Víctimas de la cultura




Dr. José Luna

A principio de los 90's, dos Psicólogos de la universidad de Michigan (Dov Cohen y Richard Nisbett), realizaron experimentos sobre la cultura del honor.1 Ellos tomaron a un grupo de jóvenes y los sometieron a insultos degradantes. Tomaron ejemplos de la saliva de ellos, antes y después del insulto para medir sus niveles de testosterona y cortisol (sustancias activadas por el cuerpo cuando hay enojo).

Para algunos, los insultos alteraron sus niveles químicos. En otros, todo siguió igual. El factor decisivo del cambio no se debió a cuán seguros ellos eran emocionalmente. Tampoco se atribuyó a si eran educados o no. Sorprendentemente, lo que influía en la alteración era el lugar donde habían crecido.

Los jóvenes del norte de los Estados Unidos tomaban los insultos como una broma e incluso, sus niveles de cortisol bajaron notablemente. Sin embargo, con los jóvenes del sur ocurrió todo lo contrario; estaban muy enojados, y sus niveles químicos de testosterona y cortisol se dispararon.

Este estudio, extraño como parece, reveló que el legajo cultural es una fuerza poderosa en el tipo de conducta manifestada. No importó que los jóvenes del sur fueran educados o de familias pudientes. Tampoco importó si algún joven había nacido en el norte. Si había sido criado en el sur del país, la conducta iba a ser similar porque había crecido en un ambiente cuyo abolengo cultural define la forma y la manera en que las personas se conducen en la vida. Leslie White valida esta aserción, cuando escribe: "...Qué puede uno hacer sino reaccionar a la cultura que le rodea?"2

De manera similar, el pueblo judío (en mi opinión) continúa ignorando al Mesías sobre la base del mismo principio presentado en este estudio (legajo cultural). Sin embargo, Dios nunca ha rechazado a su pueblo. Al contrario, continúa extendiendo sus brazos de amor a sus hijos que están atrapados en una maraña cultural tradicionalista que les impide ver a Cristo.

Muchos hemos cometido el error de aseverar que Dios ha rechazado a Israel, cuando en realidad, Dios en su presciencia lo que ha hecho es expandir la proclamación del evangelio. "Dios ha intervenido en el mundo del hombre".3 Jesús dijo: "El que a mí viene, no le echo fuera". La única forma de ser echado fuera es no venir a Cristo.

Por lo tanto, quien sea rechace el instrumento de salvación ofrecido por Dios (Jesucristo), no podrá ser salvo. Este principio no tiene nada que ver con la raza del individuo. Tiene que ver con la decisión que tomamos para nosotros mismos.

Dios, en la eternidad pasada hizo una elección: salvar a los seres humanos. En el proceso, él quizo darle el privilegio a un grupo de individuos de presentar al mundo su plan para salvar a la raza humana. Y para ello, Dios necesitaba inculcarles valores comunes. Estos valores fueron dados al pueblo Judío, y éstos los identificaría como el pueblo depositario de esta hermosa verdad. El apóstol Pablo enumera estos valores de manera sucinta:

"...la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas; de quienes son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo..." (Rom. 9; 3-5).

Estos elementos constituyen el corolario del bloque argumentativo que el apóstol Pablo nos presenta. Si los observamos, seguramente podremos tener una somera idea de lo que estaba diciendo. Hablemos muy sucintamente de estos elementos que mencionados.

 
La adopción

Dios adoptó a la raza humana cuando ésta quedó huérfana por el pecado. Para tipificar este acto, Dios adopta a la familia de Abraham y su descendencia. El acto de adoptar implica orfandad. De hecho, esta imagen aparece en varias ocasiones en la sagrada Biblia. En otras palabras, Dios asumió este rol para con la nación de Israel. Abraham y su prole pasan a ser el ejemplo por excelencia de cómo la adopción espiritual se lleva a cabo.

Note usted que el acto de adopción no implica esfuerzo alguno por parte del adoptado. El bebé o niño adoptado no tiene que hacer nada para mover el corazón de quien lo adopta. Por igual, el acto de adopción pasa a ser una expresión de amor que fluye del corazón de Dios.


La gloria

La Biblia habla de la gloria de Dios en innúmeras ocasiones. Usualmente, la gloria de Dios es asociada en los escritos sagrados con actos de juicio. Cuando Dios manifiesta su gloria,4 expresa claramente otro atributo de su carácter que tiene que ver con su habilidad de discriminar, elegir, ponderar, evaluar y/o juzgar los actos o las intenciones de los seres creados. La gloria de Dios revela el poder de Dios de tomar decisiones que afectan a toda la creación. Su gloria es una manifestación tangible y visible de su carácter.

La gloria de Dios nos brinda una pincelada de la majestuosidad de su vasto conocimiento y facultad para dirigir el universo. En otras palabras, su gloria manifiesta que Dios es competente para juzgar y dirigir.


El pacto

En mi opinión, el pacto que Dios hizo con el pueblo de Israel, se remonta hasta Adán. Y si bien es cierto que el pacto divino está hecho al modelo de los pactos del antiguo oriente, no es menos cierto que el pacto de Dios contiene sólo tres elementos básicos:

a) La tierra

b) La simiente

c) La autoridad

Observamos esos elementos en el pacto que Dios estableció con Adán, Noé, Abraham, Isaac, Jacob, David, etc. Estos tres elementos están presentes en cada formula pactual que encontramos en las Sagradas Escrituras. Ese mismo pacto fue ratificado con la nación de Israel durante su estancia en el monte Sinaí. El pacto es un claro indicador de que todo lo que Dios dice, lo hace.

Por otro lado, Arzt nos dice: "Estamos sujetos a Dios, Israel y la Torah a través de un pacto que puede ser desobedecido, pero no puede ser negado".5 Con esta declaración él es muy explícito en reconocer la vigencia y validez del pacto.


La promulgación de la ley

Muchos han cometido el craso error de equiparar la promulgación de la ley de Dios en el Sinaí con el pacto. Sin embargo, aunque ambos eventos están íntimamente entrelazados, son muy diferentes el uno del otro. En realidad, la promulgación de la ley es el resultado inevitable del pacto previamente hecho. Esto implica que la promulgación de la ley le dá validez y legalidad al pacto. Sin la ley (que no es otra cosa más que las estipulaciones del pacto por escrito), dicho pacto sería nulo y sin ningún valor legal.

Por lo tanto, la ley es necesaria para asegurar la vigencia del pacto6 y la no caducidad del mismo. Aquéllos que quieren deshacerse de la ley de Dios mientras pretenden guardar el pacto, se olvidan que su perennialidad es posible gracias a su vigencia. La ley entonces pasa a ser un elemento imprescindible en cuanto al pacto se refiere. Sin embargo, existe una dicotomía soteriológica: la salvación se deriva de Cristo y no de la ley misma.


El culto

El culto establece la forma y enseñanzas que han de ser impartidas a quienes participan del pacto. De esta manera, el pacto puede ser establecido en el corazón y entendido claramente por todos aquéllos que están sometidos a él. El culto entonces, pasa a ser la manera en que el pacto es practicado. Este culto lidia con la manera en que el penitente o vasallo aprende y lleva a la praxis dicho pacto.

El pueblo de Israel recibió delineamientos específicos acerca del pacto. Sin embargo, la nación de Israel se concentró más en la forma del culto, en lo externo, en lugar de interesarse más en la intención del corazón. La conducta externa era juzgada a través de la forma cultica exterior, en lugar de la motivación detrás de cada acto. Consecuentemente, el culto llegó a ser antropocéntrico en lugar de teocéntrico; y el mismo sustituyó al objeto de susodicho culto, en este caso, Dios.


Las promesas

Las promesas de Dios no son otra cosa que la garantía que Dios ofrece de que sus palabras tendrán un cumplimiento factual en la historia. O como dice una enseñanza rabínica: "Yo soy el Señor tu Dios en toda circumstancia".7 Estas promesas son hechas sobre la base única de su amor y presciencia divinas.8

Cuando Dios hizo promesas a Abraham, por ejemplo, éste era un 'profano', 'irreverente', 'sin Dios' ("impío" [AZEBES] - Rom. 4;4). El acto de Dios prometer a un individuo 'pagano' e 'irreverente', explica varios aspectos importantes de la soberanía del Todopoderoso:

  1. Dios promete sobre la base de su poder y amor, y no necesariamente sobre la base de nuestra obediencia.
  2. Dios promete sobre la base de su presciencia, sin importar la respuesta de quien recibe la promesa. Dios brinda a cada uno la oportunidad de entrar en solidaridad pactual con él.
  3. Las promesas divinas son dadas a todos los seres humanos sin importar el origen, status quo, declaración de fe, raza u idioma.
  4. Las promesas de Dios son hechas precisamente a quienes viven alienados de él.

Dios hizo la promesa de la salvación a Adán y Eva después que ambos habían llegado a ser uno con el demonio. Esto indica que Dios hace promesas no sobre la base de nuestra obediencia y lealtad a él, sino sobre la base de su amor absoluto e infinito por sus criaturas perdidas.

Por lo tanto, ya que las promesas de Dios con respecto a la salvación no toman en cuenta la obediencia como un pre-requisito, estas promesas continúan vigentes para todos quienes deseen vivir en una relación pactual con Dios, incluyendo el pueblo judío. O como dice Heschel, "La esperanza es una convicción enraizada en la confianza; confianza en Aquél que hizo la promesa".9 Siempre y cuando alguien quiera mostrarse solidario con Dios y aceptar las estipulaciones del pacto, las promesas de Dios permanecen y se cumplen en esa persona, grupo o nación.

La implicación obligada es que no existe tal cosa como una verdad exclusiva de la salvación. Pensar de esta forma sería caer en el mismo error en que el pueblo judío ha caído y se ha mantenido por su abolengo cultural. Esta urdimbre de tradiciones y cultura, propias del Judaísmo, les han impedido aceptar al Cristo crucificado.

Sin embargo, de la misma manera en que Dios afectó al mundo pagano y transformó sus valores culturales en valores cristianos, Dios puede (y lo hará) realizar una transformación cultural total en aquéllos a quienes les prodigó los valores comunes de quien habla el apóstol.


Los patriarcas

Antes de tener a una nación como depositaria de la hermosa verdad de la salvación, Dios eligió personas para que sirvieran como depositarios de las verdades del evangelio. De esta forma, Dios se asegura de que dichas verdades fuesen traspasadas y enseñadas de una generación a otra. Hans Küngs ve el rol de los patriarcas profundamente cimentado en la psiqué social del cristianismo.10 Quizás por esto, la fe cristiana siempre hace referencia a los patriarcas.

Individuos de la talla de Set, con quien la adoración corporativa comienza a tener significado (Gen. 4;26). Pensamos en Enoc quien caminó con Dios y éste le llevó (Gen. 5;24). Nos imaginamos a Noe quien fue un predicador solitario por 120 años y halló "gracia ante los ojos de Dios" (Gen. 6;8). Podríamos hablar de un sinnúmero de individuos (patriarcas) quienes sufrieron el ridículo de una turba ensimismada en sus propios placeres y en su constante tendencia al mal (Gen. 6;5).

Por lo tanto, los patriarcas se destacan por vivir en un ambiente generacional adúltero, promiscuo y violento. Un ambiente donde éstos tenían que sufrir por cientos de años, debido a la conducta aberrante de sus congéneres. Fueron estos patriarcas quienes claramente enseñaron al pueblo los caminos de Dios antes que fuesen formados como nación.

Cristo

El Mesías prometido por Dios fue una realidad tangible y palpable en la persona de Jesús. Dios cumplió su promesa de enviar a su Hijo a morir por la raza humana. De hecho, Jesús mismo testifico de que "...la salvación [el Salvador] viene de los judíos" (Juan 4;22). En el mismo libro se nos señala que Jesús "...vino a lo suyo [singular] y los suyos [plural] no le recibieron" (Juan 1;11).

¿Por qué entonces la nación de Israel no acepta a Jesús como el Mesías prometido? Mi propuesta es, por el legajo cultural en el cual nacieron y se criaron. El endurecimiento de Israel, en mi humilde opinión, se debe en gran parte al apego del pueblo Judío a sus tradiciones, a sus rígidas enseñanzas y a su cultura tan singular. Como lo describe un escritor: "...No venimos de la casualidad ni como un sub-producto de la emigración de naciones ni por la oscuridad de un pasado primitivo... Ser judío es estar dedicado a la experiencia de grandes ideas".11

Al igual que los jóvenes del sur en el experimento, el pueblo judío ha desarrollado a través de los años una cosmovisión que hace que su testosterona y cortisol espiritual suban a niveles desproporcionados cuando el concepto de Jesús como el Mesías es considerado. Esto se debe a que el pueblo judío basa su religión en su legajo cultural y tradiciones y no necesariamente en un "Así dice el Señor..."

Conclusión

¿Deberíamos nosotros entonces seguir perpetuando la idea de que Dios ha rechazado a su pueblo, cuando en realidad la Biblia niega esta idea categóricamente? (Rom. 11;1). Pienso que, si fuéramos más ecuánimes, miraríamos al pueblo judío como una víctima de su propia tradición y de su propia cultura.12 En realidad, lo que recomiendo es que oremos más por ellos y estoy seguro que empezaremos a ver resultados asombrosos. Veremos a miles de judíos aceptando a Cristo como su Salvador, como ocurrió al principio de la era apostólica.


Autor: Dr. José Luna, Pastor Ph.D en Estudios Religiosos. Reside en New Hampshire, USA.

Referencias
 
1 Citado por Malcolm Gladwell en Outliers: The Story of Success (2008). Little, Brown & Company, NY; pgs 170-176.

2 White, Leslie A. (1970). The Science of Culture: A Study of Man And Civilization. (Famar, Strauss & Giroux: NY); p. 337.

3 Stanley, David M. (1967). The Apostolic Church In The New Testament. (The Newman Press: MD); p. 255.

4 Un famoso filósofo Judío dijo: "El futuro tiene un rostro y en el vemos su gloria". Heschel, Abraham J. (1973). Israel: An Echo of Eternity. (Farrar, Strauss & Giroux: NY) p. 99

5 Arzt, Max (1963). Justice And Mercy: Commentary On The Liturgy of The New Year & The Day of Atonement. (Holt, Rinehart & Winston: NY); p. 78.

6 El Rabino Simon Ben Isaac Ben Abun quien compuso el Piyyut (colección de poemas Hebreos para celebrar el poder y la eficacia de la oración, creía firmemente que "bajo la providencia divina", el pacto hecho con los patriarcas, se "cumpliría en las vidas de sus descendientes". Ibid; p. 97.

7 Sifre Shelah, 115.

8 "Los paganos tienen ídolos. Israel tiene una promesa. No tenemos imágenes. Lo único que tenemos es esperanza". Heschel, Abraham J. (1973); p. 101.

9 Ibid., p. 93.

10 Kungs, Hans (1995). Christianity: Essence, History And Future. (Continuum: NY); pp. 606-608.

11 Arzt, Max (1963); p. 79.

12 Nisbet dice que cuando hay poder supremo en los grupos étnicos, se "cubre la sociedad con una red de pequeñas, minutas y complicadas regulaciones a través de las cuales las mentes mas originales y los caracteres más energéticos no pueden penetrar ni levantarse por encima del populacho. La voluntad del hombre no es destruida, sino ablandada, rota y guiada. Las personas muy rara vez son forzadas, sin embargo son constantemente restringidas de actuar. Tal poder no destruye, sino que previene la existencia; no tiraniza, sino que comprime, enerva, extingue y estupefacta a la gente involucrada hasta reducirlas a nada mejor que un rebaño de animales industriosos y tímidos de los cuales los que están en el poder son sus pastores". Nisbet, Robert A. (1971) The Quest For Community. (Oxford University Press: NY); pp. 190-191.

Adoración entusiasta en la Iglesia Adventista Primitiva



Dr. Ronald Graybill

Nuestros pioneros realizaban sus cultos de adoración en una forma más viva de lo que muchos de nosotros aprobaríamos hoy.

En sus comienzos la Iglesia Adventista experimentó, endosó y alentó, una forma de adoración más entusiasta.

Una fría noche de febrero de 1845 Elena Harmon se hallaba en una atestada casa de campo al norte de Maine. Mientras los cantos y los gritos subían de intensidad a su alrededor ella cayó en visión. Mientras yacía en el piso, un joven predicador milerita, llamado Jaime White, le sostenía la cabeza mientras buscaban y traían una almohada. De vez en cuando se levantaba para expresar los mensajes que estaba recibiendo.

A medida que hablaba, una fila de linternas empezó a verse en la oscuridad exterior. “Es Moulton, el jefe de la policía”, gritó alguien mientras las linternas se acercaban. Los adoradores trancaron la puerta.

Moulton tocó. La multitud que estaba adentro lo ignoró, acatando las notas de otro himno. El jefe de la policía tocó otra vez con más insistencia. Gritos de “Aleluya” resonaron en los aires y el canto subió de intensidad.

Ante esto, Moulton lanzó a sus hombres a la acción. Aplicando vigorosamente los hombros a la puerta rompieron el pasador y la abrieron violentamente. Después de unas pocas y rápidas preguntas Moulton se dirigió hacia Israel Dammon el líder de la reunión.

Abriéndose paso a través de la multitud se encontró con el rostro exaltado y vociferante de Dammon. “En nombre del estado de Maine, prendan a este hombre, gritó el jefe de la policía. Pero después que dos intentos de sus hombres de atrapar a Dammon fracasaron, al jefe se rindió y pidió refuerzos.

Cuando volvió con nuevos refuerzos logró aprehender a Dammon y llevárselo. ¿Los cargos? Por perturbar la paz. No existe la menor duda de que en la reunión de ese sábado de noche en Atkinson, Maine, había un desmedido entusiasmo y que los adventistas reunidos allí estaban alabando a Dios con tal energía que los vecinos se molestaron. Un campesino de la localidad, que testificó en el juicio de Dammon, dijo: “Fui joven y ahora soy viejo, y de todos los lugares donde he estado, nunca vi tal confusión ni siguiera en un jolgorio lleno de borrachos”.[1]

Pero pese a todo el ruido y la contusión, Elena de White creía que el Espíritu Santo estaba presente en esa reunión.[2]

 
Haciendo retroceder al enemigo

Muy pronto Elena y Jaime White se habían separado de Dammon, pero ni ellos ni los otros adventistas abandonaran inmediatamente el estilo entusiasta de la adoración adventista primitiva.

“Vi —escribió Elena de Wtrite— que cantar para la gloria de Dios con mucha frecuencia expulsa al enemigo, y los gritos lo harán retroceder y nos darán la victoria. Vi que había muy poca glorificación de Dios en Israel y demasiado poca sencillez infantil”.[3]

En las décadas de 1840 y l850 muchos observadores del sábado, como sus vecinos metodistas, estabas muy ocupados “haciendo retroceder al enemigo”, con su forma entusiasta de cantar y sus fervientes gritos de “Gloria”, “Aleluya”, “Alabado sea Dios” y “Alabado sea Jesús”.

Hiram Edson mencionó una reunión de viernes de noche donde “espontáneos y fuertes ‘aleluyas’ ascendieron a Dios y él fue glorificado con la alabanza, el amor y la adoración”.[4]

Otro creyente informó acerca de una reunión en Vermont donde ‘el Espíritu Santo descendió sobre nosotros, y los gritos de victoria ascendieron mientras lágrimas de gozo fluían libremente de muchos ojos.[5]

Jaime White escribió que mientras la señora White hablaba, el primer día, la casa resonó con los gritos de alabanza de varios hermanos de la congregación. “Esta refrescante ocasión parecía como un anticipo del cielo, el dulce cielo”.[6]

Elías Goodwin habló acerca de una reunión durante la cual las fuertes alabanzas a Dios ascendieron de la mayoría, si no de todos en la casa, y continuaron hasta después de pasada la medianoche.[7]

En Paris, Maine, el entusiasmo creció aun más durante el año 1858. Elena de White hizo notar que “el poder de Dios descendió sobre nosotros como un poderoso viento que soplada. Todos se pusieron de pie y alabaron a Dios con fuerte voz, fue algo así como lo ocurrido cuando se echaron los fundamentos da la casa de Dios, las voces de los que lloraban no se podían distinguir de las que gritaban de gozo. Fue un momento de triunfo, todos nos sentimos fortalecidos y refrigerados. Nunca antes había sido testigo de una ocasión tan llena de poder”.[8]

“Ninguno de vosotros debería permanecer callado durante las reuniones,” escribió en un informe de esta experiencia. “Con seguridad, todos los que han probado los deleites del mundo venidero pueden decir algo en honor del amante Jesús”.[9]

En otra ocasión, la señora White observó que “la religión se encierra demasiado en una caja de hierro... El derramamiento del Espíritu conducirá a un reconocimiento de este hecho; y... no guardaremos silencio, ofreceremos a Dios sacrificio de gratitud y entonaremos cánticos a su Nombre con nuestras voces y con nuestros corazones”.[10]

 
Risa provocada por el Espíritu

Pero los gritos y los cánticos no fueron las únicas maneras a través de las cuales los adventistas primitivos expresaron su entusiasmo. “El Espíritu hizo que Clarissa se riera fuertemente”, informó Elena G. de White”.[11] Y una hermana llamada Elisa Smith dijo que, dominada por una sensación del amor de Jesús, “antes de darme cuenta, yo estaba aplaudiendo y gritando, ¡gloria a Dios!”[12]

En algunas ocasiones, muy pocas por cierto, los creyentes adventistas hablaron en lenguas. Hiram Edson relató que un hermano llamado Ralph “comenzó a hablar en una lengua desconocida por todos”. Su interpretación en dicha lengua fue que el hermano Ralph debía acompañar a Edson en una visita para ayudar al hermano Rhodes que atravesaba por un momento de desaliento.[13]

Los primeros adventistas nunca alentaron el hecho de hablar en lenguas, pero aceptaron casos aislados como genuinos. Sin embargo, la interpretación de lenguas no siempre pareció confiable. En 1848 los adventistas discutían el asunto de la hora del comienzo del sábado. Algunos pensaban que la puesta del sol era la señal apropiada; algunos insistían que debía ser a las 6:00 pm. En una reunión “el Espíritu Santo descendió’ y ‘el hermano Chamberlain fue imbuido de poder”.[14] Él clamó en una lengua desconocida. La interpretación fue un tanto prosaica: “Denme la tiza, denme la tiza”. Se le pasó la tiza y Chamberlain dibujó la silueta de un reloj en el piso y procedió a declararse en favor de las 6:00 p.m Más tarde, tras un estudio detenido de la Biblia, el grupo estableció la puesta del sol corno el momento del comienzo del sábado.

Además del canto, los gritos, la risa y el don de lenguas, ellos experimentaron frecuentemente la postración de ser “herido por el Espíritu”. Por ejemplo, Jaime White informó acerca de una reunión especial celebrada en Wisconsin en 1860: “Anoche sentí más del poder de Dios de lo que he sentido en los últimos tres años. Los hermanos Sanborn, Ingraham y yo orábamos en otro cuarto mientras un hermano ungía a su esposa. El cuarto estaba lleno del poder de Dios. Yo permanecía de pie pero me resultaba difícil mantenerme en esa posición. Caí sobre mi rostro, y grité y gemí bajo el poder de Dios. Los hermanos Sanborn e Ingraham sintieron lo mismo. Los tres yacíamos en el piso bajo el poder de Dios. Los tres nos sentíamos perfectamente libres”.[15]

Los primeros adventistas practicaron también el ósculo santo” o el “saludo cristiano”, al encontrarse y al despedirse. En su primera visión la señora White vio que Dios amaba a los que “podían lavarse los pies los unos a los otros y saludarse fraternalmente con un ósculo santo”.[16]

El pastor White informó que “el hermano Baker fue sanado y glorificó a Dios con fuerte voz, tuvo un bautismo del Espíritu Santo... El hermano Baker había practicado la salutación y el lavamiento de los pies a los santos, en lo cual nunca antes había creído”.[17]

Las visiones de la señora White ocurrieron muchas veces en medio de clamores y gritos de los santos: “El lugar estaba lleno del Espíritu del Señor. Algunos se regocijaban, otros lloraban. Todos sentían que el Señor estaba acercándose mucho a ellos... Cuando la hermana White se sentó comenzó a alabar al Señor, y continuó elevando la voz más y más fuerte en perfecto triunfo en el Señor, hasta que su voz cambió, y los gritos profundos, y claros, ¡Gloria, Aleluya!, estremecieron a todos los corazones. Estaba en visión”.[18]

A excepción del don de lenguas y la risa provocada por el Espíritu, se podrían citar decenas de ejemplos de cualquiera de los tipos de experiencias arriba enumeradas.

 
La música se expresa en forma exuberante

La música de los primeros adventistas también se caracterizaba por la exuberancia de los movimientos juveniles. “Había en aquellos días un poder conocido como el ‘canto adventista’, como nunca se ha sentido en ningún otro”, recordaba Jaime White”.[19] Los spirituals del pastor White, como “Tú verás al Señor viniendo”, surgieron del himnario milerita para esparcirse por doquier, propiciando la ocasión para la expresión de profundos sentimientos. El pastor White usaba este himno durante sus viajes como evangelista milerita, y en ocasiones entraba al salón cantándolo y acompañándose con el tiempo que marcaba golpeando su Biblia con la mano”.[20]

En una ocasión el pastor White y sus hermanas cantaron este himno para iniciar un servicio de comunión. Cuando llegaron al coro después de la estrofa, “un buen hermano llamado Clark” se levantó, “golpeó las manos en alto sobre su cabeza, gritó ¡Gloria!, y se sentó inmediatamente”. Cada vez que se cantaba el coro el hermano Clark se ponía de pie con el mismo grito de ‘¡Gloria!’ El efecto de la melodía, acompañada por la solemne apariencia del hermano Clark y sus dulces gritos de gloria, parecían electrizantes —recordaba el pastor White—. Muchos lloraban, mientras las respuestas de ‘Amén’ y ‘Gloria a Dios’ se oían en casi todos los que amaban la esperanza adventista”.[21]

Los primeros escritores de himnos adventistas no vacilaban en absoluto en ponerles palabras religiosas a las canciones populares de sus días. Por ejemplo, Urías Smith convirtió la canción de Stephen Foster llamada “Way down upon the Swanee River” (Descendiendo por el río Swanee) en el himno “Up to a land of light we’re going” (Vamos hacia una tierra de luz) y Round ye meadows am a rínging” (Voy corriendo por los prados), del mismo autor, se convirtió en el himno “Round the world alarm is ringing” (La alarma suena alrededor del mundo).[22] Jaime White publicó estas adaptaciones en su himnario de 1855 cuando Foster estaba en el cenit de su fama como cantante secular”.[23]

Incluso “Dixie” se usó en el servicio como himno:

“Vamos viajando hacia un país brillante

Donde todo es paz, amor y luz.

Mirad a la distancia, mirad a la distancia.

Hacia aquella tierra gloriosa”.[24]

Con el paso de los años, las connotaciones seculares de estos cantos opacaron el uso religioso que se les daba y fueron sacadas del salterio adventista. Pero el himnario Adventista actual contiene algunos de los cantos inspirados en música popular cuando fueron compuestos, pero que no siguieron siendo populares fuera de la iglesia. Por ejemplo, “How Sweet are the Tidings” (Oh, cuán gratas las nuevas) se basa en “Bonnie Eloise”, canción de amor de 1858 que comenzaba “Cuán hermoso es el valle por donde el Mohawk se desliza suavemente”.[25]

El uso de instrumentos musicales fue muy limitado entre los primeros adventistas, y algunos de los más radicales los desaprobaban completamente.[26] Fue sólo en 1877 cuando el pastor J. N. Loughborough y otros dirigentes de la Iglesia tuvieron que presentar argumentos bíblicos para persuadir a los hermanos a que aceptaran el primer órgano que usaron los adventistas en California.

Los hijos de Elena de White tocaban el melodión,[27] un pequeño órgano portátil, y en 1886, durante una visita a Suecia, Elena de White comentó favorablemente el uso de una guitarra: “Una señora... era una hábil guitarrista y también poseía una voz suave y melodiosa. En la adoración pública acostumbraba suplir la falta tanto del coro como de los instrumentos. A petición nuestra tocó y canto para la apertura de nuestras reuniones”.[28]

 
Se modera el entusiasmo primitivo

Un ferviente entusiasmo marcó la experiencia religiosa de los primeros adventistas durante las décadas de 1840 y 1850, y las explosiones de gozo se manifestaron ocasionalmente durante las décadas de 1860 y 1870.[29] Pero para el año 1870 los sentimientos religiosos se expresaban en forma más serena, mediante los ojos húmedos y fervientes miradas de las cuales la señora White habló en tono de aprobación al observarlas en un campamento.[30]

También los cambios culturales ejercieron su influencia y, en mayor o menor grado, afectaron a lo adventistas. Durante la primera mitad del siglo diecinueve los metodistas eran conocidos como los gritones metodistas, pero después de la Guerra Civil su entusiasmo menguó.

Un tercer factor de esta creciente sobriedad que se apoderó de la iglesia Adventista fueron los abusos. El fanatismo demostrado por Mauston en Wisconsin en 1861 estaba relacionado con manifestaciones estáticas y puntos de vista extremistas acerca de la santificación. “Una mujer, que decía haber recibido visiones, perdió la razón durante la agitación”.[31]

En 1850, Elena G. de White dijo. “Vi que había gran peligro de dejar la Palabra de Dios y apoyarse y confiar en esas manifestaciones. Yo vi que Dios se manifestó por medio de su Espíritu sobre vuestra congregación en algunas de sus reuniones e iniciativas, pero vi un peligro por delante”.[32]

Le advirtió a un hermano que su hábito de gritar no era evidencia de que fuera cristiano: “La mitad del tiempo no sabe a qué le grita”.[33] El “ósculo santo” muchas veces perdió su verdadero sentido, como en el caso del hermano Pearsall, que era ‘indiscreto’ en su forma de hacerlo “y prácticamente no diferenciaba el tiempo ni el lugar”.[34]

Para el año 1890 Elena de White, aprobó lo ocurrido en algunas de las reuniones de reavivamiento de esa década en las cuales “no hubo demostraciones incultas, pues la alabanza a Dios no conduce a eso. Nunca oímos acerca de ninguna de estas cosas en la vida de Cristo. Como brincos, gritos y escándalos. No, la obra de Dios apela a los sentidos y a la razón de los hombres y mujeres”.[35] “El poder del Espíritu divino obra suave y silenciosamente —escribió en 1839—, despertando los sentidos embotados, vivificando el alma y afinando la sensibilidad”.[36]

El fanatismo de la carne santificada de Indiana en 1901, también la indujo a amonestar seriamente en contra de ese entusiasmo religioso que estaba ligado a herejías teológicas. ¿Cómo podemos entender entonces el hecho de que al principio Elena de White apoyaba los gritos en la adoración, con su preferencia posterior por un Espíritu Santo que obra ‘suave y silenciosamente’? Ciertamente la cultura y la iglesia habían cambiado mucho entre 1845 y 1885. Lo que era apropiado para los dinámicos y rudos leñadores del norte de Maine, no lo era para los fervientes y sobrios granjeros del medio oeste durante aquella época dorada norteamericana. ¿Sugiere esto que lo que es apropiado para una congregación, probablemente no lo sea para otra?...


Autor: Profesor de historia de la Universidad de La Sierra, California. Este artículo fue publicado en la revista Ministry en julio de 1992

Referencias

[1] James Rowe testimony in Piscataquis Farmer, 7 de marzo de 1845, reimpreso en Frederick Hoyt, ed., “Trial of L. Dammon Reponed for the Piscataquis Farmer”, Spectrum, agosto de 1987, 31.

[2] Elena de White, Spirituals Gifts, tomo 2, 40- 41.

[3] Elena de White a Arabella Hastings, 4 de agosto de 1850, Carta 8, 1850.

[4] Hiram Edson, “Bro. Hiram Edson Writes..”., Review and Herald, febrero de 1851, 48.

[5] George W. Holt, “Dear Bro. White”, Review and Herald, 2 de septiembre de 1851, 24.

[6] James Whab, “Estern Tour”, Review and Herald, 7 de diciembre de 1859, 13.

[7] Elías Goodwin, ed, Review and Herald, 4 de marzo de 1866, 18.

[8] Elena de White, “A la iglesia que está en la casa del hermano Hastinngs”, 7 de noviembre de 1850, carta 28,

[9] Elena de White, “A los hermanos Loveland”, 13 de diciembre de 1850, carta 30, 1850.

[10] Elena de White, “A los hermanos Loveland”, 24 de enero de 1856, carta 2, 1856.

[11] Elena de White, “A los hermanos Loveland”, 15 de agosto de 1850, carta 12, 1850.

[12] Eliza Smith al director, Review and Herald, 3 de febrero de 1853, p.151.

[13] Hiram Edson, “Beloved Brethren, scartered abroad”, Present True, diciembre de 1849, 34.

[14] Jaime White,“A mi querido hermano Berlin Conn”, 2 de julio de 1848.

[15] Jaime White a Elena, 6 de noviembre de 1860.

[16] Elena de White, Primeros escritos, 15.

[17] Jaime White,“A los hermanos Howland”, 12 de noviembre de 1851.

[18] Jaime White, “Report of Meetings”, Review and Herald, 22 de octubre de 1857, p196, 197.

[19] Jaime White, Life Incidents, 34.

[20] William Spicer, Pioneer Days of the Advent Movement, 147.

[21] Ibid., 107.

[22] Ron Graybill, “Uriah Smith on the Swanee River”, Insight, 24 de abril de 1979, p9-13.

[23] La revista Journal of Music de Dwright, dice que la canción de Foster, “Old Folks at Home”,... está en la lengua de todos y consecuentemente en la boca de todos. Los pianos y las guitarras repiten esta canción día y noche. Las jovencitas sentimentales las cantan y caballeros sentimentales las cantan en las serenatas de medianoche... los marineros rugen su melodía estruendosa todo el tiempo, todas las bandas la tocan. Las cantantes la cantan en el teatro o en los conciertos. Ibid.

[24] Ibid.

[25] Ibid e Himnario Adventista en inglés, 442.

[26] Lucinda Half, “Camp Meeting”, Signs of the Times, 27 de septiembre de 1877, 292.

[27] Adelia Patten, “Brief Narrative of de Life... of Henry White”, 22.

[28] Elena de White, Historical Sketches of the Foreign Missions of the Seventh Day Adventist, 1866, 194.

[29] Escribiendo a Edson y a Willie White en 1872, con motivo de las oraciones por la sanidad de Jaime White, la Sra. White dijo: “El poder sanador de Dios vino sobre vuestro padre... nosotros gritamos las supremas alabanzas de Dios”. Elena de White a Edson y Willie White, 1 de diciembre de 1872, carta 20, 1872.

[30] Elena de White a G. Buttler, 5 de junio de 1875, carta 16, 1875.

[31] Elena de White, “Jealousy and Faultfinding”, Review and Herald, 22 de junio de 1861.

[32] Elena de White, 25 de diciembre de 1850, manuscrito 41, 1850.

[33] Elena de White, “A los feligreses de Beldford”, 1861, carta 14, 1861.

[34] Elena de White,“A los hermanos Pearsall”, 12 de julio 1854, carta 3, 1854.

[35] Elena de White, “Sermon at Ashfield, Australia, Camp Meeting”, 3 de noviembre de 1894. Manuscrito 49, 1894.

[36] Elena de White, “A mis queridos hermanos”, abril de 1889, carta 85, 1889.

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