¿Cuál es el camino correcto? ¿Imponer o escuchar?




Posiciones sobre la música en la iglesia
La imposición de ideas ¿Es el camino correcto?

David Eduardo Quiróz
  
El presente artículo se refiere a la situación particular de la música en la IASD. El propósito es tratar de buscar la posibilidad de modificar la manera de encarar la discusión sobre este asunto dejando el camino abierto para seguir indagando sobre el tema. Se propone el diálogo, la comprensión, y empatía como las vías para encontrar una forma diferente de debatir. Evitando de esta manera el error que subsiste cuando sólo se pretende imponer ideas.

En la realidad actual de nuestra iglesia podemos observar la existencia de por lo menos dos diferentes posiciones bien marcadas sobre la adoración, la música dentro de la iglesia y sobre los instrumentos apropiados para el culto. Una de ellas es conservadora y trata de mantener la forma tradicional del culto adventista, la otra con un perfil más abierto hacia nuevas formas y estilos musicales. Estas posiciones generalmente se sustentan por presuposiciones teológicas que hacen ver la situación desde perspectivas diferentes, es decir que tiene que ver con la cosmovisión que se tiene acerca del significado de la adoración. Sucede entonces que cuando se toca el tema de la música en la iglesia, ambos enfoques aparecen claramente contrapuestos, en el sentido de que cada uno adopta la posición que sería correcta en su comprensión de la alabanza y adoración.


El hecho de creer diferente y tener distintos puntos de vista respecto de la música adecuada para la adoración no debe llevarnos a querer imponer nuestros pensamientos a las personas, y lamentablemente en varias ocasiones esto ocurre desde ambas partes. Tal vez muchas veces sin intención, pero en el afán de querer expresar una opinión se cae en el error de imponer aquello que se sostiene. Y lo que es peor, a veces se puede llegar a descalificar al que no cree de la misma forma. Evidentemente, si analizamos la manera de encarar la discusión encontraremos que en esta situación hay algo por resolver. Aquí se hace necesario sincerarse y reconocer que algo se nos está escapando, que hay principios que estamos dejando de lado cuando abordamos el tema. Que exista disensión  no significa que no podamos hallar un camino para una relación de convivencia, más allá de las diferencias. Si realmente estamos dispuestos en pensar en una solución a esta problemática se hace necesario abordar la cuestión de un modo diferente, evitando discusiones interminables que no ofrecen salida, ya que las dos posturas se observan desde diferentes ópticas. Esto es algo que debemos tener en cuenta cuando hablamos sobre el tema. Porque solamente si sabemos desde donde interpretamos la situación, lograremos comprender al que piensa diferente.
Ese lugar desde donde observamos la situación tiene que ver con las concepciones en las que fuimos formados, con nuestras propias presuposiciones y con las experiencias vividas. Es decir, que nadie interpreta desde la nada, en forma neutra; sino que en el mismo acto de interpretar estos factores tienen un valor sumamente relevante y en definitiva la posición tomada estará condicionada por los mismos. Entonces, si consideramos esto será más fácil comprendernos a la  hora de debatir, ya que sabremos desde donde estamos hablando. Otro factor determinante a la hora de tratar estas cuestiones, es la identidad eclesiológica o denominacional.[1]Para muchos, pensar en cambiar el estilo de música es perder nuestra identidad adventista. Esta identificación es el parámetro con el cual se mide lo que es correcto en cuanto a prácticas y formas.

Hay que reconocer que ambas posiciones pueden ser válidas siempre que se eviten los extremos y la pretensión de enseñarla como la única. Esto quiere decir que al abordar esta cuestión debemos tener en claro que existe una diferencia entre aceptar una posición la cual creemos correcta, y en dogmatizar esa idea e imponerla a todo el que no está de acuerdo con la misma. Si no logramos esta diferenciación podemos caer en el error de imponer nuestra idea, y así estaríamos cerrando toda posibilidad de una nueva comprensión.

Una necesidad de ambas partes

En el caso de ser conservador y aceptar solamente himnos y algunos instrumentos para el culto, se debe reconocer que a esta conclusión se llega no necesariamente por un “escrito está”, puesto que no podemos hablar de estilos bíblicos y menos aún, de que las melodías de nuestro himnario sean el estilo bíblico de adoración. Más bien, se adopta esta posición por las presuposiciones antes mencionadas que hacen observar la situación desde una perspectiva particular en la que todo cambio implicaría una pérdida de la identidad adventista. Claramente aquí estamos hablando no sólo de parámetros bíblicos, sino también de tradiciones que son propias de nuestra iglesia y al parecer son tan inamovibles como lo son las Escrituras. Por otra parte, los que creemos que se puede utilizar música contemporánea para la adoración también debemos entender que otros tienen derecho a pensar diferente, que no hay pecado en cantar sólo himnos en la iglesia o en utilizar sólo algunos instrumentos y que el hecho de adherir por las formas tradicionales no representa un problema es sí. Creo que en ambas posiciones necesitamos empatía para poder comprender al que piensa distinto; sobre todo, para entender por qué tiene una visión diferente.

Posibilidad de cambio

Más allá de la posición que se tome siempre existe la posibilidad de cambio. Las presuposiciones que determinan lo que creemos no son inmodificables ya que el encuentro con nuevas experiencias puede hacer que consideremos una determinada situación de manera diferente. El choque con lo nuevo nos puede conducir a un replanteo del enfoque que tenemos hasta el momento y por ende a una modificación de la visión sostenida hasta ese instante. Esto quiere decir que el hecho de experimentar nuevas realidades a las que no estábamos acostumbrados, nos hace repensar las situaciones y considerarlas desde una perspectiva nueva. Son muchas las situaciones que nos pueden llevar al encuentro con lo nuevo. En mi caso personal nunca voy a olvidar lo que ocurrió cuando ingresé a estudiar teología en la facultad evangélica. Allí encontré hermanos consagrados y realmente comprometidos con la misión de la iglesia. Además, muy estudiosos de la Biblia y respetuosos de las creencias nuestras. Recuerdo que un profesor al terminar una clase en la que los únicos adventistas éramos un hermano y yo, se acercó y nos dijo que para ellos –su denominación– era una bendición que estemos allí y que había cambiado su manera de pensar acerca de los adventistas. Nuestra respuesta fue que la bendición era nuestra y que nosotros también teníamos una idea diferente antes de conocerlos. Sin dudas esta experiencia sirvió para comprender una realidad que salió a la luz a través de una relación y diálogo. Ambas partes podíamos compartir y convivir más allá de tener diferencias doctrinales y podía darse esa situación porque no había intención de imponer ideas. Esta situación me enseño a comprender que el no estar de acuerdo con ciertas cuestiones doctrinales no debe impedir el diálogo.
De igual manera  debemos tratar las discusiones sobre la música en nuestra iglesia. Procurar dialogar para comprendernos mejor. El hecho de no pensar igual o de disentir en ciertas cuestiones no debe impedir que busquemos una relación de convivencia pese a las discrepancias. Si algo que debemos aprender es a relacionarnos con el que piensa diferente. Pero esto no será posible si creo que sólo vale mi posición y que solamente hay fundamento para ella. Las discusiones no son nuevas y siempre estuvieron presentes en el cristianismo y también en el adventismo. Si observamos nuestra historia podremos vislumbrar como en distintos momentos se generaron tensiones por diferentes posturas, muchas de ellas en cuestiones doctrinales mucho más fuertes que la discusión sobre la situación actual de la música. Es necesario que sepamos resolver esta situación de la mejor manera, lo cual no significa que todos pensemos de la misma forma. Dependerá de nosotros, de cuán dispuestos estemos a dialogar. Si sólo pensamos en imponer lo que creemos sin considerar otra visión; lamentablemente las cosas seguirán en eterna oposición.

¿Podemos buscar luz en las Escrituras para estas cuestiones?

No sólo podemos, sino que debemos recurrir a la Palabra de Dios para tratar este tema. Pero debemos tener en cuenta que si las Escrituras serían claras respecto de este asunto no estaríamos discutiendo el tema de la forma en que lo hacemos. No obstante, aunque la Escritura no trata específicamente este tema tal como se plantea hoy, sí podemos encontrar en la Biblia situaciones que nos pueden ayudar a encararlo.  
Es fundamental comprender que no estamos discutiendo sobre lo que es recto o malo, ni cuestionando los pilares del Cristianismo. Tampoco nuestra discusión es sobre asuntos de salvación o perdición. Es por esto que al tratar lo que concierne a la música en la iglesia tenemos que hablar de equilibrio, comprensión y empatía. Equilibrio para no imponer nuestras ideas a los demás, comprensión para que pueda haber diálogo y empatía para situarnos en el lugar del otro. Esta claro que el problema no son las discusiones en sí, sino el modo en que se abordan.

En la epístola a los Romanos, el capítulo 15 versículos 5-6, contiene un principio que se debe tener en cuenta a la hora de tratar las diferencias entre hermanos. Este pasaje está relacionado con los problemas planteados en el capítulo 14 y con los versículos anteriores del capítulo 15. En ellos encontramos la siguiente declaración:

“Pero el Dios de la paciencia y de la consolación os dé entre vosotros un mismo sentir según Cristo Jesús, para que unánimes, a una voz, glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo”(VRV 1960).

Pablo pide que el mismo Dios, quién ha dado evidencias de paciencia y consolación nos conceda un mismo sentir, es decir un mismo pensar, sin que nada afecte nuestra unidad en Cristo. Esto no quiere decir que no pueda haber diversas opiniones. Como bien dice el comentario adventista: “Pablo no ora para que haya idénticas opiniones en asuntos insignificantes, sino para que haya espíritu de unidad y armonía a pesar de las diferencias de opiniones”.[2]Más allá de las diferencias debemos procurar un ambiente de amor y tolerancia mutua en el que podamos intercambiar ideas sin agredir o descalificar al que tiene otra visión de la realidad.

Sería interesante que al discutir acerca de la adoración en la iglesia dejemos en claro algunos puntos que nos permitirán un diálogo constructivo:

  • Superar la idea de que mi posición es la verdadera y las demás están equivocadas.
Si siempre partimos con la idea de tener la razón o la interpretación correcta, nunca llegaremos a comprender a quien tiene otra visión. Pensar de esta forma nos hace creer que tenemos todo comprendido y que nada tenemos por aprender. Nos cierra ante la posibilidad de escuchar lo que Dios nos puede decir hoy frente a nuevas realidades en este mundo que avanza. Es fundamental comprender que el hecho de creer algo fervientemente, no quiere decir que sea la única interpretación y última palabra acerca de una cuestión. No debemos olvidar que si alguien cree diferente es porque parte de premisas diferentes que lo llevan a conclusiones diferentes.

  •  El respeto por quien tiene una visión diferente.
Más allá de la posición que hemos de tomar, no debemos olvidar el respeto por el que cree diferente, como tampoco que todos somos parte de una misma iglesia que tiene la misión de predicar el evangelio. Esto debe estar siempre presente si realmente queremos dialogar y no solamente imponer nuestras ideas.

Conclusión

Es importante recordar que si bien la iglesia tiene una misión, no todos tenemos la misma función. Y la diversidad es una vía para poder llegar a las distintas personas. Hay algo que es innegable estemos a favor del formalismo tradicional o de la innovación contemporánea. Que con distintos estilos musicales se ha llegado a personas que de otra manera no hubiese sido posible que se acerquen a la iglesia. Asimismo, también tenemos que decir que muchos hermanos que han llegado a la iglesia se sienten identificados y familiarizados con el estilo de adoración tradicional con el que se encontraron al llegar, y esto no debe significar un problema.

La Sra. White hablando de la diversidad dice lo siguiente:

La fortaleza del pueblo de Dios radica en su unión con él mediante su Hijo unigénito, y su unión del uno con el otro. No hay dos hojas de un árbol que sean exactamente iguales; tampoco concuerdan todas las mentalidades; pero aunque es así, puede haber unidad en la diversidad. Cristo es nuestra raíz, y todos los que están injertados en esta raíz darán el fruto que Cristo dio[3].

Si estamos unidos en Cristo lograremos permanecer unánimes aún con las diferencias. Nuestra relación con Dios se hará visible en nuestras relaciones como hermanos, en la manera de encarar las discusiones, y en la medida en que logremos comprendernos. Si no somos capaces de tomar distancia de nuestra  propia posición para examinarla en forma crítica; será mucho más difícil comprender al que observa la situación desde una óptica diferente.

El contenido de este breve artículo no ha pretendido dar solución al problema ni mucho menos. Está claro que este tema da para muchísimo más y que las diferencias siempre estarán presentes. Pero sí podemos pensar en cambiar el modo de abordar la situación siendo capaces de analizar nuestros propios argumentos para que pueda entablarse el diálogo con el que disiente de mi posición. El cambio es parte del crecimiento y la realidad nos obliga a repensar las cosas. Pero sólo podremos debatir positivamente si no olvidamos aquello que debe mantenernos unidos, esto es el amor de Dios en Cristo que permanece en nosotros.

David Eduardo Quiróz, Bachiller Superior en Teología por la Facultad Argentina de estudios teológicos de la Iglesia de Dios, candidato a Magíster en Teología en el South African Theological Seminary. Coordinador del seminario a distancia de la Escuela de Ministerio de la Iglesia Cristo Rey. Miembro de la iglesia adventista del Séptimo Día de Lanús Oeste, Buenos Aires Argentina.




[1] Sobre este tema  ver artículo: ¿Identidad cristiana o identidad denominacional? En HimnovaSion.
[2] Comentario bíblico Adventista. Tomo 6, p. 639
[3] RH 4-5. 1899

1 comentario:

  1. Los extremos siempre han sido señal de que hay algo mal con la persona. Caer en extremos, para los que tenemos preparacion en educacion y consejeria infantil, es señal de comportamientos obsesivos y por ende prueba de algun tipo de problema psicologico. La mente humana utiliza estremos para opacar otras deficiencias en la vida de esa persona. Antes de ponernos a seguir un bando o el otro, debieramos dedicarnos a estudiar el tema, sea cual sea, a fondo y en oracion pedir la direccion divina. Al final del dia, debieramos aprender a estar en paz con "estoy de acuerdo de que no estamos de acuerdo pero te amo." Aseguremonos de pedirle a Dios doble porcion de amor por aquellos hermanos con los que no nos llevamos bien, o con los que no estamos de acuerdo, porque vivo convencida que Dios no me va a preguntar a cuantos convencí de mi propia opinion, sino cuantos corazones traje a sus pies porque demostré amor.

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