Jesús limpia el templo


Jesús limpia el templo

Juan Francisco Altamirano
A tono de reavivamiento y reforma

“Los reavivamientos y reformas de la iglesia,
han surgido de tomar conciencia que Jesucristo ha sido olvidado
o subestimado por la misma iglesia que lleva su nombre” (James Moffat).

De honestidad líder, con clara voz irresistible, y sin las ínfulas de dioses biliosos, ha regresado Jesús al dominio de un látigo en su mano. El objeto parece “una flamígera espada”,(1) pero su “rostro expresaba su amor y simpatía”.(2) Es su mano sanadora hecha un bisturí de amor. Mano que limpia cuando poda, o corta nuestras intenciones de podar los servicios de la suya.(3) Mano amiga del servicio, nunca servil de las manos que le sirven. Se alza ella sincera, solemne, y fina. Es su diestra que erradica la infame lepra cuando acaricia dulce al confinado leproso.(4) Precisa, benigna, para nada inclemente. Recta, justa, para nada de trapo. No es la mano víctima del látigo, es ella que asume dueña sin invadir los límites de la conciencia. Sin la demencia religiosa que se guía por voces justicieras. Mano artesana aún, sin la ira infectada bajo la piedad de teatro. Crea zumbidos contra verdugos moralistas, rigurosos de ceremonias, traficantes de la gracia, ocultadores del amor de Dios.(5) Lo suyo no es odio, es su amor consumidor.



Es él. Seguro, jamás intimidante. Sin sueños de verse jefe. Sin sed de levantarse imagen. Amante indignado, sin el veneno de la amargura; “Dios celoso”,(6) sin el narcótico del egoísmo. Sin esa ira religiosa sedienta de apedreamiento. Sobrio, manso, y resuelto. Es Dios encarnado. El juicio en la mano de Jesús cae sobre el nudo de dos manos empuñadas en oración,(7) cuyo dueño, “casi tan pronto como se levantaba de sus rodillas, comenzaba a regañar a sus hijos”,(8) convencido de que eran ellos, y no él, quienes necesitaban “una resurrección de una cercana muerte espiritual”.(9) Para este, la reforma es corregir a los suyos, para el Nazareno no; él “empezó la obra de reforma poniéndose en una relación de estrecha simpatía con la humanidad”.(10)

A su alrededor tiembla el orador vociferante de culpa falsa a los despersonalizados por la religión, y huye avaro el predicador latifundista que transa viáticos por misiones. Jesús nos desnuda por dentro sin festejar al sabernos sin vergüenza, y sin avergonzarse de llamarnos hermanos.(11)

Tal como es él, ha regresado íntimo. Pasó y escuchó los motivos que no se oyen en las canciones vendidas a su Nombre. Su mirada recorre detrás de poses y sonrisas congeladas para las redes sociales.(12) Jesús ha llegado a donde toma lugar la adoración, donde es imposible disimular los doblajes del corazón. Él sorprende los trazos de Caín en el entrelineado de “argumentos doctrinales”.(13) En la arena mental se empuña el golpe del juicio, sutil o no, contra quienes, según nuestra percepción, dejan entrar la cultura del mundo en la adoración.(14) Y así, mi Caín, entrena ese músculo de ensañarse a muerte contra quien no quiera “seguir su ejemplo”.(15) Entonces entendí que anidaba en mí, el ADN pontificio, porque, siempre que postro mi mente en culto a mis propias ideas de Dios, y por defenderlas exudaría azufre, mis imágenes mentales son mi verdadero dios. En este recinto Jesús estorba; allí sus ojos descubren los esfuerzos para que Dios odie a las mismas personas que yo odio.(16) Frente a Jesús supe que amaba a Dios tanto como amo a quienes menos amo. Él desvela esa inseguridad de crear prohibiciones para estorbar a quienes no le sirvan a Dios, “conforme a nuestras ideas”.(17)

Jesús ha llegado hasta el clóset… su manto de justicia lo he suplantado,(18) y látigo en mano avienta mis mantos de púrpura; con ellos he andado atrincherado en un corazón de acero, “buscando manchas y faltas en otros… algo que censurar… más cerrado en [las] ideas”,(19) es decir, andaba “en las mismas huellas del romanismo”.(20)

Él, con “ojos que resplandecen como llamas de fuego”,(21) descubre a mis propios Nadab y Abiú, a cargo de mis sentidos entorpecidos. Ahí estaba otra de mis versiones. Embriagado yo con mi autosuficiencia, dispuesto a pisotear el respeto de quienes difieran con sus opiniones de las mías. “La consideración por la tradición y el formalismo” ha sido capaz de destruir “toda verdadera libertad de pensamiento…”.(22) Intoxicado de la soberbia de quien muere aferrado al manual de los rituales, luzco dispuesto a descalificar a quien sea, “con el empleo de palabras rudas”, convencido que mi celo religioso aprueba mi “fuego extraño”,(23) dándole yo a esto el estatus de “un servicio santo para Dios”.(24) Un servicio sin Dios, al fin y al cabo, capaz de enfurecerme sicario de quien no acepte vivir con su conciencia a mi dominio. “Es el espíritu que a través de las edades ha levantado la estaca y encendido la hoguera para los discípulos de Cristo”.(25) Lo sorprendente —para mí— es que era yo. El mal religioso es así. Inocula el engaño de auto profesarse culto. ¿Espíritu del anticristo? Yo lo he venido padeciendo. No existe nada más peligroso que un religioso que se crea bueno. Y nada más insoportable que uno lea esto y sospeche de otro. Un día le dije a mi hermano que me había cansado de ser bueno. Era mi boca que hablaba con la abundancia del corazón. Yo no bromeaba. Días después escribía:

“Profanidad tan piadosa ésta, que yo sepa ahora lo que a tus narices mi religiosidad apesta. Y saca con tu fuerza de Santo Carpintero, los abrazos repartidos a cambio de bolsear a todos alguna moneda de afecto. Avienta hasta los saludos por billetes de amenes, y cuelga las llamadas por cheques de atenciones.

Perdóname por usufructuar relaciones y condicionar amores. Y espanta hasta la muerte, te lo ruego, con el zumbido recio de tus músculos bien tallados, los símbolos exaltados de mis propias mezquindades. ¿Y a las mezquindades? Niégales todo hálito, hasta el extremo de la agonía, y ahógalas enérgico y divino, sin los atisbos de tu paciencia compasiva”.


El autor es escritor y reside en el Estado de Washington, desde donde escribe y colabora como uno de los administradores de HimnovaSión. Actualmente ejerce como pastor en la Conferencia de Oregon. Sus escritos pueden ser leídos en www.jesusvistopordentro.com, y él puede ser contactado a través de aplantar@gmail.com, o seguido en Twitter: @Jesusvpdentro. 


Referencias

(1) Elena G. de White, El deseado de todas las gentes (Miami: APIA, 1955), 132.

(2) Ibid., 134.

(3) Juan 15:2, dice: “El corta de mí toda rama que no produce fruto y poda las ramas que sí dan frutos, para que den aún más” (NTV).

(4) Se cuenta que una señora, impresionada por ver a la Madre Teresa bañar a un leproso, le dijo: “Yo no bañaría a un leproso ni por un millón de dólares”, a lo que la religiosa contestó: “Yo tampoco, porque a un leproso solo se le puede bañar por amor”.

(5) “Con mirada escrutadora, Cristo abarcó la escena que se extendía delante de él mientras estaba de pie sobre las gradas del atrio del templo. Con mirada profética, vio lo futuro, abarcando no solo años, sino siglos y edades. Vio cómo el amor de Dios sería ocultado de los pecadores, y los hombres traficarían con su gracia”, White, El deseado de todas las gentes, 131.

(6) Deuteronomio 4:24. Dios toma en serio amarnos. Eso explica que sea “Dios celoso”. A él le importa nuestro amor con él. Él defiende el amor que le hemos correspondido. Los celos son pecaminosos cuando se pretende propiedad de lo que no le pertenece. Dios es celoso porque nuestro amor le pertenece.

(7) Aunque “solo en respuesta a la oración debe esperarse un reavivamiento”, Elena G. de White, Eventos de los últimos días (Miami: APIA, 1992), 193.

(8) “Pero debemos vivir en armonía con nuestras oraciones. No tienen valor si caminamos en dirección opuesta a ellas. He visto a un padre que, después de leer un pasaje de las Escrituras y orar, con frecuencia, casi tan pronto como se levantaba de sus rodillas, comenzaba a regañar a sus hijos”, Elena G. de White, La oración (Miami: APIA, 2006), 51.

(9) Es la definición para reavivamiento, de Randy Maxwell, Danos tu gloria (Nampa, Idaho: Pacific Press, 2000), 40.

(10) White, El deseado de todas las gentes, 124.

(11) Hebreos 2:11.

(12) Según un nuevo informe de la Academia Americana de Abogados Matrimonialistas, la red social Facebook, “es citada entre la causa de divorcio en uno de cada cinco casos”, (http://blogs.lainformacion.com/con-noticias-de-facebook/2011/01/24/facebook-provoca-uno-de-cada-cinco-divorcios-en-eeuu/).

(13) “En el ministerio de la palabra se necesitan más lecciones acerca de la verdadera conversión que argumentos doctrinales, porque es mucho más fácil y más natural, para el corazón que no está bajo el control del Espíritu de Cristo, elegir asuntos doctrinales que prácticos. Se pronuncian muchos discursos carentes de Cristo que no son más aceptables ante Dios que la ofrenda de Caín. No están en armonía con el Padre”, Elena G. de White, Testimonios acerca de conducta sexual, adulterio, y divorcio (Buenos Aires: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1993), 220.

(14) Mark Driscoll, pastor titular de Mars Hill Church en Seattle, Estado de Washington, EE.UU., en su sermón titulado, “Emerging Church”, abordó el asunto de la cultura y la iglesia, y esto dijo: “Todas las iglesias están culturalmente contextualizadas. Veamos: En la época de Jesús, los adoradores estaban de pie, las iglesias no ofrecían bancas. Hoy todas las tienen. A partir del siglo XV muchas empezaron a vender y a distribuir biblias e impresos con el evangelio: fueron ‘afectadas’ por la iniciativa de Gutemberg con la llegada de la imprenta. A partir de finales del siglo XIX la cultura también les afectó porque empezaron a usar los sistemas de ampliación de sonido. Así, todas las iglesias que se valen de un equipo de sonido están experimentando una contextualización cultural del siglo XIX. Luego en el siglo XX, nuevamente las iglesias que adoptaron la radio para comunicar el evangelio, volvieron a experimentar una contextualización cultural. A partir de 1995, con el uso público de Internet, las iglesias dan un salto a la contextualización tecnológica. El punto no es si una iglesia es afectada por la cultura o no; el asunto es a qué época de la historia esa iglesia está contextualizada. Algunas iglesias están contextualizadas con el siglo XVII y otras buscan contextualizarse con el siglo XXI. Si llegas a una iglesia que no usa vídeos y solo se vale de presentaciones en PowerPoint, su contexto es de los 80's, en el uso de la tecnología. Cada iglesia está contextualizada; la pregunta es, si la nuestra está contextualizada para el siglo XXI”.

(15) De Caín se dice que “mató a Abel, porque éste no quiso seguir su ejemplo”, Elena G. de White, Alza tus ojos (Buenos Aires: Casa Editora Sudamericana, 1978), 39.

(16) “Puedes saber con seguridad que has creado a Dios a tu propia imagen cuando resulta que Dios odia a las mismas personas que tú”, Anne Lamott, (http://thinkexist.com/quotes/Anne_Lamott/).

(17) “El hecho de que alguno no obre en todas las cosas conforme a nuestras ideas y opiniones personales no nos justifica para prohibirle que trabaje para Dios. Cristo es el gran Maestro; nosotros no hemos de juzgar ni dar órdenes, sino que cada uno debe sentarse con humildad a los pies de Jesús y aprender de él. Cada alma a la cual Dios ha hecho voluntaria es un conducto por medio del cual Cristo revelará su amor perdonador. ¡Cuán cuidadosos debemos ser para no desalentar a uno de los que transmiten la luz de Dios, a fin de no interceptar los rayos que él quiere hacer brillar sobre el mundo!”, White, El deseado de todas las gentes, 405. Énfasis ha sido agregado.

(18) En el contexto de un estilo de liderazgo de dominio, de “forzar la voluntad de otros”… en el que “la influencia moral y la responsabilidad personal son pisoteadas”, Elena G. de White, en el libro Testimonios para los ministros (Mountain View, California: Publicaciones Interamericanas, 1979), y la página 363, observa: “La justicia de Cristo por la fe ha sido ignorada por algunos porque es contraria a su espíritu y a todas las experiencias de su vida. Mandar, regir ha sido su procedimiento” (el énfasis ha sido agregado).

(19) “Hay quienes se imaginan que es su deber ser reparadores de la iglesia. Es parte de sus sentimientos naturales andar buscando faltas y manchas en otros; buscan diligentemente algo que censurar, y se tornan más intolerantes y más cerrados en sus ideas, hasta que están listos para hacer de uno un ofensor por una palabra. En las reuniones de sábado, cuando todos deben estar involucrados en la adoración a Dios, se permite que entre un espíritu acusador, y uno expresa una acusación en contra de otro. Este espíritu es totalmente diferente al de Cristo, y lleva a la disensión y al pleito. Dios no acepta una adoración tal, mejor de lo que aceptó la ofrenda de Caín”, Elena G. de White, El ministerio pastoral (Miami: APIA, 1995), 307.

(20) “La bondad, la misericordia y el amor de Dios, fueron proclamados por Cristo a Moisés. Este era el carácter de Dios. Cuando los hombres que profesan servir a Dios ignoran el carácter paternal del Señor y se apartan del honor y la justicia al tratar con sus semejantes, Satanás se alegra, porque él les inspiró sus atributos. Están en las mismas huellas del romanismo”, White, Testimonios para los ministros, 362.

(21) Apocalipsis 2:18.

(22) White, en El deseado de todas las gentes página 124, al contrastar el ministerio de Cristo con la forma religiosa de los ancianos judíos de su época, escribió: “El ministerio de Cristo estaba en notable contraste con el de los ancianos judíos. La consideración por la tradición y el formalismo que manifestaban éstos, había destruido toda verdadera libertad de pensamiento o acción”.

(23) “Pero ha sido ofrecido fuego extraño con el empleo de palabras rudas, la importancia propia, la exaltación del yo, la justicia propia, la autoridad arbitraria, el espíritu dominante, la opresión, la restricción de la libertad del pueblo de Dios; habéis atado a los hijos de Dios con planes y reglas que Dios no ha dictado, ni han surgido en su mente. Todas estas cosas son fuego extraño, no reconocido por Dios, y son una permanente tergiversación de su carácter”, White, Testimonios para los ministros, 358.

(24) Juan 16:2. Nueva Traducción Viviente.

(25) Elena G. de White, Patriarcas y profetas (Miami: APIA, 1955), 55.

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