Dilo con música


Dilo con música

Adriana Perera
¿Estamos indefensos, a merced de la influencia hipnotizante de los sonidos musicales?

Aunque la música es capaz de intervenir en el carácter, 
no es capaz de dominar la voluntad de los oyentes.

Música que libera
Mi amigo Nicole es violoncellista profesional, y durante la semana da clases de violoncello en un prestigioso conservatorio. El sábado por la mañana asiste a la iglesia adventista, y por la tarde, junto con Gloria, su esposa, dirige un coro. Es un coro peculiar, ya que está formado por 32 presos y presas. Hombres y mujeres que están cumpliendo una condena, pagando su deuda con la sociedad. Seres humanos aislados, encerrados entre cuatro paredes, para los que la semana transcure en una gris y monótona rutina, hasta el sábado por la tarde, cuando salen de sus celdas para reunirse con Nicole y Gloria en el salón de actos, y cantar.
Cuando cantan, ya no se sienten encerrados. De alguna manera, la música les libera, les devuelve la dignidad y la esperanza. Cuando cantan se sienten parte de un grupo que crea un espacio y un tiempo para la belleza, en medio de tanto aislamiento y frustración. La música también les hace sentir que algo puede cambiar, que todavía hay felicidad por delante, que es posible volver a creer, que quizás haya un Dios en el cielo y algo bueno para ofrecer a los demás dentro de cada uno de nosotros.

Nicole y Gloria me decían que como cristianos adventistas, dirigir el coro de la cárcel ha sido la mejor experiencia misionera de su vida. Al final de los ensayos oran con los cantantes, y durante la semana reciben sus cartas, en las que ellos cuentan sus historias de vida y les piden que vuelvan, que no se olviden de ellos.

Música que sana
La música tiene un gran impacto social en los seres humanos, y también nos influye a nivel fisiológico, psicológico y espiritual.(1) Las cualidades de la música que afectan estados de ánimo, controlan conductas y ayudan al bienestar de las personas están siendo investigadas por personas calificadas llamadas musicoterapeutas. La historia de la musicoterapia se remonta a los tiempos de Aristóteles y Platón, pero no se sistematizó como disciplina independiente hasta el siglo XX. Luego de la Primera y Segunda Guerra Mundial, músicos principiantes y profesionales de Estados Unidos y Europa acudieron a hospitales de todo el país para tocar para los miles de veteranos que sufrían de traumas físicos y/o emocionales causado por las guerras. Las notables respuestas físicas y emocionales de los pacientes hacia la música llevó a que los doctores y enfermeras pidieran que los hospitales contrataran músicos.(2) Se hicieron extensivos estudios para demostrar que la música tiene un efecto terapéutico y puede ser usada para beneficiar a este tipo de pacientes. En la actualidad la musicoterapia estudia los efectos de la música en mujeres embarazadas, niños con autismo, adolescentes con problemas de conducta, pacientes de Alzheimer, de Parkinson, de SIDA, y enfermos terminales.

Los musicoterapeutas aplican diferentes técnicas, dependiendo del paciente y del tipo de música utilizada. Cada individuo es diferente y ha sido afectado por la música de diferentes maneras a lo largo de su vida. Lo que puede parecer entretenido, bueno o apropiado para un paciente, puede generar malos recuerdos y asociaciones negativas en otros. Por este motivo, un extenso estudio sobre las experiencias musicales del paciente, su historia clínica, y sus gustos musicales se realizan antes de cualquier aplicación de la musicoterapia.
La música se utiliza con diferentes objetivos, como reducir el estrés, calmar el dolor, incrementar la autoestima, favorecer la unidad de acción y la integración en un grupo, estimular la formación de nuevas relaciones sociales, cambiar conductas inapropiadas, estimular la memoria, y también se utiliza como método de contacto con la realidad.(3) 

¿Música que transforma?
Según el pensamiento griego de Aristóteles, Pitágoras y Platón, la música actúa directamente en el carácter de la persona, afectando no sólo las emociones, sino formando o deformando, ennobleciendo o depravando el carácter. Aristóteles declaró que “los estilos musicales no cambian sin que los principios del Estado se modifiquen”.(4)  

La Biblia cuenta en 1Samuel 16 como nueve siglos antes de Cristo, David tocaba el arpa para Saúl, logrando aliviar y calmar el espíritu malo que venía sobre él. Sin embargo, en 1Samuel 18 leemos que mientras David estaba tocando el mismo instrumento, Saúl intentó matarlo con su lanza en dos ocasiones.(5) 

Si la música afecta nuestras emociones y modifica nuestro carácter de una manera determinada, ¿por qué Saúl reaccionó de forma diferente ante el mismo instrumento, el mismo instrumentista y el mismo estilo de música? ¿Hasta dónde afecta la música el carácter y el comportamiento del ser humano? ¿Estamos indefensos, a merced de la influencia hipnotizante de los sonidos musicales?

Si bien la ideología griega de que la música transforma nuestro carácter ha sido ampliamente aceptada y difundida, no coincide con lo que nos dice Dios en su Palabra. “La creencia de que un componente de la música tiene el poder de determinar una condición ética o espiritual —derivando en una conducta o pensamiento bueno o malo— pertenece a una ideología pagana que nos puede conducir a un espíritu idólatra. En la idolatría, el objeto en sí mismo tiene poderes mágicos. En el caso de la música, ese poder estaría atribuido a una melodía, a una escala determinada (e.g. blues, folk), un acorde (acorde de séptima, de novena, de triada), un patrón rítmico (síncopa, ritmo de marcha), o al sonido de un instrumento (guitarra, percusión, saxofón, piano, órgano). La Palabra de Dios nos enseña que el poder transformador no resulta de la contemplación de una obra humana, cualquiera que ésta sea. En cambio, el poder transformador pertenece solamente a la acción divina: es la acción del Espíritu Santo.”(6)  

Alrededor de los años 70 hasta los 90, se difundió en las iglesias cristianas la idea de que la música tenía el poder de actuar sobre nosotros sin dejarnos capacidad de decisión. El fundamento de esta idea tiene su origen en el pensamiento griego, pero también en los estudios científicos que demostraban que la música es percibida por el lóbulo occipital del cerebro antes de llegar a los centros de la razón que toman decisiones. La psicología, la psicoacústica, la musicoterapia y la neurología han arrojado nueva luz sobre la forma en la que nuestro cerebro percibe la música.

Si bien aún desconocemos en gran parte cómo es percibida la música por nuestra mente, hay estudios que son conclusivos en cuanto a lo siguiente:

1) Escuchamos con “todo el cerebro”. El hemisferio izquierdo analiza, razona, procesa lo que escuchamos de manera lógica, mientras que el hemisferio derecho intuye, fantasea, percibe sonidos, y procesa la información de manera sensible. El hecho de que todo nuestro cerebro sea activado por la música ha llevado a muchos centros de análisis clínicos a realizar encefalogramas mientras el paciente escucha música.

2) La música afecta todas nuestras funciones vitales. Estimula nuestros sentidos, pensamientos y conducta. Sin embargo, no tiene el poder de transformar nuestro carácter, a menos que hagamos una decisión consciente. La música que decidimos escuchar revela cuáles son nuestros intereses, nuestros gustos, nuestras inquietudes. No tiene poderes hipnóticos per se. Sólo puede afectarnos si decidimos conscientemente rendirle nuestra voluntad.

3) La música es un lenguaje compuesto por diversos mensajes: rítmico, melódico, armónico, tímbrico, esctructural, asociativo, simbólico, verbal y visual. El fenómeno musical es complejo y la respuesta al mensaje musical varía de un individuo a otro considerando su edad, cultura, experiencias y asociaciones musicales, intereses, etc.

Música para compartir 
En la Palabra de Dios encontramos un pueblo que cruza el desierto cantando la ley de Dios, repitiéndola a son de música para grabarla en el corazón de padres e hijos; un coro que lidera al pueblo de Israel y gana la batalla con una canción; un rey enamorado de su Dios que canta y danza de alegría frente a Dios y a su pueblo; un coro de 4.000 levitas que estudian 10 años de música para ministrar en el santuario; un Dios que sehace carne y canta con sus amigos; un padre que organiza una fiesta con música y danza para celebrar el regreso de su hijo perdido; un Rey vencedor que regresa triunfante al sonido de trompetas y coros angelicales, y un pueblo que canta una canción que nadie, sino los que siguen al Cordero, pueden cantar.

Me gustaría que la gente hablara de nuestro pueblo como un pueblo que canta unido, que comparte la esperanza del regreso de nuestro Rey a través de la música. Un pueblo que sale a los hospitales, a las cárceles, a las calles, cantando de la inmensa alegría de la salvación que llena nuestras vidas de propósito y de esperanza.

Me gustaría que discutiéramos menos sobre música y cantáramos más. Como Pablo y Silas, que cantaron en la cárcel. El lugar era oscuro, pero ellos lo llenaron de luz con sus cantos. La celda olía mal, pero se llenó del perfume de Cristo con sus cantos. Las circunstancias eran peligrosas y deprimentes, pero ellos, a través de la música, desafiaron la realidad que les rodeaba, invocando el nombre que es sobre todo nombre: el gran motivo y el gran tema de sus canciones y de sus vidas.

Los 32 miembros del coro de la cárcel no están muy interesados en saber si el estilo de música que cantan es clásico o popular, si los instrumentos son buenos o malos, si la música afecta su plano consciente o subconsciente. Ellos esperan el sábado por la tarde porque la música los libera, los alegra y les da esperanza, y porque ven en Nicole y en Gloria personas que dedican tiempo y amor para enseñarles a cantar. Personas que tienen la música de Jesús sonando en sus vidas.

Adriana Perera es Máster en Educación, Máster en Música, 
profesora de Composición y Teoría de la Música, 
y docente de la Universidad Oakwood, Alabama, EE.UU.


Referencias

(1) Zárate D., Patricia y Díaz T., Violeta. Aplicaciones de la musicoterapia en la medicina. Rev. méd. “Chile, feb. 2001, vol.129, no.2,  p.219-220.

(2) Id., p.221.

(3) http://www.lamusicoterapia.com/

(4) Aristóteles, “La Política” p. 301.

(5) 1 Samuel 16: 14-23.

(6) Doukhan, Lilliane, “In Tune With God” Review & Herald, 2009. p. 53.

¿Adoración al revés?


¿Adoración al revés? 

Abner L. Perales González
Otra mirada al espectáculo del universo

La “experiencia de adoración” que el creyente 
está contantemente buscando es, 
generalmente, un entendimiento pagano de la adoración.

Desde que el filósofo y teólogo danés, Soren Kierkegaard (1813-1855) publicó sus pensamientos a cerca de la adoración corporativa,(1) el mundo de la teología de la adoración ha sido influenciado, especialmente en tiempos recientes, por su declaración de que, en la adoración corporativa, Dios es la audiencia. La parábola de Kierkegaard también sugiere que las personas son los intérpretes y que los líderes de adoración son los apuntadores de la adoración.



Otras comparaciones se han hecho para explicar lo que Kierkegaard podría haber querido decir a fin de comprender su concepto,(2) pero básicamente la aplicación final usualmente busca tener mayor participación de la gente y una adoración centrada en Dios.

Aunque la sugerencia de Kierkegaard es relegada a la adoración corporativa y también interpretada para considerar a Dios como pasivo, la Biblia abarca la parábola de Kierkegaard y le da una interpretación más holística. La Biblia expande la idea de la parábola del teatro en 1 Corintios 4:9: “pues hemos llegado a ser espectáculo al mundo, a los ángeles y a los hombres.”(3)

La sugerencia de Pablo en este versículo es que el creyente debería de considerar su vida entera, no solo la adoración corporativa, como un espectáculo tanto en forma horizontal (el mundo y los hombres) como vertical (ángeles). La analogía de Pablo extraída del teatro griego por metonimia,(4)  nos muestra la realidad del interés de Dios y los ángeles en las actividades diarias del creyente, abarcando también la adoración corporativa y no restringiéndola solo a ella.

Referencias bíblicas de Dios como la audiencia:

La referencia más temprana en el Antiguo Testamento que muestra a Dios como audiencia y a nuestras vidas como un espectáculo puede ser encontrado en el libro de Job. Comenzando desde los capítulos 1 y 2, los diálogos entre Dios y Satanás referentes a la fidelidad de Job hacen claro que Dios está al cuidado de Job y que su vida es un espectáculo para la corte celestial. También Job hace claro al final de sus pruebas que Dios conoce cada pensamiento y nada escapa de su vista (42:2). La declaración final de Job es en realidad una expresión de adoración a Dios. Aquí podemos ver la conexión entre el adorador frente a Dios que está observándolo como una audiencia.

Una segunda referencia puede ser encontrado en el libro de Deuteronomio (11:11-17) en las recomendaciones finales que Moisés dio a los hijos de Israel antes que conquistaran la tierra prometida. En estos cortos versículos, Moisés invita a los israelitas a obedecer los mandamientos de Dios y servirle. La invitación tiene la implicación que Dios observa, como una audiencia en frente de los actores (los israelitas) dispuesto a darles aplauso (en términos de lluvia, trigo, vino, aceite, etc.) o abuchearlos si desobedecen, como una audiencia insatisfecha en frente de malos actores. En estos textos, la experiencia de adoración se traduce en acciones de obediencia.

Tal vez la más clara sugerencia en el Antiguo Testamento de Dios como una audiencia son las citas que tienen que ver con las actividades que ocurrían en el templo de Jerusalén. En la oración de dedicación del templo de Jerusalén,(5) Salomón da una visión de Dios vigilando sobre su pueblo (Dios como una audiencia). Él le pide a Dios que conteste desde el cielo (rol activo) si su pueblo ora en el templo por perdón, justicia y también por victoria, lluvia, comida y por peticiones en general. También, en los sacrificios diarios en el templo, los levitas con sus instrumentos se colocaban al lado este del altar (2 Crónicas 5:12), y los sacerdotes, con trompetas, frente a ellos en el otro lado del altar; al momento que los sacrificios se llevaban a cabo, tanto los levitas como los sacerdotes tocaban su música en dirección del sacrificio, así dando gloria y honor exclusivamente a Dios.(6) La implicación en estas acciones nos muestra que ellos consideraban a Dios vigilando como una audiencia mientras ellos, los actores, lo complacían.

La centralidad del templo de Jerusalén en la adoración de Israel, asunto importante en este sistema o modelo de adoración se puede encontrar expresada en el pasaje de la oración de Salomón, cuando declara que Dios escucharía desde el cielo aún cuando el extranjero viniese y orase “hacia esta casa.” Después de la destrucción del templo, sin embargo, junto con el cambio tardío de este rol centralizado al rol centrífugo de la Iglesia de hoy,(7) la idea de orar y de Dios vigilando sobre un cierto lugar específico es expandido a cualquier lugar donde “dos o tres” se congreguen en su nombre.(8) Así la idea de Dios como una audiencia no estaría confinada más al templo exclusivamente, sino a cualquier lugar donde se pueda celebrar la adoración.

Otra referencia de Dios como audiencia se puede inferir en el Salmo 33:18: “He aquí el ojo de Jehová sobre los que le temen, sobre los que esperan en su misericordia.” El salmista da la idea de Dios cuidando sobre el pueblo que le teme (los creyentes). La idea de una audiencia constante (Dios) está expresada aquí como un Dios de “solo un ojo,” probablemente para hacer énfasis. Además el verso 19 le da un rol activo a Dios como la audiencia: “Para librar sus almas de la muerte, y para darles vida en tiempo de hambre.” Dios vigila, sí, pero es una audiencia activa dando “aplauso” al actor sobre el escenario (el mundo).

El Salmo 34:7 provee otra idea de Dios viviendo entre su creación y cuidando sobre su pueblo como una audiencia activa. La implicación de este versículo es que Dios está preocupado por su pueblo, vigilando y juzgándolo (es por eso que sabe que le temen) como si fuese una audiencia en un teatro. Y nuevamente, el aplauso de Dios es mostrado cuando Él los libra.

El concepto de Dios como una audiencia también incluye a los actores más “pequeños” en el escenario. En Mateo 18:10 Jesús expresó la preocupación de Dios y su rol activo como parte de la audiencia.(9) Nadie se escapa de Dios, todos están frente a Él. Y esta idea de que nadie escapa a su vista nos debería hacer temblar y volver a reconsiderar la idea de Dios como una audiencia.

Reacción a la parábola de Kierkegaard:

Si continuamos siguiendo la parábola de Kierkegaard de Dios como audiencia y el mundo como un teatro moral (añadiendo la posición de Pablo en 1 Corintios 4:9), deberíamos considerar en realizar nuestro rol en la actuación en una manera más cuidadosa. Cada humano debería estar preocupado en cómo actúa en presencia de sus compañeros, los otros actores.(10) La idea que Dios y los ángeles nos vigilan como si fuésemos un espectáculo nos debería hacer temblar porque nos daríamos cuenta que su naturaleza pura sin pecado haría nuestras deficiencias más evidentes.

Es verdad que la mayoría de congregaciones cristiana generalmente, en teoría o en práctica, tienen el rol de la audiencia al revés y aplicada a ellas, dejando a Dios como el apuntador y a veces hasta como el actor. La “experiencia de adoración” que el creyente está contantemente buscando es, generalmente, un entendimiento pagano de la adoración.(11) (12)

Llegar al templo una vez a la semana no llenará completamente nuestro rol como actores. Esta actitud de “sacar algo” de la Iglesia no será ya más suficiente. Los actores necesitamos ser parte de la acción. No debería haber contentamiento con ser receptores pasivos, sino que debería haber un ofrecimiento activo de adoración hacia Dios.(13) 

Los actores necesitamos preparar un plan de adoración (estilo de vida) y también necesitamos “practicar” (confraternidad) con nuestros compañeros actores (prójimos) en el escenario (el mundo).

Ronald Allen(14) sugiere que la adoración centrada en Dios inicia un ciclo sin fin: Adoración-edificación-evangelismo. Este ciclo solo se detiene cuando uno de los eslabones en esta cadena es interrumpido o ignorado. Hechos 2:41 y 42 establecen esta fase de tres ciclos como sigue: Proclamación de la Palabra (“los que recibieron su palabra”), confraternidad (“comunión unos con otros”) y adoración (“perseveraban en la doctrina de los apóstoles… partimiento del pan y en las oraciones”). White enuncia este mismo concepto con otras palabras pero con el mismo significado: 

“El que ama a Dios sobre todas las cosas y a su prójimo como a sí mismo, trabajará comprendiendo constantemente que es un espectáculo al mundo, a los ángeles y a los hombres. Haciendo suya la voluntad de Dios, revelará en su vida el poder transformador de la gracia de Cristo. En todas las circunstancias de la vida, tomará el ejemplo de Cristo como guía.”(15) 

En el mismo contexto, White también sugiere:

“Los hijos y las hijas de Dios tienen que hacer una gran obra en el mundo. Deben aceptar la Palabra de Dios como su consejera y han de impartirla a otros. Deben hacer brillar la luz... En su conversación y en su comportamiento mostrarán que gozan de una conversión diaria a los principios de la verdad. Tales creyentes serán un espectáculo al mundo, a los ángeles y a los hombres, y Dios será glorificado en ellos.”(16)

Este ciclo, como Allen lo sugiere, debería hacer la adoración (sea corporativa o individual) activa en lugar de pasiva. La aplicación de este concepto concluiría en que la adoración no estará confinada a una fecha, momento, hora u ocasión específica: La adoración debe estar acompañada por confraternidad y proclamación de la Palabra en una forma constante en la vida del creyente, como un estilo de vida. Por eso es verdad que si los cristianos entendiésemos que los ojos del universo entero están enfocados en nosotros, un reavivamiento vendría.(17) En realidad esta es una obra difícil, pero también honorable; peligrosa, pero gloriosa.(18)

Conclusión:

La parábola de Kierkegaard acerca de Dios como audiencia es un magnífico punto de partida para la reflexión sobre adoración. El tema central es que, en considerar a Dios como audiencia, no deberíamos relegar a Dios a un rol pasivo. En su lugar, cada vez que respondemos a su llamado para adorar, deberíamos ir ante Él listos para la acción. Brink sugiere, junto con Miqueas la siguiente pregunta: “¿Con qué me presentaré ante Jehová, y adoraré al Dios Altísimo? (Miqueas 6:6).(19)

La idea de adorar al Señor y considerarnos como actores debería llevar consigo una necesaria e imperativa preparación. Además, los conceptos de confraternidad y evangelismo deberían acompañar a la práctica de la adoración. Este ciclo necesario debería conservarse y mantenerse siempre a fin de adorar a Dios como la audiencia.

El autor es pastor asociado y Ministro de Música en la IASD Central Hispana de Phoenix, AZ. 
Estudios en Teología, Lic. en Enseñanza Musical, 
Magister en Dirección Instrumental (MM), Arreglista, Músico y Maestro. 
Traductor de artículos del inglés al español en el Blog de HimnovaSion.


Referencias

(1) Soren Kierkegaard, Purity of Heart is to Will One Thing: Spiritual Preparation for the Office of Confession. (Douglas V. Steere tr. New York, NY: Harper & Brothers Publishers, 1956): 180-81.

(2) Tome por ejemplo la comparación de Liesh de la adoración corporativa con un juego de futbol Americano en un estadio, donde el líder de adoración es el entrenador (apuntador), la gente en el campo son los jugadores (actores en la adoración) y Dios es la audiencia en las butacas. En Barry Liesch, The New Worship: Straight Talk on Music and the Church (Grand Rapids, MI: Baker Books, 1996): 123.

(3) Énfasis del autor.

(4) Timothy y Barbara Friberg. Analitical Lexicon to the Greek New Testament s.v. qe, atron

(5) 1 Reyes 8:23-53.

(6) Lillianne Doukhan. “Music in the Bible.” Shabbat Shalom 49, no. 2 (Autumn 2002): 23.

(7) c.f. Mateo 28:19 donde el énfasis es “ir” y no “venir.”

(8) Mateo 18:20.

(9) Como Pablo, este versículo expresa también la idea de los ángeles como espectadores.

(10) Farrar, F.W. The Pulpit Commentary: I Corinthians (New York, NY: Funk & Wagnalls, 1913): 139.

(11) Dion Forster, “Worship: Getting it Right, and Getting it Grong, the Difference Between a Verb and a Noun,” Dion's Random Ramblings, publicado el 10 de Febreo de 2008, http://www.spirituality.org.za/2008/02/worship-getting-it-right-and-getting-it.html (accesado el 1 de Mayo de 2009).

(12) Considere además la forma como estamos acostumbrados a orar y expresar nuestras peticiones casi o en forma pagana. Para más sobre este tema considere a Badenas, Roberto. Encuentros (Madrid, España: Editorial Safeliz, 1991): 110-113.

(13) Emily R. Brink, “Who's the Host? We May Be Getting Carried Away with Kierkegaard's Analogy,” Reformed Worship 33, September 1994. http://www.reformedworship.org/magazine/issue.cfm?id=33 (accesado el 1 de Mayo de 2009).

(14) Ronald Allen, and Gordon Borror. Worship: Rediscovering the Missing Jewel (Portland, OR: Multnomah Press, 1982), 57.

(15) Ellen G. White. God's Amazing Grace (USA: Ellen G. White State, 1973): 237.

(16) Ellen G. White. In Heavenly Places (USA: Ellen G. White State, 1967): 67.

(17) Cottrell, Raymond. Comentario bíblico adventista (Buenos Aires, Argentina: Asociación Casa Editora Sudamericana, 1984), 6: 680.

(18) Matthew Henry, Acts to Revelation, vol. 6 del Commentary on the Whole Bible (Logos, Inc., 2000), bajo “First Corinthians IV,” http://www.ccel.org/ccel/henry/mhc6.iCor.v.html (accesado el 1 de mayo de 2009)

(19) Emily R. Brink, “Who's the Host? We May Be Getting Carried Away with Kierkegaard's Analogy,” Reformed Worship 33, September 1994. http://www.reformedworship.org/magazine/issue.cfm?id=33 (accesado el 1 de mayo de 2009).

Análisis de algunas citas de Elena G. de White y la Biblia sobre la música


Un poco de luz sobre las citas bíblicas y de Elena G. White más comúnmente utilizadas para hablar de la exclusividad del Himnario y el rechazo de la música contemporánea

Gamaliel Feliciano

La interpretación de los escritos de Elena G. White deben seguir las mismas reglas utilizadas en la exegesis (interpretación) bíblica. Una investigación responsable debe incluir la consideración del contexto de lo que fue escrito. El contexto incluye elementos como:
  • Entendimiento de quien es el autor, su trasfondo y realidad cultural, edad, género, posición eclesiástica, etc. 
  • Identificación de idea central. ¿Cual es el tópico principal presentado por el autor? 
  • Época. ¿Cuando fue escrito el mensaje? ¿Cuales eran las circunstancias que rodearon al escritor? 
  • Recipientes principales. ¿A quien fue escrito inicialmente? 
  • ¿Qué dice el texto original? 
  • Contexto mediato. ¿Qué dice el autor en otros escritos o libros? 
Entendiendo esto, debemos concluir que no es correcto, y mas bien incompleto, el tomar una cita aislada y aplicarla sin tomar en cuenta el cuadro completo. Esta acción a lo que nos lleva es a concluir o leer cosas que en realidad no formaban parte del mensaje inicial, y que el escritor no tenía intenciones de transmitir. Interpretar sin tomar en cuenta el contexto es como tener un arma y disparar sin mirar a donde se esta apuntando. En ocasiones oyentes califican como “bíblico” la oratoria de una persona que ofrece una cita bíblica, habla sobre su opinión y cierra con otra cita, aunque estas, en su contexto, no estén relacionadas con el tema del orador. La predicación es bíblica solo cuando se permite que la biblia ofrezca el mensaje por sí misma, es decir cuando permitimos que el texto hable.

Veamos algunas de las citas de EGW o versículos de la Biblia utilizados para defender la creencia de "solo himnario" en la adoración.

Cita 1:
"La música forma parte del culto tributado a Dios en los atrios celestiales, y en nuestros cánticos de alabanza debiéramos procurar aproximarnos tanto como sea posible a la armonía de los coros celestiales... El canto, como parte del servicio religioso, es tanto un acto de culto como lo es la oración” (Eventos de los Últimos Días, 76)
Respuesta:

De primera intención, la expresión de White en este pedazo del pasaje da la impresión de que, literalmente, hay que cantar como ángeles o aproximarnos a su armonía para alabar a Dios. Pero eso trae un problema inmediato. Si esto es lo que ella quiere decir, ¿que hacemos con los que apenas entonan? ¿O los que no saben de música? ¿O los roncos? (suponiendo que los ángeles no cantan así) ¿o los adolescentes que en su cambio de voz le salen imperfecciones al cantar? Aun más, ¿cómo sabemos cómo es la "armonía de los coros celestiales"? ¿A qué se refiere con “armonía”? ¿Cómo lo logramos? Que muchas preguntas, no?

Ahora bien, si esa no era la intención de EGW, ¿cual era entonces? Veamos el contexto en el escrito original en el libro Historia de los Patriarcas y Profetas, y entonces lleguemos a conclusiones. Solo un párrafo antes dice:
“Se fomentaba un espíritu de devoción. No solamente se les decía a los estudiantes que debían orar, sino que se les enseñaba a orar, relacionarse con su Creador, a ejercer fe en él, a comprender y obedecer las enseñanzas de su Espíritu. Intelectos santificados sacaban del tesoro de Dios cosas nuevas y viejas, y el Espíritu de Dios se manifestaba en profecías y cantos sagrados. Se empleaba la música con un propósito santo, para elevar los pensamientos hacia aquello que es puro, noble y enaltecedor, y para despertar en el alma la devoción y la gratitud hacia Dios. ¡Cuánto contraste hay entre la antigua costumbre y los usos que con frecuencia se le da hoy a la música! ¡Cuántos son los que emplean este don especial para ensalzarse a sí mismos, en lugar de usarlo para glorificar a Dios! El amor a la música conduce a los incautos a participar con los amantes de lo mundano en las reuniones de placer adonde Dios prohibió a sus hijos que fueran. Así lo que es una gran bendición cuando se lo usa correctamente se convierte en uno de los medios más certeramente empleados por Satanás para desviar la mente del deber y de la contemplación de las cosas eternas.

La música forma parte del culto tributado a Dios en los atrios celestiales, y en nuestros cánticos de alabanza debemos procurar aproximarnos tanto como sea posible a la armonía de los coros celestiales. La educación apropiada de la voz es un rasgo importante en la preparación general, y no debe descuidarse. El canto, como parte del servicio religioso, es tanto un acto de culto como lo es la oración. El corazón debe sentir el espíritu del canto para darle expresión correcta.”
Elena White está presentando sus preocupaciones sobre cómo las escuelas de teología y religión estaban funcionando en su tiempo. Ella hace referencia a cómo funcionaban las escuelas de los profetas en los tiempos bíblicos y cuales eran sus metas. “Se fomentaba un espíritu de devoción… y se enseñaba a orar” dice. La escritora presenta como ella estaba viendo que ya no existía el compromiso con Dios que existió en tiempos bíblicos, al comparar ambas escuelas. Dice más: 
“Se empleaba la música con un propósito santo, para elevar los pensamientos hacia aquello que es puro, noble y enaltecedor, y para despertar en el alma la devoción y la gratitud hacia Dios”.
La música contaba con un propósito principal: elevar pensamientos y despertar devoción y gratitud. Y es entonces cuando ella introduce en que sentido la música estaba siendo diferente:
“¡Cuánto contraste hay entre la antigua costumbre y los usos que con frecuencia se le da hoy a la música! ¡Cuántos son los que emplean este don especial para ensalzarse a sí mismos, en lugar de usarlo para glorificar a Dios!”
La diferencia entre la música de su tiempo y la música que promovían los profetas bíblicos era que no se estaba cumpliendo con el propósito de elevar pensamientos, y despertar devoción y gratitud a Dios. En vez de eso la música estaba siendo utilizada para la exaltación personal y no para glorificar a Dios. Hasta ahora EGW no ha mencionado ni estilos, ni instrumentos en la música.

Entonces entramos en el párrafo que es más usado y que incluye la frase “aproximarnos tanto como sea posible a la armonía de los coros celestiales”. Frase que ha sido muy utilizada para decir que debemos cantar usando el “estilo musical celestial”; y como eso requiere que se identifique cual es el “estilo musical celestial” allí comienzan las conjeturas y la discriminación en la música en base a los gustos personales. Entre estas conjeturas encontramos que algunos dicen que ese “estilo musical celestial” se refiere a nuestro Himnario Adventista.

La próxima oración en la cita nos da una idea de lo que realmente EGW esta tratando de presentar. “La educación apropiada de la voz es un rasgo importante en la preparación general, y no debe descuidarse”. Uno de los problemas es que esta oración no esta incluida en el libro Eventos de los Últimos Días de donde comúnmente los lectores obtienen la cita que presentamos originalmente. Este libro es una compilación de citas bajo un tópico, pero que provienen de diversidad de libros escritos por EGW. Al eliminar esta oración obtenemos un mensaje incompleto. La escritora estaba hablando de la preparación para la adoración musical, no de estilos de ningún tipo. Debemos adorar como adoran los ángeles, de una manera planificada, dando lo mejor de si, y con consciencia de que nos estamos presentando ante Dios mismo. ¿Podemos cantar como los ángeles? Tal vez no mientras vivamos en un mundo de pecado. Pero lo que si podemos es esforzarnos por hacer los mejor que podamos, “aproximarnos tanto como sea posible”. No “para ensalzarse a sí mismos, sino para “glorificar a Dios”, tal y como lo expresa EGW en sus escritos.

Para tenerlo aun mas claro, vamos a recurrir al contexto mediato de los escritos de EGW. En el libro El Evangelismo capitulo 15 dice: 
“La música forma parte del culto de Dios en los atrios del cielo. En nuestros cantos de alabanza debemos intentar acercarnos tanto como sea posible a la armonía de los coros celestiales. A menudo me he entristecido al oír voces incultas, elevadas hasta la más alta nota, chillando literalmente, al expresar las sagradas palabras de algún himno de alabanza. Cuán inapropiadas son esas voces agudas y estridentes en el culto sagrado y el gozoso servicio de Dios. Anhelo tapar mis oídos, y huir lejos del lugar, y me alegro cuando el penoso ejercicio ha terminado. Los que hacen del canto una parte del culto divino, deben elegir himnos con música apropiada para la ocasión, no de notas fúnebres, sino alegres, y con todo, melodías solemnes. La voz puede y debe ser modulada, enternecida y subyugada”.
Por otro lado, EGW si señala que hay un “canto de los ángeles” que debemos aprender. La cita dice:
“Nuestro Dios, el Creador de los cielos y de la tierra, declara: “El que sacrifica alabanza me honrara. Todo el cielo se une para alabar a Dios. Aprendamos el canto de los ángeles ahora, para que podamos cantarlo cuando nos unamos a sus resplandecientes filas. Digamos con el salmista: Alabaré a Jehová en mi vida: Cantaré salmos a mi Dios mientras viviere”. Alábense los pueblos, oh Dios; alábense los pueblos todos”. (5TI, cap. 34)
¿Quiere decir que solo cantaremos esa canción? No. La intención que concuerda con otros escritos de la hna. White es señalar la motivación del corazón y el supremo reconocimiento de la grandeza del Señor.

Cita 2
“El uso de instrumentos musicales no es de ninguna manera objetable. Estos se utilizaron en el servicio religioso en la antigüedad. Los adoradores alababan a Dios por medio del arpa y el címbalo, y la música debiera tener su lugar en nuestros cultos” (El Evangelismo, 365).

Respuesta: 

Esta cita es por algunos utilizadas para decir que como EGW menciono el arpa y el címbalo como instrumentos utilizados en el servicio religioso en la antigüedad, entonces quiere decir que estos son los instrumentos con los que debemos adorar. Ahora bien, si esta fuera su intención el listado estaría incompleto porque sabemos que en el santuario también era utilizada la trompeta (convocación) y dentro también se utilizaba la lira (1 Crónicas 15:16). Aun mas, la misma EGW describe en varias ocasiones como la adoración a Jehová por parte de los hebreos bíblicos iba mas allá del lugar del santuario, y en esta trascendencia encontramos otra variedad de instrumentos usados en la adoración a Jehová, e incluso la danza y el cantico como expresión de adoración. Es un ambiente como este, con variedad de instrumentos, danza, himnos a viva voz… el que EGW describe como el: 
“Acontecimiento más sagrado en el reinado de David” (Patriarcas y Profetas, 70).
Lo que podemos concluir es que EGW no pretendía hacer una lista de instrumentos aprobados o rechazados, más bien ella deseaba enfatizar el uso de los instrumentos en la adoración. Esta conclusión estaría de acuerdo con otras de sus expresiones como: 
“Me alegró de oír los instrumentos musicales que tenéis aquí. Dios quiere que los tengamos.” (The Review and Herald, 15 junio 1905).
“Pronto oí una voz que resonaba como si fueran muchos instrumentos musicales de acordes perfectos y armoniosos” (CPI, cap.62).
“En los servicios de nuestros campestres debería haber cantos y música instrumental” (Testimonio Tomo 6, pág. 69).
“Es mejor no mezclar nunca el culto a Dios con música, que utilizar instrumentos musicales [de manera general] para realizar la obra que en enero pasado se me mostro…” (MPa, cap. 31).
No encontramos una sola cita en los escritos de EGW que nos indique que algún instrumento, tampoco estilos musicales, haya sido desaprobado para ser usado en la adoración al Señor. No obstante, sí encontramos como reprende claramente la manera cómo los instrumentos fueron utilizados desconsideradamente en ocasiones. Es importante que como personas espirituales utilicemos el sentido común y el análisis objetivo, en oración, para decidir que tipo de adoración es el más conveniente para el cuerpo eclesiástico. Es decir, puede haber instrumentos que no son malos o estilos de adoración que no son malos, pero que no serian de beneficio para una congregación especifica. Y eso esta bien! Entender esto es a lo que yo me refiero cuando digo que debemos utilizar el sentido común junto a la oración. De esta manera, todos podemos ser beneficiados, levantados y así cumplimos con las metas de la adoración, según propuesta en la biblia y en los testimonios. Estas metas ya fueron presentadas previamente en este documento (pregunta 1).

Cita 3
“Esas mismas cosas que habéis explicado que ocurrían en Indiana, el Señor me ha mostrado que volverían a ocurrir justamente antes de la terminación del tiempo de gracia. Se manifestará toda clase de cosas extrañas. Habrá vocerío acompañado de tambores, música y danza. El juicio de algunos seres racionales quedará confundido de tal manera que no podrán confiar en él para realizar decisiones correctas. El ruido desconcertante aturde los sentidos y desnaturaliza aquello que, si se condujera en la forma debida, constituiría una bendición. El influjo de los instrumentos satánicos se une con el estrépito y el vocerío, con lo cual resulta un carnaval, y a esto se lo denomina la obra del Espíritu Santo... Las cosas que han ocurrido en el pasado también acontecerán en el futuro. Satanás convertirá la música en una trampa debido a la forma como es dirigida.” (2MS 41-43)
Respuesta: 

Primero es necesario entender que es lo que esta pasando cuando EGW escribe eso (tiempo y lugar, como ella misma lo recomienda). El contexto: Hace más de 100 años atrás, se había originado un movimiento dentro del adventismo llamado “Carne Santificada” (The Holy Flesh Doctrine). Ellos creían que debían pasar por una transformación física que los haría santos en su cuerpo humano. ¿Cómo era la transformación? Debían entrar en un éxtasis tal que hasta caían inconscientes o se desmayaban, los arrastraban a la plataforma donde cuando despertaban! lo hacían siendo ahora santos. Esto era llamado la obra del Espíritu Santo. Es notable la existencia de muchas herejías no bíblicas en ese asunto. ¿Cómo lograban el estado frenético y de éxtasis? Lo lograban tocando los instrumentos de manera desorganizada y fuerte, gritando, brincando, contorsionándose, ‘orando’ todos al mismo tiempo y no solo lo hacían en la congregación, sino que cada vez que alguien se desmayaba y lo llevaban al frente, un grupo de personas lo rodeaba y continuaba gritándole con chillidos y cantando descontroladamente.

El tema principal de EGW, en esta cita, no es la música aunque esta también fue un elemento clave en esta situación. A lo que EGW quiere llamar mas la atención es a las doctrinas y herejías de este movimiento. Es en un segundo plano que encontramos que EGW habla de la manera de dirigir la música, pero no de esta aislada, sino como parte de un culto, que en este caso era descontrolado y caótico. En la cita que presentamos se mencionan “cosas extrañas”, pero ¿cuales eran esas cosas extrañas? Las cosas extrañas son las doctrinas, la MANERA de tocar los instrumentos, los gritos, la danza, etc. El problema principal era que el estilo de adoración estaba basado en doctrinas falsas y estaba siendo dirigida conforme a lo que quería alcanzar la doctrina falsa. El problema no se resolvía con eliminar la música o los instrumentos, porque esto era parte de algo mayor, lo cual era la herejía doctrinal. Querer resolver la situación solo eliminando los instrumentos seria como querer derrumbar un árbol solo arrancándole las hojas. Si alguien quiere forzar a un grupo de personas a que actúe de cierta manera, utilizará herramientas dirigidas a motivar ese comportamiento. ¿Serian las herramientas el problema? La respuesta es sencillamente no. El problema es la idea o doctrina que el individuo o grupo use como base, lo cual determinara la manera como este individuo o grupo usa las herramientas. Nuevamente, una misma herramienta (instrumento en este caso) será utilizada de manera diferente dependiendo de la meta que se quiere alcanzar. En este caso, parte del problema era que la gente estaba gritando, chillando y ‘orando’ al mismo tiempo… pero no vemos que EGW recomiende que no se hable en los cultos. La voz fue una herramienta mal utilizada, así como los instrumentos fueron mal utilizados, todo para sostener una doctrina no bíblica.

La misma cita que es presentada da la clave al finalizar, dice: “El ruido desconcertante aturde los sentidos y desnaturaliza aquello que, SI SE CONDUJERA EN LA FORMA DEBIDA, constituiría una bendición. El influjo de los instrumentos satánicos se une con el estrépito y el vocerío, con lo cual resulta un carnaval, y a esto se lo denomina la obra del Espíritu Santo... Las cosas que han ocurrido en el pasado también acontecerán en el futuro. Satanás convertirá la música en una trampa DEBIDO A LA FORMA COMO ES DIRIGIDA”. Valga la aclaración que esa traducción “los instrumentos satánicos” no es la más adecuada y podría traer confusión, ya que el original en ingles dice “satanic agencies” y no “satanic musical instruments”, es decir los agentes de satanás. EGW siempre usa el mismo termino “musical instruments” cuando se refiere a instrumentos musicales. En esta cita, el termino los “instrumentos satánicos” no se refiere a instrumentos MUSICALES satánicos. Es el ser humano quien es en ocasiones utilizado por Satán, no los instrumentos sin vida.

Los estudiosos de los escritos de EGW indican que el hecho de que ella haya mencionado que “habrá vocerío acompañado de tambores, música y danza” en comparación con lo que sucedió con la Carne Santificada sugiere que los tambores no fueron empleados solos, sino que habían mas instrumentos, además de los gritos, etc. Obviamente el impacto causado sugiere que lo que mas sobresalía era el tambor. Nuevamente vemos que el problema no eran los instrumentos sino la forma en que estos fueron utilizados. La mayoría de las personas al leer este escrito deciden concluir que el tambor era lo malo en la escena y necesita ser rechazado. Pero entonces, ¿porque rechazamos los tambores y no la flauta, la trompeta o el órgano, entre otros que también estaban presentes? Varios años después de estos eventos de la Carne Santificada en Indiana, se registró la presencia de una banda oficial de la iglesia Adventista, compuesta por empleados de la Review and Herald (Columbia Union Visitor, November 29, 1934). Esta banda utilizaba los instrumentos antes mencionados, incluyendo el gran tambor. Incluso se registro que tocaban hasta 45 minutos corridos durante las campañas evangelísticas. El hecho de que esto no haya sido catalogado como herejía nos confirma que se había entendido el mensaje de EGW sobre la Carne Santificada y que el problema no eran los instrumentos sino el mal uso y la combinación de la música con doctrinas falsas.

(http://www.adventistarchives.org/doc_info.asp?DocID=158551)

EGW no solo aprueba el uso de instrumentos en los cultos, sino que nos motiva a utilizarlos, ya lo vimos en la cita anterior que ofrecimos. Lo cual esta 100% de acuerdo con la Biblia, según lo veremos en las próximas citas.

Cita 4 
Salmos 150 Alabad a Dios en su santuario; alabadlo en la magnificencia de su firmamento. Alabadlo por sus proezas; alabadlo conforme a la muchedumbre de su grandeza. Alabadlo a son de bocina; alabadlo con salterio y arpa. Alabadlo con pandero y danza; alabadlo con cuerdas y flautas. Alabadlo con címbalos resonantes; alabadlo con címbalos de júbilo. ¡Todo lo que respira alabe a Jah! ¡Aleluya!
Respuesta:

Este texto en ocasiones es interpretado como un esfuerzo de David para asignar lugares a ciertos tipos instrumentos de adoración al Señor. Dentro de esta conclusión se dice que David habla de tres lugares específicos:
  1. Santuario,
  2. Firmamento, 
  3. Proezas, 
y que luego se menciona los instrumentos para cada lugar respectivamente:
  1. bocina, arpa y salterio, 
  2. pandero y danza, 
  3. cuerda, flauta y címbalos sonoros y resonantes. 
Para estar claros con los instrumentos mencionados, permítanme definirles un poco cada uno de ellos.
  1. Bocina= cuerno, conocido como el shofar
  2. Arpa= instrumento de cuerda (no exactamente como el actual), lira
  3. Salterio= “nebel”, tipo de arpa un poco mas pequeña
  4. Pandero= “tof”, tamborcito de mano
  5. Cuerdas= “minnim”, podría ser comparado con los instrumentos de cuerda actuales pero muchas mas rustico y sencillo
  6. Flautas= “ugab”, instrumento de viento, primitivo en comparación con la flauta actual pues no se podía ejecutar la variedad de notas.
  7. Címbalos 
  8. Sonoros= “tselselim teruah”, también conocidos como címbalos de jubilo
  9. Resonantes= “tselselim shama”, pequeños platillos de mano
Ahora bien, ¿Cuan congruente es la interpretación que se hace? Varios detalles podemos identificar que nos hacen reflexionar si esa interpretación es la más adecuada.
  • Meta de estos salmos: Los últimos salmos son presentados por David con la intención de motivar a TODOS y a TODO a adorar a Dios, en todo lugar. El Comentario Bíblico Adventista dice “El salmo 150 es el ultimo de la serie de salmos que comienzan con un “aleluya”. Es el gran aleluya final de la doxología del salterio. De este modo el libro de Salmos termina con una exhortación a todos los que respiran a que se unan en un himno universal de alabanza”.
  • No hay dicotomía en la adoración hebrea: Para los hebreos bíblicos todo evento era de adoración a Dios. Los salmos fueron creados con esto en mente. David decidió crear música y escribir en mayor cantidad después del traslado del arca. Experiencia que fue catalogada por EGW como “la más solemne de su reino”. Interesantemente, ese momento tan solemne no se dio dentro del santuario. Patriarcas y Profetas capitulo 70 nos dice “y flotó hacia el cielo la música de arpas y cornetas, de trompetas y címbalos, fusionada con la melodía de una multitud de voces. En su regocijo, David danzaba con todas sus fuerzas delante de Jehová, al compás de la música”. No menciono esta cita para apoyar el uso de la danza en la adoración, ese es otro tópico, mas bien lo hago para resaltar dos cosas: primero, el hebreo bíblico no tenía una visión dividida sobre la presencia de Dios y la adoración que debía ser ofrecida a Él; y segundo, la música tenía ritmo. No era una música seca y triste, ¡estaban de celebración! La idea de que mientras mas insípida sea la música mas espiritual será, o que la mejor música para adorar tiene que ser la que menos nos gusta son argumentos de una visión griega y no hebrea bíblica.
EGW nos indica que:
“Las solemnes ceremonias que acompañaron el traslado del arca habían hecho una impresión duradera sobre el pueblo de Israel, pues despertaron un interés mas profundo en el servicio del santuario y entendieron nuevamente su celo por Jehová… El servicio de canto fue hecho parte regular del culto religioso, y David compuso salmos, no solo para el uso de los sacerdotes en el servicio del santuario, sino también para que los cantara el pueblo mientras iba al altar nacional para las fiestas anuales”.
Curiosamente, contrario a lo que algunos quieren interpretar, David fue un adorador contemporáneo, por definición, al iniciar cosas que no habían sido establecidas, con material nuevo y conduciendo al pueblo a una nueva experiencia.  La actitud de David nos reconfirma que los métodos pueden cambiar y eso no quiere decir que estamos removiendo los principios espirituales.  Según EGW, esta experiencia “ayudó a liberar la nación de las garras de la idolatría".
  • El tercer punto que deseo resaltar es la gramática del salmo. Si interpretamos que David desea para lugares e instrumentos, debemos preguntarnos ¿son las proezas un lugar? No. Es más bien un nombre dado a una acción. El salmista nos invita a que adoremos a Dios por sus bondades para con nosotros. Entonces nos quedan dos lugares, el santuario y su firmamento. ¿Cómo decidimos cuales instrumentos del listado son asignados a uno y cuales son asignados al otro, según el salmista? Lo que realmente el salmista desea que entendamos es que somos adoradores todo el tiempo y en todo lugar, que todo lo que respire alabe a Jehová por lo que es y por lo que hace en bien de sus criaturas.
Cita 5
Efesios 5:19 “Hablando entre vosotros con salmos, y con himnos, y canciones espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones”.
Respuesta:
El concepto presentado por Pablo en este verso esta muy en acorde con otras enseñanzas ofrecidas en otras cartas por el mismo autor. En 1 Corintios 14:26: “Hermanos, ¿qué conclusión sacaremos de todo esto? Cuando se reúnen, uno puede cantar salmos, otro enseñar, o transmitir una revelación, o pronunciar un discurso en un lenguaje incomprensible, o bien, interpretarlo. Que todo sirva para la edificación común”. Toda nuestra alabanza colectiva debe tener como uno de sus propósitos principales el edificar la iglesia.

Pablo, mas allá de señalar una exclusividad para los himnos, está señalando como puede existir la variedad en la alabanza. Hay varias interpretaciones sobre lo que significa “salmos, himnos y canciones espirituales”. No obstante, recurriré a lo presentado por el Comentario Bíblico Adventista el cual representa de una manera más certera nuestras doctrinas como iglesia. “La distinción entre estos tres tipos de adoración puede ser como sigue: en general, los salmos eran los del AT cantados con acompañamiento instrumental; los himnos eran alabanzas a Dios, compuestas por los creyentes y cantadas por todos, mientras que los cantos espirituales u odas eran de una naturaleza más general y meditativa, con o sin acompañamiento”. Es decir los salmos eran los canticos más tradicionales provenientes de la cultura judía, escrito por David cientos de años antes del surgimiento de la iglesia primitiva. Los himnos eran los canticos creados por la recién naciente iglesia, cantos mas contemporáneos y que incluían las nuevas verdades que habían conocido acerca de Jesucristo y su sacrificio. Mientras que los canticos espirituales eran una adoración musical “creativa” y “espontanea”.
Termino la explicación con otra cita del CBA en el mismo versículo: “La adoración debe surgir del corazón y no ser simplemente algo mecánico. La música ha sido siempre parte de la adoración; el cristianismo es el que la ha elevado y consagrado. En la adoración religiosa el canto debe ser dirigido a Dios, de otra manera no es más que una auto exhibición. Este peligro llevó a Calvino y a Knox a menospreciar la música instrumental. La música no es un fin en sí misma sino que, como la oración, es un medio para acercarse a Dios”.

Cita 7

Salmos 27:6 “Y luego ensalzará mi cabeza sobre mis enemigos en derredor de mí: Y yo sacrificaré en su tabernáculo sacrificios de júbilo: Cantaré y salmearé á Jehová”.
Respuesta:

En ocasiones este verso es utilizado para indicar que solo debemos cantar Salmos o que lo que “mas le gusta” a Dios son los Salmos. No obstante, vemos que otras versiones en español sustituyen el salmearé por “cantaré alabanzas”. Varias cosas son interesantes en este verso. Primero, David resalta la obra redentora y de protección por parte de Dios hacia sus hijos… “ensalzará mi cabeza”, lo que provoca un brotar de pura alabanza. Segundo, David presenta el júbilo como parte del sacrificio a Dios. El termino “teru’ah” usado aquí para describir jubilo o aclamación de jubilo, es el mismo termino utilizado para describir el grito dado por el pueblo frente a Jericó. El cristiano puede y debe vivir en alegría ya que ha sido redimido y es protegido por Jehová. Obedecer a Jehová debe ser de completa alegría para el cristiano, aunque a veces el pedido del Señor sea tan extraño y fuera de nuestra lógica, como gritarle a unas murallas. En ocasiones se relaciona la seriedad con la espiritualidad. David nos muestra que eso esta muy lejos de la realidad.

Ultimo comentario

Dios quiere que sus hijos vivan en armonía, no peleando por métodos, mas encontrando un punto balanceado en el que puedan estar de acuerdo. Aun los principios son recibidos de manera distinta por cada uno de nosotros y asimilados a un ritmo diferente. El balance vendrá de corazones enamorados de Dios que estén dispuesto a aun en la diversidad puede haber unidad, y que Dios utilizará cualquier recurso disponible para rescatar la ovejita perdida. Ojalá podamos colocar estos asuntos a un lado y nos concentremos en la predicación del evangelio a todo el mundo en esta generación.

Gamaliel Feliciano, nació en Alemania pero se crió en Puerto Rico. Estudió teología en la Universidad Adventista de las Antillas en PR. Posee una maestría en psicología, completó sus estudios doctorales en Argosy University, en Washington DC y actualmente se prepara para defender su tesis doctoral. Actualmente es pastor para la Potomac Conference en Virginia, US. Dirige dos iglesias, una hispana bilingue y la otra sólo en español. Tiene experiencia en el área de salud mental en todos los niveles de cuidado, desde ambulatorio hasta cuidado intensivo. Posee licencia de psicólogo en Puerto Rico y de consejero profesional en EE.UU. Casado, tiene dos hijas. Ama la música, toca bajo y guitarra y canta desde niño.

Santa Biblia, ¿santo himnario?



SANTA BIBLIA ¿SANTO HIMNARIO? 
Adriana Perera

Mi abuelo aceptó a Jesús cuando yo tenía 11 años. Por aquel entonces mi padre me había pedido que me aprendiera los 527 himnos del antiguo Himnario Adventista, para acompañar al piano en nuestra iglesia local. Mi abuelo solía sentarse a mi lado mientras yo practicaba, y me pedía que tocara algunos de sus himnos favoritos. Recuerdo con emoción como aquel inmigrante vasco, de manos callosas, disfrutaba y a veces incluso derramaba lágrimas cantando los himnos que él tanto amaba, y que formaban parte de su nueva experiencia con Cristo. Cada sábado mi familia iba a la iglesia llevando la Biblia, el himnario y el folleto de la Escuela Sabática. En nuestra iglesia sólo se cantaban himnos del Himnario Adventista, y llevar el material era una parte importante de nuestra adoración.



Han pasado treinta años. Hoy voy a la iglesia con mi marido y nuestros dos hijos adolescentes. Mis hijos llevan la Biblia en sus Ipods o en sus teléfonos, ya que así pueden consultar el texto bíblico en diferentes versiones o idiomas. No llevan himnario porque las canciones que cantamos en la iglesia son proyectadas en la pantalla. Algunas de esas canciones están en el Himnario Adventista, otras no.

¿Cómo es que nuestra iglesia ha cambiado tanto en su forma de adorar durante los últimos treinta años? ¿Hasta qué punto es positivo ese cambio?

EL DESAFÍO DEL CAMBIO

Recientemente se ha publicado un nuevo Himnario Adventista en español que incluye nuevos himnos y canciones. Se ha ampliado el número total de obras a 614, y se han eliminado algunos himnos que no se usaban frecuentemente. Personalmente, me alegra mucho ver que la nueva edición del Himnario Adventista ha puesto al servicio de nuestras iglesias un repertorio de himnos y cantos más actualizado y variado, y se han mejorado muchas letras que necesitaban una revisión. Sin embargo las reacciones que ha producido esta iniciativa son diversas. Algunos opinan que el Himnario Adventista no debería cambiar nunca, y otros que los himnos tradicionales se han quedado obsoletos, y que ya no hay razón para tener un Himnario Adventista.

Analicemos esta cuestión a la luz de la Biblia y de la historia de la música sacra cristiana.

Para algunos miembros de iglesia, el Himnario Adventista es un libro tan santo como la Biblia. Esta posición no está fundamentada en la Palabra de Dios. La Biblia es santa porque es “dedicada, apartada para un uso sagrado”.[1] Jesús afirma “tu Palabra es verdad” (Jn. 17:17), por lo tanto la Palabra de Dios contiene la verdad. La Biblia tiene la capacidad de generar una relación con Dios. Al leer sus textos creamos vínculos con el Señor. Con frecuencia nuestra herencia católica hace que concibamos la religión y sus símbolos como mágicos. La Biblia es Santa, pero eso no significa que las páginas o las tapas de la Biblia tengan poderes sobrenaturales. Por eso, aunque la letra de la Palabra de Dios esté escrita en papel de papiro o de celulosa, o en la pantalla de una computadora, un iPod o un teléfono, el mensaje es el mismo. El formato en el que se comunica la Palabra de Dios no altera su contenido.

Por otra parte, la Biblia es un canon cerrado, y Jesús dice que “ni una jota ni una tilde pasarán de la ley” (Mt. 5:18). Es una verdad inmutable.

A diferencia de la Biblia, el Himnario Adventista no es santo, porque su compilación ha sido llevada a cabo por una persona o una comisión, y ha variado su contenido a través de la historia, adaptándose a los tiempos.

Tampoco es un canon cerrado, y aunque hay hermosas historias de autores que fueron inspirados por Dios para escribir melodías y letras que nos elevan y acercan al Señor, también hay otras melodías que son canciones populares de la época, valses del siglo XIX, himnos nacionales, lieder, etc.

El deseo de que el himnario sea tan santo como la Biblia es muy antiguo. Los padres de la iglesia en el concilio de Laodicea (siglo IV D.C.) determinaron que no se podían cantar en las iglesias letras que no fueran textos bíblicos. De esta manera se le daba al repertorio religioso un carácter más “santo”. Sin embargo, en la misma Biblia, Pablo invita a los Colosenses y a los Efesios a cantar “salmos, himnos y cánticos espirituales” (Colosenses 3:16. Cf. Efesios 5:19).

Situémonos en el contexto de la iglesia cristiana primitiva a la que se está dirigiendo Pablo, en la que el evangelio se está predicando a nuevas culturas, no judías. ¿Cuál era el “himnario” de los judíos de la época de Pablo? Su “himnario” era el libro de los salmos. No solamente representaba el legado musical del pueblo judío, sino que era —y sigue siendo— parte del canon bíblico, parte de la Palabra de Dios revelada. Sin embargo, cuando Pablo se dirige a culturas nuevas, no les insta a cantar solamente aquellos cantos que forman parte de su cultura judía y de la Palabra de Dios, sino que les invita a integrar himnos —que eran formas musicales greco-romanas— y cánticos espirituales —originarios la cultura árabe.[2]

Si Pablo hubiera sido el director de la comisión del nuevo himnario de la iglesia cristiana primitiva, hubiera incluido formas musicales “gentiles”. ¿Por qué? El ministerio de Pablo se dirige especialmente a los gentiles. Como buen judío, formado en las mejores escuelas rabínicas, Pablo es consciente de que la música es una poderosa expresión para adorar a Dios, y que la diversidad cultural afecta la expresión de la música, incluyendo la música sacra.

ADORACIÓN EN EVOLUCIÓN

La forma de expresar la adoración no es un concepto inmutable en la Biblia, sino cambiante, que se adapta a la realidad social y cultural del pueblo de Dios, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Desde el Génesis, donde Adán y Eva adoran a Dios cara a cara (Génesis 3:8), pasando por la etapa dorada de la liturgia israelita bajo el reinado del rey David (1 Crónicas 25), hasta la invitación de Pablo en el Nuevo Testamento a incluir formas musicales nuevas en la liturgia (Efesios 5:19), el repertorio de canciones, las formas musicales, los instrumentos, y la manera de organizar la liturgia varían considerablemente. La propagación de las buenas nuevas del cristianismo se extendió en el siglo I especialmente a través de los viajes misioneros del apóstol Pablo, el apóstol de la “unidad en la diversidad”. Tres siglos después, los padres de la iglesia se reúnen en el Concilio de Laodicea, y prohíben la participación de la congregación en el canto —que sería llevada a cabo sólo por un selecto grupo de clérigos—, el uso de los instrumentos en la liturgia y los textos de los cantos religiosos que no fueran estrictamente bíblicos.


CANTO GREGORIANO
CORAL LUTERANO
Sólo cantan un grupo de monjes.
Canta toda la congregación.
Existe una melodía, cantada al unísono.
Una melodía armonizada a cuatro voces (Soprano, contralto, tenor y bajo)
Frases largas, movimiento calmo y continuo que conduce a una actitud de contemplación.
Frases cortas, simétricas, con una cadencia al final que favorece el canto congregacional.
Se canta en latín.
Se canta en el idioma propio de esa cultura (vernáculo).
Los instrumentos musicales están prohibidos. 

Se evita el uso de ritmos repetidos, para evitar el movimiento corporal.
Se usan instrumentos musicales. 

Se usan patrones rítmicos repetitivos, para facilitar el aprendizaje de la melodía y la estructura musical.

En el S. VI el Papa Gregorio establece las bases del canto gregoriano, que predominará en la iglesia cristiana católica durante toda la Edad Media. ¿Siguen el concilio de Laodicea o el Papa Gregorio los principios bíblicos de la adoración? No. Los principios que regulan la música religiosa de la iglesia oficial durante la Edad Media no están fundamentados en la Biblia, sino en la tradición, y en la búsqueda del poder absoluto, tanto religioso como político.

En el S. XVI, Martín Lutero lideró la reforma protestante en Europa. La reforma teológica de Lutero fue acompañada por una importante reforma musical y litúrgica. Podemos decir sin temor a equivocarnos que lo que hoy conocemos como “himno protestante” tiene su origen en el coral luterano, una forma musical creada por Lutero. El coral luterano contrasta con los cantos oficiales usados por la iglesia católica durante la Edad Media. Martín Lutero devolvió el derecho de cantar a la congregación, promovió el uso de instrumentos, integró melodías populares y escribió letras basadas en la Biblia y en la experiencia de la justificación por la fe.

La reforma musical que lideró Martín Lutero devolvió a la iglesia cristiana del siglo XVI un espíritu de adoración más próximo al que se vivía en el contexto bíblico, en el que se nos invita al canto -congregacional (Salmos 98:4), a cantar con el entendimiento (1 Cor. 14:15), al uso de instrumentos como parte de la adoración (Salmo 150), y a la adoración integral, en la que interviene no sólo la mente y el espíritu, sino también el cuerpo (Salmos 84:2).

El primer himnario protestante, Gemeindegesangbuch, es publicado en 1533, bajo la supervisión de Lutero. Nuestro Himnario Adventista mantiene uno de esos himnos: “Castillo fuerte es nuestro Dios”,[3] cuya letra y música fue escrita por Martín Lutero.

No es el propósito de este artículo hacer una reseña histórica de los himnarios protestantes y los principales compositores de himnos, pero si lo hiciéramos, encontraríamos una estrecha relación entre reformas y reavivamientos dentro de la iglesia y su expresión en el estilo de himnos escritos en esa época. De hecho Isaac Watts, John Wesley, Charles Wesley y Charles Booth, padres de la himnología inglesa y compositores de numerosos himnos, en su época fueron considerados novedosos e incluso revolucionarios. Cuando surge el movimiento adventista en Estados Unidos, James White y Ellen White estaban habituados a los himnos de Watts, Wesley y Booth, entre otros. La actitud del matrimonio White con respecto al repertorio de cantos espirituales e himnos es inclusiva. James White comprende la importancia de crear una compilación de himnos acorde a las nuevas verdades bíblicas descubiertas por el movimiento adventista, y en 1863, antes de que la iglesia se organizara formalmente, ya había publicado cuatro himnarios y cinco suplementos. El primer himnario “oficial” de la Iglesia Adventista del Séptimo Día se publicó en 1869.[4]



¿UN NUEVO HIMNARIO EN EL SIGLO XXI?

En 2011 FACT (Faith Communities Today) publicó los resultados de un estudio titulado “Una década de cambios en las congregaciones de Estados Unidos. 2000-2010”.[5] En este estudio se demuestra que las congregaciones cristianas que más han crecido en Estados Unidos del 2000 al 2010 son aquellas que muestran un espíritu innovador e integran estilos contemporáneos en la adoración.

Considero que los himnos protestantes son una parte importante de nuestra herencia cristiana, y personalmente creo que es bueno que las nuevas generaciones valoren y conozcan este legado. Los himnos tienen el propósito de enseñar la verdad espiritual, y forman parte de nuestra identidad como iglesia. Sin embargo, también pienso que las nuevas generaciones no conectan con todos los himnos de la misma forma que otras generaciones conectaban. No puedo pedirle a mis hijos que ciertos himnos signifiquen lo mismo que significaban para mi abuelo, porque el significado de la música está asociado a experiencias personales y subjetivas. Las generaciones “X”, “Y” e “I”, han crecido escuchando otros estilos de música religiosa, además de los himnos tradicionales. Esos estilos ¨nuevos¨ para las generaciones anteriores, son los “normales” para las actuales.

Durante mis años de servicio en la División Euroafricana, tuve el privilegio de formar parte de la comisión de música de la División. El ejemplo de los pastores y músicos alemanes me pareció inspirador. La comisión de música en Alemania diseñó un Himnario Adventista para jóvenes que consiste en una compilación de 20 cantos al año, compuestos por jóvenes adventistas alemanes. Cada año se agregan 20 canciones inéditas al himnario, que se publica en formato digital o como una carpeta a la que se pueden agregar partituras. En España actualmente se edita un himnario llamado “Bienvenidos a Adorar”,[6] que consiste en la misma idea: compositores adventistas creando música contemporánea cada año. Las estadísticas demuestran que las congregaciones que crecen son aquellas en las que se da lugar a la participación e innovación, especialmente por parte de las nuevas generaciones, que son las que más necesitan crear un vínculo de identidad y pertenencia.

Más del 80% de los himnos del Himnario Adventista han sido compuestos por autores de origen inglés, austríaco o alemán. En la iglesia Adventista del Séptimo Día actual, el 2% de la membresía mundial pertenece a esos países, y más del 70% de los miembros viven en África y Latinoamérica. Sin embargo, menos del 5% de los himnos del Himnario Adventista son de origen africano o latinoamericano.[7] Esta es una de las razones por las que en nuestra iglesia mundial algunas comisiones de música están editando himnarios juveniles con himnos y cantos contemporáneos que reflejen más diversidad y que considere la contribución de culturas que han sido ignoradas hasta el presente.

En la clase de Armonía I, mis estudiantes analizan algunos himnos de nuestro himnario. Las frases de cuatro compases, la forma musical AB, la melodía sencilla, la progresión armónica predecible, siempre resolviendo en el acorde de tónica al final, los acordes, en su mayoría de tres sonidos y los ritmos sencillos no son sólo característicos de nuestros himnos, sino de la mayoría de los lieder anglosajones de fines del siglo XVIII y comienzos del XIX. El lenguaje de los himnos no es exclusivo de la música religiosa, sino de la música culta -y en algunos casos, popular -anglosajona de un período del arte determinado.

En Armonía II las piezas contemporáneas que analizamos tienen frases asimétricas, estructuras formales menos rígidas, melodías impredecibles, progresiones armónicas más complejas y coloridas, acordes de séptima y novena en su mayor parte, y hacen uso de la síncopa y de ritmos irregulares. Son composiciones contemporáneas, es decir, “pertenecientes o relativas al tiempo o época en que se vive”. La mayor parte de cantos que se agregan en las iglesias que innovan su liturgia son contemporáneos, por lo tanto, obedecen a algunas o todas las características que hemos nombrado antes. Si las estadísticas muestran que las iglesias que más crecen son aquellas que tienen una actitud innovadora e integran diferentes estilos en su adoración, cabe preguntarse si en nuestra iglesia local estamos siendo sensibles a la diversidad cultural y generacional de nuestra congregación.

LA FÓRMULA DE PABLO

Juntos hemos hecho un breve recorrido histórico que nos revela que la música, como expresión de la adoración, está en constante cambio. El cambio también es una realidad en nuestra vida con Jesús. Gálatas 2:20 describe un cambio que sucede “cada día”, Romanos 12:2 nos invita a “transformar nuestra mente por medio de la renovación de nuestro entendimiento”, Lamentaciones 3:23 nos dice que las misericordias de Dios se renuevan “cada mañana”. El cambio, el crecimiento, la renovación, no se dan sólo en el terreno espiritual sino también en el mundo natural. Las estaciones, las etapas de la vida, están marcadas por el cambio. “Lo nuevo pronto se convierte en lo normal, y más tarde en lo antiguo que necesita ser renovado”.[8]

La música es un lenguaje temporal, y al ser una expresión del ser humano está condicionada por la cultura, la sociedad, los avances de la tecnología, del arte y de la ciencia. Pretender que la música religiosa no cambie, o que se quede estancada en cierto siglo, es un error, y como ya hemos visto, no tiene fundamentación bíblica. Darle valor a una forma musical porque sea antigua, es considerar la tradición como un valor per se. Lo antiguo no equivale a lo verdadero. Jesús se enfrentó a las tradiciones de una religión formal que había apagado el espíritu de la ley y de la adoración verdadera.

Enfrentarnos al cambio puede ser doloroso, y con frecuencia nos puede empujar a redefinir nuestros límites y conceptos, pero es necesario cuando tratamos el tema de la música y la adoración en la iglesia, especialmente en este siglo XXI, donde los cambios se producen a una velocidad tan rápida.

Dios no cambia. Su verdad es inmutable. Pero los que nos movemos en el terreno de la música sabemos que comunicar a Dios a través de la música sacra, contextualizar su verdad, supone un desafío y una constante renovación. Implica también una actitud creativa, inquisitiva, y conlleva la responsabilidad de ser agentes positivos que canalicen el cambio, y que no se coloquen la tradición y el apego por lo antiguo como valores que se sitúan al mismo nivel que la Palabra de Dios.

Al estudiar la historia de la música, es fascinante notar que los grandes inspiradores, los grandes compositores, fueron aquellos que innovaron. Aquellos que se aventuraron a inventar una nueva textura, una nueva forma de orquestar, nuevas progresiones armónicas, nuevos acordes, melodías que buscaron caminos novedosos. Y al pensar en los grandes inspiradores de la música, no puedo dejar de pensar en David. David el luthier, el director de coros, el instrumentista, el ministro de música, el cantante, el poeta cuyas letras todavía traspasan la barrera del tiempo, de las traducciones, y llegan hasta nuestra alma transmitiendo la profundidad de su vivencia con Dios, David el compositor. Quizás porque David experimentó la inmensa alegría de hacer música para Dios, nos extiende la invitación a innovar, a cantar un nuevo canto, cinco veces en sus Salmos.

Me parece muy importante que Pablo, en Efesios 5:19, y Colosenses 3:16, antes de mencionar la diversidad de formas musicales, mencione: “sed llenos del Espíritu” y “que la palabra de Cristo more en abundancia en vosotros...” La fórmula de Pablo consiste en tener una experiencia espiritual con el Señor, y luego, como consecuencia, cantar “himnos, salmos y cantos espirituales”. La fórmula de Pablo va a la raíz del debate de la adoración de todos los tiempos. No podemos debatir sobre el estilo o la forma de la música religiosa si no nos relacionamos con el creador y el inspirador de la música religiosa. Una vez que estamos llenos de Su Espíritu y de la Palabra de Dios, nuestra música sonará a tono con Su voluntad. Y parte de la voluntad de Dios es alcanzar a toda nación, tribu, lengua y pueblo, respetando y considerando la diversidad cultural de sus hijos en la redondez de la tierra.

Afirmar que la inspiración murió en el siglo XIX es más fácil que buscar la inspiración del Espíritu Santo en el siglo XXI. Afirmar que el Himnario Adventista es un canon cerrado, y que el repertorio de música sacra termina con el último himno es más fácil que pedir la dirección del Espíritu Santo a la hora de estudiar la población de nuestra iglesia, para ofrecerles una adoración de acuerdo al corazón de Dios, relevante y significativa.

La Palabra de Dios es la revelación de Su verdad. No cambia. Es santa.

El Himnario Adventista es una compilación hecha por una comisión. No es santo. Puede y debe cambiar, actualizándose, reinventándose, adaptándose a los tiempos.

Es mi oración que el mismo Espíritu que inspiró al rey David, nos inspire para hacer de la adoración y la alabanza una expresión siempre nueva, siempre fresca, recién salida de nuestra vivencia con Dios.

Adriana Perera M.Ed, M.M. Profesora de Música y Adoración, Composición 
y Teoría de la Música en Oakwood University, Alabama. 


Referencias

[1] Diccionario de la Real Academia Española.

[2] Alfred Kuen, Renovar el culto (Barcelona: Clie, 1990), 123.

[3] Himno Nº400 en el Himnario Adventista, 2009.

[4] Himnario Adventista (Buenos Aires: ACES, 2009), 4.

[5] http://faithcommunitiestoday.org/

[6] www.bienvenidosaadorar.com

[7] http://dialogue.adventist.org/articles/17_3_haloviak_s.htm

[8] Lilianne Doukhan, In Tune With God (Washington: Review and Herald, 2010), 284.

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