Lo que Dios limpió no lo llames tu común


Lo que Dios limpio no lo llames tu común

Pr. Homero Salazar
“Volvió la voz a él la segunda vez: Lo que Dios limpió, no lo llames tú común. Esto se hizo tres veces; y aquel lienzo volvió a ser recogido en el cielo” (Hechos 10:15-16).

Siempre he sentido preocupación por esta sencilla frase “lo que Dios limpió no lo llames tu común”. Siento que hay mucha sabiduría en esta revelación de Dios a Pedro. No se si nuestra teología adventista le ha puesto límites a esta declaración o no, pero creo que no se le ha dado la importancia debida a esto que, sin duda, tiene mucho que ver con el amor, la aceptación tolerante y el deseo de Dios de llegar con su acción mesiánica a todo corazón. 


Dios nos quiere usar pero nuestra labor se ve limitada y se le quita espontaneidad a nuestro servicio por culpa del constante bombardeo de considerarnos “únicos” y “exclusivos” y por tratar, a las iglesias cristianas hermanas u otras religiones que no tienen que ver con el cristianismo, como “comunes” o “inmundas”. Esta actitud esta lejos de la voluntad de Dios y su trato con los hombres. Si la mantenemos latente en nosotros, lo único que hará es alejarnos de los seres humanos por los cuales Cristo dio su vida y acercarnos mucho más al fariseísmo enfermizo y recalcitrante de su época. Por eso me gusta valorar lo que Pedro entendió, aunque lo hizo un poco tarde ya que podría haberlo entendido al ver y escuchar en vivo y en directo al Maestro.

La conclusión de Pedro la podemos ver en la siguiente declaración cuando estaba en la casa de Cornelio ydio testimonio de lo que había visto en visión:

"Y les dijo: Vosotros sabéis cuán abominable es para un varón judío juntarse o acercarse a un extranjero; pero a mí me ha mostrado Dios que a ningún hombre llame común o inmundo” (Hechos 10:28).

Ese es el espíritu y la actitud de Cristo “No llames a ningún hombre común o inmundo”. Cristo quiere que reflejemos esto hoy con los hombres sean o no religiosos, y mucho más cuando teológicamente sabemos que el “Remanente” aún está en formación, no está completo y, porque “Babilonia” aún no es Babilonia, está en formación. Nuestra misión como iglesia militante es predicar, no juzgar, no herir con nuestro exclusivismo, no llamar “común o inmundo lo que Dios ha limpiado” sino amar como Jesús amó, servir como Jesús sirvió y anunciar las virtudes de aquel que nos llamó de las tinieblas a esta luz admirable. 

Es claro que tenemos una misión, es claro que debemos predicar la “verdad Presente” que es "Cristo en su Santuario", quién está intercediendo por nosotros en la primera fase del juicio final pero, de allí, a sentirnos “la última Coca-Cola del desierto” es demasiado arrogante y mentalmente enfermo. Debemos tener mucho cuidado de desequilibrar el mensaje con un evangelio diferente y también de levantar la voz demasiado alto contra el pecado y los pecadores y hablar muy bajito del amor de Dios que es el que “excede a todo conocimiento”, si queremos que la humanidad cambie debemos conectarlos con el amor de Dios y su verdad, todo esto concentrado en la persona de Cristo. 

Cristo y su maravilloso amor es el único capaz de transformar al ser humano desde adentro hacia afuera. Cuando el hombre es guiado a mirar hacia el calvario hay un poder que envuelve ese mensaje, es la oportunidad perfecta para la acción transformadora del Espíritu Santo. Sé que esto puede sonar muy romántico, débil y flojo, sobre todo si el que lee éstas palabras tiene problemas con el legalismo pero, esta verdad está escrita claramente en la Biblia y abandonarla por la “ínfulas” de la “exclusividad” es cavar nuestra propia tumba espiritual. Nunca habrá verdadera conversión si no hay contacto con el amor de Cristo en la cruz. Este es el “evangelio” puro del cual no nos podemos separar jamás y del cual nunca debemos dejar de vivir y cantar. 

Dios quiere vernos rendidos a los pies del nazareno. Sabemos que “Cristo nuestra justicia” es el mensaje que la iglesia militante debe predicar y cantar a voz en cuello. Tenemos la convicción de que es Cristo quién reunirá a todos aquellos que responderán al llamado del amor, los que al final serán su maravillosa “iglesia triunfante” y sabemos que él tiene sus ovejas esparcidas en otros rediles, que lo aman entrañablemente pero que no conocen el mensaje del remanente pero, sabemos también que muy pronto Jesús las juntará las reunirá con nuestra participación o no y seremos un solo rebaño y un solo pastor. Para esto Jesús nos ha llamado como su “remanente”, para que comuniquemos su evangelio y la verdad presente. Cuando hablamos de la “verdad presente” debemos entender que no es otra cosa que Cristo y su función en el presente, la acción de Cristo en el lugar donde él se encuentra en este momento “Cristo nuestra justicia intercediendo por nosotros en el lugar santísimo habiendo iniciado el proceso del Juicio final”. Por eso se necesita una iglesia militante que la proclame, que la anuncie pero CON AMOR, por precepto y por ejemplo una iglesia que “ame a aquellos por los cuales cristo murió” una iglesia viva, eficaz, inclusiva y servicial. 

Por esto y, aunque sé que la música refleja la teología del cantor, si el canto evangélico exalta el nombre de Cristo jamás deberíamos llamar al cantor evangélico “común o inmundo” y mucho menos a su canto. Más bien nosotros debemos sumarnos a este canto, con cantos que contengan la "verdad presente" cantos con esa verdad guiadora que ha sido encomendada para que el Remanente la predique envuelta en amor, sencillez y autoridad. 

No es nuestra misión tratar de “común o inmundo” lo que Dios ha limpiado. Lo que si esta en nuestras manos es cumplir la misión de predicar y anunciar las virtudes de aquel que: 
  1. Está en el lugar santísimo del Santuario del cielo, ahora.
  2. Que quiere ser adorado de manera especial en su día santo, el sábado.
  3. Que pronto vendrá, porque vivimos en el tiempo del fin. 
Estas son las verdades que nuestros hermanos creyentes o no creyentes deben conocer y oír de nuestra boca. Amén.


Pr. Homero Salazar
Senior pastor de la Washington Spanish SDA Church
Silver Spring, Maryland. EE.UU

3 comentarios:

  1. 100% de acuerdo, solo una pregunta y ojalá me la pueda contestar, ¿cómo mantener los principios sin herir u ofender a aquellos que aún no los tienen? Por ejemplo, nos invitan a una celabración religiosa donde la adoración es con música salsa cristiana, ¿debemos adorar juntos? Una vez fui a un concierto cristiano y realmente no lo disfruté, la música parecía sacada de la radio solo con diferente letra además de eso algunas personas eran "tomadas" por el ¿espíritu santo? haciendo movimientos y gestos extraños. ¿Qué hacer en esos casos? ¿Si esa música o tipo de adoración no es común qué es entonces? ¿Dónde están los límites y quien los establece? Agradeceré mucho su respuesta pues los límites en este aspecto son, en muchos casos, casi imperceptibles.
    Gracias.

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  2. En mi caso seria sincera y le diria que le respeto sus gustos, pero que no son los mismos a los mios. Yo no me lleno asi. Pero decirle que no por eso voy a dejar de ser amigo/a, lo/a voy a respetar como persona, y los buenos amigos se sabran respetar las diferencias y los distintos gustos sin poner a la otra persona en situacion de compromiso o de incomodidad.

    Si se ofenden por decirle eso, es porque tienen una mentalidad de 2 anios, o todo blanco o todo negro y se creen superiores a uno o que por rechazar exactamente como creen en un punto, se van a perder.

    Si la persona es madura, no va a tener ningun problema. Tal vez se entristezca porque no pueden compartir el mismo gusto, pero si es de buen corazon, se repondra pronto y no causara inconvenientes.

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  3. Reflexionando sobre el tema de la música cristiana, esta no tiene nada que ver con el enfoque determinista con el cual los hombres juzgamos en cuestiones que generan debates polémicos y apuntan hacia la acepción de personas cuestionando los gustos personales. Todos tenemos derecho en elegir la música que nos gusta escuchar o componer o ejecutar en un instrumento y no debemos juzgar a nadie por eso. La música secular es la que le agrada al hombre según su cultura, origen y gusto personal. En la música cristiana en cambio la diferencia radica en que tiene un parámetro muy particular a considerar. Es la música que adora y alaba a nuestro Dios. El Dios creador y salvador, quien se merece nuestra adoración, gratitud y alabanza. Este concepto vá mas allá de que existan miles de religiones cristianas evangélicas y otras miles de culturas cristianas que alaban a un mismo Dios, un único Dios. Ahora, si lo amamos a el, lo adoramos y queremos alabar su Santo nombre sería sensato pensar que si el día Santo de Dios es el que él mismo determinó está en su palabra, la ley de la libertad que él mismo determinó para nuestra felicidad está en su palabra. No será que también la música que a Dios le gusta está en su palabra? Todo está en su palabra, su día santo, su ley y también la música que al Señor le gusta. Esa es la música cristiana que tanto nos cuesta determinar, y con esto termino de cerrar la idea; ES LA MÚSICA QUE A DIOS LE AGRADA Y NO A NOSOTROS, cuyas características están reflejadas también en su palabra, y no en las filosofías del hombre. Corremos peligro de pensar como Caín que le llevó a Dios la ofrenda que a el mismo le pareció y no la que a Dios le agrada, a diferencia de Abel quien adoró a Dios como a Dios le gusta.

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