Zapatos en su caja


Zapatos en su caja
Samuel Rodríguez Berumen

Nota del editor (Miguel Ángel Núñez): La ironía fue usada con maestría por Jesús. Usarla es un reto, para expresar con el propósito de conseguir una reacción inteligente. Samuel lo logra, al menos, nos obliga a mirar una realidad que a veces en medio de tantas discusiones olvidamos.

***


He tenido una preocupación por mucho tiempo y no la aguanto más. Me retuerzo en mi cama pensando en ello y no logro sacármela de la cabeza. Permítanme explicarles: El enemigo se está metiendo en la iglesia. Y tiene ya rato, eh.

¿Que cómo lo sé? Fácil, entró a la iglesia y veo señales preocupantes. En los cultos, me he dado a la tarea de examinar detalladamente a cada persona que asiste. Admito que eso me distrae un poco de poner atención al mensaje… está bien, lo confieso, para cuando termino de examinarlos ya va como a la mitad el sermón y ya tengo que prepararme para chequearlos a la salida… pero es que alguien tiene que ser guardián contra la contaminación en la iglesia.

Por cierto, cada vez me satisfacen menos las predicaciones. Ya no se habla como antaño así, con mano dura para decirle a la gente lo que no debe hacer. Me enfada tanto que se habla sobre “el amor de Dios” y “el perdón” y “la gracia”. Eso es gracia barata. ¿Y las reglas? La vida cristiana consiste en seguir a pie juntillas cada regla ¿cómo puede pasar un sermón sin que se hable de ellas?

Así que he hecho de eso mi ministerio. Cada vez que tengo oportunidad, cuando me invitan, y cuando no me invitan también, le hablo a quien esté cerca de mí de la supremacía de las reglas. Algunos jóvenes, cuando me he acercado a reconvenirlos, se van de la iglesia. Pero bueno, así de mal andarán, les falta estar en verdad cimentados en su fe. Si se van, allá ellos, un pecador menos que contamine a la hermandad.

Yo soy joven, no crean que soy viejo, pero aprendí muy bien del legado que tenemos. Todos sabemos que las reglas son como una cajita que nos resguarda, y mientras más estrecha, mejor, así nada se mueve.

Es que el Señor viene a buscar a su novia, la iglesia. Y ella tiene que ser per-fec-ta. Nada menos. Ahora, yo he encontrado tanta cosa que no está como debe ser y tanta gente que no llega al nivel de santidad que algunos ya hemos conseguido. Así el Señor no va a venir nunca.

Por eso, hoy emprendo una cruzada en favor de lo correcto y busco gente que concuerde conmigo en estos temas esenciales. Ya he notado que hay muchos con la misma inquietud que yo. Claro, también me he topado con miembros de iglesia que no tienen la misma opinión, pero son un grupúsculo incómodos que pretenden que esos temas tienen que discutirse. Pobres, no entienden que así traen división a la iglesia y que todos deberían llegar a las conclusiones a las que yo y los míos hemos llegado.

Así que dedicaré mis energías a ir de iglesia en iglesia con un seminario para enseñar a otros las reglas requeridas. Hay que recorrer mar y tierra para hacer un prosélito y una vez hecho esto, volverlo el doble de estricto. Tal vez hasta reparta discos y videos, que serán un éxito y me traerán el reconocimiento debido a un paladín de la verdad.

Para ello, como son muchos los temas en que hay que corregir a los más pequeñitos, yo ya escogí mi nicho: Los zapatos.

¿Alguien que me ayude a encontrar en la Biblia instrucciones específicas sobre el color de zapatos correcto para un cristiano? Ya he limitado las opciones a negros y cafés. Pero necesito avanzar a algo superior y saber con certeza cuál de los dos colores es el más correcto para usar.

También debería quedar prohibido usar zapatos abiertos. Eso sólo favorece la sensualidad, especialmente en las mujeres. Ah ¿Que ya alguien vio fotos en que yo aparezco descalzo? Bueno, es que yo sí tengo un corazón moldeado a imagen de Dios, mi experiencia espiritual no es la que está en discusión y más vale que nadie se atreva a cuestionarme sobre ella. Pero los demás, bueno, quién sabe qué espiritualidad tengan, así que por las dudas, mejor prohibirles andar con los pies expuestos. Vayan ustedes a saber qué turbios pensamientos manifiestan al andar descalzos en su casa o usar zapatos de colores en el templo. Para esa actitud no puede haber otra explicación sino que quieren promover la rebeldía en la iglesia.

Necesitamos reglas estrictas que indiquen que sólo se puede usar zapatos cerrados negros o cafés. Y agradezcan que dé la opción de usar uno de los dos. Si yo no fuera tolerante, diría que sólo negros. Porque luego uno acepta cafés y cada persona trae su propio tono de café. Y hablo del color, porque la bebida cualquier auténtico adventista nunca debió ensuciar sus labios siquiera tocándola. Yo no juzgo, no más digo.

No se dan cuenta que es indispensable la perfección y mientras haya tanto desorden en la iglesia, el Señor no podrá venir. Así que para apresurar su venida, necesitamos meter en regla a todos esos que proponen que se puede usar zapatos de cualquier color. No puede ser así, la Biblia dice que Dios es un Dios de orden, así que no está bien que haya todo ese caos de colores.

Ah claro, ahí están quienes dicen que Dios creó una variedad de colores. No me cabe duda de que quienes los usan son anarquistas que quieren acabar con todas las reglas y están en contra de los 10 mandamientos. O son unos sentimentalistas cursis por quienes no siento respeto y sólo puedo hacer mofa de ellos.

Pensándolo bien, no estoy tan seguro de que Dios haya creado tantos colores… hay colores que sólo pueden ser invención del diablo y nunca deberían ser usados por un cristiano, mucho menos permitírseles la entrada en el templo.

Si acaso el Señor sí los hizo, no comprendo por qué creó tal variedad. Sólo causó confusión así. Yo habría hecho un trabajo mejor. Un mundo donde quede indiscutiblemente claro que lo blanco es blanco y lo negro es negro.

Ah, cómo añoro aquellos tiempos en que el folleto de escuela sabática para niños era impreso en blanco y negro. Esas sí eran lecciones, no el libertinaje que existe ahora. Y el manual de iglesia ¡Ah cómo lo han diluido! ¡No sentencia a las mujeres por usar pantalones! ¡Y tampoco dice nada de esos hombres de las islas del Pacífico que usan faldas! Entiendo que han hecho modificaciones en las creencias, como aquello de la trinidad o que ahora le añadieron una a las 27 que había. Supongo que debo investigar la versión original del manual, seguro hay una de allá por 1850. ¿Que en aquel tiempo ni siquiera eran adventistas del séptimo día y no guardaban el sábado? Bueno, ¡qué se puede esperar si eran la mayoría unos jovencitos de menos de 30 años! Quizás entonces algún credo de 1865 ¿Cómo? ¿Que en aquel tiempo muchos de ellos comían carne de cerdo y usaban tabaco? ¡No es posible! ¿Y cómo es eso de que los adventistas nunca hemos tenido un credo ni dogmas? ¡Si en esta iglesia siempre hemos tenido todo lo correcto y puro! Bueno, al menos me queda el consuelo de que lo que diga mi pastor favorito sí es verdad incuestionable. En sus palabras he hallado suficiente como para no tener que escuchar ni leer nada más.

Pero estoy seguro que en la Biblia y en los escritos proféticos recientes hay cientos de citas que dejarán en claro este tema tan relevante. Y si la iglesia no tiene un dogma sobre esto, pues ya va siendo hora de que lo tenga.

Definitivamente tengo que orar. Sólo la oración podrá cambiar el corazón de los testarudos rebeldes. "Gracias, Señor, porque no soy como estos publi… digo, como esos evangélicos que andan brincando tan alegres, ni como algunos de mis hermanos que se llaman a ellos mismos adventistas, pero que no comprenden que un cristiano verdadero se distingue por su seriedad y solemnidad".

¿Saben? Admito que mucho de mi preocupación tiene que ver con que me siento inseguro de lo que necesito para conseguir mi salvación. En algún lado tiene que haber una lista precisa de cosas que hacer y yo sufro por tenerla y seguirla. Y como buen cristiano, sabiendo que otros también han de sufrir igual que yo, la respuesta, obvio, tiene que ser que alguien… yo… les diga lo que deben hacer, así como a mí me ha hecho falta que alguien me lo diga.

Me urge que alguien me ayude a construir mi cajita de reglas estrictas sobre los zapatos. Y que me ayude a meter a los demás en ella, porque hay mucho desorden.

Bueno, tal vez ese libro que vi por ahí, “Guía del fariseo para la santidad perfecta”, sí tenga la explicación que necesito.

O quizás pueda hallar ayuda en lo que dijo Jesús en los evangelios. El sí supo poner en su lugar a las personas.

En fin, mejor me voy a escuchar ese disco sobre música hebrea del siglo I que me obsequió un investigador. Aunque sospecho que me va a decepcionar, porque no suena como la música adventista de mis tiempos.

Samuel Rodríguez Berumen, es un joven de México, adventista de tercera generación. Ha sido director de escuela sabática, conjunto coral, una federación de jóvenes y una iglesia para sordos. Se considera a sí mismos "el menos dotado" de los hijos de Dios. Es especialista en sistemas computacionales y se dedica a educación y atención de las capacidades diferentes.

3 comentarios:

  1. Cuanta verdad en este desarrollo!!. Es maravilloso como se expresa sabiamente, con precisión y al punto lo que destruye el "verdadero amor", "la fe" y la "esperanza". Un espejo no nos retrataría institucionalmente tan acabadamente como lo haces Samuel. Gracias por compartir y atreverse a escribir claramente lo que tan sutilmente nos está destruyendo y alejando de lo esencialmente valioso. Dios te bendiga y siga dándote este maravilloso talento de "escribir con ironía" lo que es muy difícil de decir de otro modo. Realmente nos llevas a una profunda reflexión!!... Gracias. Gracias...!!!

    Cristina Sayat

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  2. Cuan cierto es, que estamos constantemente mirando lo que debemos hacer correctamente a los ojos de los otros, pero no pensamos en actuar correctamente por amor a Dios. Me llego este articulo. Muy bueno.

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