecutadas en el templo mismo.

Una y otra vez, los Salmos acentúan el hecho de que la música no es realizada por el placer y entretenimiento de los músicos o la audiencia, sino más bien un homenaje directamente a Dios. La razón de ser de un músico en la Biblia es para hablar acerca de Dios y para hacer música referente a Dios: “Te alabaré, o Jehová, con todo mi corazón; contaré todas tus maravillas. Me alegraré y regocijaré en ti; cantaré a tu nombre, oh Altísimo” (Salmos 9;1-2; 27:6; 30:4; 81:1; 98:1; 105:1-3; etc.). La música aquí hecha es teocéntrica, doxológica, enteramente focalizada en Dios. El mismo principio se puede verificar en el libro de Apocalipsis donde las criaturas en circulo alrededor del trono de Dios lo adoran y le cantan: “Y oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono, y de los seres vivientes y los ancianos, y el número de ellos era millones de millones: Que decían en alta voz: el cordero fue inmolado” (Apocalipsis 5:11-12; 7:9-10; etc.).
Esto enfoca a Dios como el receptor de la música expresada por los músicos del Templo hasta en la manera en que los músicos eran colocados. La Biblia y el Talmud nos dan una descripción detallada de cómo los músicos interpretaban mientras ministraban el altar. Mientras hoy, los músicos muchas veces se ponen frente al publico en un gesto como si estuvieran tocando y cantando para ellos, en ese tiempo los músicos del Templo fueron apartados de la congregación, enfrentados uno del otro desde ambos lados del altar; los Levitas con sus arpas y liras se paraban en el lado este del altar (2 Crónicas 5:12), y los sacerdotes con sus trompetas, enfrente, al otro lado del altar. Mientras se realizaban los sacrificios, el sonido de su música iba en dirección a la ofrenda, así dando gloria y honor exclusivamente a Dios.(6)

Pero el músico bíblico no esta satisfecho con que su música simplemente se dirija a Dios. El también quiere asegurarse de que agrade a Dios: “Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, oh Jehová, Roca mía, y Redentor mío” (Salmos 19:14; y también Salmos 104:33-34; Romanos 12:1). Lo que podemos ver que aquí sucede es que no es concerniente a agradar o entretener a la audiencia o a uno mismo, sino un esfuerzo intencional de producir música que sea digna de aquel a quien se dirige.
Este asunto puede verificarse en numerosos atributos que caracterizan a la composición de la música en la Biblia. Con la elección de los músicos del templo, los Levitas, nos indica la importancia de su función. Fue porque los Levitas se habían distinguido por su fidelidad al momento de adoración del becerro de oro en el Monte Sinaí, que habían sido apartados para diversos servicios del templo, incluyendo la música (Éxodo 32:29).

Hacer música para el Señor requiere de habilidad (Salmos 33:3); los lideres de los diferentes conjuntos del templo eran elegidos en base a su conocimiento del arte: “Y Quenanías, jefe de los Levitas, estaba a cargo del canto; él dirigía el canto, porque era hábil.” Mientras vamos hacia atrás en el tiempo de la construcción del tabernáculo, notamos que ese requisito era una condición para cualquiera de los artesanos del tabernáculo. No solo era lleno del Espíritu de Dios, también “… llenado del Espíritu de Dios en sabiduría, en inteligencia, en conocimiento y en toda clase de arte” (Éxodo 35:31). Es interesante notar que estos pasajes (Éxodo 35:31-36:2) que hablan acerca de Bezaleel y Aholiab, los jefes de los artesanos/artistas del tabernáculo, usan la palabra “habil” 5 veces como para subrayar que, cuando lidiamos con asuntos que pertenecen a la casa de Dios, en adición del Espíritu se necesita también capacidad, habilidad y conocimiento.

En una manera similar, los jefes de los músicos del templo estaban a cargo de enseñar a otros el arte de la misma. Al hacer esto, ellos demostraban interés por la calidad de las cosas bien hechas. El talento solo no era suficiente; necesitaba ser desarrollado, pulido, y llevado a la madurez artística. 1Cronicas 25:6,7 habla acerca de los líderes que estaban bajo la “dirección” (al yad) de David, todos ellos entrenados he instruidos en la música para Dios. La música para el Señor, en orden que agrade al Señor, tenía que ser preparada y ejecutada de manera que sea “merecedora” de Él.

La Biblia no nos presenta una lista de música, ya sea “buena” o “mala”. De hecho podemos ver los mismos instrumentos (arpas y liras, por ejemplo) siendo utilizados para fines sacros, así como en ocasiones que fueron reprobadas por los profetas. De hecho, el texto no se detiene en cuestiones de dirección y propósito de hacer música, la asocia con lo hermoso y da instrucciones claras de cómo usarla. Una vez hecho este punto, y que entendamos el modelo bíblico de la música siendo ejecutada para Dios y agradable a Dios, la idea de que esta sea “buena” o “mala” queda obsoleta. El “porque” toma el lugar del “que” y el “como”. Lo mismo pasa en el nivel de búsqueda conveniente a estilos. ¿Hay alguna evidencia en cuanto al estilo de música utilizado en el templo, que haya sido intocable por las culturas aledañas? ¿Había un solo estilo de música presentado como propio en el servicio del templo?

Mientras observamos las prácticas en el templo y las comparamos con las prácticas contemporáneas en las culturas de alrededor, encontramos un modelo paralelo y similar. Notamos antes la ausencia de tamboriles en los templos judíos, pero, contrariamente, la prominencia de liras y arpas. Estos dos instrumentos de hecho, eran también parte de los templos paganos en la misma época, mientras que los tamboriles tampoco formaban parte de los lugares de adoración paganos. Esto parece indicar que había estándares generales en la instrumentación litúrgica para una región entera y/o un periodo de tiempo. Otro paralelismo entre las prácticas litúrgicas es el uso de címbalos para señalar eventos musicales, para los dos, los músicos de los templos Judíos (7) y para los músicos del culto Cananita. Este caso, de hecho, ilustra un principio clave en la Biblia que uno no debiera perder de vista. En orden de evitar el peligro del sincretismo, de los conceptos o símbolos existentes que a menudo se someten a la transformación y la reinterpretación del significado. En nuestro caso es notable que el termino tseltselism, usado para designar los címbalos en textos anteriores (2 Samuel 6:5), era tradicionalmente asociado con la orgiástica pagana del culto Cananita. Algunos textos después (1 Crónicas 13:8) los címbalos se designan con una palabra diferente, metsialtayim, probablemente para evitar cualquier connotación con las practicas paganas.(8) Lo que aprendemos de esto, entonces, es la preocupación del escritor bíblico para mantener la situación litúrgica clara de cualquier ambigüedad. Mientras notamos el uso de instrumentos y prácticas musicales similares en los dos cultos, paganos e israelitas, es puesto a cargo un cuidado en el significado y el simbolismo dado a un instrumento o una práctica cuando un contexto cambia y cuando hay peligro de sincretismo o ambigüedad en el significado. Mientras Israel usa modelos de la cultura de las naciones aledañas, se puede reinterpretar el significado de ciertos elementos de ella, sumida en la preocupación de hacer música apropiada.

La música en la Biblia no es un fenómeno estático. Observamos cambios que ocurrieron al transcurso del tiempo. Por ejemplo, la lista de los instrumentos del primer templo eran la lira, el arpa, el címbalo y la trompeta. Sin embargo, en documentos que describen el servicio del segundo templo, mencionan también la flauta y los tamboriles entre otros instrumentos. De manera similar, mientras nos movemos al Nuevo Testamento y observamos las practicas musicales de la iglesia apostólica, notamos que en adición de los géneros de música “antiguos”, los Salmos y Cantares, un “nuevo” genero fue introducido, llamado himno (Efesios 5:19). Lo que descubrimos aquí es un fenómeno muy normal que puede ser verificado una y otra vez en la historia de la música sacra: una nueva experiencia demanda una nueva expresión.(9) En este caso, la nueva experiencia fue traída por Cristo y su ministerio. De hecho, en su mensaje, al emperador Trajan (alrededor de 111 de la era común), el historiador Plinio el joven asociaba directamente el canto de himnos con Cristo: “Tenían la costumbre de reunirse determinado día antes de salir el sol, y cantar entre ellos sucesivamente un himno a Cristo, como si fuese un dios”. (10)

El “sonido de música sacra” en la Biblia viene de la connotación de ser puesta aparte. Esto puede verse en la elección de los músicos, y en la manera que la interpretaban, o de la ausencia de ciertos instrumentos en el servicio del templo. Todos estos factores transmiten la idea de que había un trabajo de proceso selectivo. También se trasluce a través de las maneras en que los textos litúrgicos eran entregados, es decir, mediante el canto y no solo en el habla, una práctica común en el mundo antiguo. Un lenguaje “especial” era necesario para trascender lo ordinario.

La música en la Biblia ciertamente es percibida como un regalo recibido de Dios que debe ser devuelto a Él con admiración, es una ofrenda placentera para Dios. No es un arte por el bien del arte, pero arte para Dios. Para un músico bíblico, el mayor logro de su arte consiste en cantar y tocar para Dios como una ofrenda de si mismo, aceptable a El. Salmos 137, relata la historia de los músicos Hebreos llevados al exilio, ilustra esta actitud en una manera muy vívida y al mismo tiempo resume la visión bíblica de la música: “Junto a los ríos de Babilonia, allí nos sentábamos, y aun llorábamos, acordándonos de Sión. Sobre los sauces en medio de ella colgamos nuestras arpas. Y los que nos habían llevado cautivos nos pedían que cantásemos, y los que nos habían desolado nos pedían alegría, diciendo: Cantadnos algunos de los cánticos de Sión. ¿Cómo cantaremos cántico de Jehová en tierra de extraños? Si me olvidare de ti, oh Jerusalén, pierda mi diestra su destreza. Mi lengua se pegue a mi paladar, si de ti no me acordare; si no enalteciere a Jerusalén como preferente asunto de mi alegría” Salmos 137:1-6.

Sabiduría Talmud

Un Rabbi judío dijo: “En nuestros días el arpa tenía 7 cuerdas, como escribió el salmista: para el día siete se te alabo. En los días del Mesías el arpa tendría 8 cuerdas como dice: “Sobre la octava” (Salmos 6:1). En los días venideros el arpa tendrá 10 cuerdas, como está escrito: “entonen alabanzas con el decacordio” (Salmos 33:2) (Pesikta Rabbati, 22.1)

Autora: Lillianne Doukhan, Ph.D. en musicología, es actualmente maestro asistente de adoración y música en la iglesia en el Seminario Teológico Adventista del Séptimo Día en Andrews University.

Traductora: Gimena Ferrando. Nacio en Mendoza, Argentina. Cantante y compositora. Tiene un ministerio musical en familia, con su esposo el pianista Pablo Ferrando (con quien lleva cantando por casi 20 años) y con sus hijas Samira y Avril, comparten su musica con un mensaje de amor y esperanza, proclamando la pronta venida del Señor, cantando en diversos conciertos y campañas evangelísticas. Actualmente es directora de un coro de Jóvenes y secretaria de Iglesia en Washington State, USA.


Fuente del artículo: "Music in the Bible", Shabbat Shalom (Otoño, 2002): 18-25.

Referencias

(1) Flavius Josephus, Antiquities 1.2.2

(2) Anne Draffkorn Kilmer, “The Cult song with music from ancient Ugarit: Another interpretation”, Realexikin der Assriologie 68 (1974): 69-82

(3) Talmud Ver. 62ª.

(4) Talmud Middoth, ch. 11, Mishnah 6

(5) Eventos al aire libre que también incluyen el tamboril (1 Crónicas 13:8) el cual nunca se encontró en el templo.

(6) Hubieron, incluso, momentos donde los músicos estaban frente a la congregación, ej. En la ocasión de la fiesta del tabernáculo, que estaba conducida por la corte de las mujeres del templo y consistían en regocijo para el la gente en general. En esa ocasión, los Levitas cantantes se paraban en la parte superior de las grandes escaleras que los conducían a la corte de las mujeres y bajaban un escalón cada vez que cantaban una de las 15 “canciones ascendentes” (Salmos 120-134); Mishma Suka 5:4

(7) Los címbalos eran considerados instrumentos ceremoniales de culto y solo los varones Levitas los usaban (1 Crónicas 16:5; 15:19, 28; 16:42; 2 Crónicas 5:12, 13; 29:25; Esdras 3:10). Compare Joachim Braun Music in ancient Israel/Palestine: Archaeological, Written, and Comparative Sources (trad. Douglas W. Stott; Grand Rapids, MI.: Eerdmans, 2002), 20

(8) Ibid., 107

(9) ej. La renovación de la música por Lutero, John Wesley, William Booth, etc., cada uno acompañado por un nuevo repertorio y un nuevo estilo de música.

(10) Letters, Book 10, Nº 96, citado en David W. Music, Himnology: A Collection of Source Readings, Studies in Liturgical Musicology (Lanham: Scarecrow, 1996), 4.

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