Reseña crítica del libro “La música rock y el cristiano”, del Dr. Samuele Bacchiocchi


Reseña crítica del libro “La música rock y el cristiano”, del Dr. Samuele Bacchiocchi 

André Reis
(Traductor Héctor González)

Nota del traductor: los números de página aquí 
reflejados corresponden a la edición original en inglés. 
La versión hispana tiene una distinta numeración. 

El libro “La música rock y el cristiano” fue publicado en el año 2000 por Samuele Bacchiocchi, historiador adventista famoso por sus libros en defensa del sábado. Por haber sido un libro “casero” publicado por la editora personal de Bacchiocchi (Biblical Perspectives) fue un éxito de ventas. La influencia en Sudamérica fue igualmente distintiva.



El libro fue escrito por Bacchiocchi y otros 6 autores. Bacchiocchi escribió los 7 primeros capítulos donde intenta, de forma forzada, extraer principios bíblicos para la música. Los otros 7 capítulos son de otros autores.

En la página 22 él dice: 
Cuando la iglesia perdió su poder y la sociedad se secularizó, la noción de que las artes estéticas no están sujetas a la responsabilidad moral continuó.
Es sorprendente porque Bacchiocchi, que ha dedicado su vida a desenmascarar los abusos del papado, ahora parece hablar con nostalgia de los días en que la Iglesia Católica dominaba las artes.

Se debe aclarar aquí que las opiniones de Bacchiocchi sobre la música y otros asuntos (como modestia cristiana, etc.) no representan la visión de la Iglesia Adventista como organización. Sus libros no eran publicados por la Review and Herald o la Pacific Press, eran publicados por él mismo, por iniciativa propia, lo que hace más difícil alcanzar el equilibrio de un libro editado y criticado por “peer review” (crítica entre pares, Nota del editor), por ejemplo.

Por otra parte, un libro que critica de forma extensa el libro de Bacchiocchi sí fue publicado por la Review and Herald, publicadora adventista oficial. El libro A Sensible Look at Christian Music (Nota del traductor: Una visión razonable a la música cristiana – no traducido al castellano) por Ed Christian, profesor de teología.

Eiségesis

Desafortunadamente, el libro “La música rock y el cristiano” fue un infeliz intento de trazar principios bíblicos para la música sacra. ¡Tuvo el mismo éxito de alguien que se propone a escribir un libro de recetas culinarias bíblicas! En lugar de acercarse al asunto con la mente abierta, Bacchiocchi trajo a la Biblia su propia opinión ya formada, es decir, de que solamente la música clásica o tradicional es aceptable en la Iglesia y por eso él ataca al texto bíblico y practica la “eiségesis” (imponer al texto) y no “exégesis” (extraer del texto). Él buscó en la Biblia razones para justificar a sus gustos personales (y de los otros autores del libro).

Esta es una práctica típica de quien no quiere aceptar verdades bíblicas claras porque hieren sus gustos personales. Un ejemplo es su declaración de que el Salmo 150 es simplemente un Salmo poético, figurado y no presenta elementos literales. ¿Por qué? El problema está en los instrumentos que el texto permite que se usen en la adoración: instrumentos de cuerda, de viento y percusión. Bacchiocchi parece no querer aceptar que panderos y címbalos estén en la música de adoración, luego él los destierra al mundo de lo no literal, abstracto y fantasioso.

Aún más inaceptable para Bacchiocchi es el versículo 4 donde el Salmista dice: “Alabadle con pandero y danza; alabadle con cuerdas y flautas”. Él basa su opinión en contra la danza en la palabra machol. Él quiere inferir que el “danzar” aquí era en realidad un instrumento de viento, siendo esa una posición insostenible para los eruditos en hebreo, una vez que todas las traducciones respetables del Antiguo Testamento traducen con la palabra “danza”. Ese vocablo sigue siendo usado hoy como “danza” por los judíos en canciones y existen grupos de danza judía, principalmente judíos mesiánicos, que usan machol. Por ejemplo, el Machol Dance Ministry (http://curtis.loftinnc.com/).

Falacias retóricas

El libro está lleno de falacias lógicas. Una investigación concisa sobre ese problema se encuentra aquí.

Básicamente, las falacias retoricas consisten en usar varias técnicas de análisis que enmascaran el núcleo real de la cuestión y desvían la atención del lector a través de analogías falsas, non sequitur (una cosa no tiene nada que ver con la otra), evidencias analizadas de forma tendenciosa, verdades a medias, generalizaciones apresuradas, dogmatismo y falsa autoridad, entre otras. Tales técnicas son comunes entre los abogados criminalistas que intentan llevar al jurado a tomar una decisión impensada que les favorezca. En el caso de Bacchiocchi, ellas llevan al lector a considerar lo que se está diciendo como verdad absoluta, incontestable.

Él escribe:
Los oyentes del rock religioso nunca serán humillados por la majestad de Dios, ni se convencerán de las demandas morales de Dios en sus vidas” (p. 28). Y en la página 97 dice: “Si la iglesia utiliza un tipo de música rock, que es asociada con el sexo, las drogas, el satanismo, la violencia y el rechazo de la fe cristiana, obviamente no es capaz de desafiar al joven para elevarse a las pretensiones morales del Evangelio”.
¿Según quién? Lo que quiere decir es que el que oye música cristiana contemporánea, en otras palabras, no se salvará. Viniendo de Bacchiocchi, que ha luchado contra los abusos de la Iglesia Católica en todos sus años de academicismo, eso es sorprendente. Súbitamente él parece hacerse un cura y piensa que tiene las llaves del cielo y del infierno, o que solamente los que hacen parte de su selecto grupo de audiófilos son los que se salvarán. ¡Es un disparate teológico de los grandes!

Yo soy formado en música erudita, del tipo que a Bacchiocchi le agrada, pero también hago parte y ya he dirigido grupos contemporáneos de alabanza que usan batería, bajo y guitarra eléctrica y puedo decir que he sentido a Dios actuando en todas las veces que tocamos y cantamos esas músicas que Bacchiocchi dice llevar las personas al infierno. La majestad de Dios es sentida y vivida por las personas que sí escuchan esas músicas, quizás más que aquellos que consideran a su música como un elemento de aceptación ante Dios. No solamente su majestad, sino su amor, su interés personal por cada uno, su exigencia moral. Para alguien que nunca ha experimentado un culto contemporáneo o que no conoce la vida de los músicos, intentar considerar la experiencia como falsa es querer hacerse Dios (Mateo 7:1-2).

Culpa por asociación

En la página 50, Bacchiocchi escribe: 
La música solemne, inspiradora de temor de la iglesia primitiva, estaba manejada por una visión elevada de Dios. El evitar las asociaciones seculares que los instrumentos musicales pudiesen traer es particularmente relevante para el debate actual sobre el uso de la música y los instrumentos asociados con la escena rock. La lección a aprender del testimonio de la iglesia primitiva es que el culto de adoración de un Dios santo, majestuoso, pide música sagrada que evite asociaciones seculares.
Una implicación lógica de esa idea es de la que necesitamos prohibir el piano y el órgano en la iglesia, porque son instrumentos básicos para el Rock, Jazz y Blues y tienen asociaciones seculares obvias. Sin embargo, el autor parece no sorprenderse con tales instrumentos porque ellos tocan la música que a él le gusta.

En primer lugar, la iglesia primitiva no es modelo para la iglesia moderna. ¿Te acuerdas de la inquisición y de las indulgencias? Los Papas tramaban exterminar a los “herejes” con el sonido de coros de canto gregoriano. Bacchiocchi parece sacar lecciones de la historia que sirven para su argumento mientras ignora otras implicaciones. Por sus asociaciones, el canto gregoriano que él parece alabar debería ser prohibido como música diabólica. (Personalmente me encanta al canto gregoriano por sus calidades contemplativas y relajantes. Pero no es la música "del cielo").

Bacchiocchi también se contradice cuando aprecia el canto gregoriano (unísono, a capella) como buena música y después dice que la buena música consiste en equilibrio entre “melodía, armonía y ritmo”. Bien, el canto gregoriano no tenía armonía, es unísono y, por su raciocinio, no era buena música. Aquí se observa la debilidad de las premisas de sus conceptos musicales.

En la página 84 escribe: 
¿Puede la música rock, que en la década de 1960 rechazó el cristianismo, glorificó la perversión sexual y promovió drogas que reclamaron las vidas de algunos de sus héroes, ser transformada legítimamente en un medio adecuado para adorar a Dios y proclamar el mensaje del Evangelio? Al contestar esta pregunta, es importante recordar que el medio afecta el mensaje. Si el medio está asociado con el rechazo del Cristianismo, la perversión sexual, y las drogas, no puede ser legítimamente utilizado para comunicar las demandas morales del Evangelio.
Lo que él dice es que los medios contaminados por su uso en fines mundanos no pueden ser relacionados con la predicación del Evangelio. En tal caso, ¿qué decir de la TV, la radio, la internet, revistas y libros? Todos estos medios están relacionados con el rechazo del cristianismo, con la perversión sexual, drogas y violencia y ni así vamos a cerrar la TV Nuevo Tiempo debido a su “asociación” con la TV secular! Observen que él no ha dicho el estilo, pero el propio medio es descalificado.

Uno de los himno más cantados en el Himnario Adventista en portugués es el 557, “Grandes cosas muy gloriosas” (423 del SDA Hymnal en inglés; este himno no consta en el Himnario Adventista en castellano). La música de ese himno es la del himno nacional alemán. ¿Sería correcto cantar este himno si su música (su medio) fue usada para promover el nazismo? De acuerdo con la lógica de Bacchiocchi no, sin embargo, el himno sigue siendo cantado en nuestras iglesias. La asociación aquí no parece ser tan problemática para los tradicionalistas. [Después de la II Guerra Mundial, en 1952 fueron retiradas la primera estrofa “Deutschland, Deutschland über alles” (Alemania, Alemania por encima de todo).]

El próximo himno a excluirse de acuerdo con la lógica Bacchiocchiana es “No sé por qué” (Himnario Adventista 117), basado en la música secular irlandesa “Londonderry Air” que tenía letras puramente “mundanas” como dice Bacchiocchi. Actualmente es cantada en bares y para entretenimiento con la letra de “Oh Danny Boy”.

Otro argumento fallido que ya había sido usado en la década de los 70 y 80 es decir que el Rock es del diablo porque él invierte la estructura natural de la música y enfatiza el segundo y el cuarto tiempo del compás. Por alguna razón, para el que no conoce música, eso parece recurrir como otro argumento desesperado para controlar el comportamiento de los otros. Ya he perdido la cuenta de cuantas veces he visto personas usando este argumento para condenar el Rock.

Bacchiocchi dice: 
En la música rock y en formas similares, el modelo de acentuación es al revés, por lo que el golpe [la traducción correcta sería tiempo del compas] dos y cuatro son acentuados en vez del uno y tres como se muestra en la medida que sigue: uno, DOS, tres, CUATRO. Al poner al revés el orden, el rock hace del ritmo la parte más importante del sonido y crea un conflicto con los ciclos rítmicos naturales del cuerpo. Este efecto, conocido como "golpe en retroceso" o "golpe de quiebre", causa tensión nerviosa (alta) pues va en contra del ritmo de los latidos del corazón y otros ritmos del cuerpo (p. 251).
¿Según quién? No hay un orden a ser invertido, su razonamiento es absurdo. Además, no hay ningún ritmo natural del cuerpo que sea 6/8, 4/4 o 3/4 etc. Si lo hubiese, tendríamos que descubrir cuál es ese ritmo y usar solamente músicas en tal compás, ¡con cuidado para que no nos desviáramos de él con riesgo de paros cardiacos o derrames cerebrales! Además, no existe ninguna regla musical que diga que ciertos tiempos del compás son más deseables que otros. La batería simplemente enfatiza tiempos del compás que hacen parte de la estructura natural de la música, con ocasionales síncopas.

Para mostrar aún más como Bacchiocchi elige argumentos por conveniencia, existen himnos del himnario adventista que tienen exactamente ese énfasis en “tiempos contaminados” (ritmo anapéstico) del Rock!

(Nota del traductor: los ejemplos corresponden al Himnario Adventista en portugués. El himno 400 “Castillo fuerte es nuestro Dios” que a pesar de que en ambos himnarios están en compás 4/4, en la edición en castellano fue alterado para que el tiempo fuerte del compás sea, gráficamente, el primero y el tercero. En ambos casos, el resultado musical es el mismo). 

¿Qué hacemos? ¿No podemos cantar más himnos que tienen el ritmo anapéstico del Rock? Pues parece que Bacchiocchi piensa que sí. (Ese es un asunto tan complejo que aún los grandes músicos como Chopin discutían en que compás estaba determinada pieza musical).

Himnos rítmicos son comunes, tales como “Contemplé la gloria” (HA 178; himno de la batalla americano) y “Cuando suene la trompeta” (HA 169) donde el ritmo marca bastante a la melodía. (Es posible que la comisión que ha preparado el himnario haya atenuado el ritmo de estos himnos para que se hiciesen más “cantables”).

Bacchiocchi igualmente entra en el asunto de las mujeres en el culto, y su tesis es que la música de las mujeres estaba asociada al entretenimiento y por esa razón ellas no participaban del servicio del templo. Él parece ignorar el hecho de que María, la profetisa, enseñó al pueblo de Israel a alabar a Dios cuando salieron del Mar Rojo, la canción de Débora (Jueces 5) y la de María (Lucas 1: 46-55). En ningún lugar de la Biblia leemos que la música de las mujeres estaba relacionada al entretenimiento porque ellas usaban percusión, como María la profetisa. Él basa su tesis en el silencio de la Biblia y, sin variación, lo lleva a la especulación.

Los capítulos de Calvin J son particularmente problemáticos. Calvin es profesor de música erudita y escribió diversos libros sobre música sacra. Él parece haber transferido su visión de apreciación musical erudita a la iglesia, lo que fue extremadamente infeliz. Esta revisión no permite discutir lo cuán equivocadas son sus ideas sobre música sacra porque deberíamos ir línea por línea desenmascarando conceptos elitistas y con prejuicios. Es necesario un segundo artículo.

Solamente digo por el momento que Calvin J exige que la música para la adoración sea de un escalón tan elevado, tan perfecto, siguiendo reglas impecables que él mismo ha inventado sobre creatividad y arte y solamente del estilo clásico (“música seria” o “buena música”) que sus conceptos descartan por completo la música ofrecida por los simples mortales que cantan y tocan en iglesias de todo el mundo. Sus ideas de excelencia exigen que solamente los mejores músicos profesionales participen de la música ofrecida en la iglesia y que toquen solamente música erudita. Para él la música salva, no es Jesús el que salva sino Mozart, Beethoven y Bach.

Conclusión

Lo más triste de haber leído las ideas de Bacchiocchi fue recordar que por muchos años me he dejado llevar por ese tipo de argumentación cuando aún era adolescente. Solamente después de haber experimentado la adoración real que ocurre en los medios musicales contemporáneos es que fui llevado a rehusar como falso el concepto de que Dios no se puede expresar por medio de la música cristiana contemporánea. Y voy más allá, para muchas personas, ese es el único medio que Dios usa para alcanzarlos, para sorpresa de Bacchiocchi y de sus seguidores.

Bacchiocchi, por no tener ninguna experiencia como músico, bebió en las mismas fuentes que provocaron división y malentendidos en la iglesia en los años 70 y 80. ¿Se acuerdan de las Sociedades de Jóvenes donde se invertían los LP para demostrar el satanismo detrás de la música rock? Sus argumentaciones son de la misma línea, infundados y exagerados como he demostrado. Hay un deseo evidente por él y por los otros autores del libro de controlar una aparente conspiración satánica en la música sacra y ellos están dispuestos a usar verdades a medias, lecturas limitadas de la revelación y hechos distorsionados para alcanzar ese objetivo.

Sin embargo, él está en lo correcto cuando dice que la música rock mundana es un obstáculo para el crecimiento espiritual. Sus letras carecen de principios espirituales y exaltan las pasiones humanas ateas y deprimentes. Pero eso no se aplica a la música cristiana contemporánea porque su objetivo es predicar el Evangelio, usando un lenguaje musical contemporáneo y relevante a la cultura post moderna. Cuando intenta tirar las dos músicas en la misma bolsa, él peca en muchos aspectos.

El resultado de los conceptos distorsionados del libro “La música rock y el cristiano” desafortunadamente es traer más división a una iglesia que necesita estar unida para adorar a Dios “en espíritu y verdad”. Las divergencias sobre la música son simplemente diferencias de gustos y cualquier teólogo que desee alimentar aún más la fogata produciendo trabajos superficiales y tendenciosos está presentando un mal servicio a la causa de Dios.

Le invito hoy a alabar a Dios con la música que más toca a su corazón y le pone cerca de Dios, sea ella tradicional o contemporánea.

"Todo ser que respira alaba al Señor!"

Autor: André Reis, Formado en teología, trabajó por tres años como asistente de investigación en el Centro White y colaborador en el Centro da Memória Adventista. Cursó una maestría en Divinidades y una maestría en Música en la Longy School of Music en Boston, EE.UU. Actualmente está realizando un doctorado en Nuevo Testamento. Vive en Florida, EE.UU. junto a su esposa Francini y sus tres hijas: Pamela, Chloe y McKayla.

Traductor: Héctor Gonzalez, nacido en Brasil, médico especialista en cardiología, músico y compositor. Actualmente vive en España donde ejerce como médico.

3 comentarios:

  1. Extraordinario, articulo libre de prejuicios y provee una base solida, libre para adorar a Dios, de acuerdo al gusto musical particular. Por otro lado en mi adolescencia guste del rock mundano, aun tengo amigos sincero que gustan de este género,e incluso otros que lo interpretan (y hay que ser hábil y virtuoso para ello); el principio que aplico es NO JUZGARLOS Y TOLERARLOS.. si Jesús viniera hoy, estoy convencido haría lo mismo. Concedo que sus letras en su mayoría trata sobre lo que el autor propone, pero otras son complejas y abstractas, de corte social, político, aun el rechazo a las formas de la religión impositiva de los padres... es un grito de protesta y libertad.

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  2. La música en sí no es buena o mala, son las intensiones de quienes interpretan, lo que se debiera percibir, a quién dirige su mensaje: es una alabanza a Dios, es vanagloria humana o dan crédito a pactos ocultos.
    Que si se usa batería, guitarra eléctrica, etc. no hacen a la expresión de adoración al Señor, ya que solo son instrumentos que exteriorizan los afectos. Sea cual fuera el instrumento todos terminan conectados a una red eléctrica, la misma que uso en casa, en la iglesia, o en un burdel. Los instrumentos musicales son solo instrumento que ayudan a exteriorizar el estado emotivo del corazón, encadenando melodías que pergeña la mente.
    Deuteronomio 10:21
    Él es el motivo de tu alabanza; él es tu Dios, el que hizo en tu favor las grandes y maravillosas hazañas que tú mismo presenciaste.

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