La apariencia engañosa de mi adoración


Por, Hugo F. Chinchay, Sr.


La Higuera Estéril (Mateo 21:18-20)

No hay nada peor que aparentar lo que no somos y asumir un comportamiento que, a la vista de los demás, te asegura un reconocimiento de perfección que en realidad no existe.

Podemos ‘saber’ mucho de la luz verdadera, de doctrinas y reglamentos que nos hagan muy ‘respetables’, pero estar totalmente vacíos de los frutos del Espíritu Santo.

Mientras Jesús pasaba por el monte de los Olivos en camino a Jerusalén tuvo hambre. Aún no era tiempo de los higos ni de cosecha pero divisó un hermoso árbol de higos que aparentemente se adelantó a su tiempo. Lleno de hermosas hojas verdes, invitaba a buscar los frutos que el árbol debería tener puesto que este árbol suele dar los higos antes que salgan las hojas.

Mientras Jesús se acercó al árbol para buscar su fruto y así saciar su hambre, empezó a frustrarse porque mientras la boca se le hacía agua de poder encontrar un hermoso, fresco y dulce higo no lo encontró! Por más que buscaba entre las ramas y debajo de las grandes y hermosas hojas del frondoso árbol no pudo encontrar ni siquiera un solo higo!

Al final de su búsqueda frustrada Jesús pronunció una maldición sobre el árbol de que nadie más comería de él y que moriría! Al siguiente día murió! (Marcos 11:20)

Fue algo muy raro escuchar estas palabras salir de la boca de Jesús para sus discípulos que estaban acostumbrados a escuchar solo palabras de bendición y no de maldición. El mismo había venido para salvar y no para condenar al mundo. (Juan 3:17) ¿Cómo es que ahora pronunció palabras de condenación?

El árbol de higo no era sino más que una ilustración de lo que había de suceder, en primer lugar, con el pueblo Judío que por muchos años había recibido la luz especial para el mundo y este en vez de dar frutos solamente se llenó de apariencias y formas pero que no llegaban a una compresión real de la verdad.

Como el árbol de higo lleno de hojas, atraían las miradas y aparentaban tener muchos frutos. El gran templo, los sacerdotes con sus suntuosas vestimentas, las fiestas, los sacrificios y tantas otras cosas practicadas por los judíos eran la admiración de la gente.

Pero todas estas prácticas estaban llenas de egoísmo, política y hambre de poder. No tenía frutos! El obedecer la ley no era más que una apariencia teórica y no práctica porque estaban faltos de misericordia. No estaban interesados por los más necesitados, abusaban de las viudas, explotaban a los más débiles y por sobre todo discriminaban a todos los que no eran Judíos. Se sentían superiores a los demás.

El amor al Prójimo no era de ningún significado para ellos. Se jactaban de tener la verdad, de ser la Iglesia verdadera, de poseer la herencia correcta desde Abraham, Moisés, Jacob y en fin. Más sin embargo habían rechazado a los profetas a través de su historia y ahora también rechazaban al Mesías, al Salvador que había nacido de acuerdo a las profecías pero ni ellos mismos se habían dado cuenta por haberse llenado de tantos mandamientos de hombres.

Hoy sin embargo, tú y yo tenemos una realidad en la que vivimos. Tenemos constantes oportunidades de escuchar, aprender y tomar decisiones en cuanto al verdadero Dios y no caer en el mismo error. Pero a veces estamos iguales o peores que los mismos judíos en el tiempo de Jesús.

Adoración estéril

Llevando una aplicación a la música y adoración en la vida cristiana ¿cómo es que yo vengo a ser una higuera estéril con mi música y mi estilo de adoración? ¿será que soy una higuera estéril si utilizo música contemporánea o ciertos instrumentos cuestionables para algunos? O ¿será posible ser una higuera estéril si canto himnos nada más también?

Es muy fácil para algunos el ‘pretender’ utilizar cierto estilo de adoración para aparentar santidad, religiosidad, piedad o cualquier otro título espiritual que se venga a la mente. Es muy fácil armar argumentos con ‘reglas’ de adoración para llenar el árbol de hojas verdes. Algunos hasta toman escritos de Elena G. de White (fuera de contexto) para construir la misma higuera.

Esto va para ambos ‘extremos’, los así llamados conservadores como los liberales en la música. Y digo extremos porque los judíos en su ‘extremo’ llegaron a creerse tan correctos que todas sus reglas los llevaron a aparentar lo que no tenían y a criticar a los que no se veían o hacían como ellos y calificaban de ‘equivocados’ a todos los que no pensaban ni hacían como ellos.

Los conservadores aseveran que sólo cierto tipo de música sacra creada bajo ciertas estrictas reglas de composición (ritmo, volumen, estructura, armonía) de cierta época son aceptables. Mientras que los liberales aseveran que todo se vale (estilo, ritmo, volumen, origen) y que no hay que fijarse en los detalles de la música que se interpreta. Y ambos grupos se apuntan uno contra el otro como el equivocado vistiéndose así mismos de grandes hojas que aparentan un árbol hermoso.

Por otro lado, a veces se enfatiza tanto la perfección (hablando en términos musicales profesionales), gastando mucha energía en ‘interpretar fidedignamente’ al autor (lo cual varía de acuerdo al conductor), que cada detalle de cada nota musical sea ejecutada sin fallas ni desafinaciones, que los ejecutantes estén vestidos impecablemente, que los detalles de iluminación, entrada de los músicos y tiempos utilizados salgan sin interrupción. Y se ensaya por horas y horas.

Nada de malo en querer hacer lo mejor y hacer lo mejor que podamos. Creo que Dios se merece lo mejor y nunca deberíamos de sacrificar lo mejor por algo mediocre. El problema está en el peligro que viene con la naturaleza de un músico y el perfeccionismo (creo que un artista en general tiene esta tendencia). Podemos atraer a gente con nuestra ‘perfecta ejecución’, pero esta no vale nada si no está llena de lo principal: Cristo como centro de nuestra adoración!

Es muy fácil perderse, en ambos lados, en los detalles de las formas y demostraciones de la adoración, aparentando a simple vista un programa perfecto y frondoso, lleno de hojas verdes que a simple vista se vea muy saludable, pero perdiendo de vista lo principal: los frutos del espíritu, alabanza Cristo céntrica.

Jesús mismo al mirar a la higuera se sintió atraído a ella. De la misma manera hoy cualquiera puede ser atraído a tu música, sea cual fuera, porque está ‘vestida’ tan bien y tan perfecta que a simple vista es ‘lo mejor y lo correcto’. Pero ten cuidado, porque puedes terminar con una ‘maldición’.

Mucha gente vendrá con ‘hambre’ de querer alimentarse de paciencia, bondad, justicia, verdad, confianza, esperanza, fe y amor. (1 Cor. 13) Como músico o como adorador ¿estás proveyendo estos frutos? O te dedicas a ‘criticar’ al músico y al adorador queriendo arreglar las hojas olvidándote que lo más importante son los frutos y no necesariamente las hojas!

A veces me pregunto ¿Será posible que un baterista o guitarrista eléctrico pueda transmitir los frutos del Espíritu Santo? ¿Será posible que un organista o pianista esté vacío de los frutos del Espíritu Santo?. Creo que ambos casos la respuesta es Si. Pero ¿Cómo puedo saberlo?. Eso no es ni debería ser mi preocupación.

La pregunta más importante es ¿Estoy lleno y compartiendo los frutos del Espíritu Santo con mi música y cuando estoy adorando? “Por sus frutos los conoceréis” (Mat. 7:16) dijo el mismo Jesús. Si no tengo frutos solo me espera la condenación y la muerte eterna. No sirvo para nada! No importa que tan bien o que tan correcta sea mi música y mi alabanza, solo son ‘hojas de apariencia’. No sea que se diga de ti “Nunca jamás coma nadie fruto de ti…” Mar. 11:14. El aparentar es un tema muy delicado ante los ojos de Dios.

“Muchos están cantando hermosos himnos en las reuniones, himnos de lo que harán o de lo que se proponen hacer, pero algunos no hacen estas cosas, no cantan con el espíritu y con el entendimiento. De igual manera, algunos no resultan beneficiados con la lectura de la Palabra de Dios, porque no la incorporan a su propia vida, no la practican.” Ev. Pg. 370

Algunas lecciones aprendidas:

El tener la verdad y ser del pueblo escogido me puede hacer ver muy bien ante los ojos de los demás y la gente vendrá con hambre, pero si no puedo alimentar a los que se acercan solamente seré un experto de la doctrina y la letra pero vacío e inservible para alimentar al alma hambrienta de Cristo.

El presentar una alabanza ‘perfecta’ (conservadora o contemporánea), bien hecha y cuando sea posible con mucho profesionalismo me puede hacer ver muy bien, pero esto no necesariamente es el alimento que la gente buscaba a menos que el músico o al adorador se deje utilizar totalmente por el Espíritu Santo.

El escoger un estilo musical para ‘demostrar’ mi superioridad espiritual (conservadora o contemporánea) no es nada más que un acto de soberbia que te puede hacer ver muy bien pero que no es nada más que una alabanza ‘estéril’ como la actitud de los Judíos a los cuales representa la parábola de la higuera.

Conclusión:

Mi oración es que al ofrecer nuestra música y adoración lo podamos hacer llenos de los frutos del Espíritu Santo. Una muestra de esto será que no tendremos tiempo de criticar a nadie porque “el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor…el amor nunca deja de ser…” 1 Corintios. 13


Cuando el Pr. Hugo F. Chinchay, Sr., escribió este artículo era Director Departamental de Mayordomía y Fideicomisos en la Conferencia de Potomac de los Adventistas del Séptimo Día en los EEUU. El Pr. Chinchay es uno de los administradores de Himnovasión.

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