¿Cuál es el camino correcto? ¿Imponer o escuchar?




Posiciones sobre la música en la iglesia
La imposición de ideas ¿Es el camino correcto?

David Eduardo Quiróz
  
El presente artículo se refiere a la situación particular de la música en la IASD. El propósito es tratar de buscar la posibilidad de modificar la manera de encarar la discusión sobre este asunto dejando el camino abierto para seguir indagando sobre el tema. Se propone el diálogo, la comprensión, y empatía como las vías para encontrar una forma diferente de debatir. Evitando de esta manera el error que subsiste cuando sólo se pretende imponer ideas.

En la realidad actual de nuestra iglesia podemos observar la existencia de por lo menos dos diferentes posiciones bien marcadas sobre la adoración, la música dentro de la iglesia y sobre los instrumentos apropiados para el culto. Una de ellas es conservadora y trata de mantener la forma tradicional del culto adventista, la otra con un perfil más abierto hacia nuevas formas y estilos musicales. Estas posiciones generalmente se sustentan por presuposiciones teológicas que hacen ver la situación desde perspectivas diferentes, es decir que tiene que ver con la cosmovisión que se tiene acerca del significado de la adoración. Sucede entonces que cuando se toca el tema de la música en la iglesia, ambos enfoques aparecen claramente contrapuestos, en el sentido de que cada uno adopta la posición que sería correcta en su comprensión de la alabanza y adoración.


El hecho de creer diferente y tener distintos puntos de vista respecto de la música adecuada para la adoración no debe llevarnos a querer imponer nuestros pensamientos a las personas, y lamentablemente en varias ocasiones esto ocurre desde ambas partes. Tal vez muchas veces sin intención, pero en el afán de querer expresar una opinión se cae en el error de imponer aquello que se sostiene. Y lo que es peor, a veces se puede llegar a descalificar al que no cree de la misma forma. Evidentemente, si analizamos la manera de encarar la discusión encontraremos que en esta situación hay algo por resolver. Aquí se hace necesario sincerarse y reconocer que algo se nos está escapando, que hay principios que estamos dejando de lado cuando abordamos el tema. Que exista disensión  no significa que no podamos hallar un camino para una relación de convivencia, más allá de las diferencias. Si realmente estamos dispuestos en pensar en una solución a esta problemática se hace necesario abordar la cuestión de un modo diferente, evitando discusiones interminables que no ofrecen salida, ya que las dos posturas se observan desde diferentes ópticas. Esto es algo que debemos tener en cuenta cuando hablamos sobre el tema. Porque solamente si sabemos desde donde interpretamos la situación, lograremos comprender al que piensa diferente.
Ese lugar desde donde observamos la situación tiene que ver con las concepciones en las que fuimos formados, con nuestras propias presuposiciones y con las experiencias vividas. Es decir, que nadie interpreta desde la nada, en forma neutra; sino que en el mismo acto de interpretar estos factores tienen un valor sumamente relevante y en definitiva la posición tomada estará condicionada por los mismos. Entonces, si consideramos esto será más fácil comprendernos a la  hora de debatir, ya que sabremos desde donde estamos hablando. Otro factor determinante a la hora de tratar estas cuestiones, es la identidad eclesiológica o denominacional.[1]Para muchos, pensar en cambiar el estilo de música es perder nuestra identidad adventista. Esta identificación es el parámetro con el cual se mide lo que es correcto en cuanto a prácticas y formas.

Hay que reconocer que ambas posiciones pueden ser válidas siempre que se eviten los extremos y la pretensión de enseñarla como la única. Esto quiere decir que al abordar esta cuestión debemos tener en claro que existe una diferencia entre aceptar una posición la cual creemos correcta, y en dogmatizar esa idea e imponerla a todo el que no está de acuerdo con la misma. Si no logramos esta diferenciación podemos caer en el error de imponer nuestra idea, y así estaríamos cerrando toda posibilidad de una nueva comprensión.

Una necesidad de ambas partes

En el caso de ser conservador y aceptar solamente himnos y algunos instrumentos para el culto, se debe reconocer que a esta conclusión se llega no necesariamente por un “escrito está”, puesto que no podemos hablar de estilos bíblicos y menos aún, de que las melodías de nuestro himnario sean el estilo bíblico de adoración. Más bien, se adopta esta posición por las presuposiciones antes mencionadas que hacen observar la situación desde una perspectiva particular en la que todo cambio implicaría una pérdida de la identidad adventista. Claramente aquí estamos hablando no sólo de parámetros bíblicos, sino también de tradiciones que son propias de nuestra iglesia y al parecer son tan inamovibles como lo son las Escrituras. Por otra parte, los que creemos que se puede utilizar música contemporánea para la adoración también debemos entender que otros tienen derecho a pensar diferente, que no hay pecado en cantar sólo himnos en la iglesia o en utilizar sólo algunos instrumentos y que el hecho de adherir por las formas tradicionales no representa un problema es sí. Creo que en ambas posiciones necesitamos empatía para poder comprender al que piensa distinto; sobre todo, para entender por qué tiene una visión diferente.

Posibilidad de cambio

Más allá de la posición que se tome siempre existe la posibilidad de cambio. Las presuposiciones que determinan lo que creemos no son inmodificables ya que el encuentro con nuevas experiencias puede hacer que consideremos una determinada situación de manera diferente. El choque con lo nuevo nos puede conducir a un replanteo del enfoque que tenemos hasta el momento y por ende a una modificación de la visión sostenida hasta ese instante. Esto quiere decir que el hecho de experimentar nuevas realidades a las que no estábamos acostumbrados, nos hace repensar las situaciones y considerarlas desde una perspectiva nueva. Son muchas las situaciones que nos pueden llevar al encuentro con lo nuevo. En mi caso personal nunca voy a olvidar lo que ocurrió cuando ingresé a estudiar teología en la facultad evangélica. Allí encontré hermanos consagrados y realmente comprometidos con la misión de la iglesia. Además, muy estudiosos de la Biblia y respetuosos de las creencias nuestras. Recuerdo que un profesor al terminar una clase en la que los únicos adventistas éramos un hermano y yo, se acercó y nos dijo que para ellos –su denominación– era una bendición que estemos allí y que había cambiado su manera de pensar acerca de los adventistas. Nuestra respuesta fue que la bendición era nuestra y que nosotros también teníamos una idea diferente antes de conocerlos. Sin dudas esta experiencia sirvió para comprender una realidad que salió a la luz a través de una relación y diálogo. Ambas partes podíamos compartir y convivir más allá de tener diferencias doctrinales y podía darse esa situación porque no había intención de imponer ideas. Esta situación me enseño a comprender que el no estar de acuerdo con ciertas cuestiones doctrinales no debe impedir el diálogo.
De igual manera  debemos tratar las discusiones sobre la música en nuestra iglesia. Procurar dialogar para comprendernos mejor. El hecho de no pensar igual o de disentir en ciertas cuestiones no debe impedir que busquemos una relación de convivencia pese a las discrepancias. Si algo que debemos aprender es a relacionarnos con el que piensa diferente. Pero esto no será posible si creo que sólo vale mi posición y que solamente hay fundamento para ella. Las discusiones no son nuevas y siempre estuvieron presentes en el cristianismo y también en el adventismo. Si observamos nuestra historia podremos vislumbrar como en distintos momentos se generaron tensiones por diferentes posturas, muchas de ellas en cuestiones doctrinales mucho más fuertes que la discusión sobre la situación actual de la música. Es necesario que sepamos resolver esta situación de la mejor manera, lo cual no significa que todos pensemos de la misma forma. Dependerá de nosotros, de cuán dispuestos estemos a dialogar. Si sólo pensamos en imponer lo que creemos sin considerar otra visión; lamentablemente las cosas seguirán en eterna oposición.

¿Podemos buscar luz en las Escrituras para estas cuestiones?

No sólo podemos, sino que debemos recurrir a la Palabra de Dios para tratar este tema. Pero debemos tener en cuenta que si las Escrituras serían claras respecto de este asunto no estaríamos discutiendo el tema de la forma en que lo hacemos. No obstante, aunque la Escritura no trata específicamente este tema tal como se plantea hoy, sí podemos encontrar en la Biblia situaciones que nos pueden ayudar a encararlo.  
Es fundamental comprender que no estamos discutiendo sobre lo que es recto o malo, ni cuestionando los pilares del Cristianismo. Tampoco nuestra discusión es sobre asuntos de salvación o perdición. Es por esto que al tratar lo que concierne a la música en la iglesia tenemos que hablar de equilibrio, comprensión y empatía. Equilibrio para no imponer nuestras ideas a los demás, comprensión para que pueda haber diálogo y empatía para situarnos en el lugar del otro. Esta claro que el problema no son las discusiones en sí, sino el modo en que se abordan.

En la epístola a los Romanos, el capítulo 15 versículos 5-6, contiene un principio que se debe tener en cuenta a la hora de tratar las diferencias entre hermanos. Este pasaje está relacionado con los problemas planteados en el capítulo 14 y con los versículos anteriores del capítulo 15. En ellos encontramos la siguiente declaración:

“Pero el Dios de la paciencia y de la consolación os dé entre vosotros un mismo sentir según Cristo Jesús, para que unánimes, a una voz, glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo”(VRV 1960).

Pablo pide que el mismo Dios, quién ha dado evidencias de paciencia y consolación nos conceda un mismo sentir, es decir un mismo pensar, sin que nada afecte nuestra unidad en Cristo. Esto no quiere decir que no pueda haber diversas opiniones. Como bien dice el comentario adventista: “Pablo no ora para que haya idénticas opiniones en asuntos insignificantes, sino para que haya espíritu de unidad y armonía a pesar de las diferencias de opiniones”.[2]Más allá de las diferencias debemos procurar un ambiente de amor y tolerancia mutua en el que podamos intercambiar ideas sin agredir o descalificar al que tiene otra visión de la realidad.

Sería interesante que al discutir acerca de la adoración en la iglesia dejemos en claro algunos puntos que nos permitirán un diálogo constructivo:

  • Superar la idea de que mi posición es la verdadera y las demás están equivocadas.
Si siempre partimos con la idea de tener la razón o la interpretación correcta, nunca llegaremos a comprender a quien tiene otra visión. Pensar de esta forma nos hace creer que tenemos todo comprendido y que nada tenemos por aprender. Nos cierra ante la posibilidad de escuchar lo que Dios nos puede decir hoy frente a nuevas realidades en este mundo que avanza. Es fundamental comprender que el hecho de creer algo fervientemente, no quiere decir que sea la única interpretación y última palabra acerca de una cuestión. No debemos olvidar que si alguien cree diferente es porque parte de premisas diferentes que lo llevan a conclusiones diferentes.

  •  El respeto por quien tiene una visión diferente.
Más allá de la posición que hemos de tomar, no debemos olvidar el respeto por el que cree diferente, como tampoco que todos somos parte de una misma iglesia que tiene la misión de predicar el evangelio. Esto debe estar siempre presente si realmente queremos dialogar y no solamente imponer nuestras ideas.

Conclusión

Es importante recordar que si bien la iglesia tiene una misión, no todos tenemos la misma función. Y la diversidad es una vía para poder llegar a las distintas personas. Hay algo que es innegable estemos a favor del formalismo tradicional o de la innovación contemporánea. Que con distintos estilos musicales se ha llegado a personas que de otra manera no hubiese sido posible que se acerquen a la iglesia. Asimismo, también tenemos que decir que muchos hermanos que han llegado a la iglesia se sienten identificados y familiarizados con el estilo de adoración tradicional con el que se encontraron al llegar, y esto no debe significar un problema.

La Sra. White hablando de la diversidad dice lo siguiente:

La fortaleza del pueblo de Dios radica en su unión con él mediante su Hijo unigénito, y su unión del uno con el otro. No hay dos hojas de un árbol que sean exactamente iguales; tampoco concuerdan todas las mentalidades; pero aunque es así, puede haber unidad en la diversidad. Cristo es nuestra raíz, y todos los que están injertados en esta raíz darán el fruto que Cristo dio[3].

Si estamos unidos en Cristo lograremos permanecer unánimes aún con las diferencias. Nuestra relación con Dios se hará visible en nuestras relaciones como hermanos, en la manera de encarar las discusiones, y en la medida en que logremos comprendernos. Si no somos capaces de tomar distancia de nuestra  propia posición para examinarla en forma crítica; será mucho más difícil comprender al que observa la situación desde una óptica diferente.

El contenido de este breve artículo no ha pretendido dar solución al problema ni mucho menos. Está claro que este tema da para muchísimo más y que las diferencias siempre estarán presentes. Pero sí podemos pensar en cambiar el modo de abordar la situación siendo capaces de analizar nuestros propios argumentos para que pueda entablarse el diálogo con el que disiente de mi posición. El cambio es parte del crecimiento y la realidad nos obliga a repensar las cosas. Pero sólo podremos debatir positivamente si no olvidamos aquello que debe mantenernos unidos, esto es el amor de Dios en Cristo que permanece en nosotros.

David Eduardo Quiróz, Bachiller Superior en Teología por la Facultad Argentina de estudios teológicos de la Iglesia de Dios, candidato a Magíster en Teología en el South African Theological Seminary. Coordinador del seminario a distancia de la Escuela de Ministerio de la Iglesia Cristo Rey. Miembro de la iglesia adventista del Séptimo Día de Lanús Oeste, Buenos Aires Argentina.




[1] Sobre este tema  ver artículo: ¿Identidad cristiana o identidad denominacional? En HimnovaSion.
[2] Comentario bíblico Adventista. Tomo 6, p. 639
[3] RH 4-5. 1899

"Habrá vocerío, con tambores": la anatomía de una traducción tendenciosa y equivocada

Banda semejante a la de los campestres en Indiana.


En el centro de la controversia actual sobre la música y los instrumentos musicales en la iglesia adventista está la declaración: 

"Esas mismas cosas que habéis explicado que *ocurrían* en Indiana, el Señor me ha mostrado que *volverían a ocurrir* justamente antes de la terminación del tiempo de gracia. Se manifestará toda clase de cosas extrañas. Habrá vocerío acompañado de tambores, música y danza". [1] 

Esa declaración se hizo en el contexto del movimiento que floreció en las iglesias adventistas en el estado de Indiana, EE.UU en el inicio del siglo XX. He aquí una breve contextualización histórica de la declaración.

Entre los años 1898-1900 se desarrolló un movimiento perfeccionista en el estado de Indiana cuyos líderes predicaban que la conversión debería conducir a un estado de impecabilidad completa. Su mensaje era llamada por ellos "el mensaje de la purificación". Algunos de los líderes y pastores de la conferencia desarrollaran un culto donde la gente era llevada a un clímax emocional y físico. Miembros predispuestos al mensaje de purificación participaban intensamente en la adoración, con manifestaciones verbales, gritos de "Gloria", "Aleluya", etc. Cuando alguien sucumbia al agotamiento físico o éxtasis en el culto con ruido y confusión, eso era señal que había pasado por la experiencia "del huerto [Getsemani]", había recibido "carne santa" y ya no podía pecar. Estos episodios se produjeron con frecuencia en los servicios del sábado.

En el verano de 1900 (julio-septiembre) la Conferencia de Indiana organizó tres grandes campestres. Por la primera vez en un campestre Adventista había una banda con diferentes instrumentos musicales, incluso tambores, violines, trompetas y flautas. Los periódicos de la época informan que hubo objeción a los instrumentos por parte de los participantes en Muncie. Oficiales de la Conferencia General y de otros testigos protestaron al hecho de que los organizadores utilizaron un himnario no adventista, instrumentos musicales y también presionaban a los miembros a través de gritos fuertes y llamados prolongados al sonido de los instrumentos musicales y la música coral.

En una carta a Elena de White, el pastor Stephen Haskell describió el campestre de Muncie como una "mezcla de error y verdad con mucha excitación y música". Fue en la respuesta a la carta de Haskell que Elena de White hizo la declaración en contra del "vocerío, tambores, música y danza". Como los testigos, Elena de White también no veía con buenos ojos al uso de la música para apoyar al culto emocionalista con "ruido y confusión", una "multidud de sonidos", gritos exagerados, anarquía y alboroto. [2]

La declaración en inglés es bastante clara: la falsa adoración del culto de Indiana en 1899-1900, que era una copia del culto carismático y pentecostés de la época, era una prueba de que el mundo estaba llegando a su fin, según Elena de White. La falsa adoración se manifestaría antes de la venida de Jesús.

Sin embargo, cuando comparamos el texto en inglés con la traducción en español publicada en el libro Mensajes Selectos, vol. 2, p. 41, constatamos que la traducción en español tiene dos errores de traducción que modifican de forma grave la intención de la autora. Primeramente, veamos el texto en inglés:

“The things you have described as taking place in Indiana, the Lord has shown me would take place just before the close of probation. Every uncouth thing will be demonstrated. There will be shouting, with drums, music, and dancing.” [3] 

La traducción en español publicada cambia el sentido de forma bastante grave porque:

1. “Ocurrían” no traduce correctamente la expresión “as taking place”. El sentido en inglés es presente, y no pasado. El inglés quiere decir “como vienen aconteciendo” o "como las que está ocurriendo".

2. “Volverían a ocurrir” tambien es otro error (consecuencia del primero error) porque no refleja los matices de la expresión en inglés “would take place”. La expresión en inglés denota simplemente “ocurrirían” o “habían de ocurrir”. El tiempo verbal es subjuntivo (o potencial o condicional), y no futuro como el traductor la tradujo.

Bajo este prisma, podemos entender que las formas verbales futuras "manifestará" y "habrá" se refieren al futuro inmediato en Indiana en 1900, cuando consideramos que "esas mismas cosas" volverían a ocurrir en Indiana mientras EGW escribía su carta, y no estrictamente a nuestros días.

Abajo está la traducción que sugiero más cercana del original.

"Las cosas que habéis descrito, que vienen aconteciendo en Indiana, el Señor me ha mostrado que habían de ocurrir justamente antes de la terminación del tiempo de gracia. Se manifestará toda clase de cosas burdas. Habrá vocerío, con tambores, música y danza".

Las implicaciones de la declaración correctamente traducida son bastante claras: Elena de White se estaba refiriendo a lo que pasaba en Indiana porque su intención era combatir el culto fanático en sus días. Las cosas que "vienen aconteciendo" en 1900 en Indiana eran una prueba de que estaba cerca el cierre del tiempo de la gracia. 

Debido a la traducción equivocada, se ha concluido que la afirmación es una profecía a nuestros días porque los tambores "volverían a ocurrir"; eso es una "profecía" específica sobre el uso de la batería o a la música del culto contemporáneo Adventista porque estamos muy cerca del cierre del tiempo de gracia. 

Pero tal conclusión ignora que en 1889, o sea, once años antes del movimiento en Indiana, Elena de White dijo: “Los días de gracia que tenemos están terminando rápidamente. El fin está cerca”. [4] La falsa adoración de Indiana en 1900 era, en realidad, una prueba más para Elena de White de que el fin estaba cerca.

Ella también afirmó que surgirían “muchos movimientos semejantes en este tiempo” [5] “siempre que haya “oportunidades favorables” porque es basado en “falsas teorías” [6] y advierte que el fanatismo continuará apareciendo de “diferentes formas” [7] por causa de  “la comezón que experimentan ciertas personas por originar alguna cosa nueva” [8]  

Es importante notar que esas tendencias del emocionalismo en la adoración regresaran nuevamente en 1908 cuando la señora Mackin entraba en éxtasis al sonido de himnos tradicionales a capella, sin tambores, gritos, instrumentos musicales o danza. [9]

Es lamentable que la traducción publicada en español cambie de forma grave el sentido de la declaración al poner el ocurrido en Indiana en pasado y al lanzar su aplicación exclusivamente al futuro al decir que esas cosas “volverían a ocurrir”. La cita claramente se refiere a lo que ocurría en Indiana en 1900 y no al futuro distante (2012).

Típico Campestre Adventista del inicio del siglo XX.
Sin embargo, es importante que quede claro que la necesaria contextualización del mensaje en contra de las cosas burdas, "vocerío con tambores música y danza" de Indiana en 1900 no significa que las advertencias en contra del culto con "ruido y anarquía" no tienen aplicación hoy. La iglesia debe seguir no dando “ningún estímulo a esa clase de culto.” [10] 


André Reis es formado en teología por la Universidade Adventista de São Paulo, Magister en Música por la Longy School of Music y actualmente es candidato a PhD en Teología.
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[1] Carta 132, outubro de 1900; 2 Mensajes Selectos, 41.
[2] Mensajes Selectos vol. 2, p. 41-44.
[3] Selected Messages, vol. 2, p. 36.
[4] Palabras de Vida del Gran Maestro, p. 259; vease también Testimonios Para Ministros, p. 60; 1 Mensajes Selectos, p. 479; 7 SDABC, p. 952; El Hogar Cristiano, p. 265; Consejos para la Iglesia, pp. 114, 647; Review and Herald, 4 de marzo de 1876. 
[5] Mensajes Selectos, vol. 2, p. 40.
[6] Life Sketches, pp. 92, 93.
[7] Mensajes Selectos, vol. 2, p. 50.
[8] Mensajes Selectos, vol. 2, p. 43.
[9]  Mensajes Selectos, vol. 3, pp. 414-428.
[10] Mensajes Selectos, vol. 2, p. 44.

La música: ¿neutral o moral? - Segunda parte


La música: ¿neutral o moral? 
SEGUNDA PARTE 
Análisis del vídeo # 4 de Oliver Coronado

Juan Francisco Altamirano

Si la música hipnotizara seríamos una humanidad zombi,
¿o algunos podríamos estarlo mientras recibimos 
ponencias con los sentidos adormecidos?

La música es relevante en el culto sin embargo no adoramos a Dios con ella, lo adoramos con la melodía que sale de nuestro corazón, porque el culto favorito de Dios no es nuestra música, es la armonía creada unidos con nuestras diferencias, de ahí que si la adoración a Dios se definiera por la música, su dedo habría escrito partituras; en su lugar, su dedo compuso una ley para amarle, y amarnos.



Dios nos atrae a la armonía con él y a partir de este epicentro, a la armonía entre nosotros del mismo modo como nos brinda el ritmo para que nuestros cuerpos gocen vivir, y la melodía para contribuir al bienestar social en el concierto de la vida. Visto así… hagamos la música de quien dijo: “Misericordia quiero, y no sacrificio” (Mateo 12:7).

Lo bueno, lo accidentado, y lo mejorable 

Es posible leer o escuchar y encontrar algo útil, algo para desecharse, o también, algo para llevarlo a un nuevo nivel de calidad. Cada oyente o lector tiene su propia percepción para seleccionar las tres cosas.

Al finalizar el análisis del Vídeo # 4 dejo la puerta abierta para que otro lector pueda hacer con mis palabras, lo que yo he hecho con las del hermano Oliver Coronado. Es así, la vida es una escuela, todos podemos aprender de todos aunque la mayoría nos distraemos y otra parte pareciera intentar ausentarse. Para aquellos presentes comparto lo que aprendí, lo que recordé, lo que no me pareció y por qué, y lo que me inspiró…

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Primero: Lo que aprendí…

Los oyentes a quienes nos dirigimos en público, son un “público cautivo”, es decir, no tienen la opción de defenderse en el acto. Están ahí, y lo que les decimos les llega sin la posibilidad de haberlo “colado” antes. Algunos de ellos aplican el principio de 1 de Tesalonicenses 5:21, de “examinadlo todo; retened lo bueno”, pero otros no. ¿No es esta una solemne responsabilidad? —me pregunto. Claro que lo es. Aún más, me pregunto si no estamos en el deber de enseñarles a “defenderse” de nosotros, a cuestionarnos, a recordarles su libertad de conciencia, y a no tomar nuestras palabras en lugar de la Palabra de Dios. Elena G. de White lo expresa en modo inmejorable; ella dice lo siguiente en el contexto de la educación: “Todo ser humano, creado a la imagen de Dios, está dotado de una facultad semejante a la del Creador: la individualidad, la facultad de pensar y hacer. La obra de la verdadera educación consiste en desarrollar esta facultad, en educar a los jóvenes para que sean pensadores, y no meros reflectores de los pensamientos de otros hombres. En vez de restringir su estudio a lo que los hombres han dicho o escrito, los estudiantes tienen que ser dirigidos a las fuentes de la verdad, a los vastos campos abiertos a la investigación en la naturaleza y en la revelación. En vez de jóvenes educados, pero débiles, las instituciones del saber deben producir jóvenes fuertes para pensar y obrar, jóvenes que sean amos y no esclavos de las circunstancias, jóvenes que posean amplitud de mente, claridad de pensamiento y valor para defender sus convicciones” (La educación, p. 16).

Segundo: Lo que recordé…

Enseñar es una forma de arte. Se le considera legítimamente la obra más importante de la vida. Requiere todo el empeño y los mejores medios. Dios como nuestro educador lo sabe. Oliver Coronado, tras citar Deuteronomio 6:4 y 7, en el minuto 35:45 nos comparte la genial iniciativa de Moisés al instruir a los israelitas, “a ponerle música a las palabras de la ley” (Conducción del niño, p. 496), refrescándonos algo muy útil cuando dice que “la música puede ayudar a guardar información en el cerebro” (37:00).

La música sola no basta para fijar a través de ella una enseñanza, menos para recordarla. ¿Qué más hace falta? Crear asociaciones. Por ejemplo, el hermano Coronado (45:49) dice que se cree el “007” al escuchar la música de ésta serie televisiva, o, con otra (46:03), que podría hacer creer a alguien que él es “la misión imposible”, etc. Desde luego, esta música no le produciría la misma asociación mental ni le atribuiría el mismo significado, a alguien que jamás se haya imaginado lo mismo aun habiendo mirado las mismas películas. Aunque dicha música puede influir en el estado de ánimo de las personas al escucharla, no les llevaría el mismo mensaje que a Coronado, a quien hasta lo puede hacer sentir “Luke Skywalker” (46:23), el personaje de la Guerra de las galaxias. Y sucede igual con las imágenes. En el minuto 46:51 aparece otro ejemplo. Detrás del párrafo se ve la imagen de un hombre abrazando por detrás a una mujer. Para quien nunca haya visto Titanic, la película romántica producida en 1997, la pareja no le traería ningún recuerdo. Sin embargo, en el vídeo de Coronado hay personas a quienes sí les sugiere memorias románticas ver la imagen de Leonardo DiCarpio abrazando a Kate Winslet, (47:18). ¿Qué ocurrió? Hubo una asociación entre una imagen y un recuerdo.

Tercero: Lo que no me pareció, y por qué…

Desde el minuto 24:10 se plantea la pregunta eje de la presentación: “La música, ¿es neutral?”, la que también repite más tarde en el 31:52. Por los movimientos y susurros de la audiencia pareciera convencerla que no es neutral, y que la música tenga cierta virtud, significado ético, es decir, que la música posee un valor moral aunque sea solo música no vocal. Por sus preguntas retóricas en el minuto 24:16 se entiende que la música no vocal puede ser mala en sí misma. Éste es el argumento estrella.

Para reforzar lo que dice trae al escenario la música del emblemático Martín Lutero. Muy bien, vamos a aplicarle al personaje el criterio que la música en sí misma, sin letra, tiene un poder moral sobre el que la escucha.

Si es como Oliver Coronado sostiene que la música no es neutral, la música del himno “Castillo fuerte” debería causar una descomposición moral en millones de cristianos que lo han entonado por varios siglos. ¿Por qué? Porque la música de ese himno perteneció a una música popular de la época de Lutero, muy sonada en las tabernas de aquella época. Lo único que el reformador hizo fue casar la música con una letra de valor cristiano. Esto confirma que para Lutero, la música sola, aunque tiene poder para influir en el estado emocional de las personas, no es capaz de alterar la moral de nadie.

Seguido, en el minuto 24:57, Coronado habla de Johann Sebastian Bach y hace una deducción especulativa de unas palabras atribuidas al compositor alemán. Las palabras de Coronado (25:05) son: “Dice —citando a Bach—, que la música es para la gloria de Dios y el refrescamiento del espíritu”, y añade Oliver una especulación que le parece lógica (25:13): “Si la música puede refrescar el espíritu, es razonable mis hermanos, que por el mismo poder puede contaminar y también corromper”.

Lo interesante que parece no atender Coronado, es que Bach no habla aquí de pureza musical porque las notas no pueden ser puras ni impuras, de ahí que el compositor hable más bien del “refrescamiento” que la música puede producir en los oyentes.

Entonces, a partir del minuto 25:27, el hermano Oliver Coronado le atribuye a Elena G. de White palabras que no le pertenecen. ¿Cómo lo sabemos? Al aplicar la iniciativa a la que él invita de “profundizar un poco” (16:12).

Comparemos… (si pinchas la imagen se amplía)


¿Hubo mala fe de parte de Oliver Coronado? No lo creo de ninguna manera. ¿Descuidó seguir su propio consejo de “profundizar un poco”? Creo que sí. Desliz que puede sucedernos a cualquiera cuando queremos una “prueba” para validar nuestras propias ideas.

Los descuidos son al menos dos:

Primero: El origen de las palabras antes de la cita. Las palabras resaltadas en negrita fueron agregadas por los redactores del Apéndice 2 (“La música en la IASD de Sudamérica”) que aparece al final del libro (“La música”) publicado por la División Sudamericana. Evidentemente Coronado lo desconoce y las lee atribuyéndoselas a Elena G. de White.

Segundo: El contexto de las palabras de la cita. Ni aun analizando las palabras de EGW solas se pueden prestar para el uso que el hermano Oliver le quiere dar. Veamos el párrafo:

“Así como los israelitas cuando andaban por el desierto alegraron su camino con la música de canto sagrado, Dios invita a sus hijos a alegrar por el mismo medio su vida de peregrinaje. Hay pocos medios más eficaces para grabar sus palabras en la memoria que el de repetirlas mediante el canto. Y esa clase de canto tiene un poder maravilloso. Tiene poder para subyugar naturalezas rudas e incultas, para avivar el pensamiento y despertar simpatía, para promover la armonía en la acción, y desvanecer la melancolía y los presentimientos que destruyen el valor y debilitan el esfuerzo”, (La educación, p. 151. Énfasis en negrita ha sido agregado).

De acuerdo a su contexto notamos que la autora está hablando del “canto sagrado”, como ella misma lo llama, y no de la música como se pretende.

A partir del minuto 30:33 Oliver Coronado hace decir a Dios algo que él nunca ha dicho. Leamos sus palabras: “Se da cuenta por qué Dios dijo déjenme en el culto sonidos de armonía, instrumentos de armonía, porque Dios no quiere que usted esté marchando en el culto”.

Este no es más que un comentario suyo porque ni siquiera puede usar las Escrituras para sostener su preferencia. Es más, técnicamente hablando, ¿quién sería capaz de crear música solo con armonía?

De paso, la cita de Elena G. de White (La educación, p. 37) que se lee en el minuto 31:05, que dice que el pueblo de Israel repetía las promesas “en cantos acompañados de música instrumental, a cuyo compás marchaba el pueblo mientras unía sus voces en alabanza”, resulta útil para ilustrar lo contrario a lo que Coronado enseña, a saber que la música rítmica como la marcha no puede traer tranquilidad, pero terminemos de ver el párrafo para encontrar algo opuesto. Observemos: “De ese modo se apartaban sus pensamientos de las pruebas y dificultades del camino, se calmaba el espíritu inquieto y turbulento, se inculcaban en la memoria los principios de la verdad y la fe se fortalecía” (Énfasis agregado). 

La letra del canto compuesta con promesas divinas hacía que se fijaran verdades eternas en las mentes de los peregrinos, pero la música rítmica no los alteraba, les “calmaba el espíritu inquieto y turbulento”, y además, según el siguiente párrafo de Elena G. de White (Conducción del niño, p. 496) leído por Coronado en el minuto 35:44, entendemos que la música con la que se aprendían los mandamientos los niños hebreos era tan rítmica que “mientras los niños mayores tocaban los instrumentos musicales, los menores marchaban y cantaban en concierto el cántico de los mandamientos” (Énfasis agregado). Sencillamente si el hermano Coronado no favorece la música rítmica, bastaría si afirmara que se trata de un gusto personal y estaría en su derecho de hacerlo.

En el minuto 37:09 Oliver resalta de otro modo su preocupación sobre el poder que tiene la música, ahora con estas palabras: “Una de las cosas que más me preocupa, es el poder que tiene la música sobre el sexo… cómo hipnotiza la mente” (Énfasis agregado).

La frase subrayada sería correcta agregándole que la condición para que una persona sea hipnotizada, es la de estar totalmente de acuerdo. Nadie puede ser hipnotizado solamente por escuchar música. Falta estar predispuesto para ser inducido a esa forma de inconsciencia. Aclaremos también que para absorber las creencias ajenas a Dios dictadas en muchas canciones, no hace falta estar adormecido, es suficiente rendir la vigilancia de la mente a la repetición constante. 

De nuevo, ahora desde el minuto 37:45 el hermano Coronado interpreta que Elena G. de White enseña, que la música vocal puede controlar la voluntad. Se refiere al caso de la fornicación del pueblo de Israel con las mujeres moabitas (Números 25). El asunto es que el párrafo que él lee no termina hasta donde lo leyó, tiene un contexto. Veamos la comparación (si pinchas la imagen se amplía):


Al leer la cita sin su contexto se podría entender como le sucede a Coronado, que la causa de la caída moral del pueblo fue la música. Aunque el ambiente estaba creado para poder cometer toda clase de desenfrenos, lo que “ofuscó sus sentidos y quebrantó los muros del dominio propio”, fue otra cosa y no la música. Elena G. de White dice que fue “el consumo de vino”. 

Las siguientes palabras atribuidas a Mary Griffiths (39:14) en relación a la influencia de la música sobre el cerebro, ameritan algunos comentarios. Ella dice: “La música estimula directamente el tálamo, éste controla las secreciones de la glándula tiroidea, la corteza adrenal y las glándulas sexuales. Así influencia la velocidad del metabolismo como la producción de hormonas sexuales”.

Al menos hay tres cosas que la autora no dice que pueden ayudarnos a deducir lo que sí dice:

En primer lugar, ella no dice que la música sea capaz de apoderarse de la mente aunque sostiene que influye en ciertas funciones del cerebro.

En segundo lugar, ella no dice qué género de música es la que puede crear esas reacciones en el cuerpo, pero afirma que la música tiene esa capacidad.

En tercer lugar, ella no dice que esa música, la que no sabemos, produzca las mismas reacciones en todos los cuerpos.

El pasaje de Marcos 6:21-25 sobre la fiesta de cumpleaños de Herodes (41:35), en la que Juan el Bautista perdió la vida, es citado por el hermano Coronado para decir que “Satanás utilizó la música y el baile para matar al profeta de Dios”. 

Al parecer, Oliver pasó por alto el contexto al interpretar las palabras de Elena G. de White. La comparación siguiente ayuda para una visión de contexto (si pinchas la imagen se amplía):



Preguntémonos: ¿Hubo música en la fiesta que acabó siniestra? Sí, por supuesto que sí, el verso 22 afirma que “entrando la hija de Herodías, danzó”. ¿Fue entonces la música la responsable del pedido homicida? No. ¿Qué pudo haber entorpecido los sentidos para legitimar semejante crueldad? De acuerdo al contexto fue el “banqueteo y la borrachera hasta que sus sentidos estaban embotados”.

Según Oliver Coronado (56:19) Dios dijo lo siguiente: “Yo quiero que mi música sea sencilla… que la melodía sea sencilla… la armonía, acordes naturales… que el ritmo sea organizado… yo quiero que los instrumentos para el culto sean estos porque yo sé cómo va a reaccionar tu cuerpito estando en el culto… yo sé qué va a pasar con tu corazón cuando te pongan esos instrumentos a sonar… yo sé qué va a pasar con tu respiración… yo sé qué va a pasar con la parte sexual, por esa razón escucha mi consejo, hijo mío”. 

La pregunta es, ¿quién dice que Dios lo dijo? ¿Está acaso el hermano Coronado pensando más allá de lo que está escrito? Sus palabras, que más parecen haberse escapado con muy poca reflexión, nos recuerdan otras que sí dijo Jehová Dios, que están en Jeremías 29:23b: “Y falsamente hablaron en mi nombre palabra que no les mandé; lo cual yo sé y testifico, dice Jehová”, refiriéndose a Acab, hijo de Colaías, y a Sedequías, hijo de Maasías, porque según Dios: “profetizan falsamente en mi nombre” (29:21).

¿Decimos que esto prueba que el hermano Coronado sea un falso profeta? No, para nada. Somos humanos, “todos fallamos mucho. Si alguien nunca falla en lo que dice, es una persona perfecta, capaz también de controlar todo su cuerpo” (Santiago 3:2 NVI).

Cuarto: Lo que me impresionó… 

Jesús forma armonía con las preferencias naturales que él distinguió al crearnos. Él las valora. La unidad no es virtud de nuestra estirpe mancillada. El pecado nos segrega entre nosotros iguales mortales, y “Cristo es nuestra paz” para “derribar el muro de enemistad que nos separaba” (Efesios 2:14).

Elena G. de White ilustra así la efectividad de Cristo como nuestro núcleo cohesivo: “Representémonos un círculo grande desde el cual partan muchas rayas hacia el centro. Cuanto más se acercan estas rayas al centro, tanto más cerca están una de la otra. Así sucede en la vida cristiana. Cuanto más nos acerquemos a Cristo tanto más cerca estaremos uno del otro. Dios queda glorificado cuando su pueblo se une en una acción armónica” (El hogar cristiano, p. 158).

Jesús, como un pararrayos universal atrae la energía de nuestras vanas discusiones y la disipa, y ahí postrados escuchamos que su amor es la única música susurrada por todos a sus pies.

En las alas del viento viajan nuestras voces...

Fija tus ojos en Cristo,
tan lleno de gracia y amor...

El autor es escritor residente en el Estado de Idaho, desde donde colabora
como uno de los administradores de HimnovaSion. Actualmente ejerce como pastor
en la ciudad de Nampa (Asociación de Idaho). 
Sus escritos pueden ser leídos en www.jesusvistopordentro.com 
y él puede ser contactado a través de 
aplantar@gmail.com, o seguido en Twitter: @Jesusvpdentro.

La música: ¿neutral o moral? - Primera parte




La música: ¿neutral o moral? 
PRIMERA PARTE 
Análisis del vídeo # 4 de Oliver Coronado

Juan Francisco Altamirano

Si es cierto lo que enseña sobre la música,
Dios podría ser acusado de abusar de quienes lo adoran.

Hacer música es crear arte con ritmo, con melodía, y con armonía. En este sentido podríamos decir que la música es la más completa de las artes. Expresa estados humanos que no pueden ser transmitidos por medio del lenguaje convencional. Es el lenguaje universal de todas las culturas.

Quien sabe crear música se hace entender con belleza. Es capaz de hacer más soportable la vida de otros, de servir sorbos de ese elixir llamado amor, de renovar las ganas de abrazar con el corazón, y de levantar la esperanza por un horizonte mejor.

La música, como un medio para adorar a Dios, es sólo eso, un medio. No se vale hacer de ella un ídolo a cuyos pies se ofrenden infamias, epítetos, etiquetas, o enemistades contra otros, solo porque esos otros cultivan otra expresión, también única, diferente a la nuestra para adorar al mismo Dios. 

Dialoguemos sobre el tema de la música que ocupamos para expresarle a Dios lo que sentimos, mientras ejecutamos con maestría la más importante de todas nuestras partituras: el amor a Dios entre nosotros.

El presente documento es un análisis que procura contribuir a ese diálogo. Aunque la exposición que se examina tiene un comunicador con nombre propio, Oliver Coronado, no es la intención emitir juicios sobre sus motivos. Hacerlo sería profanar ese sitio sagrado al que solamente Dios tiene acceso: la conciencia. Este análisis es hecho bajo la licencia que le damos a nuestras audiencias a quienes impartimos conferencias. Gracias a nuestro hermano Oliver por grabar lo que dijo porque ahora podrá leer otra de tantas impresiones.

Lo bueno, lo accidentado, y lo mejorable 

Con la meta de intentar ser justo y constructivo a través de este análisis, lo he estructurado en cuatro partes: Primero: Lo que aprendí. Segundo: Lo que recordé. Tercero: Lo que no me pareció, y por qué… Y cuarto: Lo que me impresionó.

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Primero: Lo que aprendí…

La experiencia de revisar cuidadosamente una y otra vez las enseñanzas de Oliver Coronado, me ha llevado a preguntarme si mis opiniones no se tratan solamente de eso: de mis propias opiniones. Me ha movido a descubrir más allá de lo que se dice detrás de un micrófono, a separar la oratoria para saber encontrar el sustantivo de todo mensaje, y me ha ayudado a reconocer que la verdad no es de mi propiedad, ni de mi iglesia, ni de ninguna religión, sino sólo le pertenece a Jesucristo.

Segundo: Lo que recordé…

No encontré nada más grato en la presentación que la lectura del Salmo 139:13, 14, y 17 (min. 3:40), para recordarme la maravilla de Dios en la creación del ser humano, y Oliver Coronado lo transmite inspirando fe fresca, con una expresión muy natural, propia de quien se goza ser eso: una maravilla de Dios. Lo que dice el salmo nos involucra… ve y léelo por tu cuenta.

Además recordé en el minuto 5:32 que, “fue a través de los sentidos que Satanás tentó a Eva”. El hermano Coronado nos lleva a 2 de Corintios 11:3 en el que el apóstol Pablo expresa su temor que a través de nuestros sentidos seamos extraviados de nuestra fidelidad a Cristo. No puede ser más oportuna esta bandera de advertencia. Todos la necesitamos.

Conscientes que nuestros sentidos pueden traicionarnos, avancemos con la oración del salmista en nuestros labios: “Abre mis ojos para que vea las verdades maravillosas que hay en tus enseñanzas” (Salmo 119:18).

Tercero: Lo que no me pareció, y por qué… 

Desde el minuto 5:35 Oliver cita un estudio a cargo de los alemanes, Von Gerbert y H. Harrer, para afirmar que “la audición tiene el mayor efecto sobre el sistema nervioso autónomo”, y además, se refiere a Edward Podolsky, quien dice que “escasamente existe una función del cuerpo que no sea afectada por las pulsaciones y combinaciones armónicas de los tonos musicales y del sonido”.

En resumen, la música se experimenta en todo el cuerpo. Sin embargo, faltó aclarar que ninguno de los tres autores citados sostienen con esas declaraciones que el poder de los sonidos musicales tenga semejante poder de anular la capacidad de juicio, de razonamiento, la fuerza de voluntad, y el libre albedrío, del que gozamos los seres humanos.

“Sabe que el oído tiene funciones interesantes, y que la Biblia describe algunas de ellas”, añade Oliver en el minuto 8:38, y lee Génesis 3:8: “Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día…”. 

Concordamos en que Adán y Eva reconocieron la voz de Dios por medio del sonido de la voz, pero no podemos inferir con eso que sea posible reconocer hoy la misma voz a través de los sonidos captados por nuestro oído, aclaración ausente en la presentación, porque no existe ninguna grabación de la voz de Dios para examinar, comparar, y diferenciar de otras voces. Oliver Coronado tampoco afirma que se pueda.

En el minuto 12:29 se cita Ezequiel 1:24, que dice, “oí el sonido de sus alas cuando andaban, como sonido de muchas aguas, como la voz del Todopoderoso, como ruido de muchedumbre, como la voz de un ejército”, y lo usa para ilustrar que “el oído también puede decirnos el timbre del sonido”, y sus palabras generan un amén al afirmar a son de pregunta que “es maravilloso lo que Dios ha hecho con nosotros”. Y entonces, para darle legitimidad a lo que continuará diciendo él advierte a partir del minuto 13:24: “Pero apenas estamos comenzando, y las maravillas van a ser tremendas”. Dentro de este contexto de “maravillas” pareciera decirnos que la siguiente pregunta retórica es una de ellas: “Por qué Dios dio principios en la Palabra para nosotros entender qué música es la que le gusta” (13:36).

Oliver Coronado, como todo sincero cristiano, en su interés por agradar a Dios, deja entrever cierta capacidad de descubrir en la Biblia algo que el Eterno mismo no nos ha revelado: la música que le gusta. Más aún, de acuerdo a las Escrituras, no es posible afirmar que Dios tenga solamente un gusto musical.

Por sus sonidos sublimes como es reconocida el arpa, entendemos que a Dios le agrada la música suave, reflexiva, y solemne (Salmos 43:4), pero lo solemne de ella no evita que el profeta Isaías se refiera a la “alegría del arpa” (Isaías 24:8). Por la rica sonoridad de las cuerdas del salterio, a él también le gusta la música que exprese júbilo. Pero ambos instrumentos no se excluyen, en varios salmos se combinan el arpa y el salterio (33:2; 57:8). Por otro lado, igual es de su agrado de acuerdo a la ocasión, valerse de los instrumentos de viento, como la trompeta y la bocina, ya sea para atraer la atención de su pueblo (Números 10:2), o para adorarle según se nos dice en el Salmo 98:6: “Aclamad con trompetas y sonidos de bocina, delante del Rey Jehová”.

Y cuando quiere adornar a su pueblo, Dios mismo escoge los panderos para engalanar el encuentro, dice Jeremías 31:3, 4: “Jehová se manifestó a mí hace mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia. Aún te edificaré, y serás reedificada, oh virgen de Israel; todavía serás adornada con tus panderos, y saldrás en alegres danzas”. Y en relación al orden de los panderos en la adoración, el camino es el siguiente: “Vieron tus caminos, oh Dios; los caminos de mi Dios, de mi Rey, en el santuario. Los cantores iban delante, los músicos detrás; en medio las doncellas con panderos. Bendecid a Dios en las congregaciones; al Señor, vosotros de la estirpe de Israel” (Salmos 68:24-26). A esta variedad de instrumentos, también sumemos a su preferencia, la flauta y el címbalo (Salmos 150:4, 5).

¿Cuál será entonces la música que le agrada a Dios? Yo no lo sé. Nadie lo sabe. Ni siquiera nuestro hermano Oliver, aunque él en su introducción establezca la premisa de que “Dios ha colocado pautas sobre la música”, y “pautas sobre los instrumentos”, y “principios que la rigen” (min. 1:35). Podemos estar de acuerdo o no con su percepción de que él sepa las preferencias musicales de Dios, pero la nuestra también sería otra percepción. Dios es Dios, y no es un ser limitado como nosotros, y menos por nosotros.

La música que le agrada a Dios según los usos de todos los instrumento sería variada, de acuerdo al momento, como lo permita el arte de combinar los instrumentos con los giros artísticos singulares de cada uno. Es más, pienso que ni siquiera lo que leemos en la Biblia es suficiente para definir las preferencias artísticas de Dios. Resumir sus gustos en un libro sería pretender despojarlo de toda su creatividad. Sigamos conscientes de esa limitación…

A partir del minuto 13:43 Oliver habla de la relación del oído con el cerebro, y afirma (14:36), que “todo el sonido llega al cerebro sin pasar por ninguna alcabala”. De acuerdo al Diccionario de la Real Academia Española entendemos por “alcabala” como el “puesto de policía en las salidas de las ciudades y carreteras”. ¿A dónde desea apuntar él con esto? En sus propias palabras (15:05): “La música llega directo al cerebro y no hay nada que la detenga”, o también de la siguiente manera (16:05): “Esto es serio… porque la música no le pide permiso al cerebro para que ya comience a haber una reacción en el cuerpo” (El énfasis en negrita es agregado). 

Como el mismo hermano Coronado dice en el minuto16:12, “vamos a profundizar un poco”. Si es como él da a entender, que los seres humanos estamos a merced de la música sin que nuestro cerebro pueda intervenir, es decir, violando nuestra voluntad propia, entonces cuando alabamos a Dios con la música, podría tratarse de una medida de manipulación y de control por parte de Dios, porque lo haríamos sin ninguna alcabala. ¿Es esto cierto? No puede ser. Dios pide que le adoremos con el “entendimiento”, y en el entendimiento tenemos la alcabala de la voluntad, y la del juicio. En 1 de Corintios 14:15 leemos: “¿Qué pues? Oraré con el espíritu mas oraré también con entendimiento; cantaré con espíritu, mas cantaré también con entendimiento” (Énfasis agregado). La palabra entendimiento en el idioma original griego de este pasaje quiere decir, “la facilidad psicológica de entender, razonar, y decidir”. Es el mismo vocablo que usa en Romanos 7:25 cuando dice, “con la mente sirvo a la ley de Dios”.

Ahora en el minuto 16:37, aparece el siguiente párrafo atribuido a Elena G. de White, que parece sugerir algo a favor del punto del hermano Coronado. Veamos: 

“Me sentí alarmada, cuando vi por doquiera la frivolidad de hombres y mujeres jóvenes que profesan creer la verdad. Tal parece que Dios no está en sus pensamientos. Tienen la mente llena de tonterías. Su conversación es vana y vacía. Tienen el oído aguzado para la música y Satanás sabe qué órganos excitar para animar, monopolizar y hechizar la mente a fin de que Cristo no sea deseado” (El énfasis en negrita es agregado). 

Dije más arriba que se trata de un “párrafo atribuido a Elena G. de White”. El hermano Oliver usa esta cita para dar a entender que Satanás toma control de la mente humana por medio de la música. Tal interpretación sería tendenciosa si se la considera con cuidado. Sin embargo, es comprensible que Oliver caiga en ese desliz interpretativo, porque lo que él lee en el idioma español, no es lo que se lee en el idioma inglés. Al profundizar se descubre que tanto el vocablo monopolizar (en inglés engross) como el vocablo hechizar (en inglés charm) pudieron ser traducidos de manera más precisa. En realidad, la palabra engross significa “absorver, cautivar”. Y el vocablo charm, significa “encantar, embelezar, cautivar”.

El sentido de esta cita en inglés nos permitiría traducirla del siguiente modo: “Satanás sabe qué órganos excitar para animar, absorver y embelezar la mente a fin de que Cristo no sea deseado”. De ningún modo esta cita podría ser usada para probar que Elena G. de White está hablando aquí de posesión demoníaca o de un control mental que priva a la persona de su libre albedrío o de su capacidad de juicio.

Seguido ofrezco la cita tanto en español como en inglés para que el lector pueda apreciar el sentido de esta en el idioma original.


Pero esto no es suficiente acerca de la cita. Al leer su contexto notamos que ella no se refiere a la música para la iglesia, sino a la música popular de aquellos días, por lo tanto, aunque la cita puede ser usada para hablar de la influencia de la música sobre la mente, debe aclararse de qué clase de música se habla en el contexto.

Luego, a partir del minuto 17:30 el hermano Coronado cita el experimento de dos científicos del que se vale para concluir (18:45), que “cuando la música entra a tu cerebro ya no hay nada que detenga la reacción”, y luego apela (19:02): “Porque cuando la música ya entra al cerebro, joven amigo que me escuchas, ya tú estás reaccionando a ella”. De ahí que él recomiende lo siguiente como medida protectora contra la música (19:10): “Aquí lo que nos queda mis hermanos, es definitivamente como José, cuando fue atacado por la esposa de Potifar… lo que nos queda es correr. Quitarla. No escucharla”.

Analicemos. Si es cierto que cuando la música entra al cerebro las personas ya están reaccionando a ella, entonces estaríamos en serios problemas. Será posible imaginarnos las barbaries vulgares que haríamos todos en la sociedad si los seres humanos estuviéramos a plena merced de toda la clase de música que involuntariamente nos invade por los oídos, en los lugares públicos como el mercado y el autobús, por ejemplo. Aclaremos algo aquí: el hecho que la música influya en las emociones y en los sentimientos, o que provoque movimientos en las manos, en los pies, y que acelere los ritmos del corazón, etc., no quiere decir que la música viole la voluntad y la capacidad dada por Dios de tomar decisiones morales. No confundamos una cosa con la otra. Aceptar la conclusión del vídeo sería atribuirle al mal un poder que éste no posee. En palabras de Elena G. de White: “Nadie, sin su propio consentimiento, puede ser vencido por Satanás. El tentador no tiene el poder de gobernar la voluntad o de obligar al alma a pecar. Puede angustiar, pero no contaminar. Puede causar agonía pero no, corrupción” (Conflicto de los siglos, p. 500. El énfasis en negrita e itálica ha sido agregado).

A partir del minuto 21:48 se introduce el caso de David con el arpa y el atormentado estado de Saúl (1 Samuel 16) para sostener el argumento que la música tiene poder, algo con lo que debemos estar de acuerdo. Sin embargo, la misma cita de Elena G. de White de Conflicto y valor (p. 159) que el hermano Coronado nos trae, aunque informa “que los hábiles arpegios de David sedaban el espíritu acongojado de Saúl”, no sostiene que la música tenga el poder de sedar el libre albedrío y la capacidad de tomar decisiones morales. Por otro lado, algo que Coronado no menciona sobre Saúl es que no siempre “la influencia de los sublimes acordes” de David lograban los mismos resultados. Leamos 1 Samuel 18:10: “Mientras David tocaba el arpa como solía, Saúl, que tenía una lanza en su mano, se la arrojó”. Este ejemplo desvanece la siguiente conclusión de Coronado (18:45): “cuando la música entra a tu cerebro ya no hay nada que detenga la reacción”. El caso de Saúl confirma que su conclusión no pasa la prueba. En Saúl hubo algo que detuvo la reacción: su propia voluntad rebelde.

En el minuto 24:01 el hermano Coronado hace una declaración sorprendente. Después de haber citado los escritos de Elena G. de White, le concede a ellos un lugar que ella misma nunca aceptó; captemos las palabras de Coronado: “¡Qué tremendo, la misma escritura dice lo que dice la ciencia!...”, refiriéndose así a los escritos de la Sra. White que acaba de citar. 

Es muy contrario a la siguiente recomendación que ella misma hace sobre el uso de sus escritos: “Los testimonios de la Hna. White no deben ser presentados en primera línea. La Palabra de Dios es la norma infalible. Los testimonios no han de ocupar el lugar de la Palabra”, (El evangelismo, p. 190). Al llamarle “escritura” a las líneas de Elena G. de White, el hermano Oliver parece desconocer el lugar subordinado a la Biblia que ella misma le daba a sus escritos.

Cuarto: Lo que me impresionó… 

¡Qué privilegio el de los mortales! Dios se hizo como uno de nosotros. Nos llegó vulnerable, desde una célula igual a otra criatura dependiente de un frágil cordón umbilical, alojándose en el vientre estresado de una adolescente calumniada por su repentino embarazo. Así eligió nacer. ¿Y su misión? Revelarnos a Dios.

Su encarnación nos plantea inquietudes tanto teológicas como otras afines al tema de nuestro análisis: Si la música que Jesús disfrutó en su vida sería la preferida por la Deidad en las cortes celestiales. ¿Y cuál habría sido esa música si Dios si se hubiera encarnado, no en el pueblo hebreo sino, en cualquiera de las naciones africanas, o sudamericanas, o del Caribe, por ejemplo? Sin tener que afrontar ahora la tarea de especular para responderlas, recordemos que Jesús elevaba su entorno cotidiano con música vocal. Elena G. de White nos corre el velo de ese lado artístico del Nazareno: “A menudo expresaba su alegría cantando salmos e himnos celestiales. A menudo los moradores de Nazaret oían su voz que se elevaba en alabanza y agradecimiento a Dios. Mantenía comunión con el Cielo mediante el canto; y cuando sus compañeros se quejaban por el cansancio, eran alegrados por la dulce melodía que brotaba de sus labios. Sus alabanzas parecían ahuyentar a los malos ángeles, y como incienso, llenaban el lugar de fragancia. La mente de los que le oían se alejaba del destierro que aquí sufrían para elevarse a la patria celestial”, (El deseado de todas las gentes, p. 54).

Dos biógrafos del Maestro registraron en sus crónicas que él y sus discípulos despidieron su cena cumbre tras haber “cantado el himno” (Mateo 26:30; Marcos 14:26). ¿Cuál era “el himno”? La tradición hebrea lo titula “Halel”. Conocemos su letra. La misma autora tiene algo que decirnos. Leamos en la página 627 (El deseado de todas las gentes): “Antes de salir del aposento alto, el Salvador entonó con sus discípulos un canto de alabanza. Su voz fue oída, no en los acordes de una endecha triste, sino las gozosas notas del cántico pascual:

“Alabad a Jehová, naciones todas; 
pueblos todos, alabadle. 
Porque ha engrandecido sobre nosotros su misericordia; 
y la verdad de Jehová es para siempre. 
Aleluya”. 

Oigamos la voz de Jesús mezclada entre otras voces…

El himno, reconocido como el Salmo 117 en nuestras biblias, convoca nuestras diferencias igual que lo hizo con aquellos discípulos para unirnos a servir al Dios encarnado, “porque ha engrandecido sobre nosotros su misericordia”.

El autor es escritor residente en el Estado de Idaho, desde donde  colabora como uno de los administradores de HimnovaSion. Actualmente ejerce como pastor en la ciudad de Nampa (Asociación de Idaho). Sus escritos pueden ser leídos en www.jesusvistopordentro.com 
y él puede ser contactado a través de aplantar@gmail.com, o seguido en Twitter: @Jesusvpdentro.

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